Para lograr el progreso de una empresa o de un país, lo primero que hay que hacer, al inicio de un nuevo ciclo, es “limpiar la casa”. Esto también lo hacen o deberían hacerlo los directores empresariales al tomar o retomar el mando de una empresa, sobre todo cuando las cosas no andan bien.

Estas actividades o labores se hacen necesarias para asegurar la fortaleza del país del que se trate o cualquier negocio, en el mediano y largo plazo, donde las empresas, de cualquier tamaño, y los habitantes, cualesquiera que sean sus preferencias, edades, ocupaciones, etc., puedan alcanzar los beneficios. Sin embargo, esto trae consigo que en el corto plazo no se puedan esperar buenos resultados. Por lo anterior, el reto para nosotros, en el caso del próximo presidente de México, es no esperar demasiado en por lo menos un año. No esperemos que a partir del 1 de diciembre próximo, ya haya cambiado todo para bien; ya que apenas se están asentado las bases. A manera de ejemplo, los campesinos lo saben bien, antes de sembrar las nuevas semillas tienen que limpiar y remover la tierra del terreno, de lo contrario las malas hierbas que no se eliminen estarían absorbiendo los nutrientes de la tierra. Para enfrentar los nuevos contextos internacionales de competencia, globalización y nuevas tecnologías, primero hay que fortalecerse interiormente; como decía Stephen Covey: primero lo de adentro; después lo de afuera.

A algunos, ya pasados de dosis, el alcohol los transforma totalmente; dejan de ser lo que son normalmente y se vuelven agresivos o impertinentes; a algunos les da por hablar mucho, a otros les da sueño, y a algunos hasta les da por “salir del closet” temporalmente.

Pero el alcohol no es malo, relaja, ayuda a la digestión y a la circulación sanguínea, etc. Con poco alcohol, la transformación es positiva, a algunos los vuelve transparentes, honestos, hasta tiernos y cariñosos.

El peligró está, ya lo hemos oído muchas veces, en la cantidad que se ingiere. La frecuencia de los excesos, como en todo, crea adicción; es como en el caso de las parejas; cuando estamos muy enamorados u obsesionados, no podemos vivir sin ellas y sólo esperamos el momento de disfrutarlas.

Lo mismo sucede, y con mayor riesgo, con las drogas prohibidas.

Pero ¿qué pasa cuando nos hacen enojar?: perdemos el control, explotamos, nos volvemos impulsivos y hasta tomamos decisiones equivocadas y peligrosas para uno mismo y para otros.

En otros casos, cuando tenemos mucha hambre nos desesperamos y sale el otro yo, hasta nos llegan a decir “no eres tú cuando tienes hambre”.

Enojados, llenos de ira, sin darnos cuenta, nos transformamos, somos otra persona: odiosa, peligrosa, y hasta muy peligrosa; exponemos nuestro lado oscuro. En estas ocasiones estamos actuando con nuestra parte animal, respondiendo por instinto, usando sólo nuestros cerebros reptiliano y emocional.

¿Por qué sucede esto último? Nuestra falta de autocontrol y nuestro temperamento nos hace querer controlarlo todo y al no poder, explotamos.

Y a ti, ¿qué es lo que te llega a transformar y como actúas en cada caso?

Muchos de nosotros somos como perros desequilibrados, ansiosos, impacientes, agresivos y desubicados; gritamos, reclamamos o buscamos imponernos irracionalmente.

Hay personas que viven siempre a la defensiva, ven como amenaza a cualquiera que se acerque a ellos; en forma inconsciente dañan las cosas con sus acciones porque nunca nadie les enseñó a controlar sus reacciones emocionales.

Otras más, por miedo a lo desconocido “gruñen” a cualquiera que los quiera sacar de su zona de confort, o van por la calle, víctimas de la ansiedad, manejando como locos y arriesgando su vida y la de otros.

Algunas más, se sienten atrapadas en una vida en la que no encajan; desconocen sus talentos, quieren vivir la vida de otros con actividades para las cuales no son muy aptos, siempre estresados y hasta frustrados. Están tan consentidos y sobreprotegidos que no entienden su lugar y posición en la sociedad.

¿Cómo lograr el equilibrio personal? Estar equilibrado es estar cómodo con lo que somos, donde estamos, con lo que hacemos, llevándonos bien con los demás y con uno mismo. Entendiendo y aceptando la posición de los que están arriba, abajo y en el mismo nivel que nosotros en la sociedad y sin problemas de comportamiento.

Ubicarnos inteligentemente en la sociedad en que vivimos, se trata de conocernos a fondo, saber cuáles son nuestras fuerzas y debilidades, qué actividades nos hacen felices y entender objetivamente el comportamiento de los demás. Conocer y entender nuestro lugar y aceptarlo en tanto logramos algo mejor.

Por supuesto, las sugerencias de César Millán son de gran ayuda para lograr ese equilibrio, pero, tomemos en cuenta que como se trata de cuestiones de salud, el orden de cada una, ejercicio, disciplina y amor, debe aplicarse estrictamente.

Consentirte o consentir a los demás, más allá de lo necesario, nos hace flojos, dependientes y desobligados.

En otros estudios surgieron algunos datos complementarios sobre el mismo tema:

– Que se deje impresionar • Que sea divertida y juguetona. Los hombres aman jugar y se crea una mejor conexión a través del juego.

Lo que le importa a un hombre es que la mujer tenga espacio para él en su vida y que el momento que pasen juntos, lo vivan a pleno.

Por su parte, los machos, impulsivos, egoístas o poco inteligentes, buscan una mujer débil que los haga sentir más inteligentes y más hombres.

Buscan sexo, una sirvienta, sometimiento, que se ría de sus chistes, que lo deje ir con sus amigos, que no lo cele, que guisen rico, etc.

Muchos de los hombres más jóvenes muestran su debilidad buscando a una mamá, que les guise sabroso, que tenga la casa aseada y la ropa planchada.

Querida amiga, como no se puede ser o tener todas las características mencionadas hasta ahora, ni podemos darle gusto a todos, te recomiendo que te relajes, que no busques con desesperación, que seas tú actuando tal como eres.

Y para no enredarte tanto te anoto como síntesis los resultados de un estudio sobre el tema que se realizó en Estados Unidos por el terapeuta Williard F. Harley, autor del libro “His needs, her needs”, respecto a las cinco cosas que un hombre busca en una mujer:

1. Satisfacción sexual. 2. Compartir aficiones. 3. Que sea físicamente atractiva. 4. Que sienta admiración por el hombre. 5. Apoyo doméstico (que se encargue de que todo funcione bien en la casa).

La primera respuesta la dieron en forma inmediata, las demás se tardaron un poquito.

Las mujeres debemos tomar en cuenta que los hombres son visuales; es decir, se enamoran a través de los ojos, además de que son algo superficiales. De esto están conscientes, y “les vale”.

En realidad no hay un estereotipo o modelo de los gustos y preferencias que tienen los hombres sobre las mujeres, todo tiene que ver con el tipo de necesidades que inconscientemente tengan, de su nivel de madurez, de su nivel socioeconómico, y por supuesto de la edad, además de si buscan a una mujer para algo serio o sólo para pasar el rato.

Ni en los boomers, ni en los de la generación X, mucho menos en los Millennials, existe un modelo único de las preferencias; hay mucha heterogeneidad en esto.

Por lo mismo, la información que describo a continuación no debemos considerarla como una regla, aunque tiene cierto grado de certeza en virtud de que es resultado de entrevistas con diferentes psicólogos, y encuestas con personas del género masculino, que hicieron diversos estudiosos del tema.

Para una relación de compromiso, los hombres juiciosos, con cierto nivel de madurez mental, no buscan chicas fáciles y sumisas; inconscientemente les gusta algo difícil, que lo sientan como una conquista; alguien ligeramente superior a ellos en algún sentido, que los complemente en sus debilidades.

Estos hombres buscan mujeres: • Que no hablen demasiado, mucho menos si lo que dicen no es relevante o interesante. • Que no sean muy empalagosas ni conflictivas. • “Alguien que pueda ser mi copiloto en la vida”, comentaba un varón de 36 años. • Con cierto nivel de madurez • Que reconozca sus errores • Que sepa pedir disculpas cuando la “riega”, y que no sea terca en querer tener siempre la razón • Que defienda sus derechos y opiniones sin gritos y sin enojarse

¿Qué es? Es un sentimiento que nos invade y nos hace hacer o decir cosas de las que luego nos arrepentimos.

Se trata de un exceso de energía que se desborda sin poder controlarla.

Se da una especie de explosión que perturba el pensamiento y se pierde la capacidad de reflexionar.

Se manifiesta como ira, impaciencia, desesperación, imprudencia o incapacidad para controlar las emociones.

Se presenta cuando nos llenamos de ira, discutimos, estamos bajo presión, etc.

¿Por qué se da? No estamos educados para controlarla, es hasta cierto punto una limitación personal.

Si eres su víctima, no te culpes; es un rasgo que define tu temperamento, que puede controlarse y beneficiarse de ello.

¿Cómo se quita eso? ¡No se quita, sólo se controla!

Cuando sientas que te estás enojando: • Respira profundo varias veces: Inhala-Detén-Exhala • Antes de actuar o de hablar piensa en los resultados • Cuenta hasta 100 • Hacer ejercicio como rutina

Algunas comidas son más adictivas que otras, depende mucho de los grados de sensibilidad de cada persona, pero los 10 más nombrados en el estudio de la Universidad de Michigan, U.S.A., son los siguientes: 1. Pizza 2. Hamburguesas 3. Chocolate 4. Papas fritas 5. Galletas/Pasteles 6. Helado 7. Refrescos 8. Queso 9. Picante 10. Café/bebidas estimulantes

“La ingesta de muchas de estas comidas rompe nuestra fuerza de voluntad”, y nos hace sentir culpables. Los especialistas explican que se debe a que estimulan nuestros centros cerebrales porque contienen sustancias químicas capaces de producir sensaciones de placer y bienestar, son como un regalo para nosotros, “por eso somos más sensibles a las tentaciones de esas comidas cuando tenemos un día malo, mucho estrés o estamos bajos de moral”.

Tenemos que aprender a diferenciar los alimentos más adictivos de los menos adictivos, ya que una adicción puede ser una obsesión que se podría convertir en bulimia, anorexia u otro tipo de trastornos psicológicos, además de la carencia de nutrientes.

La misma Universidad nos anotó las comidas menos adictivas, resultado de la misma investigación: 1. Zanahoria 2. Pepino 3. Frijol 4. Arroz integral 5.- Bananas 6. Manzanas 7. Brócoli 8. Salmón 9. Maíz

Esta es precisamente la paradoja ¿Cómo es posible que lo que más nos conviene comer por salud, sea lo que menos nos atrae?

Según los investigadores nada de esto es casualidad, ya que los alimentos más procesados se comportan como las drogas dentro del cuerpo, “son rápidamente absorbidos por el cuerpo y causan gran dependencia”.

Tengamos cuidado porque en un momento determinado, sea cual sea nuestra preferencia, cualquier alimento puede volverse una droga cuando perdemos el control sobre lo que comemos.