La actitud más conveniente a tomar, después de haber vivido en el obligado confinamiento por el COVID-19, es la de sentirse triunfador o triunfadora.

¿Qué significa eso? Es como aquel gallo de pelea que, a pesar de terminar todo desplumado al final de un encuentro, empezó a batir sus alas y cantó el quiquiriquí. 

Salió vivo a pesar de todo, listo para seguir adelante, sabiendo que poco a poco le irán saliendo las plumas perdidas e incluso tendrá otras nuevas.

De la actitud que tomemos de aquí en adelante, dependerá qué tan rápido nos recuperaremos del susto y de lo que hayamos perdido. 

Las actitudes, son la manera en que respondemos a algo o a alguien, y dependen mucho de la forma interna de ser de cada persona. Es el modo en que respondemos a los diferentes estímulos y tareas, compromisos y obligaciones. 

Las actitudes, forman parte de nuestras creencias, de nuestras expectativas, valores, de nuestras experiencias y de las razones que tengamos para responder de una u otra forma. Pueden ser buenas o malas, convenientes o inconvenientes, para nuestras metas en la vida. 

No obstante, nuestras actitudes dependen de la fuerza de voluntad y decisión; del coraje y el orgullo que traigamos, de que dejemos de chillar y nos “portemos como hombrecitos”; corrijo, como personas maduras y responsables.

¿Qué actitudes tendremos en adelante, en nuestro negocio, con nuestros clientes, nuestra familia y ante los problemas que siguen?

Según los especialistas, existen tres tipos de actitudes generales, positiva, neutral y negativa. 

El éxito que tengas en adelante, dependerá en un 70%, de las actitudes con las que respondas a las diferentes situaciones, y sólo en un 30%, de las habilidades y conocimientos que tengas.

El escenario de “La nueva normalidad” será, para muchísima gente, de desempleo, de pocos recursos, de endeudamiento y de tristeza para aquellos que perdieron familiares y conocidos.

Todos perdimos algo con el COVID-19, pero si pudiéramos ver “La nueva normalidad” con actitud de “guerreros o guerreras”, entenderíamos que se trata sólo de un período para sacudirnos el estrés, las preocupaciones y el resentimiento que nos haya dejado el confinamiento, y estar libres para poder recuperarnos mental, emocional y económicamente. 

Se trata de recuperar nuestro nivel de fortaleza, de volver a ser y tener lo de antes, y más todavía. 

El plazo que dure el adaptarnos a “La nueva normalidad”, dependerá tanto de la situación en que cada quien se encuentre como de las oportunidades que se nos vayan presentando, pero, sobre todo, de nuestras actitudes y lo proactivos que seamos.

En la vida de todas las personas siempre habrá altibajos. Contar con mucha fortaleza para adaptarnos a los cambios, no evitará que vuelvan a ocurrir cosas difíciles o estresantes, pero podrá reducir el impacto negativo de éstas, en nuestras vidas. 

“La nueva normalidad” nos exige adaptarnos a la nueva realidad, aunque nos duela. Si la vemos con positivismo o de plano con resignación, poco a poco nos iremos acostumbrando a ella, hasta llegar a un momento en que ya no nos duela su recuerdo. Después de todo “todo es una cuestión mental”.

¿Qué se requiere para tener esa capacidad? Principalmente, flexibilidad.

El mejorar nuestra capacidad de adaptación puede ayudarnos a afrontar cualquier experiencia negativa que tengamos y a recuperarnos rápido.

Si es necesario, nos convendría buscar apoyo, seguridad con familiares y amigos, o de plano, recurrir a profesionales en medicina y en salud mental.

La teoría de “El origen de las especies”, donde Darwin asegura que, “mediante la selección natural se eliminan a los débiles y únicamente perviven los capaces de adaptarse”, también es aplicable a muchos otros aspectos de la vida.

A manera de ejemplo: 

• En aspectos de salud, vemos que ante una epidemia o simplemente ante cambios bruscos de temperatura, en épocas de invierno, principalmente, los más débiles, aquellos con menos defensas, ancianos, niños y bebés, son los que primero se enferman. 

• En los ciclones e inundaciones, los más afectados siempre son los más débiles, aquellos cuyas viviendas se encuentran en zonas de riesgo, las más baratas, los que no tuvieron para una casa bien construida.

• En las crisis económicas, los más débiles son aquellos que están sobre-endeudados, aquellos que no tienen ahorros o que gastan más de lo que ganan, los empleados menos capacitados, etc.

• En las escuelas de cualquier nivel, sólo pasan los exámenes los más preparados, los de mayores conocimientos.

Nuestros competidores quisieran que cerráramos nuestro negocio, y eso nos obliga a ingeniárnoslas para conservar lo que tenemos; nos hacen trabajar más y mejor, levantarnos más temprano. Critican nuestros defectos y errores, y eso nos ayuda a corregirlos. Nos retan a acrecentar nuestro anhelo de superación para mejorar la prosperidad de nuestra familia. Nos obligan a sacar lo mejor de nosotros. 

Como consumidores finales, los empresarios también lo somos, la competencia nos da más y mejores opciones para satisfacer nuestras necesidades de consumo.

A los empresarios, de cualquier tamaño y de cualquier giro, incluyendo a los detallistas, nos obligan a ser más atentos y disciplinados, nos agudizan la inteligencia para manejar nuestro negocio. 

En adelante se va a ver ¡quién es quién!

“En la lucha por la existencia, sólo los más capaces sobreviven; esto sucede debido a la selección natural que elimina a los débiles y únicamente perviven* los capaces de adaptarse”. ¡Ay nanita! 

Esta sentencia es del naturalista inglés, Charles Darwin, y aunque suena algo amenazante y da miedo, nos deja mucho en qué pensar.

Si esta sentencia puede dar miedo ahora, imagínate en 1859 cuando Darwin la anotó en su muy polémico libro “El origen de las especies”. 

Su teoría se basa en los muchos años de investigación, que hizo personalmente, en el reino animal y vegetal, donde descubrió el por qué de las diferencias entra unas especies y otras.

En su libro, Darwin expresa su pensamiento evolucionista de la vida en nuestro planeta. Muchos otros autores hacen extensivo este concepto, a los aspectos sociales y económicos de la humanidad.

Específicamente, estos autores aseguran que, a diferencia de los animales, adaptarnos significa avanzar con nuevas ideas, nuevas tecnologías, creando cosas nuevas para mejorar nuestra calidad de vida y la de los demás.

La evolución de la humanidad se ha dado por los líderes más aptos, los más capaces, y que en la práctica es a quienes les ha ido mejor; esto último explicaría una de las razones de la pobreza de las mayorías.

Gracias a los conflictos, intrínsecos y transparentes, existentes en cualquier tipo de competencia, muchas personas han crecido; han sabido enfrentarse a estos, y por su nivel de capacidad y fortaleza han sacado provecho de ellos. Esa es, exactamente, la Teoría de la Evolución aplicada entre los humanos: “sólo los más fuertes y capaces pervivirán”*.

Está demostrado que, los mexicanos somos capaces de superar cualquier evento o trauma, por muy difíciles que sean, y en eso ponemos nuestras esperanzas para recuperarnos rápido.

Cierto es que nada podrá reparar la pérdida de los seres queridos, además de que tardaremos un buen rato en reponernos económicamente.  

Sin embargo, no es conveniente tomar una actitud de víctimas o derrotados. Es necesario aprovechar esa capacidad de guerreros que todos tenemos para reponernos rápido, al menos psicológicamente.  

En el camino de todos, siempre nos enfrentaremos a muchas batallas de diferente tipo, pequeñas, medianas o grandes como la que acabamos de pasar. Ya pasamos esta última, y la ganamos al salir vivos; ahora nos enfrentamos a otra, el auge de la crisis. ¿Cómo nos vamos a reponer, recuperar lo perdido y lograr mejores situaciones?

¿Cómo será esta batalla? Para las mayorías, la exigencia de nuevos hábitos, la escasez de recursos económicos, la austeridad obligada, entre otros.

¿Dónde será el campo de batalla? Principalmente, dentro de nosotros mismos.

¿Cómo serán nuestros principales enemigos?: “Nuestros demonios internos”, el resentimiento, la desesperación, impaciencia, etc.

¿Cón qué armas nos enfrentaremos a esta batalla? Con optimismo, persistencia, fortaleza y sacrificios. 

Hay que tomar en cuenta que la forma en que respondamos a las adversidades, dependerá únicamente de las decisiones que se tomen a nivel personal.

La decisión de afrontar con valentía estos contextos de inestabilidad, liberará el potencial y el talento que ya poseemos para encontrar las opciones y oportunidades que se presentan con cada crisis.

Por su parte, la capacidad de las empresas para sobreponerse a las circunstancias difíciles, será consecuencia directa de las capacidades de su dueño o director.

La actitud más conveniente a tomar, después de haber vivido en el obligado confinamiento por el COVID-19, es la de sentirse triunfador o triunfadora.

¿Qué significa eso? Es como aquel gallo de pelea que, a pesar de terminar todo desplumado al final de un encuentro, empezó a batir sus alas y cantó el quiquiriquí. 

Salió vivo a pesar de todo, listo para seguir adelante, sabiendo que poco a poco le irán saliendo las plumas perdidas e incluso tendrá otras nuevas.

De la actitud que tomemos de aquí en adelante, dependerá qué tan rápido nos recuperaremos del susto y de lo que hayamos perdido. 

Las actitudes, son la manera en que respondemos a algo o a alguien, y dependen mucho de la forma interna de ser de cada persona. Es el modo en que respondemos a los diferentes estímulos y tareas, compromisos y obligaciones. 

Las actitudes, forman parte de nuestras creencias, de nuestras expectativas, valores, de nuestras experiencias y de las razones que tengamos para responder de una u otra forma. Pueden ser buenas o malas, convenientes o inconvenientes, para nuestras metas en la vida. 

No obstante, nuestras actitudes dependen de la fuerza de voluntad y decisión; del coraje y el orgullo que traigamos, de que dejemos de chillar y nos “portemos como hombrecitos”; corrijo, como personas maduras y responsables.

¿Qué actitudes tendremos en adelante, en nuestro negocio, con nuestros clientes, nuestra familia y ante los problemas que siguen?

Según los especialistas, existen tres tipos de actitudes generales, positiva, neutral y negativa. 

El éxito que tengas en adelante, dependerá en un 70%, de las actitudes con las que respondas a las diferentes situaciones, y sólo en un 30%, de las habilidades y conocimientos que tengas.

Cuenta la leyenda que, durante una epidemia parecida a la de estos días, en París del siglo XIX, un personaje extraño y tenebroso fue visto en la ciudad.

Un anciano se acercó a él para preguntarle que quién era. La respuesta que recibió fue, “soy la muerte y vengo a llevarme a algunos humanos”.

“¿A cuántos te vas a llevar?” preguntó el anciano. “A 400”, le contestó la muerte. 

Meses después se volvió a ver a ese personaje caminando por la ciudad, y el anciano, molesto, acudió a él para preguntarle que por qué había mentido, “dijiste que venías por 400, pero te llevaste miles”.

“Yo venía por 400, los demás se murieron por el miedo que les di”, contestó el personaje.

Tengamos cuidado porque el miedo extremo nos debilita y hasta puede matarnos.

Sabemos que el confinamiento en que nos encontramos “es por el bien de todos”, pero, aunque es conveniente, no deja de ser forzado. 

Este tipo de encierro nos puede crear, fácilmente, emociones negativas como ansiedad, miedo, tensión, agitación, enojo, estrés en general, entre otros. 

Es en esos momentos que te recomiendo hacer una respiración diferente a la normal.

Inhalar y exhalar, consciente y pausadamente, nos puede ayudar mucho en estos días difíciles.

Algo rápido. Poniendo mucha atención en la entrada y salida del aire:

1.- Inhala profundo, por boca o nariz, 

2.- Retén unos segundos el aire, 

3.- Exhala lentamente por boca o nariz.

Deja que el aire expanda tu abdomen. Hazlo tres veces seguidas, aunque con una podría ser suficiente para sacarte rápido de una situación incómoda.

Inhalar-Exhalar, no es respirar como lo hacemos normalmente, en forma inconsciente, las 24 horas del día, ¡no! 

Se trata de una respiración consciente y profunda, cuyo objetivo es sacar al organismo de situaciones desesperadas de estrés y hasta de estados de shock.

Cada vez que sientas alguna de las emociones negativas mencionadas, envíale mayor oxígeno a tu cerebro. 

Principales beneficios de la práctica diaria de “inhalar-exhalar:

1. Mejora, de forma inmediata, las funciones cerebrales para la toma de decisiones, para tener buenas actitudes y mejores pensamientos

2.- Ayuda mucho a ser paciente y tolerante

3. Reduce las respuestas emocionales no saludables 

4. Mejora el estado de ánimo y la sensación de bienestar

5. Incrementa la capacidad de concentración y la memoria

6. Disminuye la tensión arterial. 

Ánimo; como todo en la vida “este confinamiento, también pasará”.

Los esfuerzos para vencer a los virus, han sido en dos líneas: reforzar el sistema inmunológico de la gente, así como mejorar las atenciones hospitalarias, los avances en vacunas y medicamentos.

Pero todo indica que, para algunos virus, estos esfuerzos no han sido suficientes, ya que algunos, vuelven cada año, causando estragos. 

La evolución viral, parte de sus diversas mutaciones; esto consiste en intercambiar, con las células que invaden, pedazos de material genético. La velocidad y el método de mutación varía de virus a virus. 

Cuando el virus entra al cuerpo humano, va directamente a las células, donde inyecta su ADN o ARN; así, el virus habilita su capacidad para instruir a la célula huésped, de reproducir más células con sus genes; es en ese momento cuando el sistema inmunológico del huésped interviene.

Dentro de la célula huésped, el virus intenta sujetarse a ella, pero cuando es bloqueado por el sistema inmunológico, muta para no ser reconocido por éste y poder continuar replicándose. “Los virus pueden cambiar las proteínas que los cubren, como una especie de disfraz, para que las células huésped las dejen sujetarse a ellas otra vez”.

La cantidad de tiempo que toma el proceso, depende del material genético del virus, además de que si contiene ADN o ARN. “Los virus ADN, como la Viruela, mutan lentamente, pero los virus ARN, como la Influenza, el VIH y Ébola se saltan ese paso”.

Algunos virus que han causado epidemias, han saltado de animales. El Coronavirus se dice que proviene de los pangolines malayos, cuya carne se utiliza en la medicina china y se le consume como alimento.

Los virus siempre han existido y seguirán existiendo; algunos han causado epidemias y, cuidémonos, porque las seguirán causando. 

Resulta que algunos virus saben evolucionar, y evolucionan más rápido que los humanos.

Los científicos, a pesar de que no se ponen de acuerdo sobre si son seres vivos o no, ni de cómo surgieron o qué los crea, aseguran que llevan millones de años existiendo.

Algunos entraron en contacto con los humanos apenas hace 50 años; es el caso del Ébola (1976).

Según el Comité Internacional de Taxonomía de Virus, se han descubierto, hasta la fecha 2,827 especies, y se estima que quedan 320,000 virus mamíferos por descubrir. De los que se conocen, no todos producen enfermedades.

Los virus son agentes infecciosos (parásitos), que necesitan de un organismo vivo para multiplicarse. Más concretamente, “son pequeños pedazos de (ARN (ácido ribonucleido) o ADN (ácido desoxirribonucleico).

“Muchos están encapsulados en una envoltura hecha a base de proteínas que protege su material genético, otros se protegen con una membrana derivada de la célula a la que infectan, o con una membrana celular”. 

No tienen metabolismo propio, por lo que necesitan las células de los organismos que infectan, para replicarse.

La ciencia reconoce su incapacidad para vencer a los más peligrosos, a aquellos que han causado epidemias. La razón, es porque tienen la capacidad de mutar; estas mutaciones son las que les permiten evolucionar. 

Resulta que el “viral acervo genético” de muchos de ellos cambia con el tiempo; es por esto que, algunos virus aparecen diferentes cada año.