3. “Apego evitativo”. De niños asumieron que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual les provocó sufrimiento. Aprendieron a vivir sintiéndose poco queridos y valorados.

Ya de adultos. • Tienen sentimientos de rechazo a la intimidad. • Dificultades para relacionarse y para entender las emociones ajenas.

4.- “Apego desorganizado o contradictorio”. Este es una mezcla entre el “apego ansioso y el evitativo”. Se trata de comportamientos contradictorios. De niño tuvo dificultades para entenderse con sus cuidadores, por lo que tuvieron conductas explosivas y destructivas.

Ya de adultos: • Llevan alta carga de frustración e ira. • No se sienten queridos. • Rechazan las relaciones, aunque en el fondo es lo que más desean. • Dificultades para manejar sus emociones. • Conductas emocionalmente negativas. • Problemas para expresar emociones positivas.

Puedo decir que todos tenemos un tipo de apego y el principal es a nuestra madre o a la persona que nos cuidó. Si nos fue bien, nuestro apego será de seguridad personal, si no, podemos cambiarlo. La relación con nuestra cuidador cuando nacimos no es la única que define nuestro tipo de apego.

“Todas las interrelaciones que se producen desde el nacimiento hasta la edad adulta marcan el comportamiento del momento actual”.

Hay que tomar en cuenta que el apego: • Lo podemos cambiar. • No se mantiene igual en todas las personas. • En la medida que vamos desarrollándonos, va mejorando. • Ningún apego puede catalogarnos permanentemente. • Las personas que con las que convivimos también van influyendo en nuestro tipo de apego. • Una pareja o amistades con “apegos seguros” pueden ayudarnos a obtener más confianza y seguridad.

Este artículo pretende informar un poco más sobre las causas por las que muchos hemos tenido problemas para relacionarnos y para lograr las cosas que deseamos.

De adultos, todos nos comportamos de determinada manera, dependiendo de la calidad de la relación afectiva que tuvimos con nuestra madre o con la persona que nos cuidó desde que nacimos.

Esta relación afectiva es, según John Bowlby, especialista del tema, el apego o vínculo afectivo que establecimos desde el nacimiento y que es la clave para nuestro desarrollo psicológico y para la formación de nuestra personalidad; esto mismo impactará nuestro comportamiento de adulto.

Con base a las distintas relaciones que tuvimos, el especialista, estableció cuatro tipos de apegos:

1.- “Apego seguro”: El mejor y el más sano. Su característica principal es la incondicionalidad. Se aprendió de niño que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. Su comportamiento es seguro y activo, e interactúa de manera confiada con el entorno.

Ya de adultos: • Interactúan con sus iguales de forma saludable. • No les supone esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono. • La dependencia es recíproca y no les preocupa estar solos.

2.- “Apego ansioso y confuso”: En estos casos el niño no confió en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad. Ello le provocó la necesidad de aprobación por temor al abandono.

Ya de adultos: • Sienten temor a que su pareja no les ame o les desee realmente. • Les resulta difícil interaccionar con las personas de la manera que les gustaría, ya que esperan recibir más vinculación de la que proporcionan. • Se relacionan con la dependencia emocional.

Como empresarios sabemos bien que unas veces se gana y otras se pierde, pero sufrir en demasía por ello nos inmoviliza, nos estanca o nos hace retroceder. En estos casos no nos queda otra más que sacar “la casta”, a la persona fuerte que todos llevamos dentro, analizando causas y aplicando soluciones o de plano practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Muchas mujeres y hombres dependen en alto grado de sus parejas y están tan apegadas a ellas que si las abandonan no sólo sufre su orgullo, sino que prácticamente se quedan en la calle; fincan totalmente su vida en la otra persona que cuando desaparece, creen morir.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien de los que pensamos depende nuestra felicidad o tranquilidad, nos hacen débiles, vulnerables y con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.

Piensa, amigo detallista, en aquellas épocas en las que estabas muy enamorado de alguien; el miedo a que no fuera tuya te hacía demostrarle tanta atención que hasta la llegaste a empalagar; esa persona te sentía a ti tan seguro que llegó a minimizarte y por supuesto “no se dejó agarrar”. Por naturaleza, a las personas no nos gustan las cosas tan fáciles, siempre un grado de dificultad hace más interesantes a las cosas y a las personas.

Es muy cierto, cuando estamos más apegados a algo, existen muchas probabilidades de que lo perdamos y suframos.

¿Quieres evitar el sufrimiento?, no te sugiero apartarte del mundo material ni de las personas, no renuncies al goce de ellas, pero sí renuncia a poseerlas con miedo y necesidad.

Amigo detallista ¿has pensado alguna vez que la causa de los sufrimientos, enfermedades y conflictos pueden ser los apegos?, me refiero a la relación emocional que mantenemos con cosas y personas y en las que fincamos nuestra tranquilidad y felicidad; cosas y personas que si llegamos a perder nos causan ansiedad, soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes porque dependemos de ellos, “eso nos da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente” pero ya de adultos cuando podemos ser autosuficientes y maduros muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que sea exclusivamente nuestra.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano, justo y nos lo merecemos, pero aquí me refiero a la relación enfermiza que entablamos con ellas, nos relacionamos con ellas a través de nuestras necesidades y nuestro miedo a no tenerlas o a perderlas.

“Los apegos son necesidades del ego; cuando poseemos un ego demasiado grande o débil, nuestro mundo personal choca con la realidad”.

Los apegos se extienden en varias dimensiones, a cosas que fueron y ya no son, a cosas y situaciones que hemos deseado y no hemos podido lograr, o a situaciones que vivimos y que nos causaron algún trauma, complejo o dolor y que nos hacen vivir con ansiedad, preocupación, inquietud, etc.

Es natural que las personas lleguen a faltar, “todos vamos para allá”, y hay que dejarlas ir, igualmente nuestras parejas están en su derecho de apartarse de nosotros, mucha de la culpa sería nuestra.

Como empresario, tú bien sabes que en los negocios, unas veces se gana y otras se pierde, pero sufrir en demasía por ello nos inmoviliza, nos estanca o nos hace retroceder. En estos casos no nos queda otra más que sacar a la persona fuerte que todos llevamos dentro, analizando causas y aplicando soluciones, o, de plano, practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Muchas mujeres dependen de sus parejas y están tan apegadas a ellas que si las abandonan, no sólo sufre su orgullo, sino que prácticamente se quedan en la calle; fincan totalmente su vida en la otra persona, que cuando desaparece creen morir, y lamentablemente, a veces es cierto.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien; nos hacen débiles, vulnerables y con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.

Piensa en aquellas épocas en las que estabas muy enamorada o enamorado de alguien; el miedo a que no fuera tuya te hacía demostrarle tanta atención que hasta la llegaste a empalagar; esa persona te sentía a ti tan seguro que llegó a minimizarte y por supuesto “no se dejó atrapar”. Por naturaleza a las personas no nos gustan las cosas tan fáciles, siempre un grado de dificultad hace más interesantes las cosas, a las personas, y no se diga al éxito de nuestra tienda.

Cuando estamos más apegado a algo existen muchas probabilidades de que lo perdamos y suframos.

¿Quieres evitar el sufrimiento?, no te sugiero apartarte del mundo material ni de las personas, no renuncies al goce de ellas, pero sí renuncia a poseerlas con miedo o necesidad.

“El apego produce ansiedad. Si estás ansioso, difícilmente podrás gozar de aquello a lo que estás apegado”.

¿Has pensado alguna vez que la causa de nuestros sufrimientos, enfermedades y conflictos pueden ser los apegos? Me refiero a la relación emocional que mantenemos con cosas y personas, y en las que fincamos nuestra tranquilidad y felicidad. Cosas y personas que si llegamos a perder nos causan soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes, ya que dependemos de ellos. Eso nis da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente. Pero ya de adultos, cuando podemos ser autosuficientes y maduros, muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que, además de ser exclusivamente nuestra, haga lo que queremos, que piense como nosotros, etc.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano, justo y nos lo merecemos, pero aquí nos referimos a la relación enfermiza que entablamos con ellas. Nos relacionamos sólo a través de nuestros miedos de no tenerlas o a perderlas o para tener a alguien a quien controlar.

“Los apegos son necesidades del ego; cuando poseemos un ego demasiado grande o débil, nuestro mundo personal chica con la realidad.

Los apegos se extienden en varias dimensiones: a cosas que fueron y ya no son; a cosas y situaciones que no hemos podido lograr; a situaciones que vivimos y hasta a situaciones que nos han causado algún trauma, complejo o dolor, que no hemos podido o querido olvidar, y que nos hacen vivir con ansiedad, preocupados, inquietos, etc.

Es natural que las personas lleguen a fallecer, “todos camos para allá”. Pero en su momento y después de llorarles un rato tenemos que dejarlas partir. Igualmente nuestras parejas están en su derecho de apartarse de nosotros, sobre todo cuando mucha de la culpa ha sido nuestra.