Hasta este año se han otorgado poco más de 890 premios Nobel, considerando que muchos han sido entregados a dos y hasta tres personas por premio.

Originalmente, Nobel estableció premios para cinco áreas: Física, Química, Medicina, Literatura, Paz, y aunque nunca consideró un Premio de Economía, en 1968, la Fundación decidió, en memoria de Alfred Nobel, instituirlo también.

Nobel tampoco habló de un Premio de Matemáticas; sin embargo, se ha otorgado a varios matemáticos como reconocimiento en otras áreas; es el caso de John Forbes Nash, que fue galardonado con el Nobel de Economía en 1994, cuya vida personal se elevó al cine con el nombre de “Mente brillante”.

44 mujeres han sido galardonadas con el Premio Nobel, la primera de ellas fue Marie Curie en 1903 en Física.

Seis galardonados han recibido dos premios por trabajos diferentes, entre ellas la misma Marie Curie, quien en 1911 recibió el Nobel en Química.

En 1938 y 1939, el gobierno alemán obligó a tres galardonados de ese país a rechazar los reconocimientos, aunque cada uno de ellos pudo posteriormente recibir el diploma y la medalla.

Debido a la Segunda Guerra mundial, los premios de 1940 a 1942 no se entregaron.

En varias ocasiones ha habido reconocimientos póstumos, mismos que se han otorgado como excepción y sólo porque los premiados fallecieron en el lapso del reconocimiento de sus trabajo y la entrega del premio.

La fortuna con la que se cuenta para los Premios, se basa no sólo en los intereses que ha generado la herencia de Nobel, sino que la fundación recibe dinero principalmente de las empresas que dejó Nobel y que siguen generando recursos.

Un hombre, que en vida contribuyó directamente a matar gente, pero fallecido, en el afán de exculpar sus injusticias, contribuye al progreso de la humanidad.

Todos sabemos de él por los Premios Nobel, pero ¿quién fue realmente?

Era hijo de papi; es decir, su padre tenía negocios prósperos, pero tuvo sus propios intereses y escogió su propio camino.

Ese fue precisamente Alfred Nobel quien vivió entre 1833 y 1896. De origen sueco, su especialidad fue la química y la ingeniería; inventor y fabricante de armas; famoso principalmente por haber inventado y vendido a gran escala la dinamita.

Con sus empresas se dedicó a la producción de hierro y acero, a la fabricación a gran escala de cañones y otros armamentos.

En su afán por fabricar explosivos, hizo experimentos con la nitroglicerina, que había sido inventada por el italiano, Ascanio Sobrero en 1850.

Para 1863, de apenas 30 años consiguió controlar mediante un detonador las explosiones de la nitroglicerina, lo que le permitió reducir los riesgos de accidentes. Dos años después, en 1865 logró perfeccionar el sistema con un detonador de mercurio, y para 1867 consiguió la dinamita

Durante su vida registró 355 patentes y en la actualidad sobreviven aún varias de sus compañías.

Amasó grandes fortunas por lo que en su testamento firmado un año antes de su fallecimiento instituye un fondo, el cual dejó como herencia “para premiar a los médicos, físicos, químicos, escritores y pacifistas más sobresalientes del mundo”.

Nobel dejó al morir “un legado explosivo”, ya que su familia se indignó cuando se enteró que prácticamente su herencia la dejó casi en su totalidad a crear la fundación para los Premios Nobel, dejándoles a ellos menos del 1%.

Estar totalmente absorto en lo que se está haciendo y disfrutarlo tanto que no se quiere estar, en ese momento, haciendo ninguna otra cosa, es algo que todos debemos experimentar todos los días.

Cuando nuestra tarea presenta metas claras, retroalimentación franca, una sensación de control, retos que están a la altura de nuestras habilidades y pocas distracciones, los sentimientos que nos proporciona son iguales a los que se experimentan en un deporte o en una representación artística. Cuanto más rutinaria sea una tarea, como lavar platos, vestirse o cortar el césped, más gratificante será, si la abordamos con el cuidado que pondríamos en crear una obra de arte.

La calidad óptima de la vida cotidiana no depende finalmente de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos.

Diversas encuestas muestran que el 84% de los hombres y el 77% de las mujeres estadounidenses afirman que continuarían trabajando aun cuando heredasen suficiente dinero como para no trabajar.

Como sucede con otras muchas cosas, lo que enriquece la vida en pequeñas cantidades puede empobrecerla en grandes dosis.

Incluso el trabajo más trivial puede mejorar la calidad de vida en lugar de disminuirla.

Los artistas, empresarios, hombres de Estado y científicos altamente productivos y creativos tienden a vivir su trabajo como lo hacían nuestros antepasados cazadores: completamente integrado al resto de su vida.

Una de las características más comunes en premios Nobel y otras personas sobresalientes en diferentes campos es: “Podría decirse que he trabajado cada minuto de mi vida, o podría decirse con igual justicia que nunca he trabajado un solo día”. El historiador John Hope Franklin expresó esta fusión de trabajo y ocio más concisamente cuando decía: “Siempre he suscrito la expresión, Gracias a Dios es viernes, porque para mi el viernes significa que puedo trabajar los dos días siguientes sin interrupciones”.

El dos veces premio Nobel Linus Pauling, en una entrevista que concedió cuando tenía 89 años, declaró: “No creo haberme sentado nunca a preguntarme ¿qué es lo que voy a hacer ahora en la vida?. Simplemente continué adelante haciendo lo que me gustaba hacer”. El eminente psicólogo Donald Campbell aconsejaba a los estudiantes jóvenes: “No se dediquen a la ciencia si no van a disfrutarla, aunque no se hagan famosos. Dejen que la fama sea algo que aceptan graciosamente si la consiguen, pero asegúrense de escoger una profesión en la que puedan disfrutar”.

Y Mark Strand, antiguo poeta premiado en Estados Unidos, describe muy bien el estado de fluidez cuando seguía su vocación: “Estás simplemente trabajando, pierdes el sentido del tiempo, quedas completamente arrobado, absorto totalmente en lo que estás haciendo cuando estás trabajando en algo que está bien y tienes el sentimiento de que no hay ninguna otra forma de decir lo que estás queriendo decir”. Por supuesto, personas así son muy afortunadas por haber alcanzado la cima de profesiones sofisticadas y de éxito. Pero también es fácil encontrar gran número de personas famosas y con éxito que odian sus trabajos, además de otros, hombres de negocio, fontaneros, ganaderos e incluso obreros, que trabajan en cadenas de montaje que adoran su trabajo y los describen en términos líricos.

No son las condiciones externas las que determinan el grado en que el trabajo contribuye a llevar una vida plena, sino la forma en que se trabaja y las experiencias que uno puede extraer de afrontar los desafíos que se presentan.

Un gran ejemplo de que los mexicanos sabemos cambiar, aunque para el tema al que me refiero aquí, fue para mal.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadísticas, Geografía e Informatica (INEGI), en sus informes publicados en 2006 y 2017, se observa cuáles han sido las causas de fallecimiento entre los mexicanos y cómo han evolucionado éstas.

Te diría que no es para asustarse, pero no, a mi me da algo de miedo. Sin embargo, la única intensión de publicar esto es para que nos cuidemos.

En la década de los 40 y 50 del siglo pasado, la gente moría, principalmente, a causa de enfermedades transmisibles, como parásitos e infecciones en el aparato digestivo o respiratorio.

Estos padecimientos se controlaron y en algunos casos se erradicaron, gracias al incremento en el número de hospitales, los avances médicos, así como las campañas de vacunación y educación para prevenir enfermedades.

Ya para el período de 1960 al 2000 el número de muertes por enfermedades transmisibles disminuyó, pero aumentaron las ocasionadas por accidentes y las derivadas de la violencia o el cáncer. A partir del 2005, la diabetes mellitus, pasó a primer lugar entre las causas, seguida de las enfermedades del corazón.

Para 2017 la gente en México sigue muriendo por las mismas causas que hace 13 años, pero ahora el porcentaje ha aumentado. Según el INEGI, el 41% de los fallecimientos a esta fecha fueron por diabetes mellitus, infartos y tumores malignos.

En el caso de la diabetes mellitus, ésta se ha convertido, prácticamente, según las autoridades de salud, en una epidemia.

“Es el principal enemigo del Sistema Nacional de Salud Mexicano”.

¿Qué ha pasado, acaso los programas de salud no han funcionado? ¡”Sabe”!

Además de reunir las características mencionadas con en la Parte 1, los emprendedores actúan en tres líneas:

Orientadas a operaciones administrativas e intelectuales

• Planeación y Organización: capacidad de distribución óptima de recursos y acciones, manejo del tiempo con efectividad, para el logro de objetivos.

• Sensibilidad al cambio: nivel de apertura para comprender, aceptar y manejar nuevas ideas o enfoques. Con la flexibilidad para realizar ajustes eficaces ante diferentes entornos.

Orientadas a las relaciones:

• Estilo persuasivo: capacidad de convencer a otros mediante el uso de estilos interpersonales y métodos de comunicación apropiados, para lograr la aceptación de una idea, un plan, actividad o producto.

• Asumir riesgos: capacidad para tomar decisiones con conocimiento de causa y concientización, ponderando ventajas y desventajas de las mismas. Reflejando capacidad de juicio crítico y oportunidad.

Orientadas a sí mismo:

• Autoconfianza: grado de seguridad en sí mismo y de sus capacidades para la solución de conflictos o tareas, reconociendo sus fortalezas o debilidades.

• Tenacidad: demostrar capacidad de seguir adelante aún en situaciones adversas con conciencia social, buscando siempre el logro de los objetivos establecidos con perseverancia, dinamismo, libertad y justicia.

• Autodesarrollo: interés por el aprendizaje y la actualización, tanto personal como profesional.

Todas las características mencionadas se pueden encontrar en nosotros mismos en diferentes grados. Para saber si somos o no emprendedores, tenemos que conocernos muy bien a nosotros mismos.

Un test nos puede dar información sobre nuestra capacidad emprendedora; sin embargo, los datos que arroja, de acuerdo también a nuestra experiencia, son muy variados y aunque no todos los individuos poseen todas las características, en general hay más emprendedores de los que se cree.

En esta época de reflexión y diversión, ve pensando en cómo reemprender tu negocio para ser más competente en 2018.

Los emprendedores son personas ordinarias con un particular conjunto de talentos y temperamento, por lo tanto hay algo de emprendedor en la mayoría de nosotros.

Se puede decir que una persona es emprendedora cuando actúa de la siguiente manera:

1- El emprendedor tiende a ser un individuo independiente y autónomo. Siente la necesidad de ser su propio patrón, porque le es difícil someterse a modelos o procedimientos fijos; tiene cierta animadversión a las estructuras jerárquicas. Experimenta una gran necesidad de realizarse, de romper la rutina, de lograr objetivos con su propio esfuerzo.

2- El emprendedor posee mucha energía y es capaz de mantener un ritmo acelerado de trabajo durante periodos relativamente largos. Compite consigo mismo para superar los estándares de realización que el mismo se ha fijado.

3- El emprendedor tiene una gran confianza en sí mismo. Cree firmemente en sus capacidades y en su habilidad para alcanzar los objetivos que se ha propuesto y para vencer los desafíos.

4- El emprendedor es capaz de determinar el riesgo inherente a un proyecto. Acepta dicho riesgo cuando percibe que son elevadas las posibilidades de éxito. Aceptar riesgos es una característica esencial del emprendedor. Pero también puede aceptar un proyecto sabiendo que las posibilidades de ganar son 1 de 3 si cree que tiene las habilidades y la experiencia necesaria para salir adelante.

5- El emprendedor es optimista y positivo.

6- El emprendedor está más motivado por su necesidad de realización personal, que por el dinero, el prestigio o el poder.

En otros estudios surgieron algunos datos complementarios sobre el mismo tema:

– Que se deje impresionar • Que sea divertida y juguetona. Los hombres aman jugar y se crea una mejor conexión a través del juego.

Lo que le importa a un hombre es que la mujer tenga espacio para él en su vida y que el momento que pasen juntos, lo vivan a pleno.

Por su parte, los machos, impulsivos, egoístas o poco inteligentes, buscan una mujer débil que los haga sentir más inteligentes y más hombres.

Buscan sexo, una sirvienta, sometimiento, que se ría de sus chistes, que lo deje ir con sus amigos, que no lo cele, que guisen rico, etc.

Muchos de los hombres más jóvenes muestran su debilidad buscando a una mamá, que les guise sabroso, que tenga la casa aseada y la ropa planchada.

Querida amiga, como no se puede ser o tener todas las características mencionadas hasta ahora, ni podemos darle gusto a todos, te recomiendo que te relajes, que no busques con desesperación, que seas tú actuando tal como eres.

Y para no enredarte tanto te anoto como síntesis los resultados de un estudio sobre el tema que se realizó en Estados Unidos por el terapeuta Williard F. Harley, autor del libro “His needs, her needs”, respecto a las cinco cosas que un hombre busca en una mujer:

1. Satisfacción sexual. 2. Compartir aficiones. 3. Que sea físicamente atractiva. 4. Que sienta admiración por el hombre. 5. Apoyo doméstico (que se encargue de que todo funcione bien en la casa).

La primera respuesta la dieron en forma inmediata, las demás se tardaron un poquito.

Las mujeres debemos tomar en cuenta que los hombres son visuales; es decir, se enamoran a través de los ojos, además de que son algo superficiales. De esto están conscientes, y “les vale”.

En realidad no hay un estereotipo o modelo de los gustos y preferencias que tienen los hombres sobre las mujeres, todo tiene que ver con el tipo de necesidades que inconscientemente tengan, de su nivel de madurez, de su nivel socioeconómico, y por supuesto de la edad, además de si buscan a una mujer para algo serio o sólo para pasar el rato.

Ni en los boomers, ni en los de la generación X, mucho menos en los Millennials, existe un modelo único de las preferencias; hay mucha heterogeneidad en esto.

Por lo mismo, la información que describo a continuación no debemos considerarla como una regla, aunque tiene cierto grado de certeza en virtud de que es resultado de entrevistas con diferentes psicólogos, y encuestas con personas del género masculino, que hicieron diversos estudiosos del tema.

Para una relación de compromiso, los hombres juiciosos, con cierto nivel de madurez mental, no buscan chicas fáciles y sumisas; inconscientemente les gusta algo difícil, que lo sientan como una conquista; alguien ligeramente superior a ellos en algún sentido, que los complemente en sus debilidades.

Estos hombres buscan mujeres: • Que no hablen demasiado, mucho menos si lo que dicen no es relevante o interesante. • Que no sean muy empalagosas ni conflictivas. • “Alguien que pueda ser mi copiloto en la vida”, comentaba un varón de 36 años. • Con cierto nivel de madurez • Que reconozca sus errores • Que sepa pedir disculpas cuando la “riega”, y que no sea terca en querer tener siempre la razón • Que defienda sus derechos y opiniones sin gritos y sin enojarse

Ahora resulta que los humanos somos unos irracionales. En efecto así es, según el planteamiento que hace Richard H. Thaler, en sus trabajos de investigación cuando se refiere al comportamiento y las actitudes que tomamos a la hora de comprar, invertir o alimentarnos.

Fue precisamente Thaler, quien por sus trabajos sobre el papel que juega la psicología en los vaivenes de la economía, el pasado mes de octubre fue galardonado con el Premio Nobel de Economía 2017.

El argumento base por el que se le otorgó este Premio, fue “por sus contribuciones a la economía conductual o del comportamiento, haciendo a la economía más humana”. ¡Se tardaron!

Aunque previamente ya había publicado diversos trabajos sobre el tema, fue en su obra “Nudge” (Libro publicado en 2008), donde plasma los muchos años de investigación respecto a este asunto.

Según los analistas, en esta obra ofrece herramientas “analíticas y experimentales para comprender y predecir el comportamiento humano”. ¡Órale!

El término “Nudge” significa “empujón”, “Pequeños empujoncitos” en español, mismos que según Thaler necesitamos para redireccionar nuestras decisiones para evitar riesgos y obtener un mejor nivel de vida.

Se trata de un nuevo paradigma de la economía, en el que se incluye el análisis de los aspectos psicológicos de la gente a la hora de tomar sus decisiones financieras.

Un trabajo, que según los expertos, ha contribuido a ampliar el análisis económico al tomar en cuenta algunos aspectos reales que influyen en las decisiones económicas de la gente, tales como la racionalidad limitada, las preferencias, la falta de voluntad y de autocontrol, entre otras, que afectan sistemáticamente las decisiones individuales, y que explica por qué las personas tendemos a caer en conductas negativas.

El concepto propuesto por el Premio Nobel difiere del concepto tradicional que se tenía sobre el comportamiento de la gente al decidir sus actitudes. Éste afirmaba que los consumidores actuábamos racionalmente antes de pagar por un producto o servicio.

Por contra, el Premio Nobel dice que somos una especie de “homo economicus irracional predecible”; es decir, actuamos mal en nuestros asuntos de economía, pero que esos comportamientos se pueden predecir.

Una de las razones es que motivados por una búsqueda de recompensas de corto plazo, nuestras emociones nos hacen rendirnos ante la gran cantidad de tentaciones que nos ofrece diariamente la mercadotecnia, lo que nos lleva a violar cualquier planeación o presupuesto que hayamos hecho, si es que lo hicimos.

Esto explicaría por qué mucha gente se sobre endeuda, por qué crece la cartera vencida de los bancos, por qué compramos cosas que muchas veces ni necesitamos, pero sobre todo por qué no ahorramos. Aspectos que, a la larga, pueden generar crisis económicas, personales, nacionales y mundiales.

Para esto último, el autor ofrece una serie de mecanismos conductuales de refuerzo (“Empujoncitos”) que pueden dirigir nuestras decisiones y que “ayudan a fomentar conductas benéficas en términos económicos y financieros”.

La importancia de sus contribuciones es clara, si comprendemos que no sólo nos ayudan a entender la naturaleza humana, sino que también nos ofrece mecanismos que han servido a muchas instituciones, para el análisis y el establecimiento de políticas económicas y sociales para modificarla y modelarla.

Como resultado de los mecanismos conductuales que planteó el Premio Nobel, se han visto ya desde hace años algunas aplicaciones prácticas que actualmente se practican en algunos países como los créditos a meses sin intereses, el buen fin y programas de Cultura Financiera, entre otros.

Según últimos estudios, el estrés está causando estragos a muy altos niveles en las empresas.

Algunos expertos hablan de cifras de hasta del 80 por ciento de las empresas mexicanas, por lo que en muchas se trabaja menos de su capacidad productiva.

Según un estudio de la consultoría Brújula Interior “esto se debe a que la mayoría de sus empleados desempeña puestos que no corresponden a sus habilidades, talentos e intereses personales”, esto implica un mayor esfuerzo de la gente, ocasionándoles estrés.

La directora de esta empresa, explicó hace poco que “sólo ocho de cada 10 trabajadores se adaptan a los objetivos y metas que solicitan sus compañías contratantes”; esto ha llegado a reducir hasta el 70% la capacidad productiva de los empleados, funcionarios y hasta la de los directivos, a quienes si se les ubicara en actividades que disfrutan, por tener mayor conocimiento, habilidades o aptitudes al respecto, elevarían su eficiencia laboral.

Nuevamente se habla de que la aplicación de los talentos personales hace más eficaz al personal.

La especialista explicó que el talento natural es todo aquello que les gusta a las personas, les es fácil de realizar o les motiva a generar ideas, a trabajar en equipo, los mueve a ser líderes; son aquellas tareas cuyo desarrollo no está sujeto sólo al sueldo o la obtención de otro apoyo material.

“Lo anterior hace empleados rentables para cualquier compañía, porque, gracias a que disfrutan su empleo, son capaces de obtener nuevas habilidades” y en la misma medida están en posición de lograr ascensos, obtener mejores ingresos o convertirse en un trabajador clave o indispensable para su empresa”. El problema de que la mayoría de los empleados y funcionarios en México sean poco rentables es que el 80% de las compañías contrata su plantilla laboral de acuerdo a exámenes psicométricos, que no identifican el talento ni las capacidades laborales.

Lo anterior genera dos tipos de empleados: los rentables y los no rentables.

Empleado rentable: • Cumple con las metas fijadas por la empresa y siempre da un extra.

• Es líder y contagia al resto del personal de una buena actitud para el trabajo.

• Labora en equipo, aporta ideas y emprende nuevos proyectos.

• Disfruta lo que hace, desarrolla nuevas habilidades y está satisfecho.

Empleado no rentable • Sólo cumple con sus tareas asignadas, pero no da ningún esfuerzo extra.

• El sueldo o dinero es su principal motivación para laborar.

• Está cansado, sufre de estrés, mal humor y no desarrolla sus talentos.

Para aprovechar el talento laboral y convertir a un empleado normal en rentable, los expertos recomiendan:

1. Redactar una lista de las cosas que disfrutan en su trabajo y otra de las que sufren o les disgustan.

2. Analizar qué tareas los motivan y cuáles les provoca estrés o cansancio. 3. De acuerdo al punto anterior, identificar en qué áreas tienen mejores resultados, qué proyectos les gustaría encabezar y cómo aportarían valor agregado a su empresa.

4. Hablar con el jefe sobre lo que los motiva y los cambios que harían en su rutina para ser más productivos o rentables.