Cuando no logramos alcanzar los objetivos que nos propusimos, o ante una situación en la que un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se satisface o no se cumple, nos sentimos frustrados.

Claro que todos nos hemos sentido frustrados en alguna medida, y ante ciertas circunstancias, pero algunos han sabido manejar razonablemente bien tales sentimientos.

Cuando esto sucede, nos invade la ansiedad y la rabia; nos deprimimos, angustiamos, etc.; nos vienen sentimientos y pensamientos que pueden ser auto-destructivos para algunos. En grado extremo, sobre todo si no se sabe manejarla, una frustración puede representar pérdida, derrota, fracaso, etc.

En el mundo de los emprendedores, sobre todo en las micro y pequeñas empresas, en donde los CEO’s desconocen muchos de los detalles de los negocios, las frustraciones son frecuentes.

Imagínese si Edison se hubiera sentido frustrado con los primeros intentos de inventar el foco, quizá ahorita nos alumbraríamos todavía con velas. 

Los futbolistas delanteros, cuya misión es anotar goles, saben bien que para anotar un gol tienen que hacer muchos intentos. 

Un depredador como el leopardo, tiene éxito al cazar su presa sólo uno de cada cinco o seis intentos; el hambre y la necesidad lo motiva a reintentarlo cuantas veces sea necesario.

En estos tres ejemplos los protagonistas siempre lo vuelven a intentar, y para tener mejores resultados buscan mejorar sus técnicas, aplican lo aprendido y buscan nuevas oportunidades.

Ten cuidado amigo, porque los sentimientos de frustración pueden provocar en la gente sentimientos de minusvalía, falta de confianza en sí mismos y en los demás; pueden hacerlos rendirse y enterrar su potencial, disminuyendo las posibilidades de salir triunfantes en la vida.

Cuando estás estresado y presionado por problemas que tienes que atender, los especialistas recomiendan los siguientes consejos para lograr la concentración y la creatividad para resolverlos:

1- Sal a caminar. Caminar “es un excelente modo de mejorar nuestra forma de pensar y la calidad de nuestros pensamientos”. 

2- Evita el azúcar. Para pensar claramente no consumas azúcar ni carbohidratos, ya que éstos generan una mayor actividad cerebral que impide la buena concentración.

3- Organiza tus espacios. Efectivamente, los ambientes nos ayudan o perjudican para determinadas tareas, sobre todo la de pensar con claridad.

4- Duerme mejor. Las horas de sueño son diferentes para cada persona, dependen de la edad y el estrés del día anterior, pero lo que verdaderamente importa es la calidad de sueño.

5- Medita. Por cinco minutos, cierra los ojos y concéntrate en tu respiración. Tu mente vagará por unos momentos, pero no te resistas y vuelve tu atención a tu respiración.  

6- Organiza y programa tus tareas. Hay asuntos pendientes por resolver que nos distraen de los asuntos importantes y de decisiones relevantes; deja de preocuparte por ellos y prográmalos para otro día.

7- Evita el alcohol. Mientras que pequeñas cantidades pueden conducir a tener pensamientos creativos, cantidades grandes son nocivas para el cerebro.

8- Toma decisiones rápidamente. No permitas que se acumulen los asuntos pendientes. Decide rápido o ponte fecha para hacerlos.

9- Toma aire fresco. “Sal y respira profundo por la nariz. Le darás a tu cerebro una dosis de oxígeno y te ayudará a aclarar tu mente”.

10- Toma esto en cuenta: “Pensar claramente es mucho más sencillo si no tienes hambre, sed, sueño o calor”. 

No te limites, donde puedas o donde quieras hacerlo, canta y canta, porque cantar trae beneficios a tu salud física y mental; esto de acuerdo con varias investigaciones. 

Cuanto te estés bañando, con los amigos, mientras manejas, con karaoke o sin él, canta porque cantar es una buena medicina, según la ciencia.

Diferentes investigaciones realizadas por científicos de Estados Unidos, de Japón y de Inglaterra, confirman que su efecto directo es en tres sentidos:

• Reduce el estrés

• Mejora la respiración 

• Mejora pacientes con Alzheimer

Contra el estrés

Investigadores de la Sociedad Japonesa de Medicina Psicosomática, BioPsycho-Social Medicine, afirman que el canto es muy eficaz para reducir el estrés, esto sucede porque se reducen considerablemente algunas de las hormonas que lo produce. 

En un estudio realizado por los mismos japoneses en personas mayores, descubrieron que tenían niveles reducidos de cortisol, la hormona del estrés, en su saliva, después de cantar, así como un mejor estado de ánimo y menos tensión. 

Mejora la respiración

Un estudio revelado por Health Promotion International Magazine, asegura que para algunas personas con asma o con una enfermedad pulmonar obstructiva crónica, cantar es una terapia muy efectiva para mejorar su respiración.

En pacientes con Alzheimer

La Alzheimer’s Society, una organización benéfica de investigación y cuidado del Reino Unido para personas con demencia, desarrolló un programa de coros llamado “Singing for the Brain”, el cual demostró que el canto puede ayudar a mejorar aspectos de la memoria, la sociabilidad y el estado de ánimo en pacientes con el mal de Alzheimer. 

Así que ya sabes como quitarte el estrés, respirar mejor y mejorar tu cognición. 

Por algo, cada vez hay más programas de humor, algunos tan corrientes y ofensivos como los del canal televisivo “Comedy Central”, otros de doble sentido y tan babosos como “los Peluches”, “Nosotros lo guapos”, “40 y 20” y hasta “El chavo del ocho”, pero todos nos han ayudado a compensar problemas, incertidumbre, frustraciones, etc. 

¿Pero qué tienen esos programas? Nos hacen reír, y a veces hasta a carcajadas.

Nuestro cuerpo, nuestra mente y hasta nuestro espíritu nos está pidiendo a gritos, algo que nos divierta.

Los científicos aseguran que la risa tiene un alto impacto en nosotros a nivel orgánico, psicológico y espiritual.

A nivel orgánico, baja la presión sanguínea, tonifica y relaja los músculos. A nivel psicológico, eleva la autoestima y autoconfianza, reduce la depresión y facilita la comunicación. 

Sus efectos específicos son: 

• Alivia dolores a través de la segregación de endorfinas que se activan con la risa

• Combate los virus y las bacterias

• Fortalece el corazón y ayuda a prevenir el infarto 

• Elimina el insomnio, facilitando el sueño

• Elimina el estrés, debido a las endorfinas y adrenalina que producen ciertas hormonas 

• Alivia la tensión y aleja el miedo

• Alivia la depresión: nos hace ser más receptivos y ver el lado positivo de las cosas

Reírse es una función necesaria para mantener el bienestar físico y mental. Es una forma excelente para lograr la relajación.

• Aumenta la capacidad pulmonar, oxigenando los tejidos 

• Ayuda a aliviar el estreñimiento 

• “Morirse de la risa” proporciona un masaje vibratorio en todo el cuerpo 

• Elimina toxinas, y favorece la agilidad mental, gracias a la descarga de dopamina

• Calma el hambre y la ansiedad debido a la estimulación de la serotonina

Sonríe siempre; ríete de todo, con todo; de ti y contigo; con otros y de otros. Busca cosas, lugares, sucesos, personas que te hagan reír.

Todos nos hemos sentido frustrados por algo; porque no ganó la selección, porque perdió nuestro partido político, porque no nos invitaron a la fiesta, etc.

Las frustraciones son bastante comunes en nuestra sociedad, donde abundan las personas que se dejan llevar por sus emociones, y que confunden sus sueños e imaginaciones con la realidad.

Muy cierto, las frustraciones se producen cuando nuestras expectativas no coinciden con los hechos reales; y no es tanto el resultado, sino el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno esperaba.

La verdad es que los acontecimientos no siempre se darán del modo que queremos o que nos conviene, aspecto que a muchos les resulta difícil aceptar, esto es porque seguramente sus expectativas no tenían buenos fundamentos, y para no sentirse mal por su equivocación le echan la culpa a otros.

¿Por qué sucede esto? Los especialistas del tema aseguran que es por no haber analizado bien las probabilidades de que las cosas fueran como queríamos o esperábamos, es hacerse ilusiones con algo; también aseguran que es, en buena medida, falta de madurez.

Con madurez, nos hacemos menos ilusos, y no es que esperemos menos de la vida, sino que ajustamos nuestras expectativas a la realidad.

Las personas ilusas o inmaduras son más propensas a las frustraciones; tienen una idea subjetiva del mundo y “todos sus deseos los transforman inmediatamente en expectativas”.

Estas personas no toman en cuenta los imponderables y los factores variables. Están tan centrados en sí mismos que todos lo toma de manera personal. En la adversidad, culpan al destino o a otra persona de actuar contra ellos, y jamás se detienen a pensar que pueden ser ellos los equivocados.

3. “Apego evitativo”. De niños asumieron que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provocó sufrimiento. Aprendieron a vivir sintiéndose poco queridos y valorados.

Ya de adultos.
• Tienen sentimientos de rechazo a la intimidad.
• Dificultades para relacionarse y para entender las emociones ajenas.

4.- “Apego desorganizado o contradictorio”. Este es una mezcla entre el “apego ansioso y el evitativo”. Se trata de comportamientos contradictorios. De niño tuvo dificultades para entenderse con sus cuidadores, por lo que tuvieron conductas explosivas y destructivas.

Ya de adultos:
• Llevan alta carga de frustración e ira.
• No se sienten queridos.
• Rechazan las relaciones, aunque en el fondo es lo que más desean.
• Dificultades para manejar sus emociones.
• Conductas emocionalmente negativas.
• Problemas para expresar emociones positivas.

Puedo decir que todos tenemos un tipo de apego y el principal es a nuestra madre o a la persona que nos cuidó. Si nos fue bien, nuestro apego será de seguridad personal, si no, podemos cambiarlo. La relación con nuestra cuidador cuando nacimos no es la única que define nuestro tipo de apego.

“Todas las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el comportamiento del momento actual”.

Hay que tomar en cuenta que el apego:
• Lo podemos cambiar.
• No se mantiene igual en todas las personas.
• En la medida que vamos desarrollándonos, va mejorando.
• Ningún apego puede catalogarnos permanentemente.
• Las personas que con las que convivimos también van influyendo en nuestro tipo de apego.
• Una pareja o amistades con “apegos seguros” pueden ayudarnos a obtener más confianza y seguridad.


Este artículo pretende informar un poco más sobre las causas por las que muchos hemos tenido problemas para relacionarnos y para lograr las cosas que deseamos.

De adultos, todos nos comportamos de determinada manera, dependiendo de la calidad de la relación afectiva que tuvimos con nuestra madre o con la persona que nos cuidó desde que nacimos.

Esta relación afectiva es, según John Bowlby, especialista del tema, el apego o vínculo afectivo que establecimos desde el nacimiento y que es la clave para nuestro desarrollo psicológico y para la formación de nuestra personalidad; esto mismo impactará nuestro comportamiento de adulto.

Con base a las distintas relaciones que tuvimos, el especialista, estableció cuatro tipos de apegos:

1.- “Apego seguro”: El mejor y el más sano. Su característica principal es la incondicionalidad.
Se aprendió de niño que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. Su comportamiento es seguro y activo, e interactúa de manera confiada con el entorno.

Ya de adultos:
• Interactúan con sus iguales de forma saludable.
• No les supone esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono.
• La dependencia es recíproca y no les preocupa estar solos.

2.- “Apego ansioso y confuso”: En estos casos el niño no confió en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad. Ello le provocó la necesidad de aprobación por temor al abandono.

Ya de adultos:
• Sienten temor a que su pareja no les ame o les desee realmente.
• Les resulta difícil interaccionar con las personas de la manera que les gustaría, ya que esperan recibir más vinculación de la que proporcionan.
• Se relacionan con la dependencia emocional.

Es natural sentir miedo ante situaciones amenazantes reales, pero nuestra sociedad ha extendido el miedo hasta llevarlo a la ansiedad, el estrés y la preocupación, creando perturbaciones que van más allá de la respuesta natural del organismo a las amenazas.

Si bien el miedo es benéfico ante ciertas situaciones y peligros, también puede representar una barrera que nos imponemos y que nos hace permanecer inmóviles.

El miedo es una emoción que en mayor o menor grado todos padecemos en algún momento; se manifiesta ante peligros y amenazas reales o ficticios y se reconoce por una serie de cambios fisiológicos en nuestro organismo.

Se trata de una actitud hasta cierto punto instintiva; se desarrolló desde que nuestros ancestros tenían que enfrentarse directamente a animales salvajes para defenderse o para cazarlos.

Son varias las formas en que reaccionamos ante el miedo: el ataque, la huida, la paralización o con actitudes de sumisión frente al dominante. Las formas más civilizadas son resistir o huir.

Se trata de un esquema adaptativo porque constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para todos.

Los psicólogos aseguran que la tensión de alerta causada por el miedo es necesaria para vivir porque sirve para superar los peligros reales.

Sin embargo, los humanos abusamos del miedo, pues hay comportamientos cuyas reacciones fisiológicas son muy parecidas pero que están muy lejos de cumplir con la función de protección.

En esto último nos referimos a los sentimientos de miedo al fracaso y al éxito; el miedo a los negocios, como empresarios.

¿Te gustaría ser rico? ¡Excelente! Pero primero tienes que pensar como alguien verdaderamente rico.

Mario Borghino, autor del libro “El Arte de Hacer Dinero”, nos anota en su obra, que los ricos, antes de serlo, tenían ya la mentalidad de ricos, aún sin darse cuenta de ello. Comprendían bien, desde antes, que las deudas y el consumismo son muy peligrosos porque nos convierte en adictos de ellas.

Este autor analiza a fondo la manera en que las personas nos comportamos con el dinero, simplificando su trabajo en cuatro tipos diferentes, y diferenciado cada uno por los matices que presentamos, ya en lo particular:

1. Los Consumistas
Según el autor, éstos actúan pensando que el dinero es para gastarlo en compras; cuando tienen buenos ingresos, y aún cuando no sean suficientes, pueden darse sus lujos.

“Viven con una apariencia de riqueza, aunque en realidad son esclavos de su adicción al gasto”. Esclavos modernos del siglo XXI, como Borghino los clasifica.

Estas personas nunca podrán dejar de trabajar porque tienen muchas deudas que pagar.

Se aterran cuando las empresas donde trabajan entran en procesos de recorte; no sabrían que hacer con las deudas que tienen.

“Por su incapacidad de ahorro no podrían vivir muchos meses sin los ingresos de su trabajo”, y como no tienen excedentes de capital para invertir, nunca podrán crear un patrimonio sólido para el futuro.

2. Los Avaros
Para los avaros, el dinero es el único propósito en su vida, afirma el autor; esta posición les impide disfrutarla tranquilamente, ya que cualquier gasto lo consideran superfluo. Ni siguiera unas vacaciones, tan necesarias y convenientes para todos, se pueden permitir; esto hace de su vida un permanente sacrificio personal.

Viven en un constante miedo de perder sus riquezas, por lo que no toman ningún riesgo de inversión pues los desestabiliza emocionalmente. “Para evitar riesgos, sólo se permiten guardar su dinero en cuentas tradicionales de ahorro”.

3. Los Kamikazes
Éstos se van al otro extremo de los avaros. “Los mueve un espíritu emprendedor; son atrevidos en sus inversiones”. Buscando seguridad económica, constantemente arriesgan todo lo que tienen en algún proyecto.

Viven su vida en una serie de “altibajos”, ya que a pesar de su seguridad personal y valentía, carecen de habilidades administrativas y de cálculo los riesgos.

Éstos cuentan con ego muy acentuado por lo que tienen necesidad de poseer cosas, esto los hace ser grandes consumistas. Por su instinto emprendedor están en constante riesgo, por lo que su futuro es incierto.

4. Los que piensan como ricos.
Las personas que piensan como ricas están convencidas de que pueden ser ricos y disfrutar de su riqueza. Tienen una visión muy clara de lo que desean para su futuro financiero.
Tienen claros sus objetivos y planean bien su presupuesto, cuidado sus gastos y reservando recursos para sus ahorros. Buscan y aprovechan oportunidades de negocios para invertir parte de sus recursos y conseguir incrementar su dinero.

“Estudian y se actualizan en temas de finanzas. La mente millonaria piensa en la libertad que le produce la estabilidad económica y busca racionalizar los gastos para incrementar su capacidad de inversión año con año”.

Como empresarios sabemos bien que unas veces se gana y otras se pierde, pero sufrir en demasía por ello nos inmoviliza, nos estanca o nos hace retroceder. En estos casos no nos queda otra más que sacar “la casta”, a la persona fuerte que todos llevamos dentro, analizando causas y aplicando soluciones o de plano practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Muchas mujeres y hombres dependen en alto grado de sus parejas y están tan apegadas a ellas que si las abandonan no sólo sufre su orgullo, sino que prácticamente se quedan en la calle; fincan totalmente su vida en la otra persona que cuando desaparece, creen morir.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien de los que pensamos depende nuestra felicidad o tranquilidad, nos hacen débiles, vulnerables y con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.

Piensa, amigo detallista, en aquellas épocas en las que estabas muy enamorado de alguien; el miedo a que no fuera tuya te hacía demostrarle tanta atención que hasta la llegaste a empalagar; esa persona te sentía a ti tan seguro que llegó a minimizarte y por supuesto “no se dejó agarrar”. Por naturaleza, a las personas no nos gustan las cosas tan fáciles, siempre un grado de dificultad hace más interesantes a las cosas y a las personas.

Es muy cierto, cuando estamos más apegados a algo, existen muchas probabilidades de que lo perdamos y suframos.

¿Quieres evitar el sufrimiento?, no te sugiero apartarte del mundo material ni de las personas, no renuncies al goce de ellas, pero sí renuncia a poseerlas con miedo y necesidad.