Esto fue real. En 1964 se supo del grupo homicida más aberrante en la historia mexicana, y uno de los más impactantes, hasta esas fechas. 

El 6 de enero, fueron detenidas tres mujeres, acusadas de haber asesinado a más de 100 mujeres. Fueron las hermanas María Luisa, Delfina y María de Jesús, González Valenzuela, quienes pasaron a la historia criminal como “Las Poquianchis”. 

Tenían un imperio del crimen; manejaban prostíbulos en Jalisco, Guanajuato y otros cinco estados. Para prostituirlas, reclutaban a mujeres con engaños; a otras las raptaban, las ultrajaban y las esclavizaban. Desde los años 50’s se vincularon con secuestradores de todo el país, quienes les secuestraban jovencitas en situación de marginación y pobreza.

Además de explotarlas sexualmente, a las que se negaban a trabajar con ellas, las maltrataban y hasta las asesinaban. 

El 12 de octubre es considerado como el surgimiento de una nueva raza, la mezcla de sangre y cultura española con sangre y cultura de las diferentes etnias que hace más de 500 años habitaban en lo que ahora es México, y cuyo resultado somos nosotros, los mestizos.

Sin embargo, el México actual está formado ya, en su mayoría, por una mezcla nueva de mestizos, que sumados a las etnias todavía existentes, a los extranjeros radicados en el país y lo que se podría llamar criollos (hijos de extranjeros nacidos en México), formamos un mosaico de identidades regionales y costumbristas propias, que aunque diferentes nos dan nuestra identidad de mexicanos.  

Los mestizos no podríamos negar nuestras raíces indígenas y españolas porque estaríamos negando una parte de nosotros. 

Dentro de todo lo oscuro que pudieron haber tenido los 300 años de haber sido una colonia española, lo más importante es que nuestras etnias antepasadas, si bien fueron conquistadas, conservaron la mayoría de las tradiciones que ahora disfrutamos, y a las cosas que tuvieron que adoptar, les dieron su propio toque nativo.

Dentro de las cosas que aprendimos de los españoles, fue el modo de comercializar mercancías. Fueron ellos los que iniciaron en México las tiendas de abarrotes; gente muy trabajadora, que tuvo la visión de lo que se necesitaba, y se necesita todavía, de un lugar cercano donde los pobladores pudieran abastecerse de los productos necesarios para su consumo diario, sin necesidad de moverse grandes distancias.

Todavía nuestros bisabuelos conocieron a “don Benancio”, por ejemplo, quien todos los días, con su mandil blanco, a veces un poco sucio, despachaba en su tienda de abarrotes.

Para nosotros los abarroteros, el 12 de octubre debería ser un día muy importante porque esa fecha simboliza las raíces de nuestra actividad. 

Como ustedes saben, el Estado de Guerrero se divide en Costa Chica y Costa Grande, divididas a partir de Acapulco.

En la Costa Chica existe una pequeña población de nombre Cuajinicuilapa, justamente colindando con el Estado de Oaxaca; ahí me toco ver que la mayoría de su población era negra, verdaderamente negra.

Cuando viví en Acapulco, la gente de ahí me contaba que eran descendientes directos de africanos. 

Contaban que, en el Siglo XVIII, una embarcación, de esas conocidas como de la Nao de China, que además de productos, venía cargada con esclavos, encalló antes de llegar a Acapulco y que los pocos que lograron sobrevivir, pudieron llegar a Cuajinicuilapa, donde encontraron refugio.

Sin embargo, la versión oficial dice que en esa ciudad se refugiaron muchos negros cimarrones, nombre con el que se denominaba a los “esclavos rebeldes, algunos de ellos fugitivos”, que ya vivían en otros lugares de la colonia. 

Éstos llevaban una vida de libertad en rincones apartados, buscando un lugar donde estar lejos de los que habían sido sus patrones.

Cualquiera que sea el hecho histórico, y aunque los afrodescendientes se han extendido por toda la Costa Chica, el municipio de Cuajinicuilapa tiene la población más grande de afromexicanos del estado.

Desde hace unos años, diferentes grupos sociales han estado hablando de los Afromexicanos, haciendo notar que éstos han sido los más marginados en el país, al grado de que durante siglos han permanecido invisibles para muchos, incluyendo las instituciones oficiales.

Fue hasta 2015 cuando el INEGI hizo el primer censo de estas comunidades. Actualmente, en México habitan casi 1.4 millones de afrodescendientes (1% de la población total). Los estados con mayor proporción de éstos son: Guerrero (6.5%), Oaxaca (4.9%) y Veracruz (3.3%).

Desde los años 50 del siglo pasado conocemos a Acapulco por su importancia turística, pero no siempre fue así.

Durante la colonia fue escenario del intercambio comercial más importante en la época.

A esa ciudad llegaba la Nao de China; se trataba del barco que “recorría la ruta comercial que conectaba Asia con España, a través de México”.

Cuando Cortés conquistó el Imperio Azteca, Magallanes descubrió el archipiélago de las Filipinas; donde Manila su capital, llegó a convertirse en el centro de acopio de las riquezas asiáticas. 

En esa época, ambas tierras, La Nueva España y Filipinas fueron fortalezas del poderío comercial Español. 

“Sedas, maderas, telas, especias y metales preciosos se embarcaban en los buques a los que se llamó Naos, y zarpaban rumbo a la Nueva España, hacia el puerto de Acapulco”.

Los productos llegaban a esta ciudad para después cruzar el territorio colonial; en ese trayecto “muchos se comercializaban en Tenochtitlán, Oaxaca y el Bajío”; junto con productos de la colonia, muchos llegaban al puerto de Veracruz, desde donde se embarcaban para España en otros barcos, haciendo escala en La Habana. 

La Nao de China venía “repleta de comida y sedas que se comercializaban en Acapulco. Ahí se intercambiaba también madera, telas, frutas como el plátano, piña, pimienta, arroz, azafrán y especias”. 

“Los productos que más enviaba la Colonia eran la plata, el oro, la cochinilla, el cacao, el café, los chiles, algunas piezas de cuero y ganado”.

Junto con los productos que traía la Nao en esta ruta, también venían esclavos, ésto se dice que era para compensar la escasez que se dio de  aborígenes locales, debido a que muchos morían de la viruela traída por los españoles conquistadores.

Cuando me contaron de que hubo un conflicto bélico llamado “La Guerra de los Pasteles”, yo me imaginaba que había sido a pastelazos, como en las películas que hacían Viruta y Capulina o como lo hacen también en algunos programas de comedia que aprovechan los cumpleaños para llevar pasteles y en lugar de comerlos, los utilizan para aventándoselos.

Pero no, se trató de un verdadero enfrentamiento bélico que hubo entre los ejércitos de México y Francia.

Vas a decir que eso lo enseñan en la primaria, muy cierto, pero precisamente el día que dieron esa parte de la historia de México, no pude ir a la escuela.

Bueno, pues hasta hace poco lo supe yo. 

Aunque esa guerra no fue precisamente a pastelazos, dentro de los antecedentes sí hubo pasteles.

Fue hace 181 años, exactamente el 16 de abril de 1838, cuando inició esta guerra; fue la Primera Intervención Francesa en México, conocida con ese nombre.

Para muchos historiadores fue “un conflicto bélico injusto y desigual, por las absurdas razones con las que Francia quería justificar la agresión contra nuestro país”, ¡unos pasteles!

Un grupo de comerciantes franceses realizó una serie de reclamaciones contra el gobierno mexicano, que decían haber sido afectados por los movimientos revolucionarios de la época, entre los cuales estaba el caso de un francés que tenía una pastelería allá por Tacubaya; de ahí el hombre de esa guerra. 

Este francés declaraba que, en 1832, había sufrido una pérdida de 60 mil pesos porque unos oficiales de Antonio López de Santa Anna habían comido muchos pasteles y se fueron sin pagar.

Por la reclamación de este francés y otros comerciantes más, Francia exigía a México una indemnización global de 600 mil pesos. 

El gobierno del Presidente de ese momento, Anastasio Bustamante, se negó a pagar, por lo que la tensión entre ambas naciones se agudizó. 

Francia amenazó con invadir México, por lo que entre febrero y marzo de 1838, las amenazas francesas se hicieron realidad cuando diez barcos de guerra arribaron a Veracruz. 

Todavía desde uno de los barcos franceses dieron un ultimátum, que si México no pagaba antes del 15 de abril de ese año, invadirían todo el territorio mexicano, sólo que ahora ya serían 200 mil más, por los gastos de la flota francesa anclada frente a Veracruz.

Como el gobierno mexicano seguía en su misma posición de no pagar, Francia envió 20 barcos militares más, con los cuales bloquearon durante casi un año al puerto de Veracruz y a “todos los puertos mexicanos en el océano Atlántico, desde Yucatán hasta el río Bravo”. 

Para el 21 de noviembre de ese año,1838, los franceses bombardearon el monumental fuerte de San Juan de Ulúa, por lo que días después, México declaró la guerra a Francia, en la que el jefe de las operaciones fue Antonio López de Santa Anna, quien terminó perdiendo una pierna en los enfrentamientos.

Finalmente, la intervención de los ingleses, quienes se veían afectados con este bloqueo al no poder comerciar con México, ayudó a mediar en las negociaciones entre las dos partes. 

La debilidad de nuestro ejército, en esa época, frente al de Francia, “obligó a México a negociar y comprometerse a pagar las pretendidas indemnizaciones”.

La paz se firmó el 9 de marzo de 1839; sin embargo, la dichosa deuda no se pudo cubrir por lo que ese mismo argumento sirvió de pretexto para la segunda intervención francesa contra México en 1862.

De este personaje se pueden decir muchas cosas malas y buenas, según la corriente de pensamiento de quien hable o escriba de él.

Si lo ponemos en el contexto que vivió, la historia oficial y no oficial nos pueden enseñar más de lo que sabemos de él. ¿Cuáles fueron sus circunstancias, sus capacidades, y cómo se enfrentó a sus adversidades?

Pero hacer eso llevaría mucho tiempo y espacio, por lo que me limito a lo siguiente:

Lo malo:

• Se creía insustituible

• Fue autoritario y su voluntad estaba por encima de la ley; todo un dictador

• Domesticó y sometió a los poderes federales

• Como militar, imponía la mano dura contra sus opositores 

• En su período, hubo contrastes extremos entre ricos y pobres 

• Se ocultaba la miseria y la desgracia de la gran mayoría de la población  

• Aumentaron los latifundios a costa de las tierras de los pueblos

• Los salarios que se pagaban era miserables y las condiciones de trabajo inhumanas 

• Reprimió las huelgas de Cananea y Río Blanco

Lo bueno de su período

• En general, hubo orden, paz y progreso

• Construyó la red de ferrocarriles, la misma que aún tiene México, con lo que pudo comunicar a las regiones más aisladas del país. 

• Concilió las rencillas partidistas y las batallas 

• Se favoreció la inversión extranjera y se reactivo la minería y la industria 

• Negoció la suspensión de la deuda externa con Estados Unidos, Francia e Inglaterra 

• Construyó el Palacio de Bellas Artes, el Palacio de Correos, la Rotonda de los Hombres Ilustres 

• Decretó la creación de lo que ahora es la UNAM

• Se abrieron los primeros bancos del país: el actual Banamex y el Banco de Londres y México

La historia lo satanizó; nos lo pintaron como el enemigo de México, de la democracia y de la “Revolución Mexicana”.

Pero ahora, algunos historiadores han querido reivindicarlo, presentándonos una visión más completa de lo que fue como presidente de México.

Lo que marcó negativamente a este personaje, fue el hecho de haber permanecido 30 años en el poder, y ya sabemos lo que eso significa; convertirse en un dictador.

Ya hemos sabido que tanto tiempo en el poder lleva a un presidente a ser tirano, y a sentirse un dios. 

Pero como todo personaje que ha pasado a la historia, ha tenido seguidores y detractores; los primeros, definitivamente, por haberse beneficiado durante su gobierno. 

Para mi gusto, su principal acción buena, y que hasta últimamente se viene mencionando en los medios, es que fue él, quien finalmente ganó la batalla contra los franceses el 5 de mayo de 1862. ¡Gracias a él tenemos qué celebrar!

Sin menospreciar las estrategias del general Ignacio Zaragoza ni el esfuerzo y valentía de todos los campesinos y soldados mexicanos que participaron en esa batalla, fue Díaz quien, directa y oportunamente, como general, hizo huir, junto con su batallón, a los soldados enemigos. Claro que esto lo hizo antes de ser presidente.

No pretendo ensalzarlo, sólo aprovecho el contexto de las propuestas que desde hace  algunos años expresan diversas personas, para traer sus restos a México, pues como sabemos fue enterrado en Francia a donde fue exiliado en 1911, y donde murió cuatro años más tarde.

Bueno o malo, “no fue un personaje menor”, su largo tiempo en el poder marcó un período especial en la historia de México.

Para no seguir atormentándome con las aparentes regadas o lentitudes del nuevo gobierno, ahora estoy tratando de entender por qué son así las cosas. 

Según esto, se trata de una verdadera transformación. ¿Cuánto tiempo tardará en llevarse a cabo? ¿Cuánto tiempo tardaron en consolidarse las otras tres transformaciones?

• Para lograr la 1ª transformación, “La Guerra de Independencia”, se llevaron 11 años (1810-1821). 

• Para la lograr la 2ª, “La Reforma”, fueron tres años, en una primera etapa (1858-1861) cuando se hicieron las Leyes de Reforma, pero en realidad se prolongó hasta 1867 con la muerte de Maximiliano; o sea, 10 años en total. 

• Para lograr la 3ª, la “Revolución Mexicana”, fueron ocho años (1910-1917), con la Constitución que actualmente rige en México.

¿Por qué tanto tiempo en cada una? ¿Cuántos años se llevará la 4ª?

La oposición, en estos casos, es la que juega el papel más relevante. La resistencia y protestas de muchos que ven amenazados sus bienes y sus oportunidades de seguirse beneficiando con el sistema que los envolvía.

Pero la oposición, es algo natural entre los humanos, porque cualquier transformación significa cambios, y éstos, a muchos nos dan miedo ya que desconocemos sus efectos o nos molestamos porque nos sacan de nuestra “área de confort”.

En las tres transformaciones hubo muchos afectados. 

•  En la 1ª, los principales fueron los españoles, al perder todas las riquezas que tenían en lo que era su colonia, y por supuesto, los criollos que eran dueños de la mayoría de las riquezas locales. 

• En la 2ª, fue principalmente el clero, al haberles quitado las muchas propiedades que poseían.

• En la 3ª, fue el presidente-dictador del momento, y todos aquellos que se habían beneficiado con su presidencia.  

Las tres transformaciones, han sido a través de la violencia, con todo lo que implicó: armas en contra del pueblo, hambruna, epidemias, recesiones, etc.; verdaderas crisis socioeconómicas.

Si la 4T la hicieran igual, habría mucho más afectados de los que están habiendo últimamente, pero esta transformación la quieren hacer “por las buenas”, ‘dizque’ con amor. 

Cualquier transformación en un país implica afectar a los dueños del poder y del dinero, pero también a muchos afectados colaterales; siempre ha sido así, en todos los países.

• Si realmente la 4T quiere y puede acabar con la corrupción, con la impunidad y crecer al 4% anual, hay que cambiar las estructuras, pero cambiarlas y echarlas a funcionar, se lleva su tiempo. 

Las estructuras son las que sostienen a todo lo demás, son como los castillos en una vivienda; en un país, son los organismos e instituciones que se encargan de vigilar que se cumplan lo que en las leyes se ha establecido para una sana relación entre la gente.

Pero ese tipo de cambios, dan sus resultados a largo plazo, no en los seis meses que, con desesperación, muchos le estamos exigiendo al nuevo gobierno. 

Definitivamente, no se pueden hacer los cambios de los que habla la 4T con las mismas leyes, organismos e instituciones. 

No nos desesperemos, cualquier transformación se da dentro de un proceso que conlleva varias fases sucesivas como la Planificación, Organización/Ejecución, Dirección y Control.

En cuanto a seguridad, parece que estamos ya en la de Dirección y entrando a la de Control; sin embargo, estas dos fases son las más difíciles, es cuando la resistencia de la oposición se vuelve más fuerte.

¿Qué es lo más inteligente o amoroso que podemos hacer?

Cuando me enteré de esto, dejé de quejarme de las inundaciones de mi colonia.

Fue una inundación en lo que ahora es la CDMX, que duró cinco años, y que prácticamente hizo desaparecer la ciudad.

El 21 de septiembre de 1629 inició un tormentón que duró más de 36 horas.

Fue un hecho real; no hay fotos pero está registrado en los Archivos de la Nación de España; además, en la esquina de Motolinía y Madero está incrustada una cabeza de león, que indica hasta dónde llegó el agua.

Los indígenas pensaban que sus dioses estaban castigando a aquellos que habían invadido sus territorios. Por su parte, muchos españoles creían que la inundación era  un castigo por los pecados que habían cometido.

Los mexicas sabían bien de este tipo de problemas, ya habían enfrentado inundaciones parecidas; ellos habían construido muros de contención y acueductos, con los que no sólo se podían abastecer de agua limpia para su consumo, sino que también podían evitar las inundaciones.

Sin embargo, los españoles los habían derribado por lo que no tenían manera de liberarse del agua. Imagínate el drama y la tragedia que se vivió.

La ciudad quedó bajo dos metros de agua y en algunas zonas hasta tres. Muchas casas se derrumbaron, otras estaban inundadas y algunos sólo podían estar en la azotea o en un segundo piso. 

Se realizaban misas en las azoteas y la gente las escuchaba también en éstas o en los balcones de las casas de junto o de enfrente. La gente pedía con lágrimas un milagro para acabar con la tragedia. 

La ciudad se quedó prácticamente sin gente. Los españoles que pudieron y tenían recursos, emigraron, y en su mayoría, se asentaron en Puebla; “de las 20 mil familias de españoles que había en esos momentos en la ciudad, sólo permanecieron 400”.

Fue hasta 1634 que pudo sacarse toda el agua de la ciudad y empezar la reconstrucción.

Es la tumba del niño Ignacio Torres Altamirano “Nachito”. La leyenda comienza con su muerte el 24 de mayo de 1882. Se dice que murió de nictofobia (miedo enfermizo a la oscuridad). 

Cuenta la leyenda que desde su nacimiento sufría este padecimiento, por lo que en las noches, sus padres ponían antorchas en su recámara para iluminarla y que pudiera dormir tranquilo; pero una noche, las antorchas se apagaron y a “Nachito” le dio un infarto fulminante. Al día siguiente, sus padres lo encontraron ya muerto en su cama.

Los padres enterraron a Nachito en el panteón de Belén, ahora museo, de Guadalajara, Jal.

Al día siguiente de su entierro, el sepulturero encontró el ataúd afuera de la tumba. Dio aviso a sus padres pero éstos no pudieron ir,  por lo que el sepulturero lo enterró de nuevo. Esto sucedió durante diez días. 

La gente empezó a decir que Nachito padecía “mal del diablo”, que la tierra no lo quería y por eso lo escupía.

Sus padres decidieron modificar la tumba, construyendo una encima de ésta, porque, según ellos, no podía descansar debido a la nictofobia que padecía. La tumba está hecha de piedra y tiene unas aberturas a los lados para que entre la luz. 

En  las esquinas de la tumba decidieron poner cuatro obeliscos y en cada uno de éstos ponían unas antorchas para iluminarlo durante la noche.

Hoy en día, la gente lleva juguetes a Nachito porque dicen que si no le llevan algo, puede acompañarlos hasta su casa y hacerles travesuras. 

Se sabe que Nachito sí juega por las noches con sus juguetes; según los sepultureros tienen que recogerlos antes de abrir el panteón porque los encuentran regados alrededor de la tumba.  

Si alguien se lleva un juguete de la tumba, Nachito se enoja y se va con él y le pasarán cosas raras.