No hay duda de la gran capacidad con la que las nuevas generaciones vienen armadas.

En los últimos años, la creatividad juvenil se ha venido desarrollando con más fuerza; hoy encontramos chavitas que nos sorprenden y nos ponen ejemplos que nos convendría imitar.

Es el caso de Kana Min, que de la nada crea dibujos muuy padres, creaciones únicas que buscan identificar su pensamiento plasmándolo en un dibujo; sin técnicas, sin estudio, simplemente siguiendo los pasos de gente experimentada, arriesgándose a hacerlo sin pensar en el qué dirán.

Y al final “WOW”, las sorpresas que se lleva uno, con simplemente admirar cada línea, cada color, cada detalle, dentro de los gustos de esta artista.

Lo que finalmente era una tarea escolar, se pudo convertir sin pensarlo y sin planearlo, en una obra de arte para ella misma; simplemente en ese momento surgió la inspiración y el impulso de hacerlo.

Amigo microempresario, si ves dentro de tu negocio, que ese cambio en tu tienda que has tenido en mente durante algún tiempo, te convence, simplemente hazlo, eso generará que tengas ganas de estar ahí siempre, porque es tu espacio donde en ocasiones estás desde las seis de la mañana hasta las 11 de la noche; prácticamente es todo para ti: tu recámara, tu sala, tu cocina, tu comedor; todo lo tienes ahí, es desde donde atiendes y ofreces una sonrisa a cada visitante a a tu negocio.

Hoy esta jovencita nos demostró que cuando algo nos gusta, simplemente hay que hacerlo.

Recuerda: el que no arriesga, no gana.

¡Gracias, Kana Min!

Una tienda de abarrotes no sólo requiere de una buena contabilidad, hay otros aspectos que se deben cuidar. 

No importa que no seas muy talentoso en el área en la que te identificas, sino lo que hagas con ese nivel que tengas. 

Si lo practicas diariamente, si enfocas todo tu cuerpo y mente en ese talento, lo podrás desarrollar al máximo, y podrá generarte buenos recursos, si lo vendes estratégicamente.

Si consideras que tu actividad como comerciante responde a tu talento, desarróllalo al máximo, no te quedes como estás. Si no lo es del todo, el que tengas podrás aplicarlo, de alguna manera, para destacar tu tienda en ese aspecto. Puede ser en la presentación interna o externa de la tienda, en la actitud de servicio, en tu capacidad de trabajo, etc.

Dominos Pizza, por ejemplo, no destaca por su calidad y sabor en pizzas, hay mejores que éstas; no son su mayor talento o por lo menos no el más desarrollado, pero está en la mente de muchos por el hecho de haber “pegado primero”. 

Su éxito se basó en haber creído en ellos mismos y en tener la iniciativa de decidirse a ser los primeros; se enfocaron en ser los mayores vendedores de pizza y eso es lo que los llevó a ser lo que son ahora.

Algunos empresarios exitosos empezaron buscando el negocio adecuado para practicarlo y desarrollarlo, y poco a poco fueron aprendiendo a identificar los talentos de otros con los cuales hacer equipo o hasta asociarse con ellos.  

La realidad nos ha mostrado que muchas empresas han “tronado” por la debilidad en alguna de los 13 valores o principios a los que se refiere Maxwell.

En todos nosotros, siempre hay algo que nos caracteriza; es esa aptitud o capacidad que tenemos para aprender algo con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad, una actividad.

Sobre esto, John Maxwell nos propone potenciar nuestro talento mediante una serie de decisiones, importantes pero simples, que nos conviene tomar para sacarle el mayor provecho posible. El resultado que obtendremos será un “paquete” de satisfacciones que nos hará sentir poderosos, realizados, eficientes, reconocidos, y mejor pagados.

 A mucha gente el ego los hace sentir “fregones” sólo por realizar su trabajo o profesión más o menos bien; sin embargo, muchos talentosos han fracasado porque no le dieron importancia a los valores y principios que deben estar presentes en cualquier persona para que su talento rinda los mayores frutos; se refiera a aspectos como el enfoque, la pasión, entre muchos otros.  

Maxwell asegura, que nuestro talento por sí sólo no garantiza el éxito. El talento es como nuestro producto que ofrecemos a los demás, e igual que un diamante en bruto debe pulirse, para que tenga más valor.

Se trata de no desperdiciarlo “para que nuestra existencia pase de lo simple y normal a lo extraordinario”.

Las decisiones que sugiere el autor se centran en los siguientes aspectos: Creencia, Pasión, Iniciativa, Concentración, Preparación, Práctica, Perseverancia, Valor, Sed de conocimiento, Carácter, Relaciones, Responsabilidad, Trabajo en equipo.

Los efectos de estas decisiones son claras:

1.- Creer eleva el talento.

2.- La pasión estimula el talento.

3.- La iniciativa activa tu talento.

4.- El enfoque dirige tu talento.

5.- La preparación posiciona tu talento.

6.- La práctica afina tu talento.

7.- La perseverancia sostiene tu talento.

8.- El valor prueba tu talento.

9.- La disposición de aprender amplia tu talento.

10.- El carácter protege tu talento.

11.- Las relaciones influyen en tu talento.

12.- La responsabilidad fortalece tu talento.

13.- El trabajo en equipo multiplica tu talento.

El mayor poder que tenemos es nuestra capacidad de decisión, apliquémosla para el desarrollo de nuestro talento.

• Decidamos creer, porque si no creemos en nosotros mismos, las posibilidades de éxito disminuyen y nunca vamos a poder desarrollar nuestro talento.

• Decidamos actuar con la pasión necesaria para ofrecer nuestro talento a los demás. Si no tomamos esta decisión estaremos desperdiciando oportunidades.

• Decidamos tomar la iniciativa para crecer nuestro talento, si no lo hacemos se podría quedar dormido el resto de nuestra vida.  

• Decidamos enfocarlo directamente de acuerdo a las oportunidades existentes.

• Decidamos prepararnos en nuestras habilidades para irlo puliendo.

• Decidamos practicarlo diariamente; no distraernos en cosas ajenas a nuestro talento a menos que sea transitorio y necesario. 

• Decidamos ser tenaces, constantes y persistentes en el desarrollo de nuestro talento.

• Decidamos sacar el valor, la fuerza y la firmeza para sacarle el mayor provecho.

• Tengamos la disposición para aprender cualquier cosa con el fin de enriquecer nuestro talento.

• Decidamos sacar el carácter para protegerlo.

• Decidamos ampliar nuestras relaciones para darlo a conocer y venderlo.

• Decidamos ser lo suficientemente responsables en su manejo.

• Decidamos trabajarlo en equipo pues sólo así podremos multiplicarlo.

Al pensar en dones y talentos no pienses solamente en actividades deportivas y artísticas, recuerda que hay muchas otras habilidades que solemos ignorar y que también son importantes y satisfactorias; a manera de ejemplo:
• Saber escuchar
• Dar consejos
• Analizar situaciones
• Capacidad de síntesis
• Aprendizaje de idiomas
• Facilidad para relaciones humanas
• Cocinar o repostería
• Distinguir e identificar olores
• Sentido de orientación
• Manejo de ordenadores/computadoras
• Tener sentido del humor
• Coordinar actividades
• Dirigir gente, liderazgo
• Actitud de servicio a los clientes
• Administrar un negocio

Regresando a la historia bíblica del hombre que repartió los talentos, éste, al conocer lo que cada uno de sus colaboradores había hecho con lo que les había dado, regresó a los dos primeros todos los talentos que tenían y habían reproducido (a uno veinte y al otro diez). En cuanto al temeroso, simplemente le quitó el bien y se lo entregó al que tenía veinte.

La lección es sencilla, las habilidades que poseemos son regalos de parte de Dios para que las utilicemos, no para esconderlas. Cuando las usamos se reproducen y cada vez poseemos más o somos más diestros. No permitamos que el miedo, la vergüenza o el conformismo nos impidan disfrutar de todas las destrezas que hemos recibido.

Estoy convencido de que nuestros talentos tienen mucho que ver con el disfrute de la vida e incluso los ingresos que podemos generar. A fin de cuentas, quien es bueno en algo, lo disfruta y lo hace bien, y cuando esa combinación aparece, por lo general lo que se produce es verdadera prosperidad.

Cuando me fui a vivir durante un ciclo escolar a Estados Unidos, me incorporé al equipo de atletismo porque en el poblado en que residí no había equipo de soccer.

Para mi desgracia las competencias más largas eran de mil seiscientos metros; demasiado cortas y rápidas para mí. Por lo mismo me vi orillado a ingresar al equipo de caminata. Nunca había practicado esa disciplina. El puro hecho de pensar que tenía que mover las caderas de forma graciosa me daba pena. Sin embargo la entrenadora del equipo me dio sólo dos opciones: iniciarme en la marcha o salirme del equipo de atletismo. Elegí la caminata a pesar de su “movimiento sexy”.

Para mi sorpresa resulté ser un excelente marchista. La mayoría de las ocasiones terminaba las competencias entres las tres primeras posiciones. Descubrí que poseía más habilidad para la caminata que para las carreras de fondo. Este evento me permitió darme cuenta que los seres humanos poseemos más talentos de los que estamos usando.

Recuerdo a una amiga que antes de cumplir cuarenta años pintó su primer cuadro. Nunca antes había intentado hacerlo. Ahora la pintura es una de sus principales actividades y pasiones, y lo hace muy bien.

Démonos cuenta, somos excelentes para algo que aún no hemos intentado. Para descubrirlo sólo debemos atrevernos a practicar actividades nuevas o diferentes. Te invito a que te atrevas a intentarlo. Quizás requieras retomar algunos gustos, aficiones y prácticas que abandonaste desde tu juventud y que tanto te gustaban, te aseguro que no te arrepentirás.

Todos los seres humanos tenemos habilidades naturales, absolutamente todos; incluso la mayoría poseemos más destrezas de las que nos hemos dado cuenta que tenemos.

Recordemos la historia de las escrituras acerca de un hombre que antes de partir a un largo viaje llamó a tres de sus empleados para distribuirles sus bienes para que los manejaran en su ausencia.

Curiosamente la moneda en curso de aquella época se llamaba “talento”. Así, a uno entregó diez talentos, a otro cinco y al último, uno.

Al regresar de su travesía los reunió y les pidió cuentas de lo recibido. El primero entregó los diez recibidos más otro tanto que obtuvo al ponerlos a trabajar; el segundo también duplicó su cuota y el tercero simplemente regresó el talento recibido, ya que por temor a perderlo lo guardó hasta el regreso de su patrón.
Te cuento mi caso, cuando era niño participé en varios equipos de béisbol. Siendo sincero nunca destaqué en este deporte; sin embargo, me gustaba mucho, hasta la fecha lo disfruto viendo los juegos.

Al entrar a la adolescencia descubrí el futbol soccer. Este deporte no sólo me encantó, sino que también me di cuenta que poseía más habilidad para practicarlo que la que tenía con los bates y guantes. Obviamente el hecho de jugarlo en un nivel aceptable me permitió disfrutarlo más que al béisbol.

Otra actividad deportiva que practiqué fueron las carreras de grandes distancias. Aunque no era de los que llegaban entre los primeros lugares mi desempeño no era malo, sobre todo si se trataba de competencias de más de diez kilómetros.