De pronto conocemos a alguien que nos gusta, que nos deslumbra con su forma de hablar, con su presencia, por el dinero que gana, por cómo huele, y nos decimos que esa es la indicada, ¿nuestra pareja ideal!, y que esa persona nos hará felices.

Pero ¡ohhh!, pasa el tiempo y nos damos cuenta que nos equivocamos, que no es lo que esperábamos. ¿Por qué sucede esto?

La mayoría estamos dependiendo de otra persona para lograr nuestra felicidad, buscamos que se ajuste a nuestros gustos y necesidades.

Pero la realidad es que la pareja ideal es sólo un mito, un deseo inalcanzable, no existe afuera, quizá por eso muchos jóvenes deciden no casarse. Para qué comprometerse con alguien, a largo plazo, si no es tal como uno quiere que sea.

Deberíamos dejar de buscarla y de esperar que  aparezca.

La pareja ideal, podemos irla formando nosotros mismos, poco a poco con un poco de inteligencia y paciencia.

Cómo ir formando a la pareja ideal:

• Busca a alguien que te guste y con quien puedas armar un proyecto de vida común.

• Conviértete en la pareja ideal de esa persona.

• Crea con ella una relación …

– Donde haya libertad y confianza, y donde se acepten las imperfecciones de ambos.

– Donde las cosas que no nos gustan del otro se comprendan y se asuman con respeto.

– Donde haya una unión de corazones y mentes frente al mundo, en una especie de complicidad.

• Haz una relación “donde ambos logren fusionarse y sientan placer del otro, donde haya comunicación total en el lenguaje de sus cuerpos”.

• Una relación donde cada uno sea el mejor aliado del otro; donde haya reciprocidad en comprensión y cuidados; donde ambos se defiendan, se deseen, se echen de menos y se admiren.

Tu salud financiera está compuesta por dos partes:

1) El conocimiento y uso de las técnicas de finanzas personales

2) Tus propias creencias y actitudes hacia el dinero

Ambos componentes se interrelacionan y dependen el uno del otro. De nada sirve un conocimiento sólido en finanzas si las actitudes hacia el dinero son negativas. En caso contrario, una actitud positiva hacia el dinero no sirve de mucho si no se cuenta con los conocimientos y técnicas adecuadas para llegar al estado de prosperidad deseado.

No importan los libros que leas o los cursos a los que asistas, si no tienes una actitud y creencias sanas hacia el dinero, entonces tu riqueza no puede estar garantizada.

Las creencias hacia el dinero

¿De qué forma nos relacionamos con el dinero?. A través de los atributos que le otorgamos, establecemos determinado tipo de relación y conducta con respecto a éste.

Funciona de la siguiente manera:

Si nuestras asociaciones hacia el dinero son positivas (es bueno, ayuda, otorga seguridad, etc.), entonces es probable que le reconozcamos como una herramienta, estableciendo una relación sana y siendo más fácil generar estados de prosperidad.

Sin embargo, ¿qué sucede cuando las asociaciones hacia el dinero son negativas? Si al pensar en la palabra “dinero” lo que viene a nuestra mente son palabras tales como: malo, sucio, corrompe, sólo para unos cuantos, etc., será muy difícil que podamos motivarnos a establecer una buena relación con éste; después de todo ¿quién quiere llevarse bien con algo que le produce reacciones negativas?.

El pilar de la salud financiera es una relación sana con el dinero. El éxito del proceso está en descubrir lo que significa para ti el generar, tener, gastar o usar el dinero y éste es un proceso diferente para cada uno de nosotros.

Todo lo que nos ha sucedido en el pasado son lecciones que algo debieron enseñarnos y algo debimos haber aprendido; si las aprovechamos, podemos utilizarlas a nuestro favor y “sacarles provecho”.

Entonces, la tendencia que presente nuestra historia no es determinante, si es hacia abajo podemos invertir su dirección, mantenerla, retardarla o disminuirla, pero debemos conocerla y entenderla para poder influir en ella; de otra manera,  actuará en forma automática.

Arreglar nuestro pasado, ayuda a mejorar nuestro presente y limpia cualquier trauma, problema, frustración, complejo, etc.

Por lo que respecta a nuestro futuro, éste lo estamos formando en el presente. Nuestros planes, expectativas, sueños, etc. alimentan un futuro probablemente bueno.

Definitivamente, pasado, presente y futuro son importantes, cada uno en su proporción. 

Si no arreglamos nuestro pasado, muy posiblemente tengamos un presente no muy cómodo y sano.

El pasado es importante porque de ahí provenimos, ahí están nuestras raíces, ahí hemos aprendido las lecciones que la vida nos ha puesto, pero no nos quedemos mucho tiempo en él, porque nos evitaría concentrarnos en el presente.

El ciclo más importante es nuestro presente porque es lo más real que tenemos. El pasado ya pasó, y aunque está influyendo en nuestro presente, ya no existe. 

El futuro aún no llega, no existe, pero es muy importante porque es ahí donde vamos a pasar el resto de nuestros días y, queremos vivirlos con calidad.

El presente es el lugar desde donde podemos reconstruir nuestro pasado y construir nuestro futuro.

Nuestra historia personal se divide en tres partes: pasado, presente y futuro. Las tres están unidas de alguna manera, y se están influyendo mutuamente.

Veamos, nuestro presente se formó en el pasado, y en su proceso se marcó, a su vez, una tendencia, la cual tiene una fuerza inercial hacia el futuro.

Si esta inercia continúa sin ser alterada por otra fuerza que la detenga o cambie su dirección, podrá determinar nuestro futuro por sí misma. 

Nuestro pasado es nuestra historia personal en la que podemos ver nuestros antecedentes, los cuales explican, en buena medida, nuestro comportamiento y situación en el presente; según su calidad podrán ayudarnos a ser felices o no en el presente, facilitando nuestro desarrollo o bloqueándolo.

Este pasado está formado por todas las experiencias que hemos tenido, de lo que hemos aprendido; todo ello existe dentro de nosotros, y aunque conscientemente lo hayamos olvidado, está grabado en nuestro subconsciente y de alguna manera está influyendo en nuestro presente.

Mucha gente trae cargando cosas del pasado que le estorban en el presente; es una carga inútil formada por culpas, traumas, etc., que en el presente se manifiestan principalmente como miedos, complejos, resentimientos, frustraciones, etc. 

Sin embargo, el presente es lo único real que tenemos, en él podemos entender, ordenar y reescribir nuestro pasado y además, crear nuestro futuro. Cualquier aspecto negativo de nuestro pasado podemos arreglarlo en el presente.

En el presente, a través del análisis y la reflexión, podemos comprender y aceptar todo lo que hemos vivido; podemos perdonar, interpretar y reinterpretar nuestra historia personal y podemos, también, arreglarla y tomar lo positivo.

Muchas personas, mujeres y hombres, creen todavía en “la pareja ideal” como aquella que cubre todas sus necesidades, pero ya en la diaria convivencia se dan cuenta que la persona con la que entablaron una relación a largo plazo no era “la indicada”. ¿Qué pasó ahí?

Esa visión que se tiene de la pareja ideal, es sólo un mito, una utopía. No existe pareja ideal, porque nadie se puede ajustar totalmente a los intereses, necesidades o caprichos del otro; sobre todo cuando existen intereses personales diferentes, ya sean profesionales, mejores niveles de vida, o cuando, a pesar de caminar juntos son diferentes en gustos, intereses o necesidades propias, y a alguno de los dos le es incómodo avanzar así.

Después de muchos años de observar la relación entre parejas, se ha visto que ni hombres ni mujeres tenemos la capacidad para acoplarnos al otro como lo hacen exactamente dos medias naranjas o un engrane con otro.

La mayoría estamos buscando, inconscientemente, a alguien parecido a la madre o al padre, que tuvimos de niños.

En el primer caso quizá porque nos cuidaba, protegía, o porque guisaba rico, pero de alguna manera nunca rompimos el cordón umbilical que nos unía a ella.

En el segundo caso, las damitas admiraban a su papá por su energía, su autoridad, su forma de vestir o de hablar; porque las consentían mucho o se sentían muy seguras con él; en ciertos aspectos, inconscientemente, siguen de alguna manera enamoradas de él.

En muchos otros casos, las necesidades de cada uno son precisamente porque de niños carecieron de esas cosas que madre o padre satisfacen. Buscamos en una pareja a alguien que cubra esas necesidades, aunque éstas no sean auténticas.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, ya viviendo en pareja, cada uno va a reflejar las mismas circunstancias que vieron y vivieron de niños en sus familias.

Una “lucha de egos” sonaría como un pleito o guerra. Quizá no llegue a tanto, pero en el fondo, en muchas relaciones personales existe una batalla diaria en donde alguien siempre quiere ser superior a los demás, lo que conlleva a crear resentimientos y hasta enemistades.

Esto es algo característico de muchísimas personas, quienes en cierto grado buscan dominar a través del “juego psicológico” de las relaciones humanas; es decir, la dominación, el querer que el otro se comporte o sea como ellos quieren, que respondan a sus necesidades y exigencias.

Los psicólogos dicen que esto no es otra cosa más que  la “vulnerabilidad psicológica” que se manifiesta por los miedos que traemos desde antaño, buscando seguridad y protección a través de la dominación; el problema es cuando un ego crecido se enfrenta a otro ego igual. En esos momentos es cuando se presentan las discusiones.

“Las relaciones humanas hoy en día son básicamente de dominador-dominado, y esto es porque la gente busca ser el ganador en este juego, en el que se convierte la vida”. Se manifiesta una actitud sutil, algunas veces de agresividad, que no es otra cosa que el componente psicológico que sirve de base para la competencia.

En la gente con altos niveles de competencia se notan también, elevados niveles de energía o agresividad que canalizan en sus tareas, actitudes, compromisos, etc. (“ganadores en todo”), muchas veces tratando, en todo caso, de no perder la imagen, el ego, o lo que se llama “rol en el juego de las relaciones”; “perder la imagen creada o el rol significa ser el dominado, perdedor o fracasado”.

Algunos psicólogos dicen que la lucha de egos es una lucha contra nosotros mismos, contra nuestros propios miedos, y nuestras propias inseguridades; “con uno mismo”.

Cuidado, porque cuando nos invaden las ganas de querer controlarlo todo, algo que no sale como queremos, desequilibra de pronto nuestro mundo personal.

Hola a todos, en esta ocasión les hablo sobre los beneficios que tiene la risa, no sólo sobre nuestro estado de ánimo, sino también sobre todo nuestro organismo. Te enlisto los principales:

• Tiene un efecto analgésico, ya que favorece la producción de endorfinas y encefalinas en el cerebro.

• Elimina el insomnio gracias a la sana fatiga que genera.

• Cada carcajada pone en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos del estómago que sólo se pueden ejercitar con la risa.

• En el diafragma se origina un masaje interno que facilita la digestión.

• Favorece la eliminación de la bilis.

• Mejora la circulación de la sangre y ayuda a prevenir un infarto.

• Relaja los músculos lisos de las arterias, con lo que combate el estrés y se previene la hipertensión.

• Se limpian los ojos con las lágrimas que genera.

• Al hacer vibrar la cabeza despeja la nariz y los oídos.

• Al estirar y estimular los músculos de la cara, nos rejuvenece.

• La piel se oxigena más y mejora la capacidad respiratoria, porque entra el doble de aire en los pulmones.

• Gracias a que se masajea toda la columna vertebral con los movimientos internos del organismo, se evita el estreñimiento.

• Se generan más sustancias de las que refuerzan al sistema inmunológico y se eliminan toxinas.

• Es una arma eficaz contra la depresión.

• Mejora nuestras relaciones con los demás. Tú lo sabes bien, las mejores convivencias se dan cuando hay carcajadas.

• Favorece la agilidad mental y también tiene un efecto calmante del hambre y la ansiedad.

No te tomes la vida tan en serio, busca situaciones y cosas de que reírte a carcajadas.

Hasta pronto.

Aunque no lo creas, aunque lo niegues, aunque lo dudes o lo rechaces, es una gran verdad, “lo que rechoca, te recheca”.

Sí, las cosas que te molestan o de plano no puedes soportar de alguien, son cosas que tú también tienes, y que muy en lo profundo de ti, no has podido aceptar.

Piensa en alguna persona que por sus actitudes, aparente defecto, su voz, su risa, etc., “no la tragas”. Puede ser algún vecino, pariente o hasta algún cliente o proveedor.

Obsérvate bien. Esa persona que tanto te molesta, tiene características que puedes ver en él pero que no te atreves a ver en ti mismo.

Lo que percibimos en los demás, como en un espejo, nos refleja mucho de nosotros.

¿Quieres conocer más de ti, más de lo que hasta hoy creíste que eres?.

“Nunca vemos a los demás como ellos son, sino como somos nosotros”.

Lo que nos choca nos checa. Cuando odiamos algo de otra persona es algo que odiamos en nosotros y que no somos capaces de aceptar en nosotros por miedo, vergüenza, prejuicio o por egoísmo.

En mi caso, siempre creí que estaba rodeado de gente sangrona, déspota, gente egoísta, intolerante, que presumía y quería sobresalir en todas las pláticas.

Cuando mi loquero me explicó eso de lo que te choca te checa, me di cuenta de aspectos míos que no reconocía. Yo quería entender el por qué y qué podía yo hacer.

Cuando me di cuenta que era cierto esto, creí por un tiempo que tenía muchos defectos, no me gustaba mi voz, quería tener siempre la razón, no dejaba hablar a otros, etc.

Pero me llegó mi momento de madurez, de inspiración, de someterme a mi mismo y de aceptarme como soy.

Creía también que para mis padres era yo un hijo no deseado, porque en verdad todo me lo criticaban; esas cosas que hasta hace poco me molestaban en otras personas yo las tenía, o al menos así me lo hicieron ver de niño, y crecí con eso.

Lejos de humillarme, de vivir tímido y opacado, por rebeldía mostraba yo lo contrario: hablaba mucho, me enojaba y gritaba cuando las cosas no salían como yo quería.

El loquero me dijo que para aceptar a los demás tal como son, primero tenía que aceptarme a mi mismo tal como soy, con todos mis defectos.

Me dijo que tenía que asistir a varias terapias para que poco a poco fuera aceptando las características de comportamiento en los demás, pero la verdad no le hice caso. Entendí rápidamente que mi rechazo por las demás personas a las que juzgaba por dichos comportamientos, iría disminuyendo al empezar a verlas como algo natural en mi y en ellas.

Poco a poco me llegué a sentir bien conmigo mismo, y empecé a sentirme bien con los demás.

Cuando juzgamos o criticamos a alguien por ser demasiado arrogante, presumido, insoportable, etc., tenemos la oportunidad de reconocer dichas características en nosotros mismos y transformarlas en otras más amables.

En síntesis, ¿porque me caían mal los demás?

• Porque una parte de mi era así.

• Porque una parte de mi quería ser así, pero no me daba permiso de serlo y expresarlo por pena o vergüenza.

• Porque de niño era yo así y me reprendieron mucho mis padres, me criticaron, me juzgaron mal y me traumé.

• Porque mi ego no permitía que otros pudieran ser así y nadie les decía nada; yo quería reclamarles pero no me atrevía, prefería aguantarme haciéndome el sufridor.

Si sientes que vienes arrastrando una carga incómoda, por las cosas que te han sucedido, te invito a hacer lo siguiente:

Regresa a ese pasado incómodo por un momento, vuélvelo a vivir por unos instantes y reinterprétalo; dale otro sentido y aplicación a lo que te incomodó. Trae el hecho o persona que crees que te afectó y velo ahora con tu parte adulta o con un “me vale ma…”. Si conservas mucho coraje, trae a esa persona a tu mente y “miéntale la ma…”, una y cien veces. O mejor, ve lo que te hizo como algo sin intención alguna, como algo que no era personal.

Tu vida en adelante es como un viaje hacia el futuro. ¿Cómo quieres viajar? ¿Cuántas maletas quieres llevar?

Imagina una mochila sobre tus hombros, ella contiene los buenos y malos recuerdos que has tenido desde niño; resulta que, por naturaleza, siempre un mal recuerdo tiene mucho más peso que uno bueno, y según los expertos para eliminar uno malo se requieren tres buenos.

Siente el peso de esa carga y ve lo difícil que es moverse con tanto peso a medida que la vas cargando con todos tus recuerdos.

Puedes quemar esa mochila con todo lo que hayas metido dentro y decidirte a nunca llevar otra contigo.

Puedes, también, cambiar de mochila. Cómprate una más chica; una que aunque llena, te permita moverte más rápido y ligero; una donde metas sólo recuerdos convenientes.

O también puedes vaciar la que tienes, analizar su contenido, y decidir con qué recuerdos quieres llenarla nuevamente.

Ve los beneficios de disminuir tu carga. No podemos venir cargando cosas que nos hacen más lentos; el estar pensando y recordando cosas inconvenientes nos quita energía, nos debilita y nos cuesta trabajo avanzar.

Aprendamos del pasado. ¿Qué fue bueno, qué fue incómodo, qué fue fantástico, qué aprendimos de aquello que no nos salió como queríamos? Lo fantástico tengámoslo siempre en nuestra memoria.

En todos nosotros, siempre hay algo que nos caracteriza; es esa aptitud o capacidad que tenemos para aprender algo con facilidad o para desarrollar con mucha habilidad, una actividad.

Sobre esto, John Maxwell nos propone potenciar nuestro talento mediante una serie de decisiones, importantes pero simples, que nos conviene tomar para sacarle el mayor provecho posible. El resultado que obtendremos será un “paquete” de satisfacciones que nos hará sentir poderosos, realizados, eficientes, reconocidos, y mejor pagados.

 A mucha gente el ego los hace sentir “fregones” sólo por realizar su trabajo o profesión más o menos bien; sin embargo, muchos talentosos han fracasado porque no le dieron importancia a los valores y principios que deben estar presentes en cualquier persona para que su talento rinda los mayores frutos; se refiera a aspectos como el enfoque, la pasión, entre muchos otros.  

Maxwell asegura, que nuestro talento por sí sólo no garantiza el éxito. El talento es como nuestro producto que ofrecemos a los demás, e igual que un diamante en bruto debe pulirse, para que tenga más valor.

Se trata de no desperdiciarlo “para que nuestra existencia pase de lo simple y normal a lo extraordinario”.

Las decisiones que sugiere el autor se centran en los siguientes aspectos: Creencia, Pasión, Iniciativa, Concentración, Preparación, Práctica, Perseverancia, Valor, Sed de conocimiento, Carácter, Relaciones, Responsabilidad, Trabajo en equipo.

Los efectos de estas decisiones son claras:

1.- Creer eleva el talento.

2.- La pasión estimula el talento.

3.- La iniciativa activa tu talento.

4.- El enfoque dirige tu talento.

5.- La preparación posiciona tu talento.

6.- La práctica afina tu talento.

7.- La perseverancia sostiene tu talento.

8.- El valor prueba tu talento.

9.- La disposición de aprender amplia tu talento.

10.- El carácter protege tu talento.

11.- Las relaciones influyen en tu talento.

12.- La responsabilidad fortalece tu talento.

13.- El trabajo en equipo multiplica tu talento.

El mayor poder que tenemos es nuestra capacidad de decisión, apliquémosla para el desarrollo de nuestro talento.

• Decidamos creer, porque si no creemos en nosotros mismos, las posibilidades de éxito disminuyen y nunca vamos a poder desarrollar nuestro talento.

• Decidamos actuar con la pasión necesaria para ofrecer nuestro talento a los demás. Si no tomamos esta decisión estaremos desperdiciando oportunidades.

• Decidamos tomar la iniciativa para crecer nuestro talento, si no lo hacemos se podría quedar dormido el resto de nuestra vida.  

• Decidamos enfocarlo directamente de acuerdo a las oportunidades existentes.

• Decidamos prepararnos en nuestras habilidades para irlo puliendo.

• Decidamos practicarlo diariamente; no distraernos en cosas ajenas a nuestro talento a menos que sea transitorio y necesario. 

• Decidamos ser tenaces, constantes y persistentes en el desarrollo de nuestro talento.

• Decidamos sacar el valor, la fuerza y la firmeza para sacarle el mayor provecho.

• Tengamos la disposición para aprender cualquier cosa con el fin de enriquecer nuestro talento.

• Decidamos sacar el carácter para protegerlo.

• Decidamos ampliar nuestras relaciones para darlo a conocer y venderlo.

• Decidamos ser lo suficientemente responsables en su manejo.

• Decidamos trabajarlo en equipo pues sólo así podremos multiplicarlo.