Ya nos han dicho acerca de todos los males que puede provocar el estrés crónico, enfermedades como la diabetes, depresión, resistencia a la insulina, hipertensión, etc., y que además, “produce un desequilibrio bioquímico que debilita nuestro sistema inmunológico frente a diversos virus o alteraciones”.

Este efecto negativo en el organismo se da en forma gradual, poco a poco; lo peor es que algunos organismos se acostumbran a estar estresados, y hasta se llegan a hacer adictos a la sustancia que directamente los daña, el cortisol.

Pero algo más peligroso todavía, un nivel elevado y constante de cortisol “llega a afectar de forma directa a nuestros procesos cognitivos; aspectos como la memoria, la atención, la resolución de problemas o incluso la toma de decisiones” manifiestan una disfuncionalidad cuando eso sucede.

Y todavía peor, diversos estudios nos revelan que los niños criados en entornos estresantes y con familias disfuncionales, muestran un desarrollo cognitivo deficitario. El cortisol elevado afecta su desarrollo cerebral, por lo que “pueden presentar serios problemas en el aprendizaje y en el rendimiento escolar”.

Con el tiempo, mucha gente pierde capacidades competitivas, y hasta fallecen por ciertas enfermedades que los médicos califican como cáncer, infarto, diabetes, etc., cuando en realidad esa enfermedad o muerte tuvo sus raíces en la excesiva cantidad de cortisol generada permanentemente por el estrés. 

Sin embargo, está en nuestras manos la solución a todo esto. Diariamente, date tiempo para relajarte, olvidarte de todo, buscar distracciones sanas.

Si es tu caso, deja de preocuparte por todo lo externo a tu persona y mejor ocúpate de lo tuyo, y con lo que de plano no puedas, encárgaselo al Creador o al santo de tu devoción.

Conservar grandes cantidades de cortisol dentro de nuestro organismo por días, meses o hasta años, llega a ser tan nocivo como un veneno. 

Esto va afectando, gradualmente, las funciones de diferentes órganos, y si no lo reducimos a las necesidades básicas, con el tiempo, de una manera o de otra, enferma y llega a matar.

Nos han dicho que para funcionar y sentirnos bien, nuestro organismo requiere diariamente ciertas cantidades de cortisol, más conocido como la hormona del estrés, misma que producen nuestras glándulas suprarrenales.

Además, que ante situaciones muy demandantes o de peligro, nuestro organismo lo genera en mayores cantidades para ayudarnos a responder rápido y eficazmente, ya que es el combustible que nos da la energía para ello. 

Sin embargo, las exigencias laborales, familiares y económicas, así como el tráfico y la inseguridad que vivimos, entre otros aspectos, nos mantienen en un estrés constante, que hace que grandes cantidades de cortisol, permanezcan por mucho tiempo en nuestro organismo.

Hace dos años, la revista Forbes publicó un artículo en el que anotaba que los mexicanos somos los más estresados del planeta, y que teníamos el primer lugar en estrés laboral en el mundo, “por encima de países como China (73%) y Estados Unidos (59%)”, esto de acuerdo con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aseguraba, que era “resultado del desequilibro entre las exigencias y presiones a las que se enfrenta un trabajador, por un lado, y sus conocimientos y capacidades, por el otro”. Por su parte, la OMS decía que era debido “al modo en que se definen los puestos y los sistemas de trabajo, y la manera en que se gestionan”. 

Seguramente hay mucho de ambas causas. ¿Crees que ahora estemos mejor?

Respirar es una de las funciones más importantes del cuerpo para mantener y prolongar la vida.

Debemos aprovechar la flexibilidad del diafragma para que el pulmón se expanda hasta el punto de aprovechar toda su capacidad.

Como la respiración es algo que podemos controlar y regular, es una herramienta útil para lograr un estado relajado y claro de la mente.

Respirar de forma controlada no sólo ayuda a que el cuerpo y mente trabajen al máximo, sino que también puede proveer los siguientes beneficios:

• Reducir la presión sanguínea.

• Combatir el estrés, la depresión y la ansiedad.

• Lograr un estado de relajación.

• Desintoxicar y liberar toxinas del cuerpo.

• Aliviar el dolor y problemas emocionales.

• Aumentar la masa muscular.

• Fortalecer el sistema inmunológico.

• Mejorar la calidad de la sangre.

• Fortalecer el corazón.

Ejercicios de respiración efectivos para relajación, reducir la ansiedad y el estrés. Técnica 4-7-8.

El siguiente ejercicio es un tranquilizador natural y mientras más lo hagas, mayor su efecto. Para aprender el ejercicio tendrás que hacerlo en un posición sentada con la espalda derecha, pero una vez que lo domines lo puedes hacer cuando quieras y como quieras.

Instrucciones:

• Exhala completamente por la boca, haciendo un sonido de “fuuuu”.

• Cierra la boca e inhala silenciosamente por la nariz mientras cuentas hasta cuatro (4), permitiendo que se expanda tu abdomen.

• Aguanta la respiración contando hasta siete (7).

• Contando hasta ocho (8), exhala completamente por la boca haciendo un sonido de “fuuuu”, sintiendo que tus hombros, brazos, espalda y estómago se van soltando.

Repítelo tres veces seguidas, por la mañana y por la tarde-noche. Además, puedes hacerlo cada ocasión que te sientas tenso o entres en pánico.

Si sientes mareo al hacer este ejercicio, no te preocupes, es normal y te pasará pronto.

Hasta hace poco andaba muy estresado, era tanto mi problema que lo tomaba como pretexto para echarme mis chelas diariamente, sólo así me tranquilizaba.

Ustedes saben bien cómo han estado las cosas en la sociedad: el tráfico, Trump, el dólar, las presiones del trabajo, los corajes porque mi equipo no gana, etc.

Dentro de mí, reconocía que la técnica de las chelas, para quitarme el estrés, no era muy inteligente; además, mi bolsillo no lo soportaría por mucho tiempo.

Acudí al médico, quien me platicó de los beneficios de la respiración profunda para combatir este problema.

Me comentó que la calidad de nuestra respiración determina la calidad de nuestra vida; que la salud, el estado de ánimo, la energía, la creatividad, etc., dependen del suministro de oxígeno que nos proporcione nuestra respiración.

Me explicó que la mayoría de nosotros respiramos con el pecho, lo que se conoce como respiración superficial, y eso no permite entrar la suficiente cantidad del oxígeno que necesitamos, lo que ocasiona que aumentemos nuestros niveles de tensión y ansiedad, síntomas del estrés.

Este tipo de respiración superficial impide que el aire llegue hasta la parte más baja de los pulmones, limitando su capacidad.

Son malos hábitos de respiración que tiene mucha gente y que pueden ocasionar, entre otros problemas, la hiperventilación que consiste en respirar en exceso, ocasionándonos ansiedad, taquicardia, cansancio, agitación, debilidad, mareos, etc.

Para disminuir los niveles de tensión y ansiedad,  me recomendó hacerme el hábito de la respiración profunda, que es través de la expansión del abdomen.

Son una serie de ejercicios que he practicado regularmente desde entonces, sobre todo cuando estoy muy tenso o entro en pánico y, de veras, me relajo bastante.

La verdad es que cuando me dejó mi pareja, no me sentí tan mal como cuando perdí mi celular en el Metro, bueno me lo robaron durante los empujones con los que entro siempre a los vagones.

Fueron dos semanas sin teléfono, durante las cuales, me sentí inútil, aislado, desprotegido, abandonado, desesperado y hasta de mal humor andaba. 

Como todos los domingos en la mañana, me reuní con cuatro amigos en un restaurante de Iztapalapa, zona por donde vivo, para platicarles de mi pérdida, pero durante la reunión sentí que ninguno “me pelaba”; la mayor parte del tiempo todos atendieron más a su celular. Realmente es una “tragedia” andar sin celular.  

Por fin, compré uno nuevo y recuperé mi número, pero ahora para colmo, inmediatamente, falló el Whats, el Face y el Instagram; la verdad quería demandarlos. 

Hasta tuve que ir a ver al sicólogo, quien me explicó que soy un “Nomofóbico”, nombre que les dan a los muy dependientes del celular, y que según, es el miedo irracional a estar sin él. 

Según diversos estudios, casi la mitad de los usuarios de celulares somos dependientes obsesivos del celular. Muchos no lo reconocen, ni lo aceptan, pero están altamente apegados a estos teléfonos. El problema es que sin darse cuenta ya están afectando sus vidas. 

Esta afectación se nota en el trabajo, donde lo usan mucho y bajan su productividad; con los amigos porque su relación ahora es menos personal; aumentan su riesgo, porque al caminar, manejar, o al pasear a sus hijos o mascotas, distraen su atención  de ellos. Afecta la relación familiar porque no les hacen caso a sus hijos, pareja, etc.

¿Tú que opinas de esto?

Por algo, cada vez hay más programas de humor, algunos tan corrientes y ofensivos como los del canal televisivo “Comedy Central”, otros de doble sentido y tan babosos como “los Peluches”, “Nosotros lo guapos”, “40 y 20” y hasta “El chavo del ocho”, pero todos nos han ayudado a compensar problemas, incertidumbre, frustraciones, etc. 

¿Pero qué tienen esos programas? Nos hacen reír, y a veces hasta a carcajadas.

Nuestro cuerpo, nuestra mente y hasta nuestro espíritu nos está pidiendo a gritos, algo que nos divierta.

Los científicos aseguran que la risa tiene un alto impacto en nosotros a nivel orgánico, psicológico y espiritual.

A nivel orgánico, baja la presión sanguínea, tonifica y relaja los músculos. A nivel psicológico, eleva la autoestima y autoconfianza, reduce la depresión y facilita la comunicación. 

Sus efectos específicos son: 

• Alivia dolores a través de la segregación de endorfinas que se activan con la risa

• Combate los virus y las bacterias

• Fortalece el corazón y ayuda a prevenir el infarto 

• Elimina el insomnio, facilitando el sueño

• Elimina el estrés, debido a las endorfinas y adrenalina que producen ciertas hormonas 

• Alivia la tensión y aleja el miedo

• Alivia la depresión: nos hace ser más receptivos y ver el lado positivo de las cosas

Reírse es una función necesaria para mantener el bienestar físico y mental. Es una forma excelente para lograr la relajación.

• Aumenta la capacidad pulmonar, oxigenando los tejidos 

• Ayuda a aliviar el estreñimiento 

• “Morirse de la risa” proporciona un masaje vibratorio en todo el cuerpo 

• Elimina toxinas, y favorece la agilidad mental, gracias a la descarga de dopamina

• Calma el hambre y la ansiedad debido a la estimulación de la serotonina

Sonríe siempre; ríete de todo, con todo; de ti y contigo; con otros y de otros. Busca cosas, lugares, sucesos, personas que te hagan reír.

Las aprendí desde niño; por el énfasis que le ponían quienes las decían, eran para mi fáciles de recordar, ya que además eran concisas y breves.

Sin embargo, mi familia me prohibía decirlas porque según ellos, las groserías sólo las expresaban “los pelados, los corrientes, personas con poco vocabulario”, que nosotros éramos diferentes y no podíamos parecernos a ellos. ¿Tú crees?

Ahora, me doy cuenta que debía haberlas practicado desde entonces, pues los dizque pelados parecían ser más felices que yo; cuando las decían yo observaba que les dejaban de preocupar muchas cosas.

Poco a poco, he ido aprendiendo que decirlas no es tan malo; nos hacen sentir bien ya que expresan mejor mucho de lo que queremos decir.

Las decimos cuando nos enojamos, ya sea porque las cosas no nos salen como esperábamos o porque el coche de al lado se nos metió en nuestro carril, y más aun cuando alguien nos agrede o nos humilla o nos ganó el lugar, y aunque no se lo digamos de frente, nos vienen a la mente muchas de ellas.

La fuerza y rigor que ponemos al pronunciarlas nunca es el mismo que el resto de las palabras que decimos cuando platicamos con alguien.

Cuando auténticamente las expresamos o sólo las sentimos sin decirlas, en ese momento las facciones de nuestra cara se transforman y nuestra voz cobra más fuerza, hasta nos hace parecer más valientes y feroces.

Los especialistas del tema, aseguran que las groserías tienen funciones psicológicas, emocionales y sociales y que son parte de nuestra vida; todo mundo, poco o mucho, las dice o las piensa, y han sido comunes en todas las culturas. ¡Y sí!

Las expresamos cuando platicamos con amigos o familiares, muchas veces dentro de una queja, otras, en buen plan, como reconocimiento a una virtud particular de alguien (“ese tipo sí es un chingón”); algunas veces nos pueden acercar o identificar con algunas personas, ya que demuestran sinceridad.

Son aquellas palabras que nos gustaría decirle a los que nos han querido dañar u ofender; aquellas veces que hemos sentido impotencia ante jefes, clientes, proveedores o cualquier persona con la que no queremos quedar mal, y tenemos que “tragarnos” el coraje, lo que nos va acumulando resentimientos, que de alguna manera tenemos que eliminar para sentirnos bien y no enfermar.

Esos son momentos en que hay que buscar el lugar, el momento y las personas a quien platicarles nuestro coraje y decir groserías, sin más. Decir groserías nos ayuda a comunicar nuestras emociones con más precisión.

Las groserías en general, son descriptivas, enfáticas, catárticas, liberadoras, energéticas y nos desahogan, sobre todo cuando andamos estresados, traemos muchas represiones, restricciones, cuando hemos sido discriminados, rechazados, cortados, bateados, etc. Decirlas, es como una forma de analgésico, liberan endorfinas y hacen que disminuyan los dolores.

Así que, tú amigo, cuidando que el contexto sea el adecuado para decirlas, no sientas pena por expresarlas. ¡Desfógate!

La verdad es que en ciertos momentos son útiles, necesarias y convenientes porque decírselas a alguien a quien le tenemos resentimiento o mucha confianza, sana nuestro espíritu, aunque pudiera tener sus riesgos.

Todo depende del lugar, la gracia que se tenga para decirlas, del momento, del contexto, la frecuencia, de lo ofensivas que sean y frente a quien se digan.

Sin embargo, lo paradójico de las groserías es que si las decimos siempre, en todo momento, en todo lugar y a todos, pierden su efecto positivo. Además de que ya no nos libera de penas, dolores y preocupaciones, pueden convertirse en peladeces o podemos crear mala imagen.

Muchas personas tienen el hábito de comer rápido, ya sea por el apuro de platicar, el poco tiempo que tiene para comer, la ansiedad, o porque piensan que el hambre se saciará más rápido.

Quien padece las consecuencias de esto es nuestro sistema digestivo, debido a que se tarda en digerir los alimentos provocando gases estomacales que llegan a ser muy molestos, gases en el colón con sus respectivas molestias también, flatulencias, etc.

“Comer apresuradamente no es más que un reflejo de lo acelerados que estamos. Es síntoma de que buscamos la gratificación instantánea en el siguiente bocado, al siguiente momento, en el siguiente día, en lugar de valorar el presente”.

Hábitos saludables a la hora de comer:
1.- Respiración: Inhala y exhala, profunda y lentamente al sentarte a la mesa, hazlo dos veces; con esto estarás eliminando el “acelere” dominante antes de sentarte.
2.- Descanso mental: No pienses en tu trabajo y en ningún problema a la hora de comer. Si quieres un poco de ruido, pon música suave.
3.- Partir bocados más pequeños. Además de beneficiarte, te verás elegante.
4.- Masticar despacio: Aprovecha los puntos anteriores para masticar, bien y mucho los alimentos, sobre todo si es algún tipo de carne.

El masticar bien, despacio y hasta triturar los alimentos, nos proporciona muchos beneficios.
1.- Se mejora la digestión debido a que los nutrientes viajan y se absorben más fácilmente;
2.- Se reduce la acumulación de bacterias nocivas que provocan, además de flatulencia, mal aliento.
3.- Se saborea y se disfruta más la comida.
4.- Se hace trabajar menos al estómago con lo que habrá más energía para todo.
5.- La mente estará más despejada a la hora de trabajar.

La gente con mucho estrés o con un temperamento irritable requiere ingerir alimentos que contengan fuertes cantidades de complejo “B”. Los intolerantes a la lactosa u otro tipo de alimentos como el Brócoli, la Coliflor y los frijoles, sobre todo los negros, pueden padecer de gases intestinales o colon irritado, y tendrán que hacer esfuerzos adicionales para desempeñar bien sus funciones.

La calidad de los alimentos también es un aspecto que hay que cuidar mucho; en épocas de calor aumentan las infecciones y hay que tener cuidado principalmente con lo que ingieren los niños.

Si a todo lo anterior todavía le aumentamos la deficiencia en los nutrientes de diferentes alimentos, veremos la gran necesidad que tenemos de cuidar lo que comemos.
No estamos tomando los nutrientes que requerimos en forma personal y específica. Estas deficiencias justifican la necesidad de ingerir suplementos alimenticios. A manera de ejemplo, sabemos que el desgaste de las tierras en algunas regiones del país ha provocado que algunos vegetales disminuyan su dosis de ácido fólico, cuya deficiencia puede llegar a provocar discapacidades en los infantes.

Para estar en condición de desempeñar bien nuestras tareas diarias debemos sentirnos física y mentalmente saludables, debemos hacer nuestra propia pirámide alimenticia. La mejor dieta tiene que ser personal, y, por lo menos, debe responder a las siguientes características:
• Sexo
• Edad
• Tipo de trabajo o profesión
• Características personales como estado de salud, intolerancia a algunos alimentos, etc.

Nuestra salud y nuestro desempeño en la vida dependen mucho de nuestra alimentación; incluso la forma como nos vemos y nos ven los demás depende fuertemente del tipo de alimentos que ingerimos, de su calidad y la cantidad de los mismos.

Recordemos que alimentación no es lo mismo que nutrición. La mayoría de los mexicanos comemos por gusto más que por conciencia o conveniencia y eso descuida nuestra salud y puede llegar a provocarnos serias enfermedades.

Ya hemos visto que el descuido en nuestra alimentación ha conducido a muchas enfermedades caras y peligrosas. De nuestros padres pudimos heredar algunas enfermedades pero nosotros hemos contribuido a que detonaran con mucho riesgo.

Los excesos en azúcar, grasas, carbohidratos sumados al estrés de las grandes ciudades y aunados al sedentarismo han provocado crisis sociales de salud muy graves.

Pensemos, a manera de ejemplo, que no se puede alimentar igual a un albañil, quien necesita muchos carbohidratos porque su trabajo es físico básicamente, que a un ejecutivo que está muchas horas sentado y que usa más su cerebro, o el mismo detallista de una tienda de abarrotes, que hace funciones tanto físicas como mentales.

El albañil quema mucha energía, necesita abastecerse de una buena cantidad de carbohidratos. Si el ejecutivo ingiere las mismas cantidades tendrá sobrepeso o gordura, a menos que practique algún deporte sistemáticamente para quemar sus excesos, pero aún así su rendimiento mental no será el deseado; esta persona requiere más frutas y verduras y menos tacos, tortas y tamales.

Si hablamos de cantidad, tipo de comidas, y calidad de las mismas, un adulto de 55 años no puede comer lo mismo que un joven de 18. El metabolismo de cada uno es diferente.