Debido a que alcanza a más población y a más países, este nuevo tipo de esclavitud es más grave de lo que han sido otros a través de la historia de la humanidad; abarca a mujeres y hombres, y aunque la mayoría son millennials y de la generación “Y”, los hay de todas las edades y todos los géneros.

Esta esclavitud es apego, vicio, adicción, dependencia total, y conlleva sufrimiento. Increíble, pero los niños de ahora, desde muy pequeños y con apenas seis meses de edad, ya reclaman el celular. Hay padres que desde antes de nacer su primer hijo, ya se los compraron como su primer regalo.

¿Por qué nos hacemos esclavos, qué sentimos, qué nos provoca, qué hace sentirnos extasiados al usarlo?

Apenas despertamos, lo prendemos, lo últimos que hacemos es usarlo, y peor aun, algunos se duermen con el celular prendido y despiertan para atenderlo y ver qué les escribieron.

Muchos esperamos ansiosamente un ”like” de lo que ponemos, o que nuestros seguidores vayan aumentado cada día.

Muchos otros ponen en riesgo su salud, su integridad física; lo usan al conducir, al caminar, al cruzar calles y avenidas, en el cine, en el restaurante, en cualquier lugar, muchos hasta interrumpen el momento íntimo con su pareja, para contestarlo. 

A otros “les vale” perder a su pareja, y hasta a su progenitora, pero cuando pierden o les roban su celular, hasta quieren suicidarse.

Sucede como con su mascota; cuando tienen que cambiar de dispositivo, el anterior lo llevan a enterrar, les ponen veladoras y les rezan y hasta se quieren enterrar con ellos, porque el celular es más que un familiar. 

Y cómo no, si creemos que lo es todo para nosotros; es nuestro asistente personal, tiene todo lo que necesitamos y queremos; pareciera que no hay nadie ni nada que lo sustituya.

La verdad es que cuando me dejó mi pareja, no me sentí tan mal como cuando perdí mi celular en el Metro, bueno me lo robaron durante los empujones con los que entro siempre a los vagones.

Fueron dos semanas sin teléfono, durante las cuales, me sentí inútil, aislado, desprotegido, abandonado, desesperado y hasta de mal humor andaba. 

Como todos los domingos en la mañana, me reuní con cuatro amigos en un restaurante de Iztapalapa, zona por donde vivo, para platicarles de mi pérdida, pero durante la reunión sentí que ninguno “me pelaba”; la mayor parte del tiempo todos atendieron más a su celular. Realmente es una “tragedia” andar sin celular.  

Por fin, compré uno nuevo y recuperé mi número, pero ahora para colmo, inmediatamente, falló el Whats, el Face y el Instagram; la verdad quería demandarlos. 

Hasta tuve que ir a ver al sicólogo, quien me explicó que soy un “Nomofóbico”, nombre que les dan a los muy dependientes del celular, y que según, es el miedo irracional a estar sin él. 

Según diversos estudios, casi la mitad de los usuarios de celulares somos dependientes obsesivos del celular. Muchos no lo reconocen, ni lo aceptan, pero están altamente apegados a estos teléfonos. El problema es que sin darse cuenta ya están afectando sus vidas. 

Esta afectación se nota en el trabajo, donde lo usan mucho y bajan su productividad; con los amigos porque su relación ahora es menos personal; aumentan su riesgo, porque al caminar, manejar, o al pasear a sus hijos o mascotas, distraen su atención  de ellos. Afecta la relación familiar porque no les hacen caso a sus hijos, pareja, etc.

¿Tú que opinas de esto?

Cuando no logramos alcanzar los objetivos que nos propusimos, o ante una situación en la que un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se satisface o no se cumple, nos sentimos frustrados.

Claro que todos nos hemos sentido frustrados en alguna medida, y ante ciertas circunstancias, pero algunos han sabido manejar razonablemente bien tales sentimientos.

Cuando esto sucede, nos invade la ansiedad y la rabia; nos deprimimos, angustiamos, etc.; nos vienen sentimientos y pensamientos que pueden ser auto-destructivos para algunos. En grado extremo, sobre todo si no se sabe manejarla, una frustración puede representar pérdida, derrota, fracaso, etc.

En el mundo de los emprendedores, sobre todo en las micro y pequeñas empresas, en donde los CEO’s desconocen muchos de los detalles de los negocios, las frustraciones son frecuentes.

Imagínese si Edison se hubiera sentido frustrado con los primeros intentos de inventar el foco, quizá ahorita nos alumbraríamos todavía con velas. 

Los futbolistas delanteros, cuya misión es anotar goles, saben bien que para anotar un gol tienen que hacer muchos intentos. 

Un depredador como el leopardo, tiene éxito al cazar su presa sólo uno de cada cinco o seis intentos; el hambre y la necesidad lo motiva a reintentarlo cuantas veces sea necesario.

En estos tres ejemplos los protagonistas siempre lo vuelven a intentar, y para tener mejores resultados buscan mejorar sus técnicas, aplican lo aprendido y buscan nuevas oportunidades.

Ten cuidado amigo, porque los sentimientos de frustración pueden provocar en la gente sentimientos de minusvalía, falta de confianza en sí mismos y en los demás; pueden hacerlos rendirse y enterrar su potencial, disminuyendo las posibilidades de salir triunfantes en la vida.

Cuando estás estresado y presionado por problemas que tienes que atender, los especialistas recomiendan los siguientes consejos para lograr la concentración y la creatividad para resolverlos:

1- Sal a caminar. Caminar “es un excelente modo de mejorar nuestra forma de pensar y la calidad de nuestros pensamientos”. 

2- Evita el azúcar. Para pensar claramente no consumas azúcar ni carbohidratos, ya que éstos generan una mayor actividad cerebral que impide la buena concentración.

3- Organiza tus espacios. Efectivamente, los ambientes nos ayudan o perjudican para determinadas tareas, sobre todo la de pensar con claridad.

4- Duerme mejor. Las horas de sueño son diferentes para cada persona, dependen de la edad y el estrés del día anterior, pero lo que verdaderamente importa es la calidad de sueño.

5- Medita. Por cinco minutos, cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. Tu mente vagará por unos momentos, pero no te resistas y vuelve tu atención a tu respiración.  

6- Organiza y programa tus tareas. Hay asuntos pendientes por resolver que nos distraen de los asuntos importantes y de decisiones relevantes; deja de preocuparte por ellos y prográmalos para otro día.

7- Evita el alcohol. Mientras que pequeñas cantidades pueden conducir a tener pensamientos creativos, cantidades grandes son nocivas para el cerebro.

8- Toma decisiones rápidamente. No permitas que se acumulen los asuntos pendientes. Decide rápido o ponte fecha para hacerlos.

9- Toma aire fresco. “Sal y respira profundo por la nariz. Le darás a tu cerebro una dosis de oxígeno y te ayudará a aclarar tu mente”.

10- Toma esto en cuenta: “Pensar claramente es mucho más sencillo si no tienes hambre, sed, sueño o calor”. 

No te limites, donde puedas o donde quieras hacerlo, canta y canta, porque cantar trae beneficios a tu salud física y mental; esto de acuerdo con varias investigaciones. 

Cuanto te estés bañando, con los amigos, mientras manejas, con karaoke o sin él, canta porque cantar es una buena medicina, según la ciencia.

Diferentes investigaciones realizadas por científicos de Estados Unidos, de Japón y de Inglaterra, confirman que su efecto directo es en tres sentidos:

• Reduce el estrés

• Mejora la respiración 

• Mejora pacientes con Alzheimer

Contra el estrés

Investigadores de la Sociedad Japonesa de Medicina Psicosomática, BioPsycho-Social Medicine, afirman que el canto es muy eficaz para reducir el estrés, esto sucede porque se reducen considerablemente algunas de las hormonas que lo produce. 

En un estudio realizado por los mismos japoneses en personas mayores, descubrieron que tenían niveles reducidos de cortisol, la hormona del estrés, en su saliva, después de cantar, así como un mejor estado de ánimo y menos tensión. 

Mejora la respiración

Un estudio revelado por Health Promotion International Magazine, asegura que para algunas personas con asma o con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cantar es una terapia muy efectiva para mejorar su respiración.

En pacientes con Alzheimer

La Alzheimer’s Society, una organización benéfica de investigación y cuidado del Reino Unido para personas con demencia, desarrolló un programa de coros llamado “Singing for the Brain”, el cual demostró que el canto puede ayudar a mejorar aspectos de la memoria, la sociabilidad y el estado de ánimo en pacientes con el mal de Alzheimer. 

Así que ya sabes como quitarte el estrés, respirar mejor y mejorar tu cognición. 

La investigación en cuestión, también reveló que “aquellas personas que se sienten solas son más propensas a sufrir el deterioro de su salud y morir jóvenes”. Para esto, hay dos elementos fundamentales, señaló George Vaillant, uno de los médicos que dirigieron la investigación: “Uno es el amor; el otro es encontrar una manera de afrontar la vida que no aleje al amor”.

Entonces, ¿para ellos tener buenas relaciones es sinónimo de AMOR?. ¡Totalmente cierto!

Pero, ¿qué significa tener buenas relaciones? Ya lo dice esta investigación: Confianza; pero yo agregó que también es Respeto, Tolerancia, Aceptación total, Comprensión, Cuidar del otro, Escuchar al otro, Caridad, Perdonar, Libertad, etc. Todos estos elementos en “ambos sentidos”; es decir, “de aquí para allá y de allá para acá”. 

No obstante todo esto, yo comentaría que el amor, como casi todo, inicia de dentro de nosotros y lo proyectamos hacia afuera; lo sembramos y expandimos en otros, y como resultado o cosecha, vuelve a nosotros multiplicado. Esto ratificaría, lo que nos han dicho muchas veces: para que otros nos amen, antes necesitamos amarnos.

De la misma manera, para estar bien con los demás, primero necesitamos estar bien con nosotros mismos.

En casos extremos, algunos especialistas recomiendan que para aquellos que les es difícil o hasta imposible confiar en alguna persona, convendría que se enfocaran verdaderamente y sin fanatismos, en una religión, la que más llene su corazón, o directamente con el Creador, cualquiera que sea la idea que tengan de Él; claro que esto dependerá de la fe que se pueda tener en ello. Esta opción ha dado muy buenos resultados en mucha gente.

¿En qué nos parecemos los humanos a las máquinas? Tú dirías “en nada”. Efectivamente, somos muy diferentes. 

Sin embargo, tenemos algo en común, ambos necesitamos mantenimiento, diferente pero con el mismo objetivo: ajustes, descansos, actualizaciones, formateadas, limpieza, etc., todos ellos con el único objetivo de seguir funcionando en las mejores condiciones. 

Ambos necesitamos conservarnos en óptimas condiciones para garantizar un buen funcionamiento en nuestras actividades. Aunque los rendimientos físicos son muy diferentes, en ambos hay desgaste, agotamiento, saturación, contaminación, etc.

La ingeniería define mantenimiento como “toda aquella acción realizada en forma lógica y sistemática sobre un equipo o sistema, con la finalidad de mantenerlo trabajando en condiciones específicas de funcionamiento y reducir las posibilidades de ocurrencias de fallas, prolongando su tiempo de vida útil”.

Hablando a nivel personal el mantenimiento abarca todas nuestras áreas de vida, tanto interna como externamente de nuestro cuerpo así como de nuestro mente-cerebro.

Tipos de mantenimiento

Preventivo: 

La acción de prevenir la define el diccionario como: “Ver y conocer con anticipación un daño o prejuicio, evitándolo o impidiéndolo; anticiparse a un inconveniente, dificultad u objeción”.

Este tipo de mantenimiento es el más recomendado, ya que como su nombre lo refiere, previene, y es resultado de una planificación y programación. El tiempo y su frecuencia son definidos. 

Para el caso de nosotros, será de acuerdo a nuestra edad y condiciones particulares, para prevenir enfermedades y mantenernos en buen estado de salud; para lograr esto debemos hacernos chequeos médicos frecuentes que incluyan pruebas de laboratorio y revisiones de la vista, dientes, corazón, metabolismo, etc., 

Predictivo: 

Predice y supone a través del análisis y observaciones la posible causa o motivo que produce un desgaste normal, fallas frecuentes y errores predecibles. Su frecuencia se basa en un número determinado de horas de funcionamiento.

Correctivo: 

Éste es aplicado sólo cuando fallan las cosas; este tipo de mantenimiento no se puede precisar con anticipación y el tiempo que requiere depende de la magnitud de la falla. Debemos evitar llegar a este nivel de mantenimiento porque las actividades tanto de una máquina como en la persona, se detienen ocasionando una incapacidad temporal y el riesgo de que pueda ser permanente.

Mental: 

Éste es aplicable específicamente a las personas, y se refiere no sólo a la actualización de conocimientos y habilidades, sino a las ideas, actitudes y percepciones que tenemos de las cosas nuevas que se presentan en nuestro entorno, llámese innovaciones, problemáticas, etc.; todo lo que trae consigo la globalización.

Tanto máquinas como personas tenemos un ciclo de vida, si no nos damos el mantenimiento adecuado, principalmente el preventivo, podemos fallar. Nuestro funcionamiento tiene un límite, y en tanto llega ese límite puede ir disminuyendo nuestra efectividad reflejada en nuestros resultados.

Prever, tiene el prefijo pre que significa antes; se trata de ver las cosas antes de que sucedan o de hacerlas, haciendo los ajustes necesarios para evitar que algo se dañe, salga mal, o se eche a perder. 

Cuando no hacemos el mantenimiento correspondiente en forma preventiva tendremos que hacerlo en forma correctiva, y esto cuesta más caro y se lleva más tiempo; si fallamos podemos afectar a otros.  

Definitivamente, prevenir es más barato que corregir. Muchas veces las correcciones no reponen lo que se pierde al no haber prevenido los  sucesos. En prevención de accidentes, por ejemplo, los expertos aseguran que nueve de cada 10 de ellos pudieron haberse evitado, previniéndolos. 

 

Para no amargarte la vida, cuando alguien te “caiga mal” o cuando te cueste trabajo aceptar una situación, focaliza ese lado bueno que todos tenemos, ese lado positivo que tienen todas las cosas, aunque sea muy pequeño.

Poco a poco ve aceptando los derechos que tienen las personas a ejercer su propio estilo y la forma de ser, y a aceptar todo lo que te sucede porque siempre trae algo bueno, sólo es cuestión de poner atención para descubrirlo.

El tiempo y nuestras propias experiencias nos enseñan que toda situación, objeto o persona tiene sus opuestos; sus pros y contras, sus virtudes y defectos, su lado oscuro y su lado luminoso, etc.; es una ley o principio de la vida, la eterna dualidad de toda la existencia.

Por salud, y para llevarnos mejor con la vida, con todos y con todo, conviene que evaluemos ambas partes antes de entrarle a un negocio, a una relación o a un compromiso, pero una vez que ya estamos adentro, conviene también, concentrarnos en lo positivo, en las virtudes, etc.; con ello podremos sacarle provecho a las cosas y poder disfrutar de ellas.

Recuerda que en aquello que nos fijamos o nos concentramos, lo hacemos crecer con la energía de nuestra atención.

Tu pareja puede tener muchos defectos, tú también los tienes, concéntrate en sus virtudes para que puedan crecer. Los hijos son una gran responsabilidad, y a veces “dan mucha lata” pero también dan muchas satisfacciones y es la mayor realización de los seres humanos.

Los clientes también tienen sus defectos, podrán portarse desesperados, exigentes, mal encarados, pero si no fuera por ellos no podríamos tener un negocio; satisfacer sus necesidades a través de un intercambio por dinero es la razón de ser de nuestra tienda; lo mismo sucede con los proveedores.

Y así es con todo, personas, instituciones, situaciones, etc. En la historia y en la mayoría de las películas, nos han enseñado que sólo existen buenos y malos, héroes y villanos; sin embargo, investigadores contemporáneos nos han mostrado una visión más amplia y objetiva: ni los malos eran tan malos, ni los buenos eran tan buenos. Los malos, además de actuar por intereses personales pudieron haber actuado por necesidad, desconocimiento o porque no les quedaba de otra; los buenos pudieron sólo haber aprovechado las oportunidades que se les presentaron y hasta contar con una buena dosis de suerte.

Los grandes pintores nos enseñaron también, que en un cuadro son tan importantes las partes claras como los oscuras. En la vida, si no fuera por el lado oscuro de las cosas no le daríamos valor e importancia al lado claro. Si no existiera la enfermedad no apreciaríamos la salud, si no fuera por nuestros defectos y errores no podríamos darnos cuenta que también tenemos virtudes y aciertos.

Si llegas a un lugar buscando lo malo, seguro lo vas a encontrar; por el contrario, si te concentras en lo poco bueno que pudiera existir en ese lugar lo notarás inmediatamente.

A nosotros como empresarios nos conviene hacernos el hábito mental de fijarnos en lo bueno. Muchas veces la parte buena de lo malo que nos sucede no se ve de inmediato, se presenta después, en su momento.

Respecto a las personas, los líderes saben muy bien reconocer los talentos y habilidades de la gente y saben aprovecharlas y desarrollarlas.

Entonces, ¿Qué parte quieres ver tú de las cosas, de los sucesos y de las personas? ¿Con qué te quedas de tus experiencias?

Hazte la vida más tranquila, no te enredes ni te dejes atrapar por tus propios problemas, ni los de los demás, ni por las situaciones negativas de las que nos enteramos diariamente por las noticias.

¿Cómo puedes lograrlo? Pon el 100% de tu atención en los aspectos positivos de todo lo que te sucede en tu día a día.

Todos tenemos la capacidad de poder seleccionar aquellas cosas en las que nos conviene, por salud mental y física, poner nuestra atención.

Efectivamente, te estoy hablando de lo que se conoce como “Atención Selectiva”, también llamada atención focalizada, que se refiere a la capacidad que tenemos de focalizar nuestra mente en un estímulo o tarea en concreto, a pesar de la presencia de otros estímulos. Es cuando damos preferencia a determinados aspectos e inhibimos los distractores.

De la misma manera en que, por cuestión natural y para evitar volvernos locos, nuestra mente opera lo que conocemos como “Memoria Selectiva”, la misma mente no puede poner atención en todos los estímulos a los que estamos expuestos diariamente.

Poner atención en varias cosas nos impide ponerla en lo relevante para nosotros, en aquello que responde a nuestros intereses y deseos. De alguna manera estamos limitados en nuestra “capacidad atencional”.

Cuando Miguel Ángel Bonaroti, iba a buscar el material para realizar sus obras maestras como escultor (era escultor y pintor), ya tenía en su mente el tamaño, el tipo y la forma, entre otros aspectos, de lo que necesitaba, y su atención estaba focalizada sólo en aquello que respondía a lo que buscaba, discriminando todos los demás materiales que no correspondían a ello.

Lo mismo nosotros, no como escultores claro, sino cuando armamos un rompecabezas, cuando buscamos algo en internet o cuando esperamos a alguien, centramos nuestra atención sólo en lo que queremos.

Cuando las carencias afectivas han sido significativas, se afecta muy gravemente al desarrollo, provocando el llamado “trastorno de vinculación” que puede resultar fatal.

Un fenómeno similar se observa en los adultos, cuando como terapia para bajar el estrés, son sometidos a la privación sensorial (carencia total de luz, sonido, etc.), si lo hacen por mucho tiempo, ésto puede provocar depresión, desorientación, ansiedad, psicosis temporal, todo ello debido a que a nivel biológico tiene repercusiones importantes que pueden provocar cambios degenerativos en las células nerviosas.

Tanto socialmente como biológica y psicológicamente, el hambre de estímulos es paralela al hambre de alimentos. Términos como nutrirse, estar saciado, empachado, sobrealimentado, malnutrido, etc., valen para ambos casos y la elección para satisfacerse va a depender de las opciones existentes y de gustos personales.

A medida que un niño crece, el hambre primaria de contacto físico real se modifica y se convierte en hambre de reconocimiento. Una sonrisa, una señal de asentimiento, una palabra, un gesto, etc., reemplazan las caricias físicas y sirven para que la persona se sienta alimentada.
Estos comportamientos se van a ir repitiendo, y la repetición creará hábito. De esta manera, en virtud del tipo de caricias que una persona ha sido capaz de conseguir durante su infancia, se va a fijar el mismo procedimiento para conseguirlas durante toda su vida. Desde luego, cambiarán las situaciones, las personas, etc., pero la necesidad básica de fondo y el mecanismo para satisfacerlas será el mismo.

¿Qué haces tú para conseguir las caricias diarias que se requieren para vivir psíquica y biológicamente saludable?

¿Cuántas caricias das a tus hijos, a tu pareja, a tu equipo de trabajo?