Editorial

Ser empresario, cuestión de fortaleza

 

Tener un negocio nos enfrenta a muchos retos, como falta de liquidez, de clientes o a la competencia, entre otros. No hay seguridad de nada, sólo hay riesgo e incomodidad; por más que planees, te enfrentas a una constante incertidumbre.

Muchas veces te habrás sentido cansado, desmotivado y hasta frustrado con tu tienda; cuántas veces habrás llegado a pensar que deberías cerrarla.

En esos momentos nos hubiera gustado estar contigo para, de alguna manera, decirte “aguanta”, “échale ganas”, “ánimo”, “organízate mejor”, “capacítate en esto o aquello”, etc. Sin embargo, esto no fue posible y tú habrás tenido que aprender por ti mismo muchas cosas.

Sólo tú sabes cuántas situaciones difíciles has pasado; habrás aprendido que un negocio propio es el mejor lugar para aprender a ser autosuficiente, para entrenarse, para “curtirse”, para fortalecerse y madurar, y que ser empresario, y sobre todo microempresario, no es una ocupación para gente débil, sentidita, desesperada o comodina, sino para gente que le gusta hacer las cosas a su manera, que arriesga, que busca premios y satisfacciones propias, que sigue sus propias reglas y aplica su propio estilo a las cosas, que disfruta lo que hace, que tiene una visión propia de a dónde llegar y cómo ser en el futuro, y sobre todo, que tiene confianza en sí misma.

¿Qué te ha sostenido para llegar al lugar en que te encuentras? Seguramente tu espíritu emprendedor, tu valentía, tu grado de responsabilidad, o de plano, porque no ves otra opción.

Cuando llegues a sentirte desmotivado, piensa que ser empresario también es cosa de resistencia y que las cosas llevan un proceso, se dan con el tiempo. No eches a la basura lo que has aprendido, lo que has invertido y el tiempo que le has dedicado a tu negocio.

Como todo, una empresa también tiene su ciclo de vida, y para que alcance su madurez y empiece a dar beneficios, se lleva su tiempo.

Ánimo, y mucha suerte.