Falta de fe o fue necesidad: En 1976 Ronald Wayne, uno de los fundadores de Apple Computer, vendió sus acciones por un valor de 800 dólares. Actualmente, esas acciones valdrían millones de dólares.

Inclinación de la Torre de Pisa: 10 años después de haber terminado la construcción de la Torre de Pisa en Italia, empezó a inclinarse. Nunca consideraron la inestabilidad del suelo.

Gran descuido: En 2003, el cazador Sergio Martínez se perdió en un bosque cercano a San Diego; por lo que decidió lanzar una bengala para pedir ayuda. La bengala cayó sobre un árbol y provocó uno de los mayores incendios en la historia de la región, conocido como el ‘Cedar Fire’.

Satélite perdido en el espacio: En 1999, la NASA perdió un satélite en órbita debido a que los ingenieros que lo construyeron utilizaron un sistema métrico inglés, mientras que la agencia usaba un sistema métrico local. (CNN). Oportunidad de negocio fallida En el año 2000, el CEO de Netflix se la ofreció en venta por 50 millones de dólares al CEO de Blockbuster, John Antioco. Este último rechazó la operación porque consideró que el valor era demasiado elevado; esto según el sitio web ‘Business Insider’. Actualmente, Netflix está valorada en más de 20,000 millones de dólares.

Venta de Alaska En 1987, Estados Unidos compró la región de Alaska a los rusos. Algunos años después, se descubrió que tenía mucho oro. Actualmente, esa región es el segundo mayor productor de este metal en Estados Unidos.

Error de los alemanes: En 1941, Hitler ordenó que sus tropas invadieran Rusia, pero no tomaron en cuenta que la crudeza del frío invierno de esa región sólo la toleran los rusos, por lo que fueron derrotados, muriendo congelados más de 300 mil alemanes.

Para que nos vaya bien en nuestros asuntos personales y empresariales es necesario que aprendamos de nuestros errores, de los pequeños y los grandes, pero no sólo de éstos, también aprendamos de nuestros aciertos. Poniendo en práctica lo aprendido en ambos, “nos estaremos reinventando continuamente.

Ante los errores, los sentimientos más comunes que nos invaden son de frustración, enojo y miedo, pero algunas personas en lugar de lamentase o rendirse deciden aprovechar la experiencia para aprender y salir adelante”

Tengamos siempre presente que, en todas las decisiones que tomamos, en nuestra vida personal o empresarial, siempre existirá el riesgo de equivocarnos. Sin embargo, si no los aceptamos o culpamos a otros por ellos, nunca creceremos.

Ante nuestros errores: • Reconozcámoslos y hagámonos responsables de ellos • Si afectamos a otros, pidamos perdón, si es necesario

Te dejamos algunas frases sobre este tema:

Los únicos que no se equivocan son lo que nunca hacen nada. Goethe

El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor. Confucio

Lo peor no es cometer errores, sino tratar de justificarlos, en vez de aprovecharlos. Santiago Ramón y Cajal

Cada vez que cometo un error me parece descubrir una verdad que no conocía. Maurice Maeterlinck

Algunos se equivocan por temor a equivocarse. Gotthold Ephraim Lessing

Todo el mundo comete errores; la clave está en cometerlos cuando nadie nos ve. Peter Alexander Ustinov

Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Charles Dickens

He aprendido que los errores a menudo pueden ser buenos maestros del éxito. Jack Welch

Si te caes siete veces, levántate ocho. Proverbio Chino

Te sientes mal porque “la regaste”, porque has cometido uno, varios o muchos errores? ¡Deja de preocuparte, seguirás cometiéndolos!

Podrás seguir cometiendo errores pero procura que nunca sean los mismos. ¿Qué podemos hacer ante un error? Enseguida de percatarnos de ello, inmediatamente preguntarnos ¿Qué es lo que hice mal? ¿Qué debo aprender de ello? Que tus errores nunca te derroten, nunca te des por vencido.

En un negocio comercial siempre hay tareas que al realizarlas podemos cometer errores, procura que éstos no te impidan continuarlas; sigue haciéndolas, pero ahora de manera diferente; cambia tu enfoque o tu procedimiento porque si no, podrías volver a cometer los mismo errores.

En el caso de un negocio, ya sea uno nuevo como emprendimiento o una ampliación o expansión del mismo, los errores que llegamos a cometer son comunes en mucha gente:

• Nos desesperamos; no le damos el tiempo suficiente para que empiece a dar frutos. • Lo implementamos sin analizar el mercado, la competencia, el contexto socioeconómico del momento, etc. • Nos queremos ir por el camino fácil • Queremos darle gusto a todos, olvidando que en el día a día, realmente habrá clientes que jamás gustarán de nuestros productos o servicios. • Tomamos decisiones en base a meras opiniones de amigos y familiares, en vez de consultar a los expertos. • Intentamos ser como los exitosos, pero brincándonos las tareas que ellos tuvieron que hacer para serlo. • Nos olvidamos de la originalidad intentando copiar tal cual el estilo de otros. • Intentamos cambiar a las personas cuando en la práctica eso es imposible porque nadie cambia por imposición, sólo por voluntad propia. • Desconocemos nuestras fuerzas y debilidades, lo que nos impide potencializar las primeras y manejar las segundas.

En algunas tiendas exitosas he observado que, aunque los dueños o encargados no son muy sonrientes con sus clientes y dan un servicio rápido, esta es su diferencia, y a muchos les gusta. En otros lugares, aunque no tengan computadora, hacen las cuentas muy rápido y conocen bien los precios de todos sus productos, esto satisface a muchos otros.

Sea como sea, el toque personal marcará la diferencia entre una tienda y otra. Pregúntate: ¿Qué marca tu estilo? ¿A qué le pones más atención en tu tienda? ¿Qué te preocupa y ocupa más de todo tu negocio?

Continúa preguntándote ¿Cómo puedes aplicarlo a tu tienda? ¿Cómo puedes destacarlo y hacerlo notar a tus clientes?

Siéntete orgulloso de tu estilo ¿Cómo te identificas e identifican los demás? ¿Eres organizador, controlador, relacionista o innovador? ¿Eres más hacedor o más pensador; idealista o racional?. Sin dejar de ser tú, piensa que una sonrisa falsa es, muchas veces mejor, que una mala cara honesta.

La aplicación de tu estilo personal a tus tareas, a tu negocio, al logro de tus objetivos personales y de negocio es una estrategia que te abre oportunidades porque va a marcar la diferencia en los resultados que obtengas, en tu desgaste físico y, principalmente, en tu grado de satisfacción en la vida.

Todos tenemos un estilo personal, una forma muy particular de ver el mundo, de hacer las cosas; la historia nos muestra grandes casos de personas que han aplicado su estilo en el descubrimiento, en la invención, en los logros. Esto se ha reflejado en la literatura, en el arte, en la ciencia, etc. Diariamente vemos la diferencia de estilos en la música, en la comida, en las películas, en los negocios, en publicidad, etc.

En esta revista estamos convencidos de que son las personas las que hacen los negocios exitosos. La calidad de la persona, su preparación, su manera de organizarse, su disciplina, la administración de su tiempo, etc., determinarán el nivel de progreso de su negocio.

Por lo anterior, y aunque en nuestro contenido editorial incluimos artículos que lo ayudarán a mejorar la presentación de su tienda, el acomodo de los artículos, etc., le sugerí a este detallista que invirtiera en él y en el desarrollo de su gente.

La calidad de la persona determinará la calidad y éxito de su tienda. El estado físico, la limpieza e iluminación de la tienda, etc. es sólo un reflejo de las características internas de las personas.

Si queremos progresar debemos invertir en nosotros mismos, en prepararnos para ubicarnos en el camino del éxito, en conocer las características que nos conviene tener para progresar y adaptarlas a nuestra vida, hacerlas propias; en una palabra, en educarnos y reeducarnos, en aprender y reaprender lo que tenemos que saber para ser prósperos.

Las mejores inversiones son las que se hacen en nosotros mismos, en nuestra capacitación. Para tener más, primero hay que ser mejores; ser mejores implica, para los propietarios de tiendas detallistas, ir adquiriendo la mentalidad de empresario.

¿Cuál es el precio que hay que pagar para ser mejores? …hacer un pequeño cambio en nuestros hábitos, romper con la inercia del conformismo para dedicarle tiempo a las lecturas de libros y revistas, para tomar cursos, para reflexionar, analizar; para hacer introspecciones y retrospecciones; para pensar en lo que queremos ser en uno, dos, cinco o 10 años, y cómo queremos estar.

Si tenemos que trabajar mucho, demos gracias de que podamos hacerlo; de extremo a extremo es mejor tener mucho trabajo que no tener nada que hacer. No importa si a los 70 u 80 años tenemos que trabajar, sólo habría que adecuar nuestras actividades a nuestra edad.

Cuenta la historia de un hombre que impactado por la violencia, maldad y el abuso que había en la sociedad decidió refugiarse en una cueva en las montañas, a vivir en soledad y dedicarse a orar para pedir por la humanidad.

Después de un tiempo decidió regresar a la ciudad; ahí, sus conocidos le preguntaron que dónde había estado, a lo que explicó que había ido a identificar la raíz de los problemas de los humanos.

“Reconocí, les comentó, que son los animales que llevamos dentro”, y se los explicó detalladamente: • “Dos halcones que se lanzan sobre todo lo que se les presenta, sea bueno o malo. Tengo que entrenarlos para que sólo se arrojen sobre presas buenas… Son mis ojos. • Dos águilas que con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir… Son mis manos. • Los conejos que quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos donde deben estar, aunque haya problemas, o cualquier cosa que no les guste… Son mis pies. • Lo más difícil es vigilar a la serpiente que aunque se encuentra encerrada, siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean. Si no la vigilo de cerca, hace daño… Es mi lengua. • El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día… Es mi cuerpo. • Finalmente, necesito domar al león, pues quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso… Ese es mi corazón”.

Este hombre había entendido la lección, y dijo: el problema de la maldad en el mundo no está en los demás, está en uno mismo.

Cierto, la causa y la solución de todos los problemas humanos, está en cada uno de nosotros, que muchas veces actuamos como animales.

Sólo en la soledad, a través de la reflexión, podremos entender nuestro comportamiento en la sociedad.

En situaciones extremas, de los tres tipos de clientes descritos, unos nos seguirán rápidamente, nos aplaudirán, hasta querrán ser nuestros amigos. Otros nos criticarán, les caeremos mal o simplemente no les gustará nuestra tienda. Pero están aquellos sin ninguna preferencia por ninguna tienda en particular.

En la práctica cada grupo requiere de un tratamiento diferente para venderles o para darles atención.

Puede resultar frustrante tratar de venderle a quien está en contra de nosotros o de nuestro negocio, el segundo grupo; para lograrlo requeriremos de mucha paciencia.

Lo recomendable es cuidar al primer grupo, aquel que ya nos favorece con sus compras. Como segundo paso, armar un plan para atraer parte del tercer grupo, aquél que no tiene preferencias; sólo habría que considerar que su nivel de fidelidad es bajo; sin embargo, podemos hacer que actúe por conveniencia.

Recuerda que nadie en el mundo ha convencido a todos por igual, al menos no en la misma proporción, de la misma cuestión, ni durante todo el tiempo. También podríamos desglosar los grupos por su rentabilidad:

• Aquellos que son muy rentables para nosotros porque compran y compran sin ningún desgaste mayor que el que lleva el proceso de llegar a la tienda, saludar, pedir o tomar los productos, pagar y despedirse dando las gracias.

• Aquellos otros menos rentables. Sin comprar mucho, hacen o quieren hacer amistad con nosotros; los aceptamos porque son “agradables”.

• Los últimos, los poco rentables, que tampoco compran mucho y quieren hacer amistad, que quitan demasiado el tiempo y que además no hacemos mucha química con ellos.

Estar conscientes de todo esto nos hace aterrizar en el mundo real de los negocios. Conocer a los clientes. Reconocer y respetar sus derechos nos da seguridad y nos aumenta las posibilidades de éxito al no desgastarnos en esfuerzos inútiles y podremos canalizar mejor nuestras energías en los mercados más rentables.

Todas las personas que destacan sobre los demás, en cualquier giro de negocios, siempre tienen seguidores y opositores; personas que están de acuerdo y en desacuerdo con lo que hacen y dicen.

¡Observe las noticias! Los buenos y malos cantantes tienen sus fans y muchos otros a quienes no les gustan. Todos los políticos tienen, muchos o pocos, quienes votarán por ellos y quienes lo harán por sus opositores.

Tal parece que hay de todo para todos, que la gente puede integrarse en grupos con características propias, gustos diferentes; no importa, si para otros sean buenas o malas o si sus líderes son peligrosos; a veces parece que entre peor sean algunos más “pegue” tienen, ya vimos el caso del Sr. Trump.

En este sentido, amigo detallista, posiblemente te hayas dado cuenta que no todos los integrantes de tu mercado pueden o quieren ser clientes tuyos, y están en su derecho de escoger en dónde comprar.

Para no preocuparnos, al ver que algunos nos rechazan, recordemos lo que Robert Kiyosaki en su libro “Escuela de Negocios”, comenta respecto a los tipos de clientes.

Afirma este autor que el 100% de nuestro mercado, entendiendo por mercado a todas aquellas personas que requieren de los productos que vendemos y tienen además los recursos para adquirirlos, se puede dividir en tres grupos: • Primer grupo: Una tercera parte estará con nosotros, nos favorecerá con sus compras. • Segundo grupo: Otra tercera parte estará en contra de nosotros, por cualquier razón. • Tercer grupo: El resto será indiferente hacia nosotros; lo mismo les dará comprar en nuestra tienda que en las de la competencia.

Miembros de este último grupo podrían pasar a formar parte de los seguidores o de los opositores.

Muchos científicos aseguran que somos animales racionales, que nuestros ancestros son los monos, que lo que nos diferencia de ellos, es eso, lo racional.

Sin embargo, por los noticieros y lo que vemos personalmente con los comportamientos de algunos amigos, vecinos y conciudadanos, pareciera que estamos viviendo en la jungla, donde lo racional no se expresa mucho, donde encontramos depredadores y presas, víctimas y victimarios, donde todos, en diferentes situaciones y en mayor o menor medida, actuamos como animales, como si tuviéramos que estar agrediendo, robando o defendiéndonos para poder sobrevivir.

Hace tiempo leí sobre unos economistas, premios nobel, que aseguraban que el problema de las crisis económicas, la inequidad, la violencia, etc., no es la economía en sí, sino que nos comportamos como animales a la hora de comprar, vender, intercambiar, consumir, etc., donde algunos quieren tener y ser más que los otros.

Sobre esto, personalmente considero que nos ha faltado educación y entrenamiento para actuar racionalmente en nuestra interacción con los demás.

En lo personal considero que está mal que algunos nos comparen con los animales, porque si bien éstos no se consideran racionales, muchas veces se comportan mejor que los humanos, y si bien en su ambiente natural algunos matan para comer, están cumpliendo una función de mantener algún equilibrio poblacional.

La mayoría de la gente amamos a los animales en general o, muy específicamente, a determinados animales. Los admiramos por como son; a nuestros perros, por ejemplo, quienes los tenemos, los queremos y los tratamos bien por lo que son para nosotros, amigos, compañeros, confidentes, etc., a otros porque reconocemos que cumplen una función en la naturaleza o porque sabemos que están en extinción.

Muchos nos identificamos con algún animal, ya sea doméstico o salvaje, porque así somos o así queremos ser, pero esto depende mucho de las necesidades y satisfacciones psíquicas que cada uno llevamos dentro.

Tú amigo detallista, ¿con cuál te identificas?, ¿cuál te gustaría ser?

Esta es una historia bastante tenebrosa, la primera vez que la escuché me llevó a conocer un poco más de ella y a ubicar el suceso personalmente.

Dos muchachos que salían de una gran fiesta se encontraron en el camino con dos chicas solas que estaban pidiendo aventón.

Su evento había sido en un salón de fiestas que se encontraba en las afueras de la Ciudad de México, en la carretera libre a Cuernavaca.

Eran ya pasadas de las 12 de la noche y decidieron abordarlas. Ellos ya llevaban algunas copas encima y pensaron que ellas también.

Las invitaron a subir a su auto pensando que irían a pasar una gran noche con ellas, y parece que todo fue así. En la plática del camino ellas los invitaron a su casa en la ciudad, dijeron que sus papás estaban de vacaciones y que no tendrían ningún problema.

Llegaron a una vivienda en una colonia de clase media. Todo les pareció bien; la casa iluminada y el interior lo vieron normal.

Para no perder la alegría se acompañaron con una buena cantidad de cervezas.

Pasaron una gran noche, había dos recámaras en la que se acomodaron los cuatro para disfrutar de los placeres que se pueden vivir entre parejas.

Al día siguiente ellos se despertaron, cada uno en una recámara pero en el suelo. Buscaron a las muchachas pero no las encontraron, solo estaban los envases de cerveza vacíos y sus ropas.

Ahora todo lucía sucio, viejo, lleno de basura y sin muebles, la casa se veía abandonada desde hace mucho tiempo; en nada se parecía a la casa a la que entraron la noche anterior.

Muy asustados, y con la cruda encima, se vistieron y salieron rápido de la casa; no se explicaban lo qué había sucedido.

Algunos vecinos vieron cuando salían los muchachos de la casa y se acercaron a preguntarles si habían dormido en ella.

Los muchachos explicaron cómo habían entrado a la casa, que habían sido invitados por unas muchachas y que ellas les abrieron. Les explicaron cómo eran ellas, su edad aproximada, con detalle hasta su estatura, color de piel y edad aproximada.

A esto último los vecinos les dijeron que esa descripción coincidía con las de las muchachas que alguna vez vivieron ahí y que eran parte de la familia que se había accidentado en la carretera.

Les explicaron que tenía décadas que la casa estaba abandonada, que había vivido ahí una familia que se había matado cuando, entrando a la ciudad, un borracho que conducía su auto a gran velocidad golpeó el coche de esa familia y se fueron a un barranco, y que como no tenían más familia la casa estaba abandonada.

Los vecinos les comentaron, también, que ya en otras ocasiones había sucedido lo mismo. Otros jóvenes habían sido invitados por esas muchachas.

La historia cuenta que los muchachos se volvieron locos, habían tenido relaciones con los espíritus de dos muchachas muertas hace años. Uno de ellos fue encerrado en el manicomio de la localidad y el otro se suicidó.

La casa aún existe y dicen que los espíritus de las muchachas salen en las noches del lugar donde murieron para llevarse a jóvenes que manejan ebrios.