Actitudes de la gente con baja autoestima en extremo:

Desconfianza, irresponsabilidad, dependencia, rigidez, inconstancia, etc. Estas personas tienden a ser, en alguna medida, impuntuales, mentirosas, preocupadas, descuidadas consigo mismas, irreverentes, quejosas, manipuladoras, tímidas; llevan una carga muy pesada de culpas y caen fácilmente en violencia intrafamiliar, ya sea como víctimas o victimarios.

Las personas con baja autoestima tienden a ser y sentirse víctimas ante circunstancias negativas. 

De la misma manera, estas personas, inconscientemente están reprimiendo su potencial de liderazgo, ese que todos tenemos, y que la mayoría de las veces está oculto, dormido y esperando a que la voluntad lo despierte.

Cuidado, porque la baja autoestima se manifiesta como un círculo vicioso y es contagiosa. La carencia de ella hace que las personas fácilmente acumulen resentimientos y les cueste trabajo perdonar.

Si tú padeciste de agresión, violencia verbal o física, rechazo, menosprecio, etc., en tu niñez, que te marcaron de una manera negativa en tu adultez y vienes arrastrando algunos sentimientos que te impiden vivir en equilibrio, te invito a que veas la vida con orgullo, y con coraje reclames una mejor posición en el mundo, el lugar al que tienes derecho con tu trabajo. 

La gente con buena autoestima hace un mejor mundo, por ello te pido que empieces a cuidar y mejorar tu autoestima, no sólo la tuya, sino la de tu familia y principalmente la de tus hijos, es la mejor herencia que puedes dejarles.

Mientras tanto ve poniendo atención en qué piensas de ti mismo y cómo actúas ante los demás.

Para sentirte fuerte, protegido, seguro, confiado y con valentía para enfrentarte a todas las vicisitudes de la vida con mayores probabilidades de éxito en tu negocio, debes proteger tu autoestima y desarrollarla a un nivel sano.

Como su nombre lo dice, la autoestima es la valoración que tenemos de sí mismos, la estimación propia de lo que somos y de nuestra originalidad, y se refleja en el cuidado de uno mismo, en el nivel de vida que tenemos, en el manejo de nuestros problemas, en nuestras relaciones, etc.

Una persona con un buen nivel de autoestima vive muy diferente a aquella que no la tiene.

Tu nivel de vida, el monto de tus ahorros en el banco y la forma como te llevas con los demás es un buen indicativo de tu nivel de autoestima.

Igualmente, tus palabras, tu confianza en ti mismo, tus expectativas en la vida y las cosas que crees merecer dicen mucho de cuánto te aprecias.

Quererte a ti mismo también se refleja en el respeto que te tienes; las personas con buen nivel de éste se levantan rápido de sus caídas y ven las derrotas como aprendizaje y como parte de las experiencias necesarias para crecer.

Ten cuidado porque, lo contrario puede hacerte muy vulnerable a la frustración, a sentir miedo y no merecedor de ser exitoso, a auto-sabotear tus objetivos y metas, a  la depresión y hasta las enfermedades.

El alto valor que tienes de ti mismo, te ayudará a enfrentarte a las batallas diarias de la vida y te hará más competente.

Pasó diciembre; el famoso puente Guadalupe-Reyes, las posadas, los brindis, los regalos, ¡Uffff! ¿Qué nos dejó todo esto? Una gran “crudota” este mes de enero.

A los problemas que se presentan en este mes, tales como los pagos del predial, del refrendo del auto, las deudas, las pocas ventas, el desgaste físico que traemos aún por los excesos en comidas y bebidas, las desveladas, etc., se suma el clima, que según los pronósticos, será más intenso en esta ocasión, confirmando que enero, es el mes más frío del año.

Dentro de este contexto, y como cada año, nos enfrentamos, el tercer lunes de enero, con el “Blue Monday”, que según algunos analistas es el día más triste del año. 

Este concepto fue dado a conocer en 2005 como parte de una campaña publicitaria que hizo la agencia de viajes Sky Travel, ahora ya desaparecida, para promover sus viajes. 

El autor del “Blue Monday” es Cliff Arnall, psicólogo y profesor del Centre for Lifelong Learning, de la Universidad de Cardiff.

Según este psicólogo, varios días del mes de enero son los más tristes del año, pero el tercer lunes “es particularmente deprimente”.

Según él, fue resultado de un algoritmo que hizo para diseñar una fórmula que calculara cuándo la gente necesita más apoyo moral y psicológico. Para esto se basó en un análisis de los diferentes factores de estrés que expresan los pacientes que acuden a su consultorio.

Puede que no lo hayas notado pero es cierto, por estas fechas el frío, los días nublados y la poca luz solar que se tiene, al menos en el hemisferio norte, pone triste a mucha gente.

Para muchas personas, en el tercer lunes de enero, unos días antes o después, sus niveles de motivación son más bajos. No es para llegar al suicidio pero llegan a sentirse tristes y sus necesidades de afecto son mayores.

En estas fechas, las redes sociales se inundan de mensajes de ánimo y buenos propósitos para contrarrestar el que se supone que es el día más triste del año.

Algunas personas y compañías aprovechan esta fecha para enviar mensajes motivacionales. Mensajes felices para que la gente se sienta mejor, ofreciendo productos para levantar el ánimo y tratando de convencerlos de que ir de compras los pondrá alegres, y estrenar algo los hará felices. 

Este concepto de “Blue Monday” ha sido criticado por muchos, porque la verdad no es muy acertado, no tiene nada de científico, pero verdaderamente hay algo de cierto en ello. ¿Tú cómo te sientes o te has sentido en estos días?

En algunos países, por ejemplo, enero es el mes del año en que más procesos de divorcio se ponen en marcha. En mucha gente, los psicólogos afirman, que se nota un cambio emocional muy fuerte después de la Navidad y año nuevo, agudizándose en enero.

Sin embargo, aunque no sea muy cierto esto, vale la pena aprovechar la temporada para buscar formas para sentirnos bien, llenos de energía para planear los siguientes meses del año. Aprovechémosla también, para enviar mensajes de ánimo a nuestros familiares y amigos, clientes, vecinos, etc.

El peso del pasado; no me refiero a nuestra moneda, a que antes tenía mucho más valor que el dólar, sino a nuestras cargas personales, a la cantidad de recuerdos que, muchas veces, sin estar conscientes venimos cargando, como un equipaje que llevamos a todos lados.

Los buenos recuerdos son ligeros, pesan muy poco, pero a veces son tan pocos que ni notamos su carga; los que pesan más son todas aquellas malas experiencias que tuvimos tiempo atrás, y que venimos arrastrando a nuestro presente.

Son aquellos resentimientos que tenemos por las ofensas, desaires y rechazos que nos hicieron, o por las culpas que sentimos de aquello que hicimos a los demás; todo esto nos resta energía y nos impide tener una existencia más sana psíquica, psicológica, mental y espiritualmente. Nos demos cuenta o no, estos nos impiden vivir el presente con total alegría, con paz, nos impiden canalizar todas nuestras energías en nuestro negocio para ser más competente.

¿A qué me refiero, concretamente?

• A aquellos pensamientos negativos, que nos impiden llevarnos bien con nosotros mismos y con los demás.

• A las malas experiencias que no hemos podido olvidar y que eventualmente vienen a nuestra mente quitando paz y alegría a nuestro presente.

• A las cosas que creemos que nos hicieron y que no hemos podido perdonar.

• A aquellas cosas que nos quitaron o robaron y que por nuestros apegos no las podemos olvidar.

• A aquellas actitudes malas que nos han hecho quedar mal con otros.

Pensemos, en la mayoría de los casos lo que en verdad nos dolió fue únicamente el orgullo.

Recordemos que todo es mental y que el único lugar donde podemos aliviar nuestros dolores del alma es dentro de uno mismo.

Traigamos a nuestro presente sólo recuerdos bonitos que den alegría a lo que hacemos actualmente.

Lo más grave de la inmadurez es la óptica miope que se tiene de la vida: sólo consideramos lo inmediato. La vida funciona mejor con estrategias a largo plazo, y cada pequeña derrota personal que nos aflige en el camino, no es más que una sabia preparación para ayudarnos a ganar las siguientes veces que intentemos lograr algo.

El dolor, la frustración, el desengaño que causan las frustraciones no son castigos; son cosas positivas, son lecciones si se saben considerar con la perspectiva adecuada.

El comportamiento de un iluso, inmaduro, desesperado o de cualquiera que su visión sea sólo de corto plazo es como la de el jugador inexperto de ajedrez: mueve sus peones alegremente, buscando resultados inmediatos y no piensa en las consecuencias ulteriores de sus movimientos. Se excita e ilusiona prematuramente si consigue alguna ventaja parcial y, finalmente, se frustra cuando pierde la partida.

Frecuentemente, estos últimos, se rebelan contra su suerte cuando ésta les es adversa y tratan de modificar el curso de los acontecimientos para acomodarlos a sus deseos. El resultado es que su frustración no conoce límites.

Por el contrario, las personas maduras, con visión de largo plazo analizan objetivamente todas las posibilidades. Piensan en el resultado final y no se inquietan por los pequeños reveses que ha previsto ya como inevitables.

Estos últimos aceptan las cosas como vienen y tratan de fluir con ellas. En lugar de intentar modificar el destino, se adaptan a los acontecimientos, y cuando algo no sale como ellos lo habían previsto, buscan enseguida modificar su óptica.

Todos nos hemos sentido frustrados por algo; porque no ganó la selección, porque perdió nuestro partido político, porque no nos invitaron a la fiesta, etc.

Las frustraciones son bastante comunes en nuestra sociedad, donde abundan las personas que se dejan llevar por sus emociones, y que confunden sus sueños e imaginaciones con la realidad.

Muy cierto, las frustraciones se producen cuando nuestras expectativas no coinciden con los hechos reales; y no es tanto el resultado, sino el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno esperaba.

La verdad es que los acontecimientos no siempre se darán del modo que queremos o que nos conviene, aspecto que a muchos les resulta difícil aceptar, esto es porque seguramente sus expectativas no tenían buenos fundamentos, y para no sentirse mal por su equivocación le echan la culpa a otros.

¿Por qué sucede esto? Los especialistas del tema aseguran que es por no haber analizado bien las probabilidades de que las cosas fueran como queríamos o esperábamos, es hacerse ilusiones con algo; también aseguran que es, en buena medida, falta de madurez.

Con madurez, nos hacemos menos ilusos, y no es que esperemos menos de la vida, sino que ajustamos nuestras expectativas a la realidad.

Las personas ilusas o inmaduras son más propensas a las frustraciones; tienen una idea subjetiva del mundo y “todos sus deseos los transforman inmediatamente en expectativas”.

Estas personas no toman en cuenta los imponderables y los factores variables. Están tan centrados en sí mismos que todos lo toma de manera personal. En la adversidad, culpan al destino o a otra persona de actuar contra ellos, y jamás se detienen a pensar que pueden ser ellos los equivocados.

3. “Apego evitativo”. De niños asumieron que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provocó sufrimiento. Aprendieron a vivir sintiéndose poco queridos y valorados.

Ya de adultos.
• Tienen sentimientos de rechazo a la intimidad.
• Dificultades para relacionarse y para entender las emociones ajenas.

4.- “Apego desorganizado o contradictorio”. Este es una mezcla entre el “apego ansioso y el evitativo”. Se trata de comportamientos contradictorios. De niño tuvo dificultades para entenderse con sus cuidadores, por lo que tuvieron conductas explosivas y destructivas.

Ya de adultos:
• Llevan alta carga de frustración e ira.
• No se sienten queridos.
• Rechazan las relaciones, aunque en el fondo es lo que más desean.
• Dificultades para manejar sus emociones.
• Conductas emocionalmente negativas.
• Problemas para expresar emociones positivas.

Puedo decir que todos tenemos un tipo de apego y el principal es a nuestra madre o a la persona que nos cuidó. Si nos fue bien, nuestro apego será de seguridad personal, si no, podemos cambiarlo. La relación con nuestra cuidador cuando nacimos no es la única que define nuestro tipo de apego.

“Todas las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el comportamiento del momento actual”.

Hay que tomar en cuenta que el apego:
• Lo podemos cambiar.
• No se mantiene igual en todas las personas.
• En la medida que vamos desarrollándonos, va mejorando.
• Ningún apego puede catalogarnos permanentemente.
• Las personas que con las que convivimos también van influyendo en nuestro tipo de apego.
• Una pareja o amistades con “apegos seguros” pueden ayudarnos a obtener más confianza y seguridad.


Este artículo pretende informar un poco más sobre las causas por las que muchos hemos tenido problemas para relacionarnos y para lograr las cosas que deseamos.

De adultos, todos nos comportamos de determinada manera, dependiendo de la calidad de la relación afectiva que tuvimos con nuestra madre o con la persona que nos cuidó desde que nacimos.

Esta relación afectiva es, según John Bowlby, especialista del tema, el apego o vínculo afectivo que establecimos desde el nacimiento y que es la clave para nuestro desarrollo psicológico y para la formación de nuestra personalidad; esto mismo impactará nuestro comportamiento de adulto.

Con base a las distintas relaciones que tuvimos, el especialista, estableció cuatro tipos de apegos:

1.- “Apego seguro”: El mejor y el más sano. Su característica principal es la incondicionalidad.
Se aprendió de niño que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. Su comportamiento es seguro y activo, e interactúa de manera confiada con el entorno.

Ya de adultos:
• Interactúan con sus iguales de forma saludable.
• No les supone esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono.
• La dependencia es recíproca y no les preocupa estar solos.

2.- “Apego ansioso y confuso”: En estos casos el niño no confió en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad. Ello le provocó la necesidad de aprobación por temor al abandono.

Ya de adultos:
• Sienten temor a que su pareja no les ame o les desee realmente.
• Les resulta difícil interaccionar con las personas de la manera que les gustaría, ya que esperan recibir más vinculación de la que proporcionan.
• Se relacionan con la dependencia emocional.

Para lograr el progreso de una empresa o de un país, lo primero que hay que hacer, al inicio de un nuevo ciclo, es “limpiar la casa”. Esto también lo hacen o deberían hacerlo los directores empresariales al tomar o retomar el mando de una empresa, sobre todo cuando las cosas no andan bien.

Estas actividades o labores se hacen necesarias para asegurar la fortaleza del país del que se trate o cualquier negocio, en el mediano y largo plazo, donde las empresas, de cualquier tamaño, y los habitantes, cualesquiera que sean sus preferencias, edades, ocupaciones, etc., puedan alcanzar los beneficios.
Sin embargo, esto trae consigo que en el corto plazo no se puedan esperar buenos resultados.
Por lo anterior, el reto para nosotros, en el caso del próximo presidente de México, es no esperar demasiado en por lo menos un año. No esperemos que a partir del 1 de diciembre próximo, ya haya cambiado todo para bien; ya que apenas se están asentado las bases.
A manera de ejemplo, los campesinos lo saben bien, antes de sembrar las nuevas semillas tienen que limpiar y remover la tierra del terreno, de lo contrario las malas hierbas que no se eliminen estarían absorbiendo los nutrientes de la tierra.
Para enfrentar los nuevos contextos internacionales de competencia, globalización y nuevas tecnologías, primero hay que fortalecerse interiormente; como decía Stephen Covey: primero lo de adentro; después lo de afuera.

¿Qué es lo que hace fuerte físicamente a una persona? El ejercicio. Esas mujeres y hombres que, en el gym o en su casa, diariamente lo hacen para fortalecer sus músculos, haciéndolos resistentes y capaces de cargar objetos “pesados”.

¿Qué es lo que nos hace fuertes para enfrentarnos, resistir y superar a personas y situaciones incómodas, difíciles y peligrosas? El fogueo. Es decir, entrenarnos en situaciones similares, en escalas gradualmente mayores cada vez.

A manera de ejemplo, decimos que un buen marinero es el que ya se ha “fogueado” en tormentas y tempestades marinas, en las que ha desarrollado su habilidad para salir librado de ellas, cada vez con mayor confianza, aunque tomando sus precauciones. Sin ofender, no es el caso de los marinos que están en las oficinas de la CDMX que muchos ni conocen el mar o ni siquiera saben nadar.

O en el caso de los niños, que para aprender a andar en bicicleta, antes han tenido que caerse varias veces, o de aquellos que cuando se caen se levantan solos, sin ayuda ni lástima de sus padres.

Caso contrario es el de los hijos, a los que queremos proteger y consentir tanto que les impedimos enfrentarse a la dosis necesaria y conveniente de problemas que les enseñará a vivir y a entrenarse para estar listos para enfrentar mayores retos.

En el mundo en el que vivimos diariamente, nunca nos van a consentir tanto como lo habrían hecho nuestros padres, y podemos sufrir con el choque emocional del rechazo en cualquier grado.