Pero el surgimiento ceremonial del pasaje doloroso de Cristo en Iztapalapa tiene mucho más fondo; coincide con que, precisamente en ese lugar, específicamente en el Cerro de la Estrella, fue donde los sacerdotes “mexicas” realizaban su ceremonia del “Fuego Nuevo”. 

Para los “mexicas”, los siglos eran de 52 años, y dicha ceremonia la llevaban a cabo el primer día que iniciaba un siglo nuevo, esto como agradecimiento a los dioses porque la vida continuaba, al menos por un siglo más.

Dicen los historiadores que, ya desde entonces, cada final de siglo existía en el pueblo mexica, el miedo, de que el mundo se acabaría. 

“Esperando que ya no amaneciera, la última noche la pasaban en vela, y cuando aparecía la luz del día y se daban cuenta de que no había ocurrido ninguna desgracia, esa era la señal de que los dioses les habían permitido vivir un siglo más”.

Actualmente, la representación de la crucifixión de Cristo, es una de las tradiciones más importantes del país; en Iztapalapa, se realizó este año la 175 muestra de ese acontecimiento religioso, considerado actualmente, como un Patrimonio Cultural intangible de la CDMX.

En este evento participaron más de 2 mil actores, quienes siempre lo hacen con fervor, y donde los protagonistas se preparan desde mucho tiempo atrás.

Al evento que dura una semana acuden más de dos millones de turistas, tanto nacionales como extranjeros.

Pero Iztapalapa es mucho más todavía, es una combinación de religiosidad, diversión, trabajo duro y violencia; de gente luchona, de mujeres empoderadas; de gente con mucha capacidad para superar y soportar situaciones difíciles, pues buena parte de ella carece de agua, vive en zonas de riesgo geológico,  y que a pesar de todo lo que les pueda suceder, sienten orgullo de haber nacido ahí. 

 

Ningún “chilango”, principalmente los que viven en Iztapalapa, debe olvidar la importancia que tiene esta Delegación dentro del contexto cultural, económico y social de la CDMX.

Es la delegación más poblada de esta nueva Entidad Federativa. Con cerca de dos millones de habitantes, Iztapalapa es la 3ª en extensión territorial, después de Milpa Alta y Xochimilco, y la 3ª también, en densidad poblacional, después de Cuauhtémoc e Iztacalco.

Esta delegación es reconocida nacional e internacionalmente, no sólo por la Central de Abastos, el Centro Comercial más grande del mundo; por la Nueva Viga, el mejor lugar para comprar y consumir los productos marinos más frescos; por “Los Ángeles Azules”, que con su frase “De Iztapalapa para el Mundo”  y su música, nos han conquistado a muchos. Pero principalmente es conocida por su evento religioso, el más grande del país, reconocido mundialmente.

En muchas ciudades de México y del mundo se realizan eventos parecidos, con motivo de la Semana Santa, pero es en Iztapalapa donde desde 1843 se realiza esta ceremonia.

¡Recordemos cómo surgió!

Fue allá por los años 30 y 40 del siglo antepasado, cuando los iztapalapenses, desesperados por una epidemia de cólera que había matado a casi la mitad de la población, “invocaron las imágenes de Cristo que se  veneraban en sus respectivas ermitas de los barrios originales de Iztapalapa” para que terminara con la epidemia.

Sus ruegos fueron escuchados. Pues cuentan que Cristo los favoreció con un agua milagrosa, que brotó como manantial al pie de un  árbol y con la que curaron a los enfermos. 

Entonces, como agradecimiento, desde 1843 la población inició la representación del pasaje doloroso de Jesús, La Pasión de Cristo, recorrido que se conoce como Vía Crucis.

¿Quién puede resistirse a unos tacos de carnitas o barbacoa, a unos tamales o a una hamburguesa con sus respectivas papas fritas? ¡Pocos! La mayoría, sobre todo en CDMX, consumimos algunos de estos alimentos por lo menos una vez a la semana.

Y el problema no es que los comamos, sino que, por sabrosos, muchas veces nos atascamos hasta el cansancio.

Por naturaleza nuestro organismo requiere de grasas para poder funcionar bien; junto con el azúcar, es de las principales fuentes de calorías, el problema es que “las grasas son tan adictivas como la sal y los azúcares”.

De niños aprendimos que ante el hambre, el dolor o la ansiedad, la respuesta era comer, continuando con esta actitud, ya de adultos “ante cualquier situación de estrés, la recompensa inmediata es la comida, en particular, la grasa”, porque es lo más sabroso y lo que más placer nos proporciona de inmediato.

Hasta ahí está bien, pero en un ambiente tan estresante como en el que estamos viviendo desde hace algunas décadas, nuestra necesidad psicológica por comidas con alto contenido de grasa es mayor.

Al igual que el azúcar, las grasas están en casi todos los alimentos procesados: los panecillos, las papas, el chocolate, etc.; éstos nos han acostumbrado tanto a las grasas, que ni en nuestros hogares podemos comer sin ellas.

¿Por qué no podemos resistirnos a las grasas, a tanta grasa que ingerimos?

Diferentes investigaciones informan que “lo que hace a estos alimentos irresistibles, es que cada vez que los consumimos, nuestro intestino produce una sustancia similar a los compuestos que contiene la marihuana, con el mismo efecto adictivo; esto explicaría por qué necesitamos saciarnos al ingerir alimentos grasos”.

Para combatirlo o compensar los excesos en su consumo, las recomendaciones son: come menos, haz ejercicio, toma mucha agua.

El azúcar es otro de los venenos a los que estamos expuestos todos los días.

La encontramos en la mayoría de los alimentos y bebidas que consumimos, desde refrescos, dulces y repostería, hasta algunos guisados.

Sabemos que el azúcar tiene efectos nocivos en todos nuestros órganos, incluido el cerebro, pero al igual que la sal, no es el producto en sí lo que hace daño, sino su exceso en el consumo.

Sin embargo, el azúcar, en las cantidades adecuadas, es beneficiosa para el organismo, “nos puede levantar el estado de ánimo ya que hace que se segregue serotonina en el flujo sanguíneo, la hormona de la felicidad”.

La glucosa, como se le conoce al azúcar que se encuentra en la sangre, es muy importante para el funcionamiento del cerebro, ya que, sin importar si proviene de las frutas, miel, mermelada, gaseosas azucaradas o comida procesada, es el combustible para las neuronas.

Sin embargo, algunos científicos han identificado que quienes consumen mucha azúcar tienen comportamientos propios a los de los adictos a las drogas. Aseguran que esos consumos producen efectos similares a consumir cocaína, y que es aún más adictiva que la cocaína.

El problema del exagerado consumo de azúcar, en sus diferentes formas y tipos, es mundial.

La Organización Mundial de la Salud, recomienda para los adultos 25 gramos de azúcar al día. Actualmente, la misma institución, informa que en México se consumen 104 gramos, ocupando el tercer lugar de consumo en el planeta.

Sabemos bien que el exceso de este ingrediente está asociado directamente a la obesidad y a la hipertensión, las cuales pueden conducir a enfermedades del corazón y a la diabetes tipo 2.

Consumir mucha azúcar parece un hábito difícil de romper, pero lo podemos compensar con ejercicio diario, comer menos comidas dulces cada vez y tomar mucha agua.

La sal es muy necesaria para nuestro organismo, por lo que no podemos tomarla como un mal a eliminar, ya que por varias razones, el cuerpo la exige.

De hecho, la sal es buena para el organismo; además de ayudar a mejorar el estado de ánimo, el sodio es útil para prevenir la deshidratación, para la correcta transmisión de impulsos nerviosos y para el normal funcionamiento de las células.

Hay una relación entre el consumo de sal y la depresión, aunque la sal no cura la depresión.

Lo malo de la sal, no está en ella, sino en nosotros, en los excesos y en no seleccionar nuestros alimentos. Según datos de las autoridades de salud, en México el consumo diario per-cápita de sodio es de 11 y 12 gramos, cuando la OMS recomienda sólo cinco o seis gramos por persona.

Cuidado, porque, según los especialistas, la adicción a los alimentos con mucha sal crea la misma necesidad por ella que la que crea la adicción por la cocaína.

En los laboratorios se descubrió que la sal produce cambios profundos en el hipotálamo, activando células asociadas con el placer como la dopamina, y que la necesidad de consumir sal era la misma que la de la cocaína.

Los principales riesgos que corremos con los excesos de sal ya los conocemos: aumenta el riesgo de padecer hipertensión arterial, retención de líquidos, cargas extras al corazón y a los vasos sanguíneos, afectaciones al cerebro y los riñones.

Lo que se recomienda es medirnos la presión al menos dos veces al año, realizar ejercicio físico, mantener un peso corporal adecuado y evitar el consumo de productos industrializados y tomar dos litros de agua diariamente.

¿Por qué las leyes prohíben el consumo de estupefacientes como la mariguana o cocaína, y no prohíben aquellos que diariamente se consumen en México, y que tiene los mismos efectos?

Me refiero a las comidas con alto contenido de sal, azúcar y grasas, que según muchos especialistas, se ha demostrado que tienen un efecto similar a las drogas.

Seguramente a ti te ha pasado, hay comidas a las que no puedes resistirte, tanto que “no puedes comer sólo una” y terminas “por atascarte”.

A la mayoría nos sucede esto, hay comidas que nos enganchan, son sabrosas al paladar y nos hacen sentir bien.

Los estudiosos del tema explican que la razón está en que esas comidas estimulan nuestros centros cerebrales, pues contienen sustancias químicas que producen “sensaciones de placer y bienestar”.

Es por eso que en esas ocasiones en que andamos con “la moral baja” o con mucho estrés somos más sensibles a esas tentaciones.

La adicción a ciertas comidas es un problema muy fuerte, y grave. Un aficionado a las comidas adictivas no puede dejar de serlo porque tiene que comer tres veces diariamente, y en todas partes se encuentra con tentaciones a ellas.

Aunque no siempre es así, la adicción a determinado tipo de comidas dependerá mucho de las necesidades particulares de cada quien y de su nivel de sensibilidad, pero cualquier alimento puede volverse una droga cuando se pierde el control y queremos ingerirlo todos los días.

Tengamos cuidado porque estos tres ingredientes: sal, azúcar y grasas han causado las tres “epidemias” más grandes en la actualidad en México, por lo menos: obesidad, hipertensión y diabetes.

Es conveniente aprender a diferenciar los alimentos más adictivos de los menos, y bajarle a su consumo.