Lo más grave de la inmadurez es la óptica miope que se tiene de la vida: sólo consideramos lo inmediato. La vida funciona mejor con estrategias a largo plazo, y cada pequeña derrota personal que nos aflige en el camino, no es más que una sabia preparación para ayudarnos a ganar las siguientes veces que intentemos lograr algo.

El dolor, la frustración, el desengaño que causan las frustraciones no son castigos; son cosas positivas, son lecciones si se saben considerar con la perspectiva adecuada.

El comportamiento de un iluso, inmaduro, desesperado o de cualquiera que su visión sea sólo de corto plazo es como la de el jugador inexperto de ajedrez: mueve sus peones alegremente, buscando resultados inmediatos y no piensa en las consecuencias ulteriores de sus movimientos. Se excita e ilusiona prematuramente si consigue alguna ventaja parcial y, finalmente, se frustra cuando pierde la partida.

Frecuentemente, estos últimos, se rebelan contra su suerte cuando ésta les es adversa y tratan de modificar el curso de los acontecimientos para acomodarlos a sus deseos. El resultado es que su frustración no conoce límites.

Por el contrario, las personas maduras, con visión de largo plazo analizan objetivamente todas las posibilidades. Piensan en el resultado final y no se inquietan por los pequeños reveses que ha previsto ya como inevitables.

Estos últimos aceptan las cosas como vienen y tratan de fluir con ellas. En lugar de intentar modificar el destino, se adaptan a los acontecimientos, y cuando algo no sale como ellos lo habían previsto, buscan enseguida modificar su óptica.

Todos nos hemos sentido frustrados por algo; porque no ganó la selección, porque perdió nuestro partido político, porque no nos invitaron a la fiesta, etc.

Las frustraciones son bastante comunes en nuestra sociedad, donde abundan las personas que se dejan llevar por sus emociones, y que confunden sus sueños e imaginaciones con la realidad.

Muy cierto, las frustraciones se producen cuando nuestras expectativas no coinciden con los hechos reales; y no es tanto el resultado, sino el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno esperaba.

La verdad es que los acontecimientos no siempre se darán del modo que queremos o que nos conviene, aspecto que a muchos les resulta difícil aceptar, esto es porque seguramente sus expectativas no tenían buenos fundamentos, y para no sentirse mal por su equivocación le echan la culpa a otros.

¿Por qué sucede esto? Los especialistas del tema aseguran que es por no haber analizado bien las probabilidades de que las cosas fueran como queríamos o esperábamos, es hacerse ilusiones con algo; también aseguran que es, en buena medida, falta de madurez.

Con madurez, nos hacemos menos ilusos, y no es que esperemos menos de la vida, sino que ajustamos nuestras expectativas a la realidad.

Las personas ilusas o inmaduras son más propensas a las frustraciones; tienen una idea subjetiva del mundo y “todos sus deseos los transforman inmediatamente en expectativas”.

Estas personas no toman en cuenta los imponderables y los factores variables. Están tan centrados en sí mismos que todos lo toma de manera personal. En la adversidad, culpan al destino o a otra persona de actuar contra ellos, y jamás se detienen a pensar que pueden ser ellos los equivocados.

3. “Apego evitativo”. De niños asumieron que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provocó sufrimiento. Aprendieron a vivir sintiéndose poco queridos y valorados.

Ya de adultos. • Tienen sentimientos de rechazo a la intimidad. • Dificultades para relacionarse y para entender las emociones ajenas.

4.- “Apego desorganizado o contradictorio”. Este es una mezcla entre el “apego ansioso y el evitativo”. Se trata de comportamientos contradictorios. De niño tuvo dificultades para entenderse con sus cuidadores, por lo que tuvieron conductas explosivas y destructivas.

Ya de adultos: • Llevan alta carga de frustración e ira. • No se sienten queridos. • Rechazan las relaciones, aunque en el fondo es lo que más desean. • Dificultades para manejar sus emociones. • Conductas emocionalmente negativas. • Problemas para expresar emociones positivas.

Puedo decir que todos tenemos un tipo de apego y el principal es a nuestra madre o a la persona que nos cuidó. Si nos fue bien, nuestro apego será de seguridad personal, si no, podemos cambiarlo. La relación con nuestra cuidador cuando nacimos no es la única que define nuestro tipo de apego.

“Todas las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el comportamiento del momento actual”.

Hay que tomar en cuenta que el apego: • Lo podemos cambiar. • No se mantiene igual en todas las personas. • En la medida que vamos desarrollándonos, va mejorando. • Ningún apego puede catalogarnos permanentemente. • Las personas que con las que convivimos también van influyendo en nuestro tipo de apego. • Una pareja o amistades con “apegos seguros” pueden ayudarnos a obtener más confianza y seguridad.

Este artículo pretende informar un poco más sobre las causas por las que muchos hemos tenido problemas para relacionarnos y para lograr las cosas que deseamos.

De adultos, todos nos comportamos de determinada manera, dependiendo de la calidad de la relación afectiva que tuvimos con nuestra madre o con la persona que nos cuidó desde que nacimos.

Esta relación afectiva es, según John Bowlby, especialista del tema, el apego o vínculo afectivo que establecimos desde el nacimiento y que es la clave para nuestro desarrollo psicológico y para la formación de nuestra personalidad; esto mismo impactará nuestro comportamiento de adulto.

Con base a las distintas relaciones que tuvimos, el especialista, estableció cuatro tipos de apegos:

1.- “Apego seguro”: El mejor y el más sano. Su característica principal es la incondicionalidad. Se aprendió de niño que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. Su comportamiento es seguro y activo, e interactúa de manera confiada con el entorno.

Ya de adultos: • Interactúan con sus iguales de forma saludable. • No les supone esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono. • La dependencia es recíproca y no les preocupa estar solos.

2.- “Apego ansioso y confuso”: En estos casos el niño no confió en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad. Ello le provocó la necesidad de aprobación por temor al abandono.

Ya de adultos: • Sienten temor a que su pareja no les ame o les desee realmente. • Les resulta difícil interaccionar con las personas de la manera que les gustaría, ya que esperan recibir más vinculación de la que proporcionan. • Se relacionan con la dependencia emocional.

Para lograr el progreso de una empresa o de un país, lo primero que hay que hacer, al inicio de un nuevo ciclo, es “limpiar la casa”. Esto también lo hacen o deberían hacerlo los directores empresariales al tomar o retomar el mando de una empresa, sobre todo cuando las cosas no andan bien.

Estas actividades o labores se hacen necesarias para asegurar la fortaleza del país del que se trate o cualquier negocio, en el mediano y largo plazo, donde las empresas, de cualquier tamaño, y los habitantes, cualesquiera que sean sus preferencias, edades, ocupaciones, etc., puedan alcanzar los beneficios. Sin embargo, esto trae consigo que en el corto plazo no se puedan esperar buenos resultados. Por lo anterior, el reto para nosotros, en el caso del próximo presidente de México, es no esperar demasiado en por lo menos un año. No esperemos que a partir del 1 de diciembre próximo, ya haya cambiado todo para bien; ya que apenas se están asentado las bases. A manera de ejemplo, los campesinos lo saben bien, antes de sembrar las nuevas semillas tienen que limpiar y remover la tierra del terreno, de lo contrario las malas hierbas que no se eliminen estarían absorbiendo los nutrientes de la tierra. Para enfrentar los nuevos contextos internacionales de competencia, globalización y nuevas tecnologías, primero hay que fortalecerse interiormente; como decía Stephen Covey: primero lo de adentro; después lo de afuera.

¿Qué es lo que hace fuerte físicamente a una persona? El ejercicio. Esas mujeres y hombres que, en el gym o en su casa, diariamente lo hacen para fortalecer sus músculos, haciéndolos resistentes y capaces de cargar objetos “pesados”.

¿Qué es lo que nos hace fuertes para enfrentarnos, resistir y superar a personas y situaciones incómodas, difíciles y peligrosas? El fogueo. Es decir, entrenarnos en situaciones similares, en escalas gradualmente mayores cada vez.

A manera de ejemplo, decimos que un buen marinero es el que ya se ha “fogueado” en tormentas y tempestades marinas, en las que ha desarrollado su habilidad para salir librado de ellas, cada vez con mayor confianza, aunque tomando sus precauciones. Sin ofender, no es el caso de los marinos que están en las oficinas de la CDMX que muchos ni conocen el mar o ni siquiera saben nadar.

O en el caso de los niños, que para aprender a andar en bicicleta, antes han tenido que caerse varias veces, o de aquellos que cuando se caen se levantan solos, sin ayuda ni lástima de sus padres.

Caso contrario es el de los hijos, a los que queremos proteger y consentir tanto que les impedimos enfrentarse a la dosis necesaria y conveniente de problemas que les enseñará a vivir y a entrenarse para estar listos para enfrentar mayores retos.

En el mundo en el que vivimos diariamente, nunca nos van a consentir tanto como lo habrían hecho nuestros padres, y podemos sufrir con el choque emocional del rechazo en cualquier grado.

Como empresarios sabemos bien que unas veces se gana y otras se pierde, pero sufrir en demasía por ello nos inmoviliza, nos estanca o nos hace retroceder. En estos casos no nos queda otra más que sacar “la casta”, a la persona fuerte que todos llevamos dentro, analizando causas y aplicando soluciones o de plano practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Muchas mujeres y hombres dependen en alto grado de sus parejas y están tan apegadas a ellas que si las abandonan no sólo sufre su orgullo, sino que prácticamente se quedan en la calle; fincan totalmente su vida en la otra persona que cuando desaparece, creen morir.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien de los que pensamos depende nuestra felicidad o tranquilidad, nos hacen débiles, vulnerables y con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.

Piensa, amigo detallista, en aquellas épocas en las que estabas muy enamorado de alguien; el miedo a que no fuera tuya te hacía demostrarle tanta atención que hasta la llegaste a empalagar; esa persona te sentía a ti tan seguro que llegó a minimizarte y por supuesto “no se dejó agarrar”. Por naturaleza, a las personas no nos gustan las cosas tan fáciles, siempre un grado de dificultad hace más interesantes a las cosas y a las personas.

Es muy cierto, cuando estamos más apegados a algo, existen muchas probabilidades de que lo perdamos y suframos.

¿Quieres evitar el sufrimiento?, no te sugiero apartarte del mundo material ni de las personas, no renuncies al goce de ellas, pero sí renuncia a poseerlas con miedo y necesidad.

Amigo detallista ¿has pensado alguna vez que la causa de los sufrimientos, enfermedades y conflictos pueden ser los apegos?, me refiero a la relación emocional que mantenemos con cosas y personas y en las que fincamos nuestra tranquilidad y felicidad; cosas y personas que si llegamos a perder nos causan ansiedad, soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes porque dependemos de ellos, “eso nos da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente” pero ya de adultos cuando podemos ser autosuficientes y maduros muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que sea exclusivamente nuestra.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano, justo y nos lo merecemos, pero aquí me refiero a la relación enfermiza que entablamos con ellas, nos relacionamos con ellas a través de nuestras necesidades y nuestro miedo a no tenerlas o a perderlas.

“Los apegos son necesidades del ego; cuando poseemos un ego demasiado grande o débil, nuestro mundo personal choca con la realidad”.

Los apegos se extienden en varias dimensiones, a cosas que fueron y ya no son, a cosas y situaciones que hemos deseado y no hemos podido lograr, o a situaciones que vivimos y que nos causaron algún trauma, complejo o dolor y que nos hacen vivir con ansiedad, preocupación, inquietud, etc.

Es natural que las personas lleguen a faltar, “todos vamos para allá”, y hay que dejarlas ir, igualmente nuestras parejas están en su derecho de apartarse de nosotros, mucha de la culpa sería nuestra.

Después de dar la Visión de la empresa, el líder desarrollador da señales en vez de instrucciones, da libertad en vez de reglamentos, busca poner a su gente en los puestos según sus habilidades y talentos y sabe manejar sus defectos. Este líder sabe perfectamente, a quién puede tratar de esta manera, busca a la gente que puede entender bien sus derechos y responsabilidades.

Este líder activa la energía emocional de su gente; la hace sentir útil, necesaria pero no indispensable, les crea escenarios futuros personales que los motiva enormemente.

Si la gente que tenemos son meramente seguidores, convirtámosla en líderes-seguidores; la mayoría de la gente está dispuesta a asumir mayor compromiso y autonomía si se sienten liderados por un líder desarrollador. Cubiertas determinadas necesidades, todos buscan satisfacción profesional en el trabajo. “El líder desarrollador da sentido a los esfuerzos de su gente, establece sinergias y permite que se sientan importantes en la empresa; los hace participar de una aspiración común de futuro”.

Si tenemos la responsabilidad total de una empresa como las tiendas detallistas, ubiquemos nuestra atención en la gente que puede desarrollarse para que la hagamos crecer, ellas pueden ser las responsables del negocio actual para que podamos abrir las posibilidades de nuevos negocios.

Ejerzamos este tipo de liderazgo con nuestra familia; ya sabemos que los líderes verdaderos no necesitan hablar mucho, ni tener la razón siempre, ni ser carismáticos; básicamente sólo requieren saber comunicar bien su visión, cuidar la autoestima de la gente, crear un ambiente de desarrollo y automotivación laboral y saber escuchar; las exigencias deben estar arriba de las habilidades actuales de la gente y el trato debe ser con cierto grado de afecto.

Nuestra calidad de vida personal, familiar y empresarial dependerá directamente de los patrones de comportamiento con los que nos conducimos.

Todo nace de nuestros pensamientos; éstos crean nuestros sentimientos y emociones, que son los que determinan nuestras acciones, actitudes y comportamientos.

Éstos últimos, acciones, actitudes y comportamientos, van creando nuestra realidad personal.

La manera constante que tenemos de pensar, sentir y actuar forma lo que se conoce como patrones de comportamiento, que expresamos ante determinadas situaciones.

Estos patrones se expresan en forma automática y se fueron formando a través de la repetición constante, grabándose en nuestro subconsciente, llegando a perpetuarse y haciéndose difíciles de cambiarlos.

Nuestros primeros patrones de comportamiento los aprendimos de las personas con las que convivimos desde niños y que fuimos imitando; de jóvenes los tomamos de personajes que nos agradaron en diferentes medios.

Ya de adultos, dichos patrones han sido creados por nuestros propios pensamientos, y según la calidad de éstos, ha sido también la calidad de nuestros sentimientos o emociones, influyendo determinantemente en la forma como nos comportamos, que finalmente se reflejarán en nuestra calidad de vida.

Si nuestras creencias y pensamientos son positivos, convenientes y saludables tendremos una mejor salud, más éxitos personales y podremos llevarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. Los patrones positivos nos ayudan a adaptarnos al medio de una forma favorable, los reconocemos porque nos producen bienestar.

Por su parte, los pensamientos negativos “distorsionan nuestra forma de ver la vida provocando limitaciones autoimpuestas”, hacen que nuestras acciones sean dificultosas con resultados poco fructíferos.

Todo dependerá de la firmeza y la fuerza de nuestras creencias y pensamientos, de su frecuencia y duración, de cuál de los dos, positivos o negativos, predomina en nuestro día a día.

Al tomar conciencia de si nuestras creencias y pensamientos son positivos o negativos podemos hacernos responsables y decidirnos por aquellos que nos son más favorables y que nos permitan adaptarnos mejor a la sociedad.

Dejarnos influir por creencias y pensamientos externos limitativos “es una irresponsabilidad y una falta de respeto hacia uno mismo”.

Podemos adoptar nuevos patrones buscando un modelo conveniente y aprender de él, todo es cuestión de flexibilidad e interés por mejorar.

Para Marcos S. González, autor de algunos artículos relacionados con este tema, los patrones pueden ser constructivos o destructivos:

Patrones constructivos 1.- Realista o racional-objetivo: Actitudes firmes, con afirmaciones y juicios basados en hechos comprobados. 2. Crítico positivo: Respetuosos de límites y reglas razonables. Se basan en hechos comprobados. 3. Adaptado sano: Cumple las reglas y normas aunque le cause malestar. Es responsable y cumplidor de sus deberes. 4. Nutritivo positivo: Ayuda en la satisfacción de las necesidades de las otras personas y también de sus propias necesidades. 5. Natural y espontáneo: Siente y expresa emociones y sentimientos tanto agradables como desagradables.

Patrones destructivos 1. Crítico negativo: Para éste, los otros están mal y sólo ellos están bien. Hace juicios o críticas de valor sobre los otros. 2. Sobreprotector: Atiende exageradamente las necesidades de los demás y desatiende las propias. 3. Rebelde: Se opone a las autoridades, a las reglas, normas y regulaciones. 4 Servil o fácil de dominar: Actúa según lo que cree que son las expectativas de los demás con el fin de complacerles y ganarse así su afecto. 5. Vengativo o rencoroso: Le cuesta perdonar. Cultiva la venganza hacia los otros. Predomina el resentimiento, la rabia y el rencor.