El gobierno calificaba a los líderes como terroristas, delincuentes y un peligro para la seguridad nacional, por lo que con el fin de terminarlo, el 2 de octubre de 1968 perpetró la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

El fanatismo contra lo estudiantes de esa época era relativamente fuerte. Gobierno, clero, empresarios, y muchos conservadores se formaron un concepto negativo de los estudiantes, satanizándolos sólo por ser eso.

El caso extremo de este ambiente social se dio en el estado de Puebla en septiembre de ese año. Cuatro muchachos, trabajadores de la Universidad de Puebla (BUAP), llegaron a San Miguel Canoa, una población localizada 12 kms al nor-oriente de la capital del estado; su objetivo era escalar el Volcán La Malinche, ubicado junto al poblado.

Algunos lugareños los empezaron a ver maliciosamente; los vieron jóvenes, se enteraron que venían de la BUAP y los creyeron estudiantes, por lo que rápidamente fueron a avisarle al cura del lugar.

Algunos inventaron cosas como que habían ofendido a la comunidad burlándose de sus usos, costumbres y de su idioma o que se habían ido sin pagar la cuenta en una tienda. Los calificaron como comunistas, “palabra que allá relacionaban con ‘el diablo’ o ‘satanás’ concepto que era parte del discurso clérigo que recibían del sacerdote”. El resultado de esto fue el linchamiento.

A raíz de esto, los habitantes de Canoa se crearon una fama de muy peligrosos, misma que se ha reforzado con los recientes linchamientos en el Estado.

Aunque los lugareños han querido olvidar ese asunto, muchos jóvenes oriundos del lugar han sufrido la discriminación al buscar trabajo en otras poblaciones, principalmente en la capital del estado, sólo por ser de Canoa.

Este artículo pretende informar un poco más sobre las causas por las que muchos hemos tenido problemas para relacionarnos y para lograr las cosas que deseamos.

De adultos, todos nos comportamos de determinada manera, dependiendo de la calidad de la relación afectiva que tuvimos con nuestra madre o con la persona que nos cuidó desde que nacimos.

Esta relación afectiva es, según John Bowlby, especialista del tema, el apego o vínculo afectivo que establecimos desde el nacimiento y que es la clave para nuestro desarrollo psicológico y para la formación de nuestra personalidad; esto mismo impactará nuestro comportamiento de adulto.

Con base a las distintas relaciones que tuvimos, el especialista, estableció cuatro tipos de apegos:

1.- “Apego seguro”: El mejor y el más sano. Su característica principal es la incondicionalidad. Se aprendió de niño que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. Su comportamiento es seguro y activo, e interactúa de manera confiada con el entorno.

Ya de adultos: • Interactúan con sus iguales de forma saludable. • No les supone esfuerzo unirse íntimamente a las personas y no les provoca miedo el abandono. • La dependencia es recíproca y no les preocupa estar solos.

2.- “Apego ansioso y confuso”: En estos casos el niño no confió en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad. Ello le provocó la necesidad de aprobación por temor al abandono.

Ya de adultos: • Sienten temor a que su pareja no les ame o les desee realmente. • Les resulta difícil interaccionar con las personas de la manera que les gustaría, ya que esperan recibir más vinculación de la que proporcionan. • Se relacionan con la dependencia emocional.

Esta es una historia bastante tenebrosa, la primera vez que la escuché me llevó a conocer un poco más de ella y a ubicar el suceso personalmente.

Dos muchachos que salían de una gran fiesta se encontraron en el camino con dos chicas solas que estaban pidiendo aventón.

Su evento había sido en un salón de fiestas que se encontraba en las afueras de la Ciudad de México, en la carretera libre a Cuernavaca.

Eran ya pasadas de las 12 de la noche y decidieron abordarlas. Ellos ya llevaban algunas copas encima y pensaron que ellas también.

Las invitaron a subir a su auto pensando que irían a pasar una gran noche con ellas, y parece que todo fue así. En la plática del camino ellas los invitaron a su casa en la ciudad, dijeron que sus papás estaban de vacaciones y que no tendrían ningún problema.

Llegaron a una vivienda en una colonia de clase media. Todo les pareció bien; la casa iluminada y el interior lo vieron normal.

Para no perder la alegría se acompañaron con una buena cantidad de cervezas.

Pasaron una gran noche, había dos recámaras en la que se acomodaron los cuatro para disfrutar de los placeres que se pueden vivir entre parejas.

Al día siguiente ellos se despertaron, cada uno en una recámara pero en el suelo. Buscaron a las muchachas pero no las encontraron, solo estaban los envases de cerveza vacíos y sus ropas.

Ahora todo lucía sucio, viejo, lleno de basura y sin muebles, la casa se veía abandonada desde hace mucho tiempo; en nada se parecía a la casa a la que entraron la noche anterior.

Muy asustados, y con la cruda encima, se vistieron y salieron rápido de la casa; no se explicaban lo qué había sucedido.

Algunos vecinos vieron cuando salían los muchachos de la casa y se acercaron a preguntarles si habían dormido en ella.

Los muchachos explicaron cómo habían entrado a la casa, que habían sido invitados por unas muchachas y que ellas les abrieron. Les explicaron cómo eran ellas, su edad aproximada, con detalle hasta su estatura, color de piel y edad aproximada.

A esto último los vecinos les dijeron que esa descripción coincidía con las de las muchachas que alguna vez vivieron ahí y que eran parte de la familia que se había accidentado en la carretera.

Les explicaron que tenía décadas que la casa estaba abandonada, que había vivido ahí una familia que se había matado cuando, entrando a la ciudad, un borracho que conducía su auto a gran velocidad golpeó el coche de esa familia y se fueron a un barranco, y que como no tenían más familia la casa estaba abandonada.

Los vecinos les comentaron, también, que ya en otras ocasiones había sucedido lo mismo. Otros jóvenes habían sido invitados por esas muchachas.

La historia cuenta que los muchachos se volvieron locos, habían tenido relaciones con los espíritus de dos muchachas muertas hace años. Uno de ellos fue encerrado en el manicomio de la localidad y el otro se suicidó.

La casa aún existe y dicen que los espíritus de las muchachas salen en las noches del lugar donde murieron para llevarse a jóvenes que manejan ebrios.

En la práctica diaria, en la forma en que solucionamos nuestros problemas, se distinguen, al menos, tres tipos de estilos; incluso podríamos calificar a las personas según estos, dividiéndolas en Analíticas, Creativas y Prácticas.

En la vida real, esto no es precisamente así; ante ciertas situaciones y de acuerdo con nuestra profesión o actividad, a veces somos prácticos, otras creativos, otras más, analíticos, o de plano usamos una combinación de los tres.

Sin embargo, aunque siempre dependerá de lo grave del problema y del nivel emocional de cada persona, siempre uno de éstos estilos será el predominante.

En su libro “La resiliencia; Construyendo en la Adversidad”, su autor Al Siebert, describe estos estilos conductuales como “los tres tipos de inteligencia básicos”, y nos sugiere que “utilizarlos a nuestra conveniencia nos ayudará a resolver cualquier tipo de problema”.

Por lo anterior, tenemos a nuestra disposición estas tres formas distintas de resolver cualquier situación complicada que se nos presente:

1.- Usando el estilo Analítico:

Éste consiste en hacerse las mejores preguntas para obtener las respuestas que nos facilitarán la solución de problemas. Preguntas como: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Cuál es su gravedad? ¿Cuál es su urgencia? ¿De cuánto tiempo y de cuánta información disponemos? ¿A cuántas personas implica? ¿Qué deseo al resolverlo? ¿Cuál es mi objetivo principal? ¿Qué resultado consideraré como satisfactorio? ¿Qué aprenderé? ¿Cómo podré evitar que vuelva a ocurrir?

Este estilo es para usarse en problemas y situaciones que permitan el análisis y la formulación de estas preguntas.

Presumimos que, a diferencia de los animales, los seres humanos somos seres racionales. ¿Será cierto?

Sin embargo, diversos estudios demuestran que en la conducta de los seres humanos persisten un gran número de patrones instintivos, y que en muchos casos, seguimos actuando con los mismos instintos que tienen los animales.

En realidad no somos muy distintos a los animales como pretendemos. Esto lo demuestran las conductas agresivas que tienen habitualmente las personas que viven en las grandes ciudades de México.

A nivel mundial, también lo vemos; por las noticias nos enteramos que la violencia y las guerras no han terminado, ni terminarán; sólo que ahora más que luchar por territorios, las guerras se dan para imponer creencias y para explotar económicamente a otras naciones, es el caso de Medio Oriente, por ejemplo.

Alguien dijo que “los animales matan para sobrevivir, los hombres para imponer sus ideas”, e intereses, digo yo.

No nos damos cuenta, pero nuestras conductas del día a día están determinadas en gran parte por el ambiente y el entorno que nos rodea, lo que nos hace reaccionar en forma instintiva, más que con intensiones conscientes, esto lo vemos cuando nos quitan algo, cuando nos ofenden, cuando nos ponemos de malas porque tenemos hambre, etc.

Es el caso también de nuestra reacción de enojo y ganas de ofender o golpear a otro, cuando vamos en el auto y nos recuerdan a nuestra madrecita por algo.

Los especialistas del tema aseguran que “en todos los seres humanos existen ciertos impulsos naturales para la satisfacción de nuestras necesidades como las de alimentación, reproducción, huida o agresión”, que son similares a los de la conducta instintiva animal.

Actualmente en México vivimos un ambiente donde diferentes factores están creando incertidumbre en muchas personas. Nos preocupa el TLC, el precio del petróleo, las próximas elecciones, la amenaza de una reforma fiscal en Estados Unidos, los temblores, etc.

Y no es para menos, pocas veces en México se habían juntado tantos aspectos que pudieran afectarnos en el futuro cercano. La falta de certeza sobre qué pasará en cada caso, crea inquietudes e incertidumbre porque cualquier cambio negativo afectaría fuertemente no sólo la cuestión económica, sino también lo social, lo político y lo empresarial.

 

La incertidumbre está asociada a lo desconocido, provocándonos inseguridad, intranquilidad, ansiedad, temor, etc. Muchos se sienten en peligro, y eso les causa sufrimiento. Las dudas sobre esto pueden provocar, en caso extremo, estrés, y hasta pueden afectar nuestra salud.

Tengamos cuidado porque el estrés, la angustia, el temor, etc., hacen que se exageren los problemas; hacen que nuestro estado de ánimo negativo provoque problemas en otras áreas de nuestra vida o que tomemos decisiones equivocadas, alterando nuestro bienestar.

Nos conviene aceptar que la incertidumbre es parte de la vida; es constante y en muchos casos permanente. Nadie puede predecir el futuro, ni siquiera los que provocan los cambios. 

Si vemos los cambios como amenazas, sentiremos miedo al futuro, por lo que en todo caso el manejo de nuestras emociones es importante. Aprendamos a controlarlas  a través de ejercicios de respiración y evitemos caer en el pesimismo. Hagamos ejercicio, evitemos los chismes y las malas noticias, cuidemos nuestra salud, busquemos actividades que nos relajen y distraigan.

No permitas que la incertidumbre afecte tu estado de  ánimo. Puedes encontrar consuelo en tu religión. Los mexicanos estamos acostumbrados a los movimientos, no sólo los telúricos, sino a esos que nos sacan de “nuestra zona de confort”.

A algunos, ya pasados de dosis, el alcohol los transforma totalmente; dejan de ser lo que son normalmente y se vuelven agresivos o impertinentes; a algunos les da por hablar mucho, a otros les da sueño, y a algunos hasta les da por “salir del closet” temporalmente.

Pero el alcohol no es malo, relaja, ayuda a la digestión y a la circulación sanguínea, etc. Con poco alcohol, la transformación es positiva, a algunos los vuelve transparentes, honestos, hasta tiernos y cariñosos.

El peligró está, ya lo hemos oído muchas veces, en la cantidad que se ingiere. La frecuencia de los excesos, como en todo, crea adicción; es como en el caso de las parejas; cuando estamos muy enamorados u obsesionados, no podemos vivir sin ellas y sólo esperamos el momento de disfrutarlas.

Lo mismo sucede, y con mayor riesgo, con las drogas prohibidas.

Pero ¿qué pasa cuando nos hacen enojar?: perdemos el control, explotamos, nos volvemos impulsivos y hasta tomamos decisiones equivocadas y peligrosas para uno mismo y para otros.

En otros casos, cuando tenemos mucha hambre nos desesperamos y sale el otro yo, hasta nos llegan a decir “no eres tú cuando tienes hambre”.

Enojados, llenos de ira, sin darnos cuenta, nos transformamos, somos otra persona: odiosa, peligrosa, y hasta muy peligrosa; exponemos nuestro lado oscuro. En estas ocasiones estamos actuando con nuestra parte animal, respondiendo por instinto, usando sólo nuestros cerebros reptiliano y emocional.

¿Por qué sucede esto último? Nuestra falta de autocontrol y nuestro temperamento nos hace querer controlarlo todo y al no poder, explotamos.

Y a ti, ¿qué es lo que te llega a transformar y como actúas en cada caso?

La mayoría de la gente somos propensos a transformarnos de una manera o de otra, por alguna u otra razón.

La característica principal de un transformer es que puede convertirse en cualquier cosa, desde un robot hasta una nave espacial o en un avión; en todo caso esa transformación le da poderes.

Cuando las personas nos transformamos, no aumentamos de tamaño, aunque sí de expresión; nuestro rostro refleja el cambio de personalidad, la mayoría de las veces en algo que no somos generalmente.

A la mayoría de nosotros nos pasa, que ante ciertas situaciones, cambiamos, a veces pausadamente y a veces de un segundo a otro; de ecuánimes o alegres a enojados, tristes o pesimistas.

¿Pero, qué tipo de transformaciones tenemos y qué es lo que, a muchos, nos hace transformarnos?. Cuando no es por el alcohol, café o por alguna droga que ingerimos, generalmente es por cuestiones emocionales simplemente (problemas, provocaciones, tentaciones, frustraciones, etc.), por nuestra falta de control sobre éstas. Otras veces es por problemas orgánicos, alguna enfermedad, por ejemplo, o hasta algún malestar digestivo.

Desde una copa hasta media botella, el alcohol nos transforma proporcionalmente a la cantidad ingerida. Desde el momento que sacamos una cerveza del refri o nos la trae un mesero, con la alegría que sentimos al verla inicia la transformación; por placer que sentimos al saborearla, desde el primer trago nos conecta a mejores emociones, y conforme aumentan los tragos, va aumentando la transformación.

Ya con varias cervezas, nos ponemos más alegres; empezamos a ver el mundo y a nuestros problemas de manera diferente; y así, hasta que nos sentimos muy valientes.

Algunas personas perciben la llegada de la primavera con la sensibilidad que solo una alergia puede desencadenar. Entre las enfermedades más comunes como: rinitis alérgica, fiebre del heno, conjuntivitis, sinusitis entre otros casos.

Más de alguno de nosotros conocemos a el eterno agripado sin estarlo, que por las mañanas inicia el día con ojos llorosos, nariz tapada y cara de que se siente pésimo, conforme trascurre el día mejora su estado gracias a un antihistamínico, (con la ventaja que existe algunos tan amigables ayudando a limitar los síntomas sin provocar sueño), en otros casos “se acostumbran” o el clima mejora junto con sus síntomas.

La conjuntivitis es aun más común en personas habitualmente dispuestas mucho tiempo en oficinas cerradas, manejando computadoras quienes salen a la intemperie sin proteger los ojos, expuestos al aire y polvo, con aun el reflejo de parpadeo menos frecuente, por lo cual se sugiere utilizar lentes al salir. Sin embargo es aún importante evitar los cambios bruscos de clima, evitar lugares con poca ventilación, lejos de polen de flores, contaminantes, humo de tabaco, etc.

Idealmente se sugiere acudir con un médico alergólogo quien podrá hacer una prueba de sensibilidad para identificar a que puede la persona ser alérgica, incluso familias vegetales pueden desencadenar síntomas, por ejemplo una persona alérgica a las flores Lilis, puede tener alergia a la cebolla y ajo por ser de la familia de las liliáceas. Por lo cual se recomienda una dieta inerte en el momento de realizar exámenes o tamizaje para distinguir las reacciones alérgicas. Este tipo de alimentación sugiere no incluir las 72 horas circundantes a la prueba, alimentos como: derivados de la leche, carne de puerco, soya, fresas, durazno, chocolate, nueces, cacahuates, alimentos con colorantes especialmente rojo No. 5, entre otros para prevenir enmascarar o exacerbar una manifestación en el rash o prueba de sensibilidad. Después de estas pruebas desarrollan vacunas personalizadas para cada paciente que ayudan a prevenir crisis alérgicas. Estos estudios y vacunas son bastante costosos sin mencionar la incomodidad de innumerables piquetes en dermis. Sin embargo es aún importante evitar los cambios bruscos de clima, evitar lugares con poca ventilación, lejos de polen de flores, contaminantes, humo de tabaco, etc.

El sistema inmune desarrolla anticuerpos vs. antígenos que pueden ser proteínas de alto peso molecular, presentes en el polen, ácaros dentro del polvo o pelo de animales, células vegetales entre otros desencadenando una reacción alérgica.

Para la mayor parte de la población con este problema generalmente estacional resulta más cómodo y económico tratar con un antihistamínico, además de disminuir la exposición a elementos ya identificados como potencialmente alergénicos.

Todo esto se manifiesta al menos en tres dimensiones:

a).- Ver hacia atrás sin quedarnos en él, sólo para que no lo olvidemos, para reinterpretarlo y para tomar lo bueno.

b).- Ver hacia los lados. Ver el “aquí y el ahora” con todo lo que conlleva, con todo lo que nos equipa: nuestra familia, las experiencias, nuestra propia naturaleza, nuestro perfil, etc. La información existente y los apoyos con los que cuenta uno.

c).- Ver al futuro, el largo plazo: dos, cinco, diez y más años.

El enunciado de Visión debe hacerse de tal forma que lo excite y motive a uno mismo y a los demás, pues llegar a ese futuro puede ser muy demandante y con algunos escollos.

Toda persona o negocio necesita de una Visión que la guíe, que le muestre el camino hacia delante y sea la madre de sus estrategias y acciones.

La descripción de una Visión debe expresarse sustancialmente con palabras e imágenes. En tu mente dibuja tu meta, el lugar en donde quieres estar en determinado tiempo, la forma en que quieres estar, los detalles que complementen y acompañen a ese lugar, personas, cosas, etc.

Describir nuestra propia Visión es un proceso creativo; no te preocupes, ante una necesidad todos podemos serlo, y tú vas a crear el mapa del lugar a donde quieres llegar y como vas a estar.

Busca un espacio mental y físico, donde puedas estar relajado y claro de mente. Rompe tus formas de pensar tradicionales y abre tu mente; la vida le da a cada quien según sus creencias.