¿Qué puede ser más doloroso que sufrir la pérdida de un familiar cercano a causa de la delincuencia?

¿Qué puede ser más dañino, aberrante, y vergonzoso para una sociedad, que vivir en un ambiente, donde cada día están aumentando los delitos de todo tipo y la mayoría quedan impunes? 

Ningún calificativo, por muy ofensivo o exagerado que sea, cabe aquí.

Los medios hablan de delitos cuya cantidad asusta, y cada día se multiplican enormemente; extorsiones, asaltos, secuestros, mujeres y niños muertos o desaparecidos.

Esto ya parece una “guerra intestina”, donde, hasta donde vemos, los malos la están ganando.

¿Qué es lo que está mal en todo esto? ¿Las leyes, los protocolos para detener delincuentes, los policías, el ejército, los jueces, el gobierno federal?  

¿Quién puede detener estas atrocidades? ¿Hasta dónde llegaremos? 

Viéndolo a profundidad, todos somos culpables de los delitos. Los países de donde proceden las armas, aquellos que permiten su acceso, quienes las poseen y las usan, muchos por no denunciar, las autoridades por no hacer nada. 

La mayoría de los medios también tienen su grado de culpa en esto; informan los delitos como si ya fueran normales, sólo para llamar la atención y aumentar su rating; sus noticieros están cargados de los sucesos delictivos, y muchos televidentes con morbosidad disfrutamos viéndolos. 

Algunas personas ven normal disfrazar a sus hijos al estilo narco en algunos festejos, otros realizan sus fiestas con temáticas alusivas a la delincuencia. 

Ya basta. Cultivemos en nosotros, y en nuestra gente, buenos valores para que no veamos a la delincuencia como algo normal.

Es así como algunos niños van a terminar el colegio como líderes y otros como seguidores o sumisos. Por eso, la mayoría de nosotros vivimos con estos patrones de dominancia social y tenemos la tendencia de creer que algunos nacen como líderes y otros no.

Sin embargo, es importante distinguir entre la dominancia social y el liderazgo verdadero.

Ser un buen líder no significa ejercer autoridad sobre los demás o destacarse como uno de los mejores del grupo.

Lamentablemente los niños pocas veces tienen la oportunidad de comprender la dinámica social que se lleva a cabo alrededor de ellos y así simplemente asumen el rol que más les acomoda en ese momento.

Es necesario que los niños entiendan que son capaces de desarrollar sus fortalezas y de aportar hacia su comunidad en forma positiva, así el niño comprenderá que no tiene que asumir un rol pasivo en el cual simplemente elige seguir a otros.

No todos podemos ser líderes en todas las áreas de nuestra vida, pero sí somos líderes en alguna área e idealmente tenemos que saber asumir ese rol si queremos vivir una vida de éxito.

Una vez que una persona haya entendido su valor como persona individual, va a poder distinguir entre su persona y su rol. En la vida uno juega diferentes roles, por ejemplo, una mujer puede jugar el rol de esposa, de madre, de profesional y de hija. En algunos roles ejerce más liderazgo que en otros, pero sigue siendo la misma persona.

Para poder asumir un liderazgo efectivo, además, hay que entender la dinámica de estos roles que se juegan en una comunidad y las estructuras de autoridad existentes y su importancia. Esto ayuda a comprender cómo se resuelven los conflictos dentro de cada rol diferente que uno tiene en la vida.

De acuerdo con Bettina Langerfeldt, algunas personas parecen sobresalir como líderes desde su infancia y otros parecen estar destinados a ser sumisos y a seguir a los demás. Sin embargo, es importante distinguir entre la dominancia social y el liderazgo efectivo. Descubra lo que es el liderazgo verdadero y como desarrollarlo en usted y en sus hijos:

Nuestra vida es muy compleja y necesitamos habilidades complejas para poder salir adelante en ella. Una de ellas es la habilidad para liderar.

Muchos creen que hay personas que nacen con mejores capacidades para liderar que otros. Sin embargo, si definimos el liderazgo en su esencia, como “la lucha de movilizar a los demás hacia la solución de los problemas colectivos”, cualquier persona puede ejercer liderazgo desde cualquier posición. Para eso necesita desarrollar la habilidad de persuadir a otros de que la dirección que se propone es la correcta.

Es importante entender este concepto, ya que la percepción que cada uno tiene de sí mismo, ya sea como líder o como seguidor, es aprendida por estructura social más que adquirida por genética.

Desde que somos niños tenemos diferentes patrones de conducta. Algunos tienden a liderar, como por ejemplo los hermanos mayores o un niño que se destaca en algo.

El niño dominante va a identificarse cada vez más con su rol de líder y se va a transformar en el capitán del equipo de fútbol o el presidente de un grupo. Los adultos y los padres también comienzan a ver a estos niños como líderes.

Otros niños menos dominantes, en cambio, automáticamente van a asumir el rol de un seguidor y probablemente se van a comportar como una persona sumisa durante gran parte de su vida escolar.

Los lugares “geopáticos”, son espacios con agresiones electromagnéticas ocasionadas por antenas de alto voltaje o celulares, también reciben influencia negativa de variedad de emanaciones energéticas que invaden ese lugar. 

Es un padecimiento del lugar (“geopatía”) que puede ocasionar malestar a las personas sensibles que ahí habiten.

Esto se da también por corrientes o depósitos subterráneos de agua, metales muy radiactivos en el subsuelo, restos de cadáveres humanos enterrados muchos años atrás o quizá hasta fueron terrenos donde hubo panteones.

En los negocios, estas energías se manifiestan como dificultades para el éxito.

Es algo parecido a lo que sucede con algunas plantas o árboles que en ciertos espacios se secan rápido, crecen poco o “no se dan”, o con los perros y los gatos que detectan esas energías y nunca “se echan” en ellos.

Todo es energía, nosotros también, y cada uno de nuestros pensamientos y emociones emiten energía que se transmite a todo el lugar.

Por ello, antes de comprar o rentar una casa, local, oficina, departamento, o adquirir un terreno para construir, es importante informarse de la historia del lugar, inclusive en el RPP.

Averiguar con los vecinos sobre quién habitaba antes ese lugar, si alguien murió ahí o padeció alguna enfermedad grave o problema de escasez.

Vivir en una casa sana, implica limpiar el lugar de esas energías plasmadas en lo que se conoce como la “memoria de las paredes”.

Es importante hacer revisar la casa por algún experto en Radiestesia para detectar corrientes de agua subterránea, vetas de mineral, bandas electro-magnéticas o entidades energéticas que pudieran estar cargando el lugar con alguna energía pesada.

Es la obra más grandiosa hecha por el hombre en Latinoamérica; unió dos océanos.

Su objetivo principal era minimizar el tiempo de traslado de los barcos mercantes para llegar de un océano a otro. 

Antes del canal, los buques tenían que bajar hasta el Cabo de Hornos o el Estrecho de Magallanes en el sur de Chile, recorrido que les llevaba dos semanas.

Ahora el Canal de Panamá, les permite pasar de un océano a otro en tan sólo 8 o 10 horas.

A pesar del alto cobro por peaje para cruzar el canal, en su conjunto, disminuyó los costos de transportación.

Actualmente, el valor del comercio que transita por el canal, representa el 6% del total mundial. Sus principales clientes son EUA y China, derivado del intercambio de productos entre las dos economías más grandes del mundo.

En 1880 hubo un primer intento por parte de los franceses para construirlo; fue Ferdinand de Lesseps, el mismo que construyó el Canal de Suez, situado en Egipto y que une el mar Mediterráneo con el mar Rojo, el que intentó esta gran obra.

Ese proyecto fue frustrado por “dificultades económicas y por las enfermedades que torpedearon el plan”; la empresa encargada de la edificación quebró, y las obras se paralizaron.

Se calcula que, en ese intento murieron más de 20 mil trabajadores, principalmente franceses, esto debido a desplazamientos de tierra, a la malaria y la fiebre amarilla, enfermedades éstas que, en ese entonces no eran bien conocidas.

Además, el grado de dificultad para hacer el de Panamá fue mucho mayor que el de Egipto, pues mientras que el terreno de éste es arenoso, el de Panamá es montañoso y rocoso, con un clima muy húmedo.

Aprovechando las experiencias obtenidas anteriormente, y mediante una cesión de los derechos sobre el terreno donde quedaría, los Estados Unidos reiniciaron la obra en 1904.

Finalmente, el canal se inauguró en 1914. Su extensión es de 82 km, algo así como la distancia por carretera entre CDMX y Cuernavaca. Tiene una profundidad de hasta 13.7 m y una anchura variante entre 91 y 300 m. El tiempo de traslado de los barcos se redujo en 97%.

Lo curioso es que, a pesar de unir dos océanos, cuyas aguas son saladas, por cuestiones técnicas, el agua que circula en el canal es dulce. Esta agua proviene del lago artificial, de nombre Gatún, que hicieron para ese fin. 

A su vez, el lago Gatún, se alimenta de las aguas de la represa Gatún, que también hicieron para el mismo fin y que es alimentada por el Río Chagres. 

El lago está a una altitud de 26 m s.n.m. con una superficie de 436 km², y sirve de reserva de agua para la operación de las esclusas del Canal.

Las esclusas, son los recintos con compuertas que se construyeron en el canal para que los barcos pudieran pasar de un tramo a otro de distinto nivel, mediante el llenado y vaciado de los espacios comprendidos entre dichas compuertas.

Imagínatelo, viniendo del Atlántico, desde el nivel de este océano, las esclusas suben los barcos al lago Gatún, por lo que buena parte del trayecto es sobre el lago. Ya acercándose al pacífico, otros dos juegos de esclusas lo descienden al nivel del Pacífico.

Algo curioso; para hacer el lago, tuvieron que inundar a 24 pueblos de la zona; éstos fueron trasladados a diferentes áreas del país.

El canal fue construido con tres juegos de esclusas, la de Gatún en el Atlántico y las de San Pedro Piquel y Miraflores en el Pacífico.

El canal opera 24/7 y lo cruzan entre 35 y 40 buques diariamente desde 1914.

Según cálculos oficiales, en esta ocasión, sólo murieron 5 mil trabajadores.

En 1977, los panameños exigieron “el reconocimiento de su soberanía sobre la totalidad de su territorio”, y después de muchas fricciones, el 31 de diciembre de 1999, el canal fue devuelto a Panamá, quedando a su cargo la administración y los grandes beneficios por concepto del pago por circular en él.

Desde la década de los 90, se venía presentando la necesidad de ampliar la infraestructura del canal con esclusas más grandes para recibir mayor número de buques y de dimensiones mayores.

Por esto último, en septiembre de 2007 iniciaron las obras de ampliación del canal, con el objetivo de construir dos nuevos cuerpos de esclusas, 60% más anchas y 40% más largas, una cercana a cada océano. La inauguración fue en junio de 2016.

El portacontenedores más grande que ha cruzado el canal, fue el Theodore Rooselvet, en agosto de 2017, con capacidad para 17,800 contenedores.

Actualmente cuenta con cinco juegos de esclusas, lo que hace más rentable el canal. Desde que se inauguró la ampliación:

• 300 millones de dólares cuesta su mantenimiento anual.

• 120 mil dólares en promedio es el costo de peaje de cada buque, aunque algunos han llegado a pagar hasta medio millón.

Fuentes: BBC News Mundo; Cecilia Barría / bancomundial.org / bbc.com / youtube.com / elpais.com / atp.gob.pa /  http://enciclopedia.us.es /latam.historyplay.tv

El mensaje que nos puede dejar el comparativo del péndulo, es que después de una época de aparente auge (que por supuesto nunca ha llegado a la mayoría de la gente), se devuelve la tendencia para avanzar hacia una época de crisis, y viceversa.

Desafortunadamente, la gran mayoría de la gente no entendemos las lecciones que nos han dejado, tanto los momentos de auge como los de crisis. 

Son sólo dos cosas que deberíamos haber aprendido en esos momentos: en el auge, ahorrar, y en las crisis, trabajar más, pero con creatividad e innovación.

No debemos confiarnos en que siempre serán “épocas de vacas gordas”, y no desmotivarnos ni desesperarnos cuando “las vacas están flacas”.

El modo de pensar y de comportarnos en cada momento debe ser diferente; el primero exige cautela y en las crisis serenidad, valor e inteligencia.

La ley de la polaridad nos dice que, los problemas traen oportunidades. Aparte de ajustarnos un poco el cinturón en las épocas difíciles, son momentos para hacer cambios, reiniciar negocios, renovarse, cambiar las formas de pensar, y sobre todo, de respirar profundo para no tomar decisiones emotivas.

Lo peor que podemos hacer en épocas “difíciles” o de incertidumbre es asustarnos, quejarnos, preocuparnos; recordemos que “la vida es 10% lo que nos pasa y 90% la forma en cómo reaccionamos a aquello que nos pasa”.

Las crisis no les afectan a todos por igual, sabemos de muchas personas que les va bien en esas épocas, ya que saben aprovechar las oportunidades que conllevan.

No nos ayudará en nada sentirnos víctimas. En momentos difíciles hagamos una pausa y decidamos verlos como “oportunidad”, sólo así podremos encontrar nuevas opciones de salida. 

¿Has oído de personas que nunca pueden dormir bien o de plano, duermen muy poco o nada? Quizá tú seas una de ellas; son gente que se enferma muy seguido, que incluso, con el tiempo, se agravan sus enfermedades y llegan a morir.

Los médicos aseguran que quien no duerme, por lo menos cinco horas de noche y sin interrupciones, es propenso a debilitar su sistema inmunológico. 

Como la principal función del sueño es reparar y regenerar el organismo para poder seguir viviendo en condiciones óptimas, al no dormir, pueden fácilmente aparecer algunas enfermedades.

Cuando los problemas digestivos o el estrés no son los que impiden dormir bien, puede haber en el hogar ciertas energías poco comentadas, que impiden dormir bien; son lugares insanos conocidos por los especialistas del tema, como “geopáticos”.

Créelo, hay espacios poco sanos dentro de algunas casas, que llegan a dañar a los que la habitan; generalmente, esto no se da de manera inmediata a cuando llegan a habitarla, por lo que pocas veces se le atribuye al lugar. 

Hay personas que sólo reportan no poder dormir bien, que despiertan cansadas o adoloridas, hay otras que padecen de dolores de cabeza; otras más, reportan padecer trastornos psicológicos desde el momento en el que comenzaron a vivir en algunos lugares de estos.

No les sucede a todas, sólo a aquellas que son más sensibles orgánicamente, y se manifiesta en diferentes grados, dependiendo del género, edad, etc.  

Inclusive se habla de casas que matan; son aquellas que conjugan energías discordantes que se manifiestan como ruidos o corrientes de aire frío, aun con las puertas y ventanas cerradas. 

Dado el panorama que se está viviendo en el mundo, respecto a la economía de éste y otros países, quiero en esta ocasión hacer hincapié sobre los ciclos naturales; esto con el único fin de que podamos tranquilizarnos un poco, viéndolos como algo natural.

Me refiero a las “fases” por las que pasan todos los acontecimientos o fenómenos, y que se suceden periódicamente después de determinado tiempo, repitiéndose en el mismo orden.

Al igual que los productos que vendemos en nuestra tienda, el sistema económico que vivimos en el mundo presenta un ciclo de vida: introducción, desarrollo, madurez y declinación.

En cuestiones económicas, hemos vivido desde siempre, ciclos de auge y de crisis, de siembra y cosecha; eso deberíamos entenderlo bien y aceptarlo.

La naturaleza nos pone el ejemplo: el ciclo de las estaciones del año, el ciclo solar (noche y día), nuestros ciclos biológicos (dormir y levantarse), etc.

Todos estos ciclos responden a lo que algunos llaman “la ley de la polaridad” de la vida; es decir, la eterna dualidad en la que nos contextuamos. 

Al igual que un péndulo que, a partir de una posición de equilibrio, puede oscilar hacia un lado y luego hacia el otro, así se mueven los acontecimientos en nuestra sociedad.

Los puntos extremos en los aspectos económicos, son los tiempos de auge y de crisis; estos últimos ya los hemos vivido varias veces en México. Las crisis económicas más fuertes, que yo recuerdo, sucedieron en 1977 con José López Portillo, en 1983 con Miguel de Lamadrid y en 1995 con Ernesto Zedillo, crisis que afectaron la mayoría de los sectores económicos.

Cuando de niños no se reciben las “caricias” naturales necesarias para vivir un ambiente sano y agradable, muchos infantes buscarán obtenerlas mediante conductas particulares; aquí, el comportamiento se manifiesta siendo obedientes, ordenados, respetuosos, etc. 

Todo con el fin de obtener “caricias” positivas que, aunque condicionadas por parte de los adultos, les hará sentirse bien. Aquí se trata de una conducta adaptativa. 

Si con la conducta anterior los infantes no logran conseguir las “caricias” necesarias, su conducta será agresiva, de descuido, etc., con esto conseguirá satisfacer su hambre de caricias, en este caso de forma negativa.

Si tampoco logran conseguir satisfacer sus necesidades de “caricias” con las conductas anteriores, podrán enfermarse, sufrir algún accidente, etc., obteniendo así las caricias necesarias mediante el rechazo o la lástima. 

Aunque imperceptibles, estos métodos se manifiestan ya de adultos. Los comportamientos con los que nos interrelacionamos con los demás, ya sea en el trabajo, en los negocios, con clientes, etc., son similares a los que manifestamos de niños.

Podemos observar en nuestro entorno los tipos de gente con la que interactuamos y la que vemos en la nota roja de las noticias, donde destacan aquellas personas que marcadamente están urgentes de “caricias”, así como la forma de conseguirlas, tan destructiva para ellos.

“A medida que crecemos, el hambre primaria de contacto físico real se modifica y se convierte en hambre de reconocimiento”, y con sólo una sonrisa, una señal de asentimiento, una palabra o un buen gesto, podremos proporcionar a nuestros clientes, las “caricias” que servirán para que se sientan alimentados. 

Las “caricias” son indispensables para la supervivencia física y psíquica de las personas y son fuente de energía positiva o negativa según el valor que tengan.

Aunque lo dudes, para vivir psíquicamente sanos y por muy adultos que seamos, todos necesitamos “caricias”. 

Me refiero a la necesidad de “reconocimiento” personal, que existe en todas las personas.

A este tipo de necesidad, la teoría de Análisis Transaccional del autor Erick Berne, le llama hambre de “hambre de caricias”.

Se trata de un concepto amplio de las relaciones humanas que, aunque en forma parcial, algunas empresas ya están aplicando para atraer clientes y aumentar su fidelidad.

Erick Berne, asegura en su obra que, todas las personas tienen necesidades biológicas y psicológicas, y para subsanarlas, buscan ser tocadas y reconocidas por los demás. “Cualquier acto que implique el reconocimiento de otro, es una caricia”.

Existen diversos tipos de “caricias”, y se clasifican según el medio de transmisión, el tipo de emoción en la que se transmiten, por los requerimientos para darlas o recibirlas, por la sinceridad con la que se expresan, etc.

De esta manera existen caricias físicas, verbales, escritas y gestuales. Pueden ser positivas y negativas; condicionadas, falsas, adecuadas e inadecuadas, etc.

La cantidad y el tipo de “caricias” que necesitamos, varía de persona a persona. Esto dependerá de la cantidad y la calidad de “caricias” que cada quien recibió de niño/niña.

Algunas personas, que de niños recibieron muchas “caricias”, ya de adultos llegan a rechazar cualquier “alabanza” que se les haga o diga; otros, al revés.

Para muchos hombres, sus mejores “caricias” son cierto tipo de platillos a la hora de ingerir alimentos.

Muchos otros, por su baja autoestima, no saben recibir caricias positivas y cuando reciben una, siempre la minimizan con algún comentario improcedente.

Fuente: Erick Berne “El análisis Transaccional” Edit. Morata