“El egoísmo es la clave para la felicidad”, asegura la doctora Marisa Navarro. Yo diría que hasta es muy necesario para lograr nuestros objetivos.

Esto te puede parecer algo exagerado e inhumano, pero tiene su justificación. 

Para que tú seas más eficaz en tus actividades, es necesario que estés muy bien en todos los sentidos; para ello se requiere que te des la atención, la preferencia y la prioridad en todas las situaciones, siempre con el único fin de funcionar en forma óptima.

Si tú no estás en las mejores condiciones para funcionar excelentemente en tu vida personal o profesional, te costará mucho trabajo poder servir a otros. 

Para dar los mejores resultados que  tus clientes esperan de ti o para ser buenos padres o esposos, debes procurarte siempre con la mejor alimentación y el mejor descanso posible. 

Piénsalo, sólo los que están bien, tienen la posibilidad de ayudar a otros a que también lo estén. 

Por ello concuerdo con la autora de la frase “el egoísmo es la clave para ser feliz”, pero no como un fin exclusivo, sino como un medio para ascender y servir a otros de la mejor manera.

Lo creas o no, lo aceptes o no, lo entiendas o no, ser egoísta no es tan malo; todos necesitamos ciertos niveles de egoísmo.

La necesidad de ser egoísta se vuelve extrema en momentos de crisis personales o en momentos definitorios; por ejemplo, cuando nos  deja una pareja, para poder emprender un negocio o para ganar en un deporte, en esos momentos tenemos que pensar sólo en uno mismo.

Ahí se trata de anteponer el interés propio al ajeno, de dejar a un lado los intereses y necesidades de los demás, para lograr lo que queremos o necesitamos. 

En mi último trabajo que tuve como empleado, antes de ubicarme en el mostrador de ventas, me mandaron a tomar un curso sobre actitudes; sí, sobre las formas en que nos comportamos y tratamos a los demás, y que aplicamos diariamente en todo y con todos. “Válgame…”, algo no muy  bueno han de haber descubierto en mis exámenes psicométricos.

En el curso me enseñaron y me convencieron de que cuando la gente acude a un negocio a comprar un producto o servicio, la mayoría prefiere un buen trato, a sólo ser despachado con rapidez y sin errores.

Una buena actitud, me decían, envuelve el producto o servicio que compramos o vendemos, le da más valor, lo enriquece; el cliente se va más satisfecho. Un buen trato puede olvidar fácilmente un error o  falla;  “el precio elevado de un producto se llega a olvidar, una mala actitud jamás”. Difícilmente regresamos a un lugar donde nos hacen malas caras.

Es cierto, la buena actitud hace más personalizado el producto o servicio, lo hace más humano. Cómo decían los abuelos “trata a los demás como te gustaría que te trataran”.

No me había percatado, pero el expositor nos habló de que la tecnología, la inseguridad, la corrupción, etc., le ha restado importancia a la parte más esencial del ser humano, el contacto afectivo.

Un “buen día”, un “que le vaya bien”, un “en un momento lo atiendo”, un “cuídese”, mejora la calidad de los productos o servicios que se venden.

Me dieron buenos argumentos de que en los negocios particulares pequeños se puede lograr esto con mejores resultados. No obstante, he visto que hasta en los principales bancos del país están haciendo esfuerzos para que salgamos con mejor sabor de boca que antes; ahora ya sonríen y preguntan ¿se le ofrece algo más?

“Veámoslo así, dos personas que piensan de forma distinta pueden lograr más que dos personas que piensan de forma similar”.

Todos somos diferentes pero en eso está la riqueza de un equipo deportivo o de trabajo, o de una nación; y en eso, en las enormes diferencias que hay entre nosotros, está la riqueza de México.

Muy pocos países tienen las más de 60 etnias indígenas que hay en este país, los grandes desiertos y abundantes bosques, la enorme diversidad de gente de muchos países del mundo radicando desde hace años en México, españoles, judíos, argentinos, chilenos, colombianos, etc.

“Todos somos diferentes, pero ahí está la riqueza, porque todos somos complemento de todos …. Podremos apreciar mejor la diferencia cuando nos demos cuenta de que nosotros no somos todo, sólo somos una pequeña parte del todo, y que ninguna persona es mejor que otra, sólo es distinta”.

Una vez que reconozcamos que todos vemos de forma distinta el mundo, y que todos podemos tener razón en cómo lo interpretamos, aumentará nuestra comprensión y respeto hacia los puntos de vista diferentes.

¿Qué nos impide aceptar las diferencias?

• Nuestra ignorancia respecto a que desconocemos lo que piensan y sienten los demás.

• Cuando pertenecemos a un grupo cerrado o exclusivo donde hay una autoridad superior que influye en nuestro modo de pensar.

• Los prejuicios que traemos y que hemos aprendido de otras personas o de los medios de comunicación, entre otros. “Es importante superarlos para lograr la sinergia y defender la diversidad”.

Nunca podremos tener los beneficios de la sinergia mientras no entendamos, aceptemos, respetemos y aprovechemos las diferencias de los demás.

Si alguna vez te sentiste relegado por ser diferente, en vez de mezclarte y ser como los demás, enorgullécete de ello y haz sinergia con otros, busca cómo ser complemento de otros.

Posiblemente te preguntarás que es eso de sinergia, para qué me sirve, cuánto voy a ganar, o quizá cuando termines de leer este artículo me contestes: “No, ahorita no puedo, no tengo tiempo, otro día”.

Lo mismo decía yo hasta hace poco, hasta que me di cuenta que la sinergia es algo que ya existe en todo el planeta, entre personas, animales, plantas, etc.

Te hablo de que la única forma de realizar algo, de lograr un objetivo es a través de la cooperación o unión funcional de otras personas. Esta cooperación integradora es lo que se conoce como sinergia, y la encontramos y vemos en todas partes.

¿Es conveniente?, sí, porque sólo cuando hay sinergia funcionan bien las cosas y los equipos, porque en esto se respetan y aprovechan las diferencias de cada uno de los participantes.

Un equipo de cualquier deporte no funcionaría bien si no fuera por la sinergia entre ellos. Cada jugador, en su respectivo puesto coopera para funcionar bien.

Si alguna vez estuviste en un equipo, ya la sentiste.

Un matrimonio funciona mejor cuando hay sinergia, salvo cuando cada uno jala por su lado.

Vale la pena entender esto porque lejos de criticar o menospreciar que otros sean diferentes a nosotros llegamos a agradecer sus diferencias. Las llegamos a considerar más como ventajas que como debilidades. Los líderes entienden bien esto cuando llegan a sumar y conjuntar esas diferencias.

A muchos, a pesar de nuestra madurez y de nuestra interdependencia con todos los demás, nos cuesta trabajo aceptarlos. Pero ahora más que nunca debemos aceptar la importancia que todos tenemos en nuestro contexto.

Es cierto, cuesta trabajo aceptar que otros sean diferentes a nosotros, que no piensen y actúen como nosotros queremos, pero cuando vemos las ventajas de ello llegamos a celebrar esa diversidad, y entenderemos que “el todo es mayor que la suma de sus partes”.

Algo es muy cierto, unas buenas vacaciones son tan importantes para el cuerpo, como el dormir bien.

Éstas no necesariamente tienen que ser largas ni costosas; la calidad tiene mucho que ver. 

Unos días de descanso para apreciar la naturaleza y olvidarse de las tareas diarias, son suficientes para que el cerebro recargue energía y podamos mejorar nuestras funciones en general.

Existen dos situaciones extremas. Por un lado, argumentando que tienen que descansar, algunos tienen la oportunidad de vacacionar cada año; sin embargo, además de muy gastados, regresan más cansados que antes. Por otro lado, muchos empleados de gerencia media y muchos propietarios de negocios pequeños, pasan hasta 10 años sin salir de vacaciones. 

Tomar vacaciones no es cuestión de lujo, en realidad es una necesidad que, en mayor o menor grado, todos tenemos.

Necesitamos hacerlo bien; unas vacaciones verdaderamente efectivas, requieren de desconectarse totalmente del trabajo, del celular, la compu, los problemas, etc. 

A ti, ¿para qué te gustaría salir de vacaciones? La mayoría dice que para descansar, divertirse, olvidarse de los problemas que tienen; eso es bueno. 

Pero más allá de la diversión y sacarnos de la rutina, los beneficios de unas vacaciones de calidad son los siguientes:

1.- Nos ayudan a bajarle al estrés

2.- Evitan muchas enfermedades

3.- Nos ayudan a vivir más y mejor

4.- Mejoran nuestra salud mental

5.- Nos hacen más creativos y ayudan a ver las cosas de mejor manera

6.- Mejoran nuestras relaciones familiares, laborales, etc. 

7.- Nos hacen más alegres, activos, eficientes y eficaces

Aprovechemos cada segundo de cualquier fin de semana, puente o vacaciones largas, para relajarnos.  

Otro factor clave en una tienda, es la buena iluminación; hay tres opciones a las que podemos recurrir: la iluminación fluorescente, la incandescente y la halógena. 

Cada una de estas luces tiene características y usos distintos:

• La fluorescente es la correcta para dar luz de fondo pero no es la más favorecedora, es azul y achata los productos. 

• La incandescente es cálida y ayuda a que los colores se aprecien de manera más exacta. 

• La halógena es excelente para destacar y acentuar productos ya que es blanca y brillante.

Por lo general las tiendas tienen una combinación de todas o algunas de ellas.

Respecto al acomodo de los productos recordemos que éste debe de cumplir dos funciones:

• Facilitar la compra para el consumidor, al hacerlos accesibles y visibles para él. 

• Generar compras adicionales al presentarlos con todos sus posibles complementos y compañeros lógicos.

Sin embargo, antes de empezar a invertir en nuevo mobiliario o cambiar la iluminación hay cinco puntos que debemos de tener en cuenta siempre: 

1.- La limpieza y cambiar los focos fundidos; una zona sin iluminación es un  punto ciego para el cliente. 

2.- El volumen de la música; ésta es sólo para generar un ambiente, no una invitación a una fiesta. 

3.- Las ventanas y vitrinas de la tienda son sólo para mostrar algunos productos; no llenarlos al grado que impidan ver lo que hay dentro.

4.- El piso de venta no es la bodega, dejemos espacio para que el cliente se pueda mover y se vea la tienda espaciosa. 

5.- Utilicemos el sentido común, coordinemos colores y productos dentro de la tienda para que sea agradable a la vista.

Emma García Valenzuela, investigadora del ITESM, nos hablaba en una de sus conferencias que el diseño visual de una tienda es el mejor vendedor que se puede tener. 

Este aspecto, aseguraba la conferencista, invita al consumidor a entrar y comprar, genera la atmósfera y el ambiente de la tienda y hace más fácil y agradable el proceso de compra.

Nos decía que la imagen de nuestro negocio, no importa si es grande, mediano o chico, lujoso o no, es como un vendedor mudo, que siempre está ahí, dando la cara por nosotros sus propietarios.

Es cierto, el arreglo de nuestro negocio, es como el arreglo personal, ¿Tú te acercarías a alguien que está mal vestido, sucio, huele mal, etc., pues lo mismo sucede con tu tienda.

Hay gente que no se fija en esas cosas, o que “le vale” con tal de que esté cerca, pero aunque lo dudes las tiendas de abarrotes particulares y de cadena, siguen creciendo, y ¿Qué tal si otro negocio similar se pone cerca de tu tienda?.

Como una especie de síntesis, la expositora nos hizo las siguientes recomendaciones: 

Cuidemos que nuestra tienda sea armoniosa; el piso de venta y la bodega son espacios distintos y con diferentes objetivos, no hay necesidad de tener todo a la vista del cliente. 

El piso de venta es para exhibir la mercancía y que el cliente la pueda ver, tocar y probársela. El tener demasiados productos en exhibición puede ser contraproducente, confunde al consumidor y da una imagen de desorden.

Para desarrollar el liderazgo no es necesario grandes estudios académicos, pero sí tener actitudes para: 

a) Aprender continuamente, sobre todo de la gente, de sus necesidades. 

b) Para motivarnos ante nuestras dificultades.

c) Para conocernos bien y ponernos objetivos y metas, con una perspectiva amplia de las cosas (visión).

d) Para que, a nuestro estilo, poder comunicar esa visión a nuestro equipo (familia, empleados, compañeros, etc.). 

Que no nos preocupe si no somos perfectos, en el mundo ha habido líderes mudos, tartamudos, invidentes, con “capacidades diferentes” etc. No toda la comunicación es, o tiene que ser verbal.  

Un líder necesita altos niveles de energía, tolerancia, paciencia, aceptación, tenacidad. El buen líder es el que está convencido de que las cosas salen mejor en equipo, aportando cada quien su naturaleza, a pesar de los errores que se pudieran cometer.

Un líder no es aquél que grita ni el que presume que lo tiene todo, tampoco es el que tiene el máximo poder en una empresa, estos son personas con autoridad, nada más.

En la práctica, un líder está tan ocupado en los detalles que lo llevarán a su objetivo que se planteó, que no tiene tiempo para rencores, ni envidias, ni venganzas.

Un buen líder es considerado desarrollador y facilitador del crecimiento de su gente. Entiende que las personas son más importantes que las cosas. Identifica los estilos de su gente y los desarrolla dentro del objetivo general de su negocio.

Si tú tienes algo de esto, desarróllalo, hazlo crecer y ve ampliando tu perspectiva de los demás aspectos que tiene o debería tener un líder para que otros te sigan y te tomen de ejemplo.

Ya nos has leído algunas veces sobre este tema, pero vamos a seguir insistiendo aunque parezca redundante; es sólo con el fin de que lo tengas siempre presente.

Algunos actúan como líderes cuando están de buenas, pero se enojan fácilmente, empiezan a gritar y hasta patalean cuando algún empleado comete un pequeño error.

De acuerdo con las nuevas corrientes, entre los grupos y equipos de cualquier tipo, hay tres clases de personas: líderes dominantes, líderes seguidores y simplemente seguidores; estos últimos son la mayoría; sin embargo, hasta los meramente seguidores son líderes también en sus respectivos mundos personales: en lo personal, familiar, social, etc.

Todo es cuestión de reconocer lo que somos y ubicarnos en cada área de nuestro diario hacer.

Lo interesante del liderazgo es que hay líderes que reconocen el liderazgo de otros y lo aprovechan, lo hacen crecer, lo desarrollan.

Muchos líderes nacen, pero la mayoría se hacen, y esto es más meritorio. Todo depende del carácter con que nacemos, del nivel de autoestima, de lo que hemos aprendido y de las responsabilidades que tengamos.

No tenemos que hablar muy bonito para ser líderes, tampoco tenemos que ser seguidos por miles de gentes, ni ser los número uno en una área, ni ser millonarios, ni políticos, en última instancia basta con saber inspirar, sobresalir en nuestra misión.

Liderazgo es una tarea que todos necesitamos desarrollar, principalmente para guiarnos a nosotros mismos, para motivarnos cuando lo necesitamos, para controlar nuestros impulsos, nuestra pereza, nuestro desánimo, etc.; para guiar a nuestros hijos y a nuestra familia.

En todos los negocios, por pequeños y sencillos que parezcan, hacen falta líderes.

Estamos a medio año; es tiempo de “armar” un plan para lo que resta de 2019.

¿Cuántas cosas pueden suceder en los siguientes seis meses? Podríamos tener más competidores, nuevos productos, nuevas promociones por parte de proveedores, y muchas cosas más que nos podríamos imaginar, todas con altas posibilidades de que sucedan.

Es un hecho que cuando las personas trabajamos sobre metas específicas desarrollamos más nuestro potencial. 

No tener metas en la vida es como ir en un barco a la deriva; imagínatelo: la tripulación, tu familia, tus clientes, etc., le preguntan al capitán o capitana, que eres tú en este caso ¿A dónde nos dirigimos?, y él contesta, ¡no sé!.   

Si tenemos suerte los vientos nos llevarán a lugares  tranquilos, pero nuestro futuro no podemos dejarlo a la suerte, nos estaríamos jugando el destino propio y de nuestra gente.

Por ello, se hace necesario y conveniente tener metas que nos hagan levantarnos con más ganas en las mañanas y que nos den luz para visualizar las rutas que debemos tomar; que den sentido y razón a nuestras actividades diarias.

Tener una meta nos permite centrar nuestras energías para descubrir las maneras de alcanzarla. Cuando trabajamos sobre algo en específico nuestro subconsciente nos mueve a lograrlo rompiendo paradigmas que antes nos bloqueaban.

Las metas deben cumplir tres condiciones básicas para que se logren, deben ser: 

• Realistas: Que las condiciones del entorno y nuestras habilidades y preparación permitan lograrla. 

• Alcanzables: Todo acorde a nuestras capacidades. Esto evitará frustraciones.

• Medibles: Hacer un cuadro de avances parciales, indicando tiempo y acciones realizadas. Esto nos permitirá ver lo que nos falta para llegar a la meta. 

Una vez fijada una meta preguntémonos ¿Qué tengo que hacer para lograrla? ¿Cómo y cuándo? Esto se traducirá en un plan de acciones específicas que nos conducirán a ello.