Los motivadores, son emociones que nos mueven o impulsan a la acción, a lograr algo, a conseguir lo que queremos. Existen muchos motivadores, dependiendo de cada situación, de cada persona y de la época que estemos viviendo; pero a través de la historia de la humanidad se consideran como constantes y universales lo siguientes:

• El Miedo • La Necesidad • El deseo sexual • El reconocimiento • El orgullo • El reconocimiento • El hambre • La Responsabilidad • El Amor • La Voluntad • La Recompensa • La vergüenza • El deseo de venganza • Las caricias • La Ambición de poder y riquezas • La Defensa del territorio personal • Un alto nivel de autoconfianza • La defensa de la soberanía

Como todo en la vida, estos motivadores pueden ser usados a favor o en contra; pueden motivarnos a hacer algo o a dejar de hacerlo. Lo que hace que estas emociones nos impulsen a la acción en un sentido o en otro, a detenernos o a realizar determinadas acciones, es su nivel de intensidad. La gente puede robar por hambre (necesidad de comer), pero si el hambre no es tan intensa o si hay otras opciones para satisfacerla no será buen motivador para robar. Los niveles de cada motivador varían de persona a persona, dependiendo de su educación, sus experiencias, su genética, etc., y sobre todo de las situaciones particulares. El dinero no se considera como un motivador o es un motivador especial, ya que, si trabajamos por dinero, al principio es un motivador, pero al acostumbrarnos a determinada cantidad o hacer compromisos con ella, al corto plazo se vuelve un desmotivador, deseando más dinero.

Desde octubre pasado, muchos ya nos venían diciendo “tranquilos, ya está por terminar el año y con él se van a ir todas nuestras preocupaciones y temores”. En lo personal, yo pedía al Cielo que 2020 acabara pronto, porque, de verdad fue aberrante para muchos negocios y para muchos mexicanos en lo personal. No pretendo redundar sobre los acontecimientos del año que terminó, los detalles ustedes los conocen por los medios de comunicación o los han vivido directamente. A mi, lo que más me duele, sinceramente, es ver que la pandemia como muchos otros acontecimientos que hemos vivido y que seguiremos viviendo, es un elemento más que nos ha polarizado radicalmente a los mexicanos. ¿Hay algo en el mundo o en la vida misma, en lo que estemos unidos? ¿Cómo actuaríamos si de pronto llegaran algunos extraterrestres dispuestos a ayudarnos? Unos los apedrearían, otros se hincarían ante ellos, otros más se volverían gustosos sus esclavos. ¿Tú qué harías? El único consuelo que algunos teníamos es que el COVID-19, no era sólo contra nosotros; ya que se manifestó en la mayoría de los países. Sin embargo, como dicen los comentaristas del beisbol, “esto no se acaba hasta que se acaba”; este 2021, muchos seguiremos viviendo en “la nueva normalidad”. La pandemia nos ha mostrado lo vulnerables que somos los seres humanos. Una vez más, vimos claramente que la salud es lo más importante que tenemos como patrimonio personal, ya que la falta de ella impacta negativamente, en todas las áreas de nuestra vida. Así que, ¡a no rendirnos! y a buscar la mejor manera de seguir viviendo. 2021 es un año de esperanza; nuestra confianza está puesta en todos los involucrados en el manejo de la salud para que esto termine pronto, y nuestra fe en el Creador para que los guíe y hagan bien su tarea. Les mando un abrazo y les deseo lo mejor para este año.

Tener la suficiente energía es clave para sentirnos alegres, motivados, fuertes y avanzar en nuestro desarrollo personal, familiar y profesional, pero hay factores externos e internos que nos la roban, por lo que debemos tener cuidado de ellos. El líder espiritual Dalai Lama ha definido “Los 10 Ladrones de la Energía”.

1. Alejémonos de personas tóxicas.
“Deja ir a personas que sólo llegan para compartir quejas, problemas, historias desastrosas, miedo y juicio de los demás. Si alguien busca un bote para echar su basura, procura que no sea en tu mente”.
Identifiquemos a las personas por la calidad de lo que aportan a nuestra vida; de alguna manera, algunas sólo nos inyectan pensamientos negativos con lo que se comen nuestra energía.

2. Paguemos nuestras deudas a tiempo.
“Paga tus cuentas a tiempo. Al mismo tiempo cobra a quién te debe o elige dejarlo ir, si ya es imposible cobrarle”.
Es cuestión de responsabilidad. Hagamos todo lo posible por liberarnos de las deudas y no tener que escondernos o avergonzarnos por no haberlas pagado.

3. Cumplamos nuestras promesas.
“Si no has cumplido, pregúntate por qué tienes resistencia. Siempre tienes derecho a cambiar de opinión, a disculparte, a compensar, a re-negociar y a ofrecer otra alternativa hacia una promesa no cumplida”.
Nunca prometamos lo que no podremos cumplir. Cumplir nuestras promesas nos hace mejores personas, personal y profesionalmente.

4. Deleguemos.
“Delega o elimina en lo posible, aquellas tareas que no prefieres hacer y dedica tu tiempo a hacer las que sí disfrutas”.
Seamos más eficaces; siempre hay gente que puede hacer algunas cosas mejor que nosotros, ya sea porque es un especialista o porque tiene el tiempo para hacerlo.

5.Descansemos y actuemos.
“Date permiso para descansar si estás en un momento que lo necesitas y date permiso para actuar si estás en un momento de oportunidad”.
Tanto el descanso como la acción son importantes en nuestra vida, sólo debemos actuar conforme a los ritmos de la naturaleza.

El mundo entero se mueve por emociones. Muy cierto esto; son muchos los ejemplos de los que podríamos hablar respecto a cómo otros manejan y dirigen nuestras emociones.

Veámoslo así; las noticias, las películas, las telenovelas, las canciones, etc., juegan, muchas veces, con nuestras emociones.

Muchas de las canciones mexicanas de autores diversos como José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, etc., originan emociones en nosotros, pues nos abren heridas que nunca hemos cicatrizado bien.
Los noticieros, por su parte, buscan apelar a otras de nuestras reacciones humanas como el escándalo, el miedo o la compasión.

Sin embargo, “atemorizar” está justificado cuando el objeto de la persuasión es un bien social o humanitario, o de prevenir enfermedades o accidentes, por ejemplo.

En cuanto a la publicidad, es claro que su principal función es actuar sobre la conducta de los individuos, por lo que los creativos arman todo tipo de estrategias para que a través de las emociones compremos sus productos.

Muchos anuncios publicitarios, esos que los conductores de programas llaman “mensajes”, constituyen estrategias para apelar, muchas veces en forma muy descarada, a los sentimientos y deseos de los televidentes y radioescuchas.

Lo hacen a través de animales, niños, bebés o tiernas escenas maternales, con las que pretenden pulsar nuestras cuerdas más sensibles como la nostalgia, la infancia, el amor familiar, la pareja, etc.

Incluso algunos anuncios contienen sugerencias eróticas más o menos veladas que buscan despertar la atención del receptor.

Sin darnos cuenta de ello, la televisión maneja nuestros hilos emocionales, son “la mano que mece la cuna” de nuestras emociones.

“Desde hace tiempo, la publicidad emocional ya no habla tanto del producto que anuncian como del público al que se dirige. El producto aparece sólo como un elemento que forma parte del contexto en el que los protagonistas dejan ver sus sentimientos”.

Si no te gusta tu trabajo, tu situación económica o tu salud, haz las cosas diferentes a como las has hecho hasta ahora. El mejoramiento depende de tu ambición, valentía y creatividad. Reinvéntate, crea otro tú. Empieza por salir de tu “zona de confort”; corres más peligro al estar en ella que en aventurarte a probar un mundo personal nuevo, lleno de muchas opciones y oportunidades. Rompe aquellos hábitos que no te generen ninguna utilidad. Busca gente que te enriquezca, infórmate, pon tu enfoque en las cosas que más te llaman la atención. Aprende cosas nuevas de tu trabajo; observa y, si puedes, aprende lo que hace tu jefe. Ponte retos. Conviértete en alguien más valioso todavía. Se tú, pero ahora reforzado, y véndete con tus superiores o reubícate donde te reconozcan.

¿Cómo superé el temor al rechazo? Te cuento: el primer mes en que me inicié en la profesión de vendedor, me fue de la patada, el segundo y el tercero, peor; en esos meses no vendí “ni ma…”, no tenía ni para las chelas. Peor aún, era la forma en cómo me sentía; el 90% de mis llamadas eran puros rechazos, me colgaban; otras veces me cerraban la puerta, me daban otra cita y cuando llegaba a ella, no estaban, ¡Ufff! Varias noches, me ponía a llorar como niño; me sentía inútil, fracasado, y hasta mi novia, de aquel entonces, me cortó. Un vendedor exitoso me aconsejó que para vender, antes que el conocimiento de mi producto, tenía que prepararme para el rechazo, porque lo que más duele a los vendedores nuevos, es ser rechazado; ¡y sí! te duele hasta “la ma…”. Me decía que era por baja autoestima, pero también por falta de estrategia, de preparación y experiencia, pero que con el tiempo, si aguantaba, ya “fogueado”, me iría bien. Comprendí que el rechazo, aunque es muy común en los vendedores, era frecuente en todos lados, y me acordé de los futbolistas ¿cuántas veces el portero del otro equipo o el mismo marco, les rechaza sus tiradas a gol, y rápidamente superan esa frustración? Un día me decidí a “sacar la casta” y a fortalecerme mentalmente. Me convencí de que si superaba algunos rechazos, con cada uno iría aprendiendo a manejarlos, de alguna manera, las siguientes veces, desarrollando así, mi capacidad de superarlos. Me pregunté ¿cuántos rechazos necesito para “foguearme”? Me puse como meta 20, pero no fueron suficientes; cinco rechazos más y, ¡por fin una venta!; dos más, y otra venta; y así. Ser rechazado duele, pero es algo que muchas veces no podemos evitar; aprendí que, no es nada personal, es simplemente por las diferencias de intereses, deseos y necesidades de los demás. Piensa que, de una forma u otra, todos somos vendedores, en cualquier área de nuestra vida.

Todos merecemos unas vacaciones, ¿o no? Si ya tomaste las tuyas, felicidades, o si planeas tomarlas pronto, te recuerdo que siempre será sano y gratificante hacerlo, pero, ¿y tu estómago cuándo? Cuando tú sales de vacaciones tu mente descansa, esto debido a que te ocupas de cosas ajenas a tu trabajo diario; aunque tu cuerpo quizá no descanse tanto, ya que el desgaste físico de los “trajines” y las diversiones en comer, beber y bailar, te van a desgastar. Esto último afecta además a tu estómago, por lo que también necesita sus vacaciones propias. Como sabemos, el Sistema Digestivo abarca desde la boca hasta el recto, y sin vacaciones tu estómago, tus intestinos y el colon en especial, fácilmente se llegan a irritar. Sin un descanso adecuado, tu digestión se hace más lenta, y se llegan a producir exceso de gases, colitis nerviosa y hasta úlceras, entre otros problemas directos e indirectos. Cómo puedes ayudar a tu Sistema Digestivo? • Con una dieta especial de recuperación. Por lo menos, durante ocho días deberás reducir las cantidades de comidas, ingerir sólo carnes blancas, aumentar el consumo de frutas y verduras, evitar el alcohol, etc. • Un ayuno a base de jugos te permitirá limpiar tu estómago y tus intestinos. • De plano una purga, combinada con una dieta a base de jugos. Además de sus vacaciones, tu sistema digestivo necesita, igual que tú, un baño y un descanso diario. Cena ligero, y toma mucha agua sola durante el día. Con esto, tu estómago te lo agradecerá, tus intestinos también; te sentirás más ligero, todo tu cuerpo funcionará mejor y tú serás más productivo, más rentable, más feliz, más sano. Ayudando así a tu estómago, ayudas a otros de tus órganos a funcionar mejor. Esto podrás reflejarlo en tu trabajo, con tu familia, con tus amigos, etc., y de verdad, vivirás más años.

Cómo puedes llamar la atención de quien te entrevista al buscar un trabajo? ¡Ofreciéndole trabajo! Dale vuelta a las cosas, rompe las reglas. Proponle una idea o un proyecto. Busca en tu actividad una nueva forma, un detalle, una aplicación o uso diferente. Desconéctate del celular y la tele por unos días. Ten a tu mente ocupada buscando algo, acuéstate pensando en ello y pon atención a lo que se te ocurre al despertar o mientras te bañas. Dos técnicas efectivas en la generación de ideas que te pueden servir, son las siguientes: • Aprovechando tus conocimientos y tu experiencia, haz algo innovador, distinto o mejor, combinando dos o más elementos nuevos o diferentes a tu trabajo o profesión • Identifica nuevas necesidades en la gente y busca la forma de satisfacerlas con tu actividad Deja de hacer y ver las cosas como siempre; la costumbre opaca la creatividad.

No olvides nunca, ni por un momento, que tus actitudes determinan los resultados que tengas en tu trabajo, negocio o tu vida personal. Es la manera en que estás dispuesto a ver, pensar y comportarte en lo que haces diariamente, con los demás y ante los problemas. Nadie es perfecto, pero es necesario y primordial que seamos positivos, optimistas, que hagamos nuestro trabajo con alegría, pasión, responsabilidad, y que nos llevemos bien con los demás: compañeros, superiores y principalmente con la familia. Tus conocimientos no te garantizan el éxito a menos que los complementes con buenas actitudes. Actitud para sonreír, agradecer, para reconocer tus cualidades y las de los demás, para dar y recibir, para enfrentarte como ganador ante los problemas y tus responsabilidades, para aceptar a los demás como son, etc. Quizá te cueste trabajo aceptarlo, pero tus actitudes dependen sólo de ti.

Los conocimientos no garantizan el éxito en el trabajo, si no hay buenas actitudes. Lo que aprendimos en la escuela debe ir acompañado con la voluntad de actuar bien. Las actitudes se refieren a la manera en que nos comportarnos ante las personas, situaciones o cosas. De ellas dependen nuestros resultados en cualquier actividad. Sólo hay tres tipos de actitudes básicas: Positivas, Negativas y Neutrales. Actitudes necesarias para progresar • Enfrentarse como ganador ante los problemas y responsabilidades. • Aceptar los cambios con valentía. • Ser profesional en lo que hacemos • Ver lo positivo en cualquier situación y ver, también, las oportunidades en tiempos difíciles • Aceptar la responsabilidad de nuestros actos • Respetar las opiniones ajenas. • Reconocer el valor y la importancia de los demás, así como los talentos propios y ajenos • Pedir las cosas “por favor” y dar las gracias Las buenas actitudes son cuestión de voluntad e inteligencia.