Si quieres sentirte fuerte, protegido, seguro y confiado, para poder enfrentar valientemente todos los altibajos de la vida y tener mayores probabilidades de éxito, debes proteger tu autoestima y desarrollarla a un mayor nivel.

Tu propia valoración de lo que eres, se reflejará en el cuidado que tengas de ti mismo, en tu nivel de vida, en el manejo de tus problemas, de tus relaciones, etc.

De verdad, cuando logres alcanzar un buen nivel de autoestima, vivirás diferente de aquellos que no la tienen. Sabrás manejarte con liderazgo para ti mismo, primeramente, y para los demás en una fase posterior.

En el presente, tu nivel de vida, el monto de tus ahorros en el banco y la forma como te lleves con los demás, es un indicativo, a su vez, del nivel de autoestima que tienes actualmente. 

De la misma forma, tus palabras, tu autoconfianza, tus expectativas y las cosas que crees merecer, dicen mucho de cuánto te aprecias.

La autoestima se refleja en el respeto a uno mismo; las personas con buen nivel de autoestima se levantan rápido de sus caídas y ven las derrotas como aprendizaje, como parte de las experiencias necesarias para ser mejores.

Una buena autoestima, te hará menos vulnerable a la frustración, al miedo, a la depresión y hasta a las enfermedades:

• Céntrate en lo positivo que tienes. Acostúmbrate a observar las características buenas de tu persona; algo bueno de lo cual puedas sentirte orgulloso.

• Hazte consciente de tus logros en el pasado. Piensa, por ejemplo, en el mayor éxito que tuviste durante el año anterior. 

• Acéptate a ti mismo tal como eres, con tus cualidades y defectos; eres, ante todo, una persona importante y valiosa, aunque lo dudes.

Cuenta la historia, que un hombre, impactado por la violencia, la maldad y el abuso que había en la sociedad, decidió refugiarse en una cueva en las montañas, a vivir en soledad y dedicarse a orar para pedir por la humanidad.

Después de un tiempo decidió regresar a la ciudad; ahí, sus conocidos le preguntaron que dónde había estado, a lo que explicó que había ido a identificar la raíz de los problemas de los humanos.

“Son los animales que llevamos dentro”: 

• “Dos halcones que se lanzan sobre todo lo que se les presenta, sea bueno o malo. Tenemos que entrenarlos para que sólo se arrojen sobre presas buenas… Son mis ojos. 

• Dos águilas que, con sus garras hieren y destrozan. Tenemos que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir… Son mis manos. 

• Dos conejos que quieren ir a donde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos donde deben estar, aunque haya problemas o cualquier cosa que no les guste… Son mis pies. 

• Lo más difícil es vigilar a la serpiente que, aunque se encuentra encerrada, siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean. Si no la vigilamos de cerca, hace daño… Es mi lengua. 

• El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día… Es mi cuerpo. 

• Finalmente, necesitamos domar al león, pues quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero; es vanidoso y orgulloso… Ese es mi corazón. 

Este hombre había entendido que el problema de la maldad en el mundo no está en los demás, sino en uno mismo.

Sólo en la soledad, a través de la reflexión, podremos entender nuestro comportamiento en la sociedad. 

La ciencia asegura que somos animales racionales, que nuestros ancestros son los monos y que lo único que nos diferencia de ellos, es lo racional.

Sin embargo, por los noticieros y lo que vemos personalmente con los comportamientos de algunos amigos, vecinos y conciudadanos, pareciera que estamos viviendo en la jungla. 

Una jungla, donde lo racional no se expresa mucho, donde encontramos depredadores y presas, víctimas y victimarios, donde todos, en diferentes situaciones y en mayor o menor medida, actuamos como animales, como si tuviéramos que estar agrediendo, robando o defendiéndonos para poder sobrevivir.

Hace tiempo leí sobre unos economistas, premios nobel, que aseguraban que el problema de las crisis económicas, la inequidad, la violencia, etc., no es la economía en sí, sino que nos comportamos como animales a la hora de comprar, vender, intercambiar, consumir, etc., donde algunos quieren tener y ser más que los otros. 

Sobre esto, personalmente considero que nos ha faltado educación y entrenamiento para actuar racionalmente en nuestra interacción con los demás.

En lo personal, considero que está mal que algunos nos comparen con los animales, porque si bien éstos no se consideran racionales, muchas veces se comportan mejor que los humanos, y si bien en su ambiente natural algunos matan para comer, están cumpliendo una función de mantener algún equilibrio poblacional.

La mayoría de la gente amamos a los animales en general o, muy específicamente, a determinados animales. Los admiramos por como son; a nuestros perros, por ejemplo, quienes los tenemos, los queremos y los tratamos bien por lo que son para nosotros: amigos, compañeros, confidentes, etc. 

Inconscientemente, muchos nos identificamos con algún animal, ya sea doméstico o salvaje, porque así somos o así queremos ser, pero esto depende mucho de las necesidades psíquicas que cada uno llevamos dentro. 

Los motivadores, son emociones que nos mueven o impulsan a la acción, a lograr algo, a conseguir lo que queremos. Existen muchos motivadores, dependiendo de cada situación, de cada persona y de la época que estemos viviendo; pero a través de la historia de la humanidad se consideran como constantes y universales lo siguientes:

• El Miedo • La Necesidad • El deseo sexual • El reconocimiento • El orgullo • El reconocimiento • El hambre • La Responsabilidad • El Amor • La Voluntad • La Recompensa • La vergüenza • El deseo de venganza • Las caricias • La Ambición de poder y riquezas • La Defensa del territorio personal • Un alto nivel de autoconfianza • La defensa de la soberanía

Como todo en la vida, estos motivadores pueden ser usados a favor o en contra; pueden motivarnos a hacer algo o a dejar de hacerlo. Lo que hace que estas emociones nos impulsen a la acción en un sentido o en otro, a detenernos o a realizar determinadas acciones, es su nivel de intensidad. La gente puede robar por hambre (necesidad de comer), pero si el hambre no es tan intensa o si hay otras opciones para satisfacerla no será buen motivador para robar. Los niveles de cada motivador varían de persona a persona, dependiendo de su educación, sus experiencias, su genética, etc., y sobre todo de las situaciones particulares. El dinero no se considera como un motivador o es un motivador especial, ya que, si trabajamos por dinero, al principio es un motivador, pero al acostumbrarnos a determinada cantidad o hacer compromisos con ella, al corto plazo se vuelve un desmotivador, deseando más dinero.

Cómo puedes llamar la atención de quien te entrevista al buscar un trabajo? ¡Ofreciéndole trabajo! Dale vuelta a las cosas, rompe las reglas. Proponle una idea o un proyecto. Busca en tu actividad una nueva forma, un detalle, una aplicación o uso diferente. Desconéctate del celular y la tele por unos días. Ten a tu mente ocupada buscando algo, acuéstate pensando en ello y pon atención a lo que se te ocurre al despertar o mientras te bañas. Dos técnicas efectivas en la generación de ideas que te pueden servir, son las siguientes: • Aprovechando tus conocimientos y tu experiencia, haz algo innovador, distinto o mejor, combinando dos o más elementos nuevos o diferentes a tu trabajo o profesión • Identifica nuevas necesidades en la gente y busca la forma de satisfacerlas con tu actividad Deja de hacer y ver las cosas como siempre; la costumbre opaca la creatividad.

No olvides nunca, ni por un momento, que tus actitudes determinan los resultados que tengas en tu trabajo, negocio o tu vida personal. Es la manera en que estás dispuesto a ver, pensar y comportarte en lo que haces diariamente, con los demás y ante los problemas. Nadie es perfecto, pero es necesario y primordial que seamos positivos, optimistas, que hagamos nuestro trabajo con alegría, pasión, responsabilidad, y que nos llevemos bien con los demás: compañeros, superiores y principalmente con la familia. Tus conocimientos no te garantizan el éxito a menos que los complementes con buenas actitudes. Actitud para sonreír, agradecer, para reconocer tus cualidades y las de los demás, para dar y recibir, para enfrentarte como ganador ante los problemas y tus responsabilidades, para aceptar a los demás como son, etc. Quizá te cueste trabajo aceptarlo, pero tus actitudes dependen sólo de ti.

Los conocimientos no garantizan el éxito en el trabajo, si no hay buenas actitudes. Lo que aprendimos en la escuela debe ir acompañado con la voluntad de actuar bien. Las actitudes se refieren a la manera en que nos comportarnos ante las personas, situaciones o cosas. De ellas dependen nuestros resultados en cualquier actividad. Sólo hay tres tipos de actitudes básicas: Positivas, Negativas y Neutrales. Actitudes necesarias para progresar • Enfrentarse como ganador ante los problemas y responsabilidades. • Aceptar los cambios con valentía. • Ser profesional en lo que hacemos • Ver lo positivo en cualquier situación y ver, también, las oportunidades en tiempos difíciles • Aceptar la responsabilidad de nuestros actos • Respetar las opiniones ajenas. • Reconocer el valor y la importancia de los demás, así como los talentos propios y ajenos • Pedir las cosas “por favor” y dar las gracias Las buenas actitudes son cuestión de voluntad e inteligencia.

Todos somos capaces en cualquier área, pero somos mejores en unas que en otras. Esto es muy cierto, ya que no hay un solo tipo de inteligencia; sabemos que existen y coexisten por lo menos 10, y cada profesión o actividad, requiere de un tipo específico, por lo que si no nos sentimos bien en lo que hacemos, siempre hay áreas en las que podemos ser más eficaces. Ubicándonos laboralmente, en aquélla para la que somos más hábiles, podremos optimizar nuestro potencial. La intensidad de estas inteligencias y las formas en que se utilizan, es lo que hace la diferencia en las personas para llevar a cabo sus labores. En estas diferencias está la riqueza de un equipo de trabajo, de una familia, de una sociedad, etc. Querido amigo, observa e identifica las áreas para las que eres más hábil, esto para que puedas canalizar mejor tus esfuerzos y seas más competente, ubicándote bien en el mercado laboral y profesional. Tipos de Inteligencias disponibles:· Emocional: Habilidad para relacionarse bien con uno mismo y con los demás.· Financiera: Olfato para detectar y aprovechar oportunidades económicas. · Exitosa: Capacidad para comportarse de manera conveniente para sacarle provecho al entorno, aprendiendo de los errores.· Lógico-Matemática: Capacidad lógica, científica y matemática. · Verbal-Lingüística: Capacidad para usar palabras en forma oral y escrita.· Visual / Espacial: Capacidad para formarse modelos mentales.· Corporal y Cinética: Capacidad para usar el cuerpo.· Auditiva/Musical: Capacidad para desenvolverse en el ámbito musical. · Interpersonal: Capacidad para entender a otras personas.· Intrapersonal: Capacidad para reconocer emociones y sentimientos de uno mismo.

Quererse a sí mismo es el hecho más importante que una persona pueda lograr en la vida. De niños, nos dijeron que debíamos querer a nuestros padres, a nuestros semejantes, a Dios; pero poco o muy poco nos hablaron de lo importante y necesario de querernos a nosotros mismos. De hecho muchas personas son más queridas por sus familiares, parejas o amigos, que por ellas mismas. Por salud y por nuestra prosperidad, deberíamos querernos más de lo que otros nos quieren. Está demostrado que, aquellas personas que tienen un buen nivel de amor a sí mismas se enfrentan a la vida con más valentía, con más entusiasmo, con más confianza, y por supuesto logran mayores niveles de prosperidad. La importancia de quererse a sí mismo, radica en que además de garantizar nuestra supervivencia en un mundo cada vez más competido, nos protege de las adversidades, proporcionándonos las herramientas emocionales requeridas para tener éxito en la vida.

Parece que la felicidad o su opuesto, en cierta medida, se adquiere en la infancia. Sin embargo, la felicidad, como todo en la vida, es cuestión de actitud y de enfoque, y se puede medir en grados. Aquel aspecto de alguna situación en que nos enfoquemos, determinará nuestro nivel de felicidad o sufrimiento. Realmente, poca gente es totalmente feliz o totalmente infeliz.

  1. ¿Qué necesitamos para ser felices? “La gente positiva tiende a colgarse las medallas en una situación, y los problemas, se los deja a otros”. Decía la abuela que tener “sangre de atole” (que todo se le resbala), el “valemadrismo”, no preocuparse por nada, no darle tanta importancia a las cosas y sucesos, ser algo conformista, controlar los nervios y tener fortaleza espiritual, ayuda a ser felices. Algunos especialistas dicen que la felicidad, es como un deporte, se puede aprender, practicándola. Aseguran también que, para recuperarse de situaciones adversas, condiciones de vida difíciles o traumáticas, la gente necesita aumentar su capacidad para enfrentarse a ellas con fortaleza, valentía y buena actitud.
  2. ¿Por qué algunos no pueden ser felices? Cuidado, porque aquí puede estar influyendo la adicción al sufrimiento. Ciertamente, el sufrimiento continuo, se puede volver adicción. Sabemos de gente que por más consejos que les dan sus padres, psicólogos y sacerdotes, nunca mejoran. La gente depresiva, por ejemplo, tiende a colgarse los fracasos a sí mismos, y el éxito lo atribuyen a situaciones externas a su persona. El desprecio y las frustraciones son sentimientos que se llevan consigo por mucho tiempo y, queramos o no, nos inquieta y nos impide ser felices. Ser demasiado exigente o perfeccionista puede crear infelicidad en cierto nivel, debido a la preocupación o estrés que genera.