“La vara en el ojo ajeno”. Esta frase tiene una aplicación práctica en la vida diaria, en nuestra calidad de vida, y directamente en nuestra relación con nosotgros mismos y con los demás.

Se refiere a que, generalmente, sólo vemos los errores en los demás y no vemos los nuestros.

La aplicamos cuando criticamos y juzgamos a otros por sus defectos, sus errores, sus faltas; esto es muy fácil de hacerlo.

Sin embargo, al poner demasiada atención en los demás, dejamos de vernos a nosotros mismos, y no podremos ver nuestras deficiencias; es decir, dejamos de ser objetivos en nuestras evaluaciones, lo que nos impide evolucionar.

¿Los demás tienen fallas? Sí, pero uno también las tiene, y quizá son mayores; entonces con qué cara vamos a criticarlos y a juzgarlos, si estamos igual o peor.

Ver sólo “la vara en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio” es ser parcial y falto de objetividad e inmaduro; denota superficialidad y poca inteligencia.  

Existe un concepto Bíblico que dice “con la vara que mides serás medido”; si criticamos o juzgamos nos exponemos a ser criticados y juzgados. 

Si vemos la viga en el ojo propio, pero la minimizamos o la justificamos, estamos usando diferente vara, una para medir a otros y otra para medirnos a nosotros. 

Cuando logremos ver “la viga en el ojo propio”, además de “la vara en el ojo ajeno”, con objetividad, estaremos dando un salto cuántico en nuestro crecimiento personal. 

Sólo los valientes, los fuertes y los inteligentes son capaces de ver sus errores, y por supuesto, también sus aciertos. 

3.- Creatividad: Ésta se entiende por la facultad que alguien tiene para crear y a la capacidad creativa de un individuo. Consiste en encontrar procedimientos o elementos para desarrollar labores de manera distinta a la tradicional, con la intención de satisfacer un determinado propósito.

En creatividad se usa el pensamiento divergente, que es una actividad amparada en la imaginación, que consiste en realizar una acción nueva o un mismo plan, pero de manera diferente. 

4.- Autocontrol: Es la capacidad consciente de regular los impulsos de manera voluntaria, con el objetivo de alcanzar un mayor equilibrio personal y relacional. 

Esta habilidad nos permite, en momentos de crisis, distinguir entre lo más importante y lo que no es tan relevante. La persona que sabe perdonarse a sí misma por sus fallos y equivocaciones, contribuye a su equilibrio interior y se prepara para aceptar las debilidades y errores de los demás.

5.- Inteligencia emocional: Se refiere a la capacidad para reconocer los sentimientos propios y ajenos. Implica cinco capacidades básicas: descubrir las emociones y sentimientos propios, reconocerlos, manejarlos, crear una motivación propia y gestionar las relaciones personales.

Alguien con inteligencia emocional es quien:

• Es capaz de reconocer y de manejar las emociones de tipo negativo que experimenta.

• Tiene mayor capacidad de relación con los demás; se pone en sus posiciones.

• Utiliza las críticas como algo positivo, ya que las analiza y aprende de ellas.

• Sabe encauzar convenientemente las emociones negativas; tiene mayor capacidad para ser feliz.

• Cuenta con las cualidades necesarias para hacer frente a las adversidades y contratiempos.

Existen dos tipos de inteligencias que, dependiendo de la situación que vivamos en cada momento y de nuestra actividad laboral-profesional, podemos aplicar para lograr nuestros objetivos.

Ambas son diferentes, pero complementarias, por lo que las dos son importantes en nuestras actividades; me refiero a la Inteligencia Intelectual o IQ y a la Inteligencia emocional.

Al ubicarnos bien dentro del contexto de cada una de estas, podremos lograr un mejoramiento personal, siempre que nos observemos para poder identificar en cuál o cuáles de estos puntos somos más débiles.   

Después de todo, son las personas las que logramos que una idea o un sueño se convierta en realidad, que un negocio crezca, que una relación nos dé satisfacciones, etc.

A.- La Inteligencia Intelectual, según los expertos del tema, es genética y cognitiva. Se refiere a “la destreza de poder asimilar información y utilizarla para la resolución de problemas”.

Es la habilidad de razonar, planear, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de las experiencias.

Ésta la utilizamos para analizar, consciente, deliberada y objetivamente las situaciones que se nos presentan. 

Dentro de este tipo de inteligencia se ubican la mayoría de las Inteligencias Múltiples de Howard Gardner, en donde cada uno podemos ubicar nuestras habilidades:

• Verbal-lingüística: Dominar el lenguaje oral y escrito

• Lógico-matemática: Habilidad en el razonamiento complejo, abstracción, etc.

• Espacial: Capacidad para crear imágenes mentales

• Corporal-Quinestésica: Control del cuerpo para dominar habilidades físicas 

• Musical: Habilidad para utilizar y responder al ritmo, timbre y tono

• Naturalista: Habilidad para observar la naturaleza y utilizarla de manera productiva

• Financiera (Ésta no es de Gardner): Habilidad para hacer dinero

B.- La Inteligencia Emocional, por su parte, se refiere a las habilidades y aptitudes que mostramos cuando nos enfrentamos a nuestros sentimientos y los de los demás; más concretamente, a la forma en que manejamos las emociones.

Se refiere, también, a la manera en cómo nos comportamos. Ésta la empezamos a aprender por lo que vemos de los adultos cuando somos niños, y se va desarrollando conforme crecemos.

Daniel Goleman, autor del libro “Inteligencia Emocional”, define este término como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivarnos y de manejar adecuadamente las relaciones”. 

Es decir, poder identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada. En concreto, es la habilidad para relacionarse bien con uno mismo y con los demás. 

A su vez, Goleman la divide en dos tipos de inteligencias:

1.- La Inteligencia Personal: Hacia dentro de uno mismo. Es el modo en que nos relacionamos con nosotros mismos; a su vez, se divide en tres partes:

• Autoconocimiento: La capacidad de conocer y entender en uno mismo las propias fortalezas y debilidades, nuestros estados de ánimo, nuestras emociones e impulsos, así como la forma en que afectan a los demás. 

• Autocontrol: La habilidad para controlar nuestras propias emociones e impulsos y ser responsables de nuestros actos.

• Automotivación: La habilidad para motivarnos a nosotros mismos.

2.- La Inteligencia Interpersonal: Hacia afuera. La capacidad para relacionarnos bien con los demás; a su vez, la divide en dos partes:

• Empatía. La habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás y de ponernos en su lugar.

Si crees que hasta ahora, tu autoestima ha dependido de los demás, piensa lo siguiente:

• Nadie está contra ti, simplemente están en su rollo; no pueden ocuparse de ellos mismos, menos pueden ocuparse de otros; además hay gente que no se aprecia a sí misma por lo que no pueden apreciar a otros.

• No esperes demasiado de los demás; consigue tus cosas por tu cuenta, muévete hasta donde puedas, busca ayuda/apoyo.

• No te asocies con personas que te hagan sentir mal contigo mismo.

• Deja de tratar de comprender el comportamiento de los demás.

• Evita la compañía de los que puedan ser más disfuncionales que tú.

• Confía en tu inteligencia emocional, todos los días de tu vida.

• Date permiso, en cualquier circunstancia de decir “no”, de cambiar de opinión y de expresar tus verdaderas emociones.

• Lo que no está bien para ti, no está bien para los demás.

• Has crecer tus virtudes para disminuir tus defectos. Cambia lo que puedas cambiar y acepta lo que no puedas cambiar sin culpa ni resentimiento.

• No concedas demasiada importancia a lo que otros piensen de ti, mucho menos si no les incumbe.

• Donde quiera que estés, allí esta la fiesta.

• Canta tus propias alabanzas todos los días de tu vida. Ajusta tus expectativas cuando tus resultados no sean los esperados y te concéntrate en el lado bueno de las cosas.

• Deja de estarte comparando con los demás. Compite primeramente contigo.

• Establece y cumple tus metas y compromisos contigo mismo.

Tú lo sabes bien, has tenido muchas experiencias sobre esto.

La asertividad es una herramienta que está a nuestro alcance para poder ser más felices, conseguir las cosas que queremos y llevarnos mejor con los demás. 

Tiene que ver directamente con la forma en que nos comunicamos. Es una parte de las habilidades sociales a la que hace mención la teoría de la “Inteligencia Emocional” y, principalmente, tiene que ver con la autoestima.

Si aprendemos a ser asertivos o más asertivos, la mayoría de nuestros problemas con los demás y con nosotros mismos, disminuirán.

Definiciones de Asertividad:

•“Es la capacidad para poder decir lo que pensamos o sentimos, cuando es necesario o conveniente hacerlo, sin enojarnos y sin ofender a los demás”. 

•“Defender nuestros derechos, respetando los de los demás”.

•“Ser asertivo es expresar nuestro punto de vista, aunque esté equivocado, respetando el de los demás”. 

Por falta de asertividad: 

•Se pierden oportunidades 

•Se vuelve uno ineficaz 

•Generamos malestar 

•Acumulamos resentimientos 

•Se crean conflictos 

El orgullo, la timidez, la arrogancia y la vanidad, la falta de autoestima, la pereza, etc., son elementos enemigos de la asertividad. 

Pero no hay que exagerar, debemos reconocer los límites de la asertividad. 

Llevar la asertividad al extremo puede hacernos caer en la intolerancia, y caerle mal a los demás. 

Asertividad no es andar peleándose con todo mundo, tampoco es andar a la defensiva, ni mucho menos querer tener siempre la razón ni andar corrigiendo siempre a los demás. 

Ser asertivo, es algo así como “el equilibrio entre pelearse por algo y dejarse pisotear”. 

Las emociones gobiernan al mundo, y cuando nos dejamos arrastrar por ellas corremos muchos peligros.  

Amigo detallista, toma en cuenta que tus emociones afectan, para  bien o para mal, tu vida personal y de negocios.

Todos, en determinados momentos y ante ciertas circunstancias, hemos vivido, en mayor o menor grado, todo tipo de emociones. 

¿Qué son las emociones?

1.- Sentimientos muy intensos de alegría o tristeza producidos por un hecho, una idea, un recuerdo, etc.

2.- Alteraciones del ánimo producidas por algún sentimiento. 

3.- Sentimientos de gran interés o expectación por algo.

Consultando la página de Martha Debayle encontramos el artículo de Mario Guerra, titulado “Tus emociones: Arma, herramienta o hilos que mueven tu vida”, en él hace referencia al Dr. Jesse J. Prince, quien habla de seis emociones básicas y universales en los seres humanos: Sorpresa, Asco, Tristeza, Ira, Miedo y Alegría.

Refiriéndose a éstas Mario Guerra habla de que las emociones pueden tener tres utilidades:

1.- La primera, y la más común, es una utilidad negativa, y se da porque nos dejamos llevar por ellas, permitiendo que otros “muevan los hilos de nuestras vidas”, con lo que nos convertimos en víctimas de las circunstancias.

“Esta posición nos resta calidad de vida y nos impide ser felices e impide nuestro desarrollo como persona y como empresarios”.

2.- Una segunda posición es cuando nos percatamos que nos pueden ser útiles si las manejamos adecuadamente. Lo que nos puede ayudar a ser más felices y eficaces en todo.

3.- La posición más inteligente es cuando las utilizamos como armas para que nos vaya mejor en la vida, ya que, según Guerra, las emociones “distraen nuestra atención de ciertos eventos para concentrarnos en ellos y resolverlos, o para posponerlos hasta hallar una forma más adaptativa de manejarlos y responder con efectividad en las cosas que nos suceden”.

El artículo termina invitándonos a tomar conciencia y hacernos responsables de cómo manejamos nuestras emociones, ya que de nosotros depende “la manera en que maticemos y canalicemos dichas emociones”.

Lo malo y lo bueno de las emociones:

1. Sorpresa   

• Se vive con angustia e incertidumbre

• Nos molesta hasta el más mínimo ruido

• Pueden aumentar nuestra felicidad

• Las usamos para llamar la atención 

2. Asco         

• Nos privamos de nuevas experiencias

• Ayuda a evitar ingerir comida dañina

• Nos evita acercarnos a los peligros

3. Tristeza    

• Podemos sufrir depresión

• Nos sentimos tristes y dejamos de actuar

• Caemos en la resignación

• Podemos reflexionar sobre nuestras experiencias y aprender de ellas

4. Ira            

• Podemos explotar sin control                             

• Nos aislamos de la gente 

• Dañamos nuestra salud

• Nos da fuerza para seguir adelante 

• Podemos expresar nuestros desacuerdos

5. Miedo      

• Nos aislamos, dejamos de convivir, nos impide avanzar en nuestro desarrollo

• Puede alejarnos de experiencias peligrosas

6. Alegría     

• Tendemos a buscar los placeres

• Podemos caer en la superficialidad, en los excesos y podemos caer en la irresponsabilidad

• Nos motiva a continuar en nuestras metas

• Nos ayuda a ser más sociables

1. Conéctate con tus emociones

No podemos eliminar nuestras emociones, por lo que el primer paso, muy importante, es conectarnos con ellas y entender cómo fluyen en nosotros. Captar y descubrir la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.

2. Ponle nombre a tus emociones

Se trata de identificar el tipo de emoción que nos invade. Las emociones básicas, a partir de las cuales se crean todas las demás son: alegría, tristeza, enfado y miedo. Al reconocerla, identificarla lo más específico posible y ponerle un nombre, nos ayudará a entender cómo nos estamos sintiendo y por qué. 

3. No equivocarnos con las apariencias emocionales 

“Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es una emoción secundaria”. Ejemplo, cuando nos sentimos traicionados nos enfadamos, pero la emoción original causante de ese enfado puede ser la tristeza. 

4.- No Juzgar nuestros sentimientos

Las emociones no son malas, tienen funciones específicas. No conviene luchar contra ellas. El miedo nos informa de nuestra incapacidad para enfrentar ciertos sucesos. El enfado nos avisa cuando violan nuestros derechos y nos impulsa a atacar o defendernos. La tristeza nos indica que perdimos algo importante para nosotros. 

5.- El lenguaje corporal de nuestras emociones

Nuestro cuerpo nos puede ayudar a identificar nuestras emociones, ya que presenta ciertas cambios en el momento que nos invaden. Si relacionamos estos cambios en nuestro lenguaje corporal con nuestras emociones podremos detectarlas mucho antes.

También “provocan cambios fisiológicos automáticos como rubor cuando nos enojamos o presión en el pecho cuando estamos tristes”.

6.- Nuestros pensamientos pueden ayudarnos a controlar las emociones

Nuestros sentimientos provienen de nuestras emociones y de lo que pensamos de ellas. Para evitar la emoción, modifiquemos nuestros pensamientos de cada emoción. Con cada una nos invade un pensamiento; decidamos el tipo de pensamiento que queremos tener y la manera en que nos vamos a comportar.

7.- Evitemos juzgar las reacciones de los demás 

“Todo el mundo tiene motivos para hacer lo que hace”. Detrás de cada comportamiento siempre hay una razón; procuremos identificar el tipo de sentimientos que hay en cada reacción, así como las emociones y pensamientos que pueden estar experimentando, aún cuando nos estén insultando; hacer esto en cada ocasión evitará que nos enojemos.

8.- Aprendamos a expresar asertivamente nuestras emociones

La fórmula recomendada por los amigos de habilidadsocial.com es la siguiente: “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”. 1) Definir la emoción; 2) Expresarla en primera persona; 3) Comunicar la conducta Y que nos provoca dicha emoción; 4) Expresar lo que necesitamos.

9.- Anotar en una libreta nuestros sentimientos

Se trata de llevar “un diario emocional.” Se ha demostrado que escribir las emociones en una libreta mejora nuestros pensamientos respecto a ellas, pero tienen que ser escritas a mano y no en la compu.

10.- Hacer de estas prácticas una conducta permanente.

“Repitiendo las nuevas conductas, la plasticidad neuronal modificará sus conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático”. Sin embargo, hay que hacerlo poco a poco, una sola cosa a la vez, hasta convertirla en hábito, empezando por aquella emoción que más pudiera estar causando problemas.

Ya se ha demostrado que la Inteligencia Emocional (I.E.) es más importante que la Inteligencia Racional (IQ). La I.E. nos hace estar más sanos, más felices, más prósperos, y nos proporciona mayores y mejores satisfacciones.

La falta de I.E. puede crearnos muchas dificultades con uno mismo y con los demás; se llegan a cometer errores graves, y fácilmente pueden frenar el logro de nuestros objetivos.

Muchos dicen que la I.E. no se puede mejorar o adquirir, que porque es cuestión de genética, de cómo nos educaron de niños, etc.

Sin embargo, los amigos de habilidadsocial.com, nos aseguran que hay buenos programas de desarrollo personal y formación que funcionan muy bien para lograrlo.

No hay milagros en esto, pero los muy estudiosos del tema aseguran lo siguiente:

A.- Se puede cambiar hasta cierto punto; de hecho, “la inteligencia emocional mejora con los años, ¡de ahí el dicho de que la gente madura con la edad!”.

B.- La ayuda verdaderamente profesional sí da resultados.

C.- Es muy necesaria una visión imparcial; que alguien nos retroalimente al respecto, ya que hay mucha diferencia entre cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás, y ante ciertos retos, muchas veces nos creemos mejor de lo que realmente somos.

D.- Las mejores técnicas para ello, son las que nos enseñan a cambiar nuestros pensamientos y las conductas que derivan de estos, sobre todo las técnicas que nos ayudan a mejorar la capacidad de aceptación y el perdón.

Tomando en cuenta lo anterior, “los últimos meta-análisis demuestran que es posible mejorar la I.E. un 25% en promedio, y en el caso de las habilidades sociales, hasta un 50%”. Esto es posible gracias a la plasticidad neuronal que nos permite aprender empatía y control de las emociones, a cualquier edad. 

Si quieres ser más competente, debes tener siempre presente que tu rendimiento va a depender de múltiples factores. Te menciono sólo algunos:
• El dominio que tengas de tu negocio
• Un buen descanso
• Una buena alimentación
• Buena condición física
• Un buen estado de ánimo

No te confíes en que ya lo sabes todo. Todo está cambiando constantemente, hay nueva información y nuevas necesidades.

Dedícale unas horas a la semana a actualizarte, a buscar nuevas y mejores formas de hacer tu trabajo e implántalas en tu tienda.

Ten en cuenta que tu solo rendimiento, por mucho que produzcas, no es suficiente para aumentar tus ventas, tendrás que aplicar otras habilidades, sobre todo en lo que respecta a tu Inteligencia Emocional.

Tu lo has visto, muchos consumidores acudimos a determinados negocios sólo por que nos hacen sentir bien, hablo de un buen trato.

No te estoy recomendando que te hagas amigo de todos tus clientes, eso sería imposible y nada recomendable, pero deberás tomar en cuenta que sus necesidades van más allá de sólo adquirir productos.

Me estoy refiriendo a tres de las variables que considera la Teoría de Inteligencia Emocional: auto-motivación, empatía y relaciones sociales.

Algunos especialistas en la materia consideran que estas solas variables pueden, en un momento dado, ser la principal y definitoria herramienta para progresar como comerciante.

En la medida de tus posibilidades y de las oportunidades que se te presenten, y sin que arriesgues las utilidades de tu negocio puedes llevarte bien con todos.

Además de con tu tienda, debes venderte como persona, regula tus estados de ánimo y conoce y comprende los de tus clientes.

Emociones y sentimientos.

El conocer nuestras emociones y sentimientos, además de poder manejarlas adecuadamente, nos ayuda a navegar mejor en el mundo de las emociones y sentimientos, logrando mayor “sintonía” con el propio mundo afectivo y el de las demás personas. Esto enriquece la vida personal y nuestras relaciones con los demás.

Aunque no siempre las escuchamos, las emociones y sentimientos nos están continuamente enviando señales. A veces pensamos que no tenemos derecho a sentir miedo, tristeza o indignación. Se considera que sentimientos y emociones como la rabia y el odio son “malas” y deben evitarse. Este es un ejemplo de cómo el mundo afectivo es distorsionado por la razón, por prejuicios, temores aprendidos y racionalizaciones.

Comprender mejor lo que sentimos implica no sólo escuchar lo que nos pasa por dentro, sino también atender al contexto en que nos pasa.

Tensiones y estrés.

Las tensiones son inevitables en la vida de todas las personas y se presentan desde el nacimiento hasta la muerte. El reto que afronta cada ser humano no consiste en evadir las tensiones, sino en aprender a vivirlas sin llegar a un estado crónico de estrés.

El estrés es una presión. Todos los seres humanos lo sentimos. Ante determinados estímulos y de manera automática, el organismo se activa disponiéndose para la acción: aumenta la frecuencia cardiaca y respiratoria, la presión sanguínea, el metabolismo y el flujo de sangre hacia los músculos.

Es necesario identificar oportunamente las fuentes de tensión y estrés en la vida cotidiana, saber reconocer sus distintas manifestaciones y encontrar maneras para eliminarlas o contrarrestarlas de manera saludable.