Fue hace 55 años, precisamente el 16 de abril de 1964, cuando esa piedrota, perdón, “monolito” que se encuentra en la entrada del Museo de Antropología de la CDMX, fue trasladado desde San Miguel Coatlinchán.

En esa población, de apenas 23 mil  habitantes (2010), se encontraba enterrado desde hace casi 500 años, Tláloc, considerado por nuestros ancestros indígenas como “el dios de la lluvia”.

San Miguel Coatlinchán se localiza en el Estado de México, dentro del municipio de Texcoco, a 33  kilómetros al nororiente de la CDMX.

Para evitar que fuera destruida por los españoles, ahí fue escondida por los pobladores durante la conquista.

Se trata de una escultura de siete metros de altura y un peso estimado de 168 toneladas.

Para poder levantarlo “se construyó un armazón de viguetas de acero que permitió alzarlo y subirlo al vehículo que lo transportaría”. 

Para trasladarlo, “se diseñó un remolque especial doble con más de 20 ejes, jalado por dos tractocamiones, capaces de soportar más de 200 toneladas; una gigantesca plataforma rodante”. 

Muchos caotlinchenses salieron a despedirlo con música y cohetes, le cantaban,  le echaban confeti, flores, ¡vivas!, y muchos hasta lloraban. 

Y no era pera menos, lo consideraban como el cuidador del pueblo, la atracción turística de la región; ya era parte de ellos y lo adoraban mucho. 

El vehículo que lo transportaba venía a vuelta de rueda por la Av. Texcoco y entró por la Calz. Zaragoza, apenas a cinco km por hora.

Todo el acarreo fue un espectáculo, durante todo el trayecto la gente salía a las calles para verlo pasar, pero pasó lo siguiente:

Era el mes de abril, un mes de muy pocas lluvias, pero empezó a llover tan fuerte que inundó algunas calles del centro de la ciudad de México, precisamente por donde pasaba la escultura, creando el mito de que habían despertado a Tláloc.

Y lo que sorprendió verdaderamente a todos, es que la escultura jamás se mojó.

Por fin, después de 17 horas de jornada, Tláloc entraba a Paseo de la Reforma por Av. Juárez, y a la 1.30 del día 17 llegó a su destino.

Pero no fue fácil haberlo sacado de San Miguel Coatlinchán. A pesar de que, previamente, se había hecho un convenio con las autoridades locales para sacar y trasladar el monolito, un mes antes, cuando se empezaron los trabajos para sacar la piedrota de donde estaba enterrada, muchas personas, con marros, machetes y cuchillos, acudieron para impedir su retiro, pues lo consideraban un despojo.

Este hecho obligó la intervención del ejército para controlar a la población. Todavía, cuando todo ya estaba embarcado, la gente del pueblo se rebeló y saboteó el transporte especial en el que la escultura estaba ya montada para ser llevada a la capital.

Los habitantes muy dolidos, amenazaban al personal que llevaba a cabo los trabajos de movilización maldiciéndolos que “ellos se volverían piedra”; “que algo malo les iba a pasar”; etc. Se lo llevaban en contra de la voluntad de muchos vecinos.

Aunque la escultura, es conocida popularmente como Tláloc, después de varios estudios, algunos investigadores la identificaron como Chalchiuhtlicue, la deidad femenina del agua. 

Independientemente de la deidad que sea, esta escultura muestra la importancia que tenía para la cultura que la creo, y de la inmensa necesidad que tenían del agua.

Aunque no lo creas, estos nombres raros existen en nuestro país; son nombres de poblaciones pequeñas, nombres que heredamos de nuestros ancestros prehispánicos.

Esta es información que nos llegó de uno de nuestros lectores, y que checamos fue publicada por Ricardo Pineda en 2016, en El País.

A mi hasta se me atoró la lengua al tratar de pronunciarlos. Te desafío a que lo hagas tú, te podría resultar divertido y te dará conocimiento. 

Aquí un extracto de la publicación:

• Bacadéhuachi (Sonora)

Este nombre proviene de la etnia Ópata, Bacadéhuachi, está ubicada al noroeste de Sonora y fue fundada en 1645 por el misionero jesuita Cristobal García; esta localidad significa “la entrada del carrizo”.

• Basaseachic (Chihuahua)

Es el parque nacional en donde se encuentra la segunda caída de agua más alta del país tiene un nombre que significa “lugar de coyotes” o “cascada”, según el pueblo rarámuri.

• Tzintzingareo (Michoacán)

Se localiza entre los municipios de Maravatío y Ciudad Hidalgo; el nombre de este pueblo artesano tiene un origen purépecha que quiere decir “santuario de colibríes”, muy similar al origen de otra localidad michoacana: Tzintzuntzan.

• Hecelchakán (Campeche)

Al norte del puerto campechano se encuentra esta ciudad que, en maya-yucateco, es el equivalente a “sábana del descanso”.

• Jechtojtik (Zinacantán, Chiapas)

El nombre de esta localidad de menos de cien habitantes no tiene una traducción al español pero proviene de una variante del tzotzil que significa “La Granadilla”.

• Tahdizbchén (Yucatán)

Se ubica a seis kilómetros de Mérida; el nombre de esta subcomisaría tiene su génesis en el maya-yucateco y quiere decir “pozo muy escrito”.

• Tlatlauquitepec (Puebla)

Es uno de los pueblos mágicos de la Sierra Norte poblana. El nombre de este municipio equivaldría a decir “el cerro que arde” o “el cerro cabezón”, en náhuatl.

• Yachihuacaltepec (Toluca, Estado de México)

Originalmente llamado San Marcos Yachihuacaltepec, el nombre de este pueblo se refiere a “los que poseen casas en el cerro de las flores”. Se ubica al norponiente del Mpio. de Toluca, a un lado de la carretera que conduce a Calixtlahuaca, otro nombre algo difícil de pronunciar.

• Tancanhuitz (San Luis Potosí)

Es uno de los municipios potosinos con más lluvias, su nombre puede ser interpretado como “canoa llena de flores” o “simplemente lugar de flores”.

• Alaxtitla Ixcacuatitla (Veracruz)

Quien pueda decir “Vengo de Tlaxcalixtlahuaca pero voy para Alaxtitla Ixcacuatitla” seguro es un veracruzano de cepa y muy probablemente de Chicontepec. No hay demasiado consenso en el significado de su nombre, pero lo más cercano es algo similar a “lugar donde se pone arena en abundancia”.

• Tlalnelhuyocan (Veracruz)

Es también de origen náhuatl; cuando nombras a este pueblo perteneciente a Jilotepec, es como si dijeras “lugar donde hay raíces” o “lleno de raíces”.

• Xalpatláhuac (Guerrero)

Localizado al este de Chilpancingo; el nombre de esta cabecera municipal tiene su origen en una derivación de dos elementos: xalli, que significa “arena”, y patláhuac, que equivale a “ancho”. Su traducción es “arenal ancho o amplio”.

Está oculta bajo una montaña, pero es la más grande del mundo. 

Me refiero a la pirámide de Cholula en el Edo. de Puebla. Su construcción inició por el año 300 a C., y se estima que duraron casi 1,000 años en terminarla.

Fue ocupada por varias culturas y hasta el año 1300 d C. perteneció a la cultura Olmeca-Xicalanca, quienes también la dedicaban al dios de la lluvia (Chiconquiahuitl). 

Lo que la hace la más grande que cualquier otra en el mundo, es su base, que tiene 400 metros por lado; mayor que las del Sol en Teotihuacán y la de Keops, en Egipto.

Es también la más grande en volumen, con 4’500,000 m³, aunque en altura tiene apenas 65 m (similar a la del Sol en Teotihuacan). 

Está formada por seis capas superpuestas una sobre otra, fueron agrandamientos de las culturas que la ocuparon, quienes para que resistiera el peso fueron ampliando su base. Ya para el año, 1300 d. C., la pirámide fue abandonada.

Se dice que durante décadas los españoles quisieron destruirla, pero al no poder hacerlo buscaron opacar su importancia colocando sobre ella el Santuario de la Virgen de los Remedios, construido en 1594. 

En realidad desconocían su presencia, pues a la pirámide la ocultaba ya la vegetación surgida después de 200 años de abandono.

Dentro de las riquezas de este sitio se encuentran dos murales prehispánicos, el Mural de los Bebedores y el Mural de los Chapulines, que fueron descubiertos apenas en 1969 a seis niveles bajo tierra.

El primero de éstos, el más impactante, es considerado como una obra pictórica sobresaliente no sólo por su tamaño de 56 m de longitud por 2.5 m de altura, sino por el tema central que representa: una ceremonia de embriaguez. 

En este mural aparecen más de 100 personas bebiendo un líquido que se dice era pulque; ahora serían unas sabrosas chelas.


Los expertos la consideran como “el más antiguo ejemplo en arquitectura civil conocido en la ciudad” y se asombran que haya sobrevivido tanto tiempo.

Esa construcción ha aguantado temblores, incendios y las inundaciones que han azotado durante años a la Ciudad de México, entre las cuales la principal fue la de 1629.

Se desconoce el nombre de quien la construyó pero la hizo con una estructura sencilla que cuenta con 16 habitáculos alrededor de un patio central con lavadero; es “una especie de vecindad prehispánica y obedece a la estructura social del Calpulli”. Algunas de las piedras utilizadas en los muros, deben provenir de las mismas pirámides y viviendas indígenas que los españoles derrumbaron.

Se trata de una propiedad llena de historia que ha resistido al paso del tiempo. En ella han vivido muchas familias durante siglos, así que imaginémonos la cantidad de leyendas que se pueden contar de ese lugar.

Mucho tiempo estuvo abandonada, pero desde hace aproximadamente 100 años hubo varias vecindades, parte de ella ha sido ocupada por negocios con actividades distintas como bodegas, tienditas, restaurantes, bares, etc.; ha sido también centro de prostitución, prisión, refugio de asesinos y asaltantes. Hasta hace poco todavía, a su alrededor se veían prostitutas, diableros, malandrines, etc.

Cuando las autoridades entraron por primera vez al inmueble, respondiendo al justificado temor de los vecinos por su peligrosidad, encontraron el patio repleto de basura, escombros y hasta se dice que encontraron carne que parecía humana.

En 2010, el gobierno capitalino rescató y restauró el edificio pero conservó los rasgos de su antigüedad. Actualmente está bajo resguardo del Fideicomiso Centro Histórico de la Ciudad de México, que lo convertirá en un centro cultural infantil.

En muchas culturas, diferentes y lejanas unas de otras, se han encontrado figuras del Árbol de la Vida. Según los estudiosos, su origen data de entre 1800 a 1300 a. C. y hablan de dos fuentes, una celta y otra religiosa unida a la Biblia.

A.- La fuente religiosa habla de que El Árbol de la Vida, aparece en la época de Adán y Eva, y que estaba ubicado en medio del Huerto del Edén; el resto ya lo conocemos.

B.- En la cultura Celta los árboles naturales eran muy importantes porque ofrecían protección, cobijo, leña para las hoguera, etc. Para los celtas éstos eran sagrados y les tenían un gran respeto.

Para ellos, eran la esencia de la vida porque unía la tierra con el cielo. Establecían la comunicación en todos los niveles:

• Con sus raíces comunicaban con lo subterráneo.

• A través de su tronco, con el mundo superficial.

• A través de las ramas y la copa del árbol, comunicaban con el cielo.

Con el tiempo otras culturas fueron haciendo lo propio, tomando simbolismos esotéricos, metafísicos, filosóficos, religiosos, psicológicos, etc., siempre como un modo de representar historias de diferentes aspectos.

Una muy conocido es “la interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento, propia de la tradición judía que pretende revelar un saber oculto acerca de Dios y del mundo”, dice que el Árbol de la Vida es una representación gráfica de la Cábala, modelo que describe el mapa de la Creación.

 

Los referencias espirituales del Árbol de la Vida se presentan en tradiciones culturales diversas: mayas, aztecas, mormones, budistas, etc. “Esta pluralidad ha inspirado ideas y mensajes muy diferentes a lo largo de la historia de la humanidad, y nos hace pensar que el ser humano ve en el árbol la inspiración para explicar el conocimiento, lo sagrado, la evolución o la moral”.

 

En mis vacaciones de la pasada Semana Santa visité Metepec. Ahí me encontré una pieza artesanal muy bonita, la de “El Árbol de la Vida”, cuya fabricación está muy identificada con este poblado.

La compré solamente como una figura decorativa, pues me gustaron sus colores y sus detalles bien definidos; sin embargo, el vendedor me explicaba que realmente esta pieza simboliza lo que es la vida.

Me comentó sobre la importancia de las imágenes que contiene. En la parte superior de la escultura está una imagen de Dios; debajo, las ramas del árbol tienen relación con la creación del mundo en siete días. Otras imágenes características son el sol y la luna, Adán y Eva y los animales, flores y frutos que simbolizan el paraíso. También aparece la serpiente de la historia bíblica en la parte inferior, al igual que el Arcángel Miguel.

Me comentó también, que aunque la tradición dicta que deben representar ciertos pasajes bíblicos, como la historia de Adán y Eva, actualmente se crean Árboles de la Vida con temas completamente diferentes.

También me regaló un folleto donde explicaba, según él, los orígenes de El Árbol de la Vida.

“Antes de la conquista, las diferentes culturas que existían en lo que ahora es México, ya tenían sus propios Árboles de la Vida, pero después los frailes destruyeron todo lo que representaba a los antiguos dioses y los reemplazaron con imágenes de santos y de la iconografía cristiana, convirtiéndose en una fusión de técnicas y diseños españoles e indígenas”.

“Las imágenes representadas en las esculturas se usaron originalmente, durante el período colonial temprano, para enseñar la historia de la creación según la Biblia, a los nativos de la región, convirtiéndose en una forma de evangelización”.

Los Árboles de la Vida han llegado a considerarse emblemáticos del municipio de Metepec, dándole una representación internacional a este pueblo.