Para los autores del libro en cuestión, los estímulos que mueven a las personas, no siempre son económicos, ni su comportamiento es racional. “Estos espíritus animales son la causa principal de la fluctuación de la economía”.

En este libro, explican “las limitaciones que tiene la economía y su hipótesis sobre la racionalidad de los agentes económicos”.

Son varios los factores que están influidos por los espíritus animales, y que analizan a profundidad los autores del libro:

1.- El principal de ellos es la “Confianza”, en donde explican cómo “la gente actúa y decide, en forma irracional, sin tener en cuenta toda la información disponible”.

2.- Otro factor es la “Justicia social”, en donde exponen que “no existe una normativa que garantice la equidad en las transacciones”. De ahí la existencia de tantos pobres en el mundo por la acumulación de riqueza en unas cuantas manos.  

3.- También exponen la “Corrupción y la mala fe de muchos de los actores del mercado, que hacen lo posible para no verse limitados por el marco legal establecido y obtener beneficios económicos de ello”.

4.- Por mi parte, agrego un factor adicional, uno que, según varios especialistas en economía, ha sido espantosamente irracional; me refiero al confinamiento al que nos obligaron los gobiernos como respuesta al COVID-19.

Estimado detallista, te recomendamos ampliamente esta obra, ya que en el detalle de sus análisis se encuentran explicadas muchas de la situaciones actuales y reales de cómo nos comportamos y cómo todos influimos en las crisis económicas.

¿Cómo podríamos entender las crisis económicas que han afectado prácticamente a todos los países?

En otros artículos, he explicado que las crisis económicas son cíclicas y que han existido en toda la historia de la humanidad; el problema es que, debido a la globalización, cada vez son más graves y pega simultáneamente a la mayoría de los países. 

Pero veamos qué nos dicen George A. Akerlof y Robert J. Shiller, en su libro titulado “Animal Spirits”, ‘Cómo influye la psicología humana en la economía’ (2009), de Editorial Gestión 2000. 

Ellos nos explican cómo las acciones y decisiones que tomamos en cuestiones económicas, están muy lejos de lo que se considera un análisis racional.

Por cierto, en 2013 Robert J. Shiller fue premiado con el Nobel de Economía por otro de sus exitosos trabajos. 

En el libro en cuestión, Akerlof y Shiller, explican que los modelos económicos aplicados en la mayoría de los países, han ignorado el hecho crucial de esta realidad, la irracionalidad en nuestras acciones y decisiones.

Hacen referencia a John Maynard Keynes, importante economista del siglo 20, cuyas teorías influyeron mucho durante ese siglo, y quien ya había explicado el concepto de los “espíritus animales” y su influencia en la economía, describiendo este concepto como “la emoción o el afecto que influye en el comportamiento humano”. 

Este concepto, también se puede interpretar como el espíritu que impulsa el pensamiento humano, sus sentimientos y sus acciones. 

Sobre este punto, los autores de “Animal Spirits” explican que, “aunque la mayor parte de las actividades económicas suelen tener motivaciones racionales, también existen muchas otras actividades que están gobernadas por espíritus animales”. 

“El egoísmo es la clave para la felicidad”, asegura la doctora Marisa Navarro. Yo diría que hasta es muy necesario para lograr nuestros objetivos.

Esto te puede parecer algo exagerado e inhumano, pero tiene su justificación. 

Para que tú seas más eficaz en tus actividades, es necesario que estés muy bien en todos los sentidos; para ello se requiere que te des la atención, la preferencia y la prioridad en todas las situaciones, siempre con el único fin de funcionar en forma óptima.

Si tú no estás en las mejores condiciones para funcionar excelentemente en tu vida personal o profesional, te costará mucho trabajo poder servir a otros. 

Para dar los mejores resultados que  tus clientes esperan de ti o para ser buenos padres o esposos, debes procurarte siempre con la mejor alimentación y el mejor descanso posible. 

Piénsalo, sólo los que están bien, tienen la posibilidad de ayudar a otros a que también lo estén. 

Por ello concuerdo con la autora de la frase “el egoísmo es la clave para ser feliz”, pero no como un fin exclusivo, sino como un medio para ascender y servir a otros de la mejor manera.

Lo creas o no, lo aceptes o no, lo entiendas o no, ser egoísta no es tan malo; todos necesitamos ciertos niveles de egoísmo.

La necesidad de ser egoísta se vuelve extrema en momentos de crisis personales o en momentos definitorios; por ejemplo, cuando nos  deja una pareja, para poder emprender un negocio o para ganar en un deporte, en esos momentos tenemos que pensar sólo en uno mismo.

Ahí se trata de anteponer el interés propio al ajeno, de dejar a un lado los intereses y necesidades de los demás, para lograr lo que queremos o necesitamos. 

Si crees que ya te quieres lo suficiente o si tu ego te impide reconocer que siempre puedes mejorar tu auto-estima, por lo menos intenta no disminuirla. ¿Cómo? Haciendo lo siguiente:

• Rememora los logros, aciertos y reconocimientos que hayas tenido en el pasado; por pequeños que hayan sido, hazlos grandes. En ellos están tus fortalezas.

• Reconoce y acepta que siempre tendrás competencia, en todo.

• Cambia tu percepción de las cosas que te hacen sentir mal.

• Identifica tus sentimientos y emociones y ponles nombre.

• Identifica tus verdaderos talentos y habilidades, y ponlos en acción estratégicamente.

• Evitar imitar a otros, cada quien tiene sus propios caminos; sé tú.

• No intentes caerle bien a todos, nadie es “monedita de oro”.

• Reinterpreta tus momentos difíciles o traumantes del pasado.

• Como una moneda, todo tiene dos caras, enfócate en lo positivo.

• Perdona tus errores; los seguirás cometiendo.

• Siempre ten presente que el mundo está lleno de posibilidades.

• Antes de dormir y al despertar, programa tu mente con ideas y frases que te fortalezcan.

• La realidad es muy amplia, no pierdas contacto con la tuya.

• Encuentra actividades que te bajen el estrés.

• Recuerda que el descanso es tan importante como el trabajo.

• Siempre ponte a la altura de cualquiera de tus circunstancias.

• ¿Qué es lo bueno en ti, que los demás no tienen o tienen menos?

• Que todas tus actividades respondan a tu Misión y a tu Visión  personal.

• Evita compararte con otros. 

• Acéptate tal como eres, sin chistar.

Tu carácter, y el de todo el mundo, es resultado del desarrollo personal, como la madurez, el autocontrol, etc., que vamos adquiriendo a través de las vivencias que tenemos.

Este no es genético; es algo que vamos formando y desarrollando desde que somos niños; es algo que sí podemos cambiar, mejorar o empeorar. 

Se forma a partir del manejo del temperamento, asimilando las vivencias y experiencias que tenemos en la vida.

Se trata del conjunto de cualidades propias de cada persona, que la distingue de las demás por su modo específico de comportarse y es determinado por sus cualidades morales. 

Actualmente, el carácter ya no se considera como parte de la personalidad, sino como la personalidad misma, que es valorada positiva o negativamente.

Definitivamente, el carácter indica el modo a través del cual actuamos, nos expresamos y pensamos. 

Tu temperamento, como el de todas la personas, es genético y nunca lo podrás cambiar, sólo controlarlo y dirigirlo hacia una tarea específica.

Es la manera natural de ser o de reaccionar de cada individuo; “está determinado por los aspectos motivacionales de cada persona”. 

Es parte de la personalidad y está determinado por factores biológicos propios de la constitución individual.

Se expresa en el grado de carga emotiva que se le pone a las cosas, cómo se actúa y se reacciona.

Hipócrates (460-370 a C), el padre de la medicina, distinguió cuatro tipos de temperamento, según los humores corporales que tenemos: Sanguíneos, Flemáticos, Melancólicos y Coléricos.

Aunque mucha veces nos comportamos claramente con una de estas características, tenemos una mezcla de los cuatro, y el grado en que se manifieste uno u otro dependerá de las circunstancias de cada momento, de la edad y del auto-control. 

1. Conéctate con tus emociones

No podemos eliminar nuestras emociones, por lo que el primer paso, muy importante, es conectarnos con ellas y entender cómo fluyen en nosotros. Captar y descubrir la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.

2. Ponle nombre a tus emociones

Se trata de identificar el tipo de emoción que nos invade. Las emociones básicas, a partir de las cuales se crean todas las demás son: alegría, tristeza, enfado y miedo. Al reconocerla, identificarla lo más específico posible y ponerle un nombre, nos ayudará a entender cómo nos estamos sintiendo y por qué. 

3. No equivocarnos con las apariencias emocionales 

“Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es una emoción secundaria”. Ejemplo, cuando nos sentimos traicionados nos enfadamos, pero la emoción original causante de ese enfado puede ser la tristeza. 

4.- No Juzgar nuestros sentimientos

Las emociones no son malas, tienen funciones específicas. No conviene luchar contra ellas. El miedo nos informa de nuestra incapacidad para enfrentar ciertos sucesos. El enfado nos avisa cuando violan nuestros derechos y nos impulsa a atacar o defendernos. La tristeza nos indica que perdimos algo importante para nosotros. 

5.- El lenguaje corporal de nuestras emociones

Nuestro cuerpo nos puede ayudar a identificar nuestras emociones, ya que presenta ciertas cambios en el momento que nos invaden. Si relacionamos estos cambios en nuestro lenguaje corporal con nuestras emociones podremos detectarlas mucho antes.

También “provocan cambios fisiológicos automáticos como rubor cuando nos enojamos o presión en el pecho cuando estamos tristes”.

6.- Nuestros pensamientos pueden ayudarnos a controlar las emociones

Nuestros sentimientos provienen de nuestras emociones y de lo que pensamos de ellas. Para evitar la emoción, modifiquemos nuestros pensamientos de cada emoción. Con cada una nos invade un pensamiento; decidamos el tipo de pensamiento que queremos tener y la manera en que nos vamos a comportar.

7.- Evitemos juzgar las reacciones de los demás 

“Todo el mundo tiene motivos para hacer lo que hace”. Detrás de cada comportamiento siempre hay una razón; procuremos identificar el tipo de sentimientos que hay en cada reacción, así como las emociones y pensamientos que pueden estar experimentando, aún cuando nos estén insultando; hacer esto en cada ocasión evitará que nos enojemos.

8.- Aprendamos a expresar asertivamente nuestras emociones

La fórmula recomendada por los amigos de habilidadsocial.com es la siguiente: “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”. 1) Definir la emoción; 2) Expresarla en primera persona; 3) Comunicar la conducta Y que nos provoca dicha emoción; 4) Expresar lo que necesitamos.

9.- Anotar en una libreta nuestros sentimientos

Se trata de llevar “un diario emocional.” Se ha demostrado que escribir las emociones en una libreta mejora nuestros pensamientos respecto a ellas, pero tienen que ser escritas a mano y no en la compu.

10.- Hacer de estas prácticas una conducta permanente.

“Repitiendo las nuevas conductas, la plasticidad neuronal modificará sus conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático”. Sin embargo, hay que hacerlo poco a poco, una sola cosa a la vez, hasta convertirla en hábito, empezando por aquella emoción que más pudiera estar causando problemas.

Ya se ha demostrado que la Inteligencia Emocional (I.E.) es más importante que la Inteligencia Racional (IQ). La I.E. nos hace estar más sanos, más felices, más prósperos, y nos proporciona mayores y mejores satisfacciones.

La falta de I.E. puede crearnos muchas dificultades con uno mismo y con los demás; se llegan a cometer errores graves, y fácilmente pueden frenar el logro de nuestros objetivos.

Muchos dicen que la I.E. no se puede mejorar o adquirir, que porque es cuestión de genética, de cómo nos educaron de niños, etc.

Sin embargo, los amigos de habilidadsocial.com, nos aseguran que hay buenos programas de desarrollo personal y formación que funcionan muy bien para lograrlo.

No hay milagros en esto, pero los muy estudiosos del tema aseguran lo siguiente:

A.- Se puede cambiar hasta cierto punto; de hecho, “la inteligencia emocional mejora con los años, ¡de ahí el dicho de que la gente madura con la edad!”.

B.- La ayuda verdaderamente profesional sí da resultados.

C.- Es muy necesaria una visión imparcial; que alguien nos retroalimente al respecto, ya que hay mucha diferencia entre cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás, y ante ciertos retos, muchas veces nos creemos mejor de lo que realmente somos.

D.- Las mejores técnicas para ello, son las que nos enseñan a cambiar nuestros pensamientos y las conductas que derivan de estos, sobre todo las técnicas que nos ayudan a mejorar la capacidad de aceptación y el perdón.

Tomando en cuenta lo anterior, “los últimos meta-análisis demuestran que es posible mejorar la I.E. un 25% en promedio, y en el caso de las habilidades sociales, hasta un 50%”. Esto es posible gracias a la plasticidad neuronal que nos permite aprender empatía y control de las emociones, a cualquier edad. 

“Nuestra mente toma como verdadero todo lo que pensamos o imaginamos, aún cuando sea mentira, y en función de esto genera la respuesta correspondiente.”

Desde hace varias décadas la medicina oficial, la psicología, la psiquiatría, así como las ciencias de la comunicación y las teorías de liderazgo,  han constatado que todo o casi todo, está en nuestra mente.

La gran mayoría de las enfermedades se producen por ciertos estados mentales personales. 

Los gustos, las preferencias, las ideas, las creencias, la misma motivación, que  nos hacen ser y hacer las cosas de manera muy particular están en nuestra mente. 

Todo lo que vemos a nuestro alrededor y la forma en que lo percibimos y desciframos, al igual que lo que sentimos por ello, también está en nuestra mente.

Si tienes alguna duda de esto, te invito a hacer el siguiente ejercicio:

Imagínate que tienes un limón en la mano; tranquilamente, tomas un cuchillo y lo partes, enseguida una mitad del limón la exprimes en tu boca.

Si te concentraste en este pensamiento durante el minuto que cuando mucho te llevó, habrás sentido cómo empezaste a generar saliva. 

Esta es la respuesta automática de tu organismo a un pensamiento sencillo.

Todo lo que pienses de ti, tu mente y tu organismo se encargarán de hacerlo realidad en cualquier momento. Todo lo que pienses que serás en determinado tiempo, se cumplirá. 

Piensa y siente sólo las cosas y situaciones que deseas, aun cuando en este momento no sean realidad. Piensa y siente que eres sano, exitoso; piensa que sí puedes lograr tus metas. 

De aquí en adelante evita pensar en tus problemas, piensa sólo en las soluciones; deja de pensar en tus traumas, complejos, ofensas, etc., piensa en lo que quieres y sé terco en ello.

El resentimiento es una carga psicológica que, en mayor o menor medida, muchos traemos, que nos impide triunfar en la vida personal y en nuestro negocio. Esa carga la llevamos a todos lados, muchas veces sin darnos cuenta.

Es también un veneno que se lleva en la sangre y en el alma, y que contamina todo nuestro ambiente, dañando a nuestra persona, a nuestra familia y a nuestras relaciones en general.

El resentimiento surge por daños que nos hicieron en el pasado, algo que vivimos y no nos gustó, agresiones físicas o verbales, algo que solicitamos y se nos negó, algo que pedimos que se hiciera y no nos obedecieron, etc.

Es un sentimiento que se manifiesta en el presente por el fuerte impacto que tuvieron esas experiencias en nosotros. Es   volver a sentir esas experiencias con el dolor que crearon.

El resentimiento se alimenta del pasado, daña nuestro presente y nos ofrece un futuro sombrío. Cuando surge en personas con alta sensibilidad, algunas veces lo utilizan como arma para jugar al papel de víctimas, con los resultados que esto contrae.

El resentimiento es curable y para ello existe el perdón: Perdona todo y a todas las personas. Perdona a tus padres, a tus maestros, a tus exjefes, a tus amigos, vecinos, clientes, etc.,  pero principalmente perdónate a ti mismo. Perdona tus errores, tus pecados, tus fracasos, tus defectos, etc.

Si Dios nos perdona ¿por qué no perdonarnos nosotros?

Técnicas para perdonar:

• Reescribe las situaciones de tu pasado que  creas te hicieron daño, dales otra interpretación. 

• Vive el presente, no te des tiempo para pensar en el pasado.

• Aprende de tu pasado, sácale jugo; puede convertirse en la mejor universidad para tu crecimiento y evolución, para tu felicidad y la de tu familia, para el éxito de tu negocio.

• Piensa que todas nuestras experiencias son lecciones, y que tenemos que aprender de ellas  para no volver a repetirlas. 

• Valora todo lo que eres y tienes, y da gracias al Creador porque esas experiencias no fueron más fuertes. 

• Perdona a la gente, ten en cuenta que nadie es o será como tú quieres que sean, ni siquiera nuestros hijos. 

• Piensa que generalmente las personas que ofenden y agreden, son personas que viven con miedo, con sentimientos de culpa y de inferioridad. Piensa en las circunstancias que vivieron ellos en el momento de la agresión, tal vez nosotros hubiéramos hecho lo mismo, o tal vez peor.

Si te cuesta trabajo practicar lo anterior, recuerda que Jesucristo lo perdonó todo: ofensas, burlas, críticas, agresiones y hasta la muerte. Perdonó aún cuando nunca nadie le pidiera perdón, aún cuando continuaran agrediéndolo.