Como humanos, siempre estamos cometiendo errores, pero no se trata de culparnos por ellos, sino de reconocerlos, aprender de los mismos y evitar cometerlos en el futuro.

Se trata de cambiar las formas y métodos de hacer las cosas, de encontrar nuevos caminos, etc.; se trata de aprender el cómo no, por  dónde no, para hacer y probar cosas diferentes. 

No hay fórmulas mágicas para el éxito y la felicidad, éstas pueden ser tan simples que escapan a nuestro entender, se trata de sacarle jugo a nuestras experiencias. 

De los errores aprendemos; los aciertos los disfrutamos y los reforzamos. 

Imagina que vuelas muy alto, que te sobrepones a lo que has visto hasta hoy, que te elevas sobre los problemas; desde ahí podrás perder los detalles pero aprecias las cosas en una mayor perspectiva, todo en un contexto más amplio; podrás ver de dónde provienen los detalles, las situaciones, como se interrelacionan los  hechos, etc.

Para lograr esto, infórmate, investiga, piensa en los antecedentes, la tendencia que ha presentado determinada situación, los conflictos que podrían presentarse y los efectos que pudieran tener, piensa en los diferentes escenarios que podrían presentarse y si las tendencias pudieran revertirse.

Esta metodología se puede usar en lo personal y en los negocios, a niveles macros y micros. 

Usa tu sentido común, tu intuición, tus instintos, tu inteligencia intelectual y tu inteligencia emocional para dominar tus miedos y tus culpas; al informarte trata de diferenciar entre hechos y opiniones; analiza las posibilidades de alianzas, de asociaciones; negocia cuando sea necesario; sé estratega, que todas tus acciones encuadren en un marco más amplio que responda a un objetivo grande.

Tanto el crecimiento de un negocio como el desarrollo personal, requieren de analizar causas y efectos de las decisiones que se toman; las consecuencias de lo que hacemos o dejamos de hacer. 

Este análisis nos llevará a enfrentar ciertas verdades para entender las situaciones presentes. Cuando los resultados, por nuestras acciones, pensamientos y decisiones pasadas no llenaron o cumplieron nuestras expectativas o no responden a lo planeado, tenemos que analizar las razones de ello.

Esto se hace muy frecuente en las grandes empresas; las juntas directivas son para analizar los resultados obtenidos en un periodo determinado, además de los errores y los aciertos cometidos.

A nivel personal muy pocas veces hacemos este análisis, sobre todo si hablamos de fracasos; les huimos porque inconscientemente nos damos cuenta que nosotros somos los responsables de ellos y los vemos como culpas, lo que nos lleva a enfrentar ciertas verdades que nos incomodan y nos duelen.

Hay verdades que duelen ¡sí!, pero se hace necesario soportar esos dolores para mejorar. Tales dolores son tolerables, mientras no nos maten nos pueden hacer más fuertes.

Enfrentar este tipo de dolores y superarlos nos hace dar grandes saltos en nuestro crecimiento; recordemos que todo crecimiento causa dolor. 

Hay verdades que cuando las enfrentamos nos causan miedo, culpas, resentimientos, desmerecimientos, pero si las rechazamos o les damos la espalda se hacen más grandes y se vuelven más difíciles de enfrentar.

¿Cómo descubrir aquellas verdades dolorosas que nos pueden dar luz sobre nuestros errores y aciertos? Se consigue, primeramente, a través de hacernos preguntas:

¿Qué falló?

¿Cuáles son los aspectos que no  consideré y que influyeron en los resultados? 

¿Cuál o cuáles de todos esos aspectos influyeron más o determinaron los resultados?

¿Qué he aprendido?

¿Qué es lo que debo hacer y no hacer en el futuro?

Hace tiempo escuché a Jorge Hernández Sepúlveda, experto conocedor del comportamiento humano, que nos decía que el conformismo y el fatalismo son características básicas del mexicano, y nos exhortaba a superar estas actitudes porque limitan nuestro progreso.

Nos explicaba que si queremos lograr superarnos, debemos ser los suficientemente ambiciosos y positivos.

Nos comentaba que “el país ha padecido desde hace décadas o tal vez siglos muchos males persistentes, conocidos por todos como la pobreza, educación de ínfima calidad, violencia, narcotráfico e impunidad”, entre otros.

Precisaba que como los hemos padecido por mucho tiempo, “pocas veces reconocemos que hemos sido nosotros, en conjunto, los responsables de estos males”.

Nos invitó a que hiciéramos un auto-análisis y asumiéramos nuestra responsabilidad “atacando de fondo las causas y actitudes que limitan nuestro progreso”.

Decía que los mexicanos nos manifestamos con tres actitudes muy evidentes:

1ª.- El conformismo combinado con cierto fatalismo. Esto nos ha hecho tener pensamientos como los siguientes “las cosas suceden porque sí”; “ya estaría de Dios”; “Dios así lo quiso”, culpándolo a Él de todos los desperfectos, omisiones y desgracias, cuando realmente somos nosotros, los generadores de miseria y pereza”.

2ª.- La falta de memoria histórica. La mayoría de nosotros no reflexionamos sobre la historia de nuestro país, ni siquiera sobre la historia personal, por lo que nos pasamos la vida repitiendo los mismos errores. 

3º.- El individualismo. Éste se manifiesta  por la falta de solidaridad y la lucha de intereses personales. “Esto ha sido uno de los males que limitan el cambio hacia una mejor situación y el desarrollo armónico y sustentable del país”. 

¿Seguirá siendo cierto esto, tú que opinas?

Actitudes de la gente con baja autoestima en extremo:

Desconfianza, irresponsabilidad, dependencia, rigidez, inconstancia, etc. Estas personas tienden a ser, en alguna medida, impuntuales, mentirosas, preocupadas, descuidadas consigo mismas, irreverentes, quejosas, manipuladoras, tímidas; llevan una carga muy pesada de culpas y caen fácilmente en violencia intrafamiliar, ya sea como víctimas o victimarios.

Las personas con baja autoestima tienden a ser y sentirse víctimas ante circunstancias negativas. 

De la misma manera, estas personas, inconscientemente están reprimiendo su potencial de liderazgo, ese que todos tenemos, y que la mayoría de las veces está oculto, dormido y esperando a que la voluntad lo despierte.

Cuidado, porque la baja autoestima se manifiesta como un círculo vicioso y es contagiosa. La carencia de ella hace que las personas fácilmente acumulen resentimientos y les cueste trabajo perdonar.

Si tú padeciste de agresión, violencia verbal o física, rechazo, menosprecio, etc., en tu niñez, que te marcaron de una manera negativa en tu adultez y vienes arrastrando algunos sentimientos que te impiden vivir en equilibrio, te invito a que veas la vida con orgullo, y con coraje reclames una mejor posición en el mundo, el lugar al que tienes derecho con tu trabajo. 

La gente con buena autoestima hace un mejor mundo, por ello te pido que empieces a cuidar y mejorar tu autoestima, no sólo la tuya, sino la de tu familia y principalmente la de tus hijos, es la mejor herencia que puedes dejarles.

Mientras tanto ve poniendo atención en qué piensas de ti mismo y cómo actúas ante los demás.

Para sentirte fuerte, protegido, seguro, confiado y con valentía para enfrentarte a todas las vicisitudes de la vida con mayores probabilidades de éxito en tu negocio, debes proteger tu autoestima y desarrollarla a un nivel sano.

Como su nombre lo dice, la autoestima es la valoración que tenemos de sí mismos, la estimación propia de lo que somos y de nuestra originalidad, y se refleja en el cuidado de uno mismo, en el nivel de vida que tenemos, en el manejo de nuestros problemas, en nuestras relaciones, etc.

Una persona con un buen nivel de autoestima vive muy diferente a aquella que no la tiene.

Tu nivel de vida, el monto de tus ahorros en el banco y la forma como te llevas con los demás es un buen indicativo de tu nivel de autoestima.

Igualmente, tus palabras, tu confianza en ti mismo, tus expectativas en la vida y las cosas que crees merecer dicen mucho de cuánto te aprecias.

Quererte a ti mismo también se refleja en el respeto que te tienes; las personas con buen nivel de éste se levantan rápido de sus caídas y ven las derrotas como aprendizaje y como parte de las experiencias necesarias para crecer.

Ten cuidado porque, lo contrario puede hacerte muy vulnerable a la frustración, a sentir miedo y no merecedor de ser exitoso, a auto-sabotear tus objetivos y metas, a  la depresión y hasta las enfermedades.

El alto valor que tienes de ti mismo, te ayudará a enfrentarte a las batallas diarias de la vida y te hará más competente.

Una tienda de abarrotes no sólo requiere de una buena contabilidad, hay otros aspectos que se deben cuidar. 

No importa que no seas muy talentoso en el área en la que te identificas, sino lo que hagas con ese nivel que tengas. 

Si lo practicas diariamente, si enfocas todo tu cuerpo y mente en ese talento, lo podrás desarrollar al máximo, y podrá generarte buenos recursos, si lo vendes estratégicamente.

Si consideras que tu actividad como comerciante responde a tu talento, desarróllalo al máximo, no te quedes como estás. Si no lo es del todo, el que tengas podrás aplicarlo, de alguna manera, para destacar tu tienda en ese aspecto. Puede ser en la presentación interna o externa de la tienda, en la actitud de servicio, en tu capacidad de trabajo, etc.

Dominos Pizza, por ejemplo, no destaca por su calidad y sabor en pizzas, hay mejores que éstas; no son su mayor talento o por lo menos no el más desarrollado, pero está en la mente de muchos por el hecho de haber “pegado primero”. 

Su éxito se basó en haber creído en ellos mismos y en tener la iniciativa de decidirse a ser los primeros; se enfocaron en ser los mayores vendedores de pizza y eso es lo que los llevó a ser lo que son ahora.

Algunos empresarios exitosos empezaron buscando el negocio adecuado para practicarlo y desarrollarlo, y poco a poco fueron aprendiendo a identificar los talentos de otros con los cuales hacer equipo o hasta asociarse con ellos.  

La realidad nos ha mostrado que muchas empresas han “tronado” por la debilidad en alguna de los 13 valores o principios a los que se refiere Maxwell.

Primeramente hay que tomar en cuenta que la vida está llena de aciertos y fallas, que todo se da por probabilidades, y que en ciertos terrenos son mayores los intentos que hay que realizar para lograr un acierto.

Es probable que no nos hayamos entrenado bien desde niños en el manejo de las frustraciones. Probablemente a nuestros padres les faltó poner límites a nuestras exigencias.

También es importante reconocer que aunque hayamos tenido un buen entrenamiento y el ambiente adecuado para aprender a manejar las frustraciones, todos tenemos nuestros límites, por muy sanos y maduros que seamos.

Muchas veces la causa de las frustraciones procede de haberse planteado unas metas o expectativas poco realistas, se llega a esperar más de lo que la realidad y las circunstancias nos permiten alcanzar.

Otro aspecto es considerar que los obstáculos que se nos pueden presentar en el camino muchas veces no dependen de uno. El entorno, las circunstancias, incluso nuestras propias capacidades son variables que nosotros no podemos controlar y que influyen directamente en los resultados.

Y ya en última instancia, si todo fue calculado y no conseguimos el objetivo, tal vez sea conveniente contar nuestro porcentaje de bateo y de medir nuestras aproximaciones al logro del mismo. Es muy probable que después de algunos intentos estemos cada vez más cerca de lograrlo, y las probabilidades de éxito para el siguiente intento sean cada vez más altas.

Un poco de madurez y de autocontrol pueden ayudarnos a ajustar nuestras expectativas a la realidad y no caer en las fantasías o en la exagerada ambición.

La frustración es parte de la vida, no podemos evitarla ni huir de ella, pero sí podemos aprender a manejarla y superarla.

Aquellos que sienten que el mundo gira entorno a lo que desean, se topan muchas veces, con una realidad impredecible, donde las frustraciones son muy comunes.

Sus deseos, objetivos, metas y aspiraciones no satisfechos, pueden crearle un sentimiento de impotencia. La consecuencia de no haber logrado lo que pretendían les provocará, también, sentimientos de enfado, tristeza o rabia.

Dependiendo del grado de madurez de la persona y de la fuerza de la frustración, cada uno vivimos de forma diferente las frustraciones, pero todos tenemos en común la sensación de desánimo y decepción que produce el no logro.

El impacto o resultados de las frustraciones se pueden manifestar en dos sentidos opuestos, con sus situaciones intermedias:
– Muchas personas se deprimen y desesperan, viendo sólo el resultado negativo de la experiencia frustrante sin aprender nada de ella.
– Otras personas salen fortalecidas porque han aprendido y reflexionado sobre esa experiencia.

Sin embargo, y esto es lo importante, muchas personas deciden actuar inteligentemente, buscando superar la frustración y aprender a manejarla.

Tolerancia a la frustración:

Tolerancia es respetar, aguantar, soportar con paciencia y con respeto algo que no compartimos o no entendemos. Cada quien posee un grado diferente de tolerancia a la frustración.

Las personas con baja tolerancia se enfadan o se ponen tristes ante el más mínimo deseo insatisfecho o meta no lograda. Les ocasiona un enorme esfuerzo superar las frustraciones y se sienten desmotivadas para volver a intentar nuevamente y llegan a sentirse fracasadas a la menor contrariedad.

Por otro lado, las personas con alto nivel de tolerancia a la frustración poseen una gran fortaleza y equilibrio ante situaciones adversas, y aunque se llegan a frustrar requieren de un altísimo grado de impacto para sentirse frustradas.

Así que, para ser más inteligentes de lo que somos, sólo es cuestión de actitud:

• Siéntete Inteligente. No pretendas ser perfecto, acepta tus errores sin preocupación pero ocupándote por arreglarlos si es que tienen solución.

• Atiende los problemas, pero sólo los que te incumban; no pretendas estar arreglando los de otros, al menos los que los otros puedan solucionar por sí mismos.

• Desarrolla y utiliza, tu hemisferio derecho (la creatividad e imaginación) y únelo con el izquierdo (lo racional y lógico), de esta manera podrás resolver tus problemas con imaginación.

• Visualiza frecuentemente las cosas que quieres lograr y la forma en que quieres que sean.

• Sé lo suficientemente flexible para cambiar de perspectiva cuando es necesario y ver el lado positivo de las situaciones.

• Evalúa cuál es el precio (no hablo precisamente de dinero) o sacrificio que tengas que pagar/hacer para lograr tus objetivos, y págalo si estás dispuesto.

• Conócete bien a ti mismo, tus talentos, tus habilidades y debilidades, etc., y utilízalos como estrategia para ser mejor y lograr más cosas.

• Reconoce e identifica tus emociones en el momento que las expresas, pero no te dejes llevar por ellas (negativas o positivas) en ninguna situación, menos al tomar decisiones; practica el autocontrol.

• No guardes resentimientos por nadie ni por nada; te pueden quitar energías. Perdona, pero no olvides.

• Identifica el tipo de motivaciones que te hacen sentir bien.

• Reconoce sin molestarte, las emociones en los demás y entiende las causas que las provocan.

• Desarrolla tus habilidades sociales; recuerda que todos necesitamos de todos.

Pocas personas en el mundo cuentan con niveles de inteligencia (C.I.) tan altos como para considerarlos como genios o super inteligentes; me refiero a niveles de 130 y más, incluso niveles entre 120 y 129 se consideran como superiores; la mayoría de los humanos estamos en un nivel de 90 -109, considerado como promedio.

Muchas veces creemos que los que tienen un nivel de inteligencia superior y muy superior son más felices y más prósperos que los que tenemos una inteligencia promedio, pero esto es muy relativo y no debería preocupar a nadie.

Diferentes investigaciones han comprobado que no es necesario tener un C. I. elevado para que nos vaya bien en la vida personal y de negocios, sino la manera en que nos enfrentamos a nuestros problemas y cómo los resolvemos para el bien propio sin afectar a los demás.

En su libro sobre Inteligencia, los profesores Resing y Drenth especialistas del tema, hacen una diferencia entre lo que es la inteligencia y lo que conocemos como C.I.

La Inteligencia, afirman, es “el conjunto de las habilidades cognitivas o intelectuales necesarias para obtener conocimientos y utilizarlos de forma correcta con el fin de resolver problemas que tengan un objetivo y una meta bien definidos”.

Mientras que el C.I. “es sólo una medida de la Inteligencia expresada en un número”, la Inteligencia es el uso que se le da al C.I.

Según estos profesores, el nivel del C.I. se nace con él, es fijo y permanente, mientras que la Inteligencia puede incrementarse en la medida de nuestras experiencias y los aprendizajes que nos dejan, y la manera en que aplicamos lo que hemos aprendido. Podría decirse que la Inteligencia hace referencia a qué tan listo es uno.

Alguien podría tener un mayor C.I. que otro pero lo que realmente importa es qué hacemos con nuestro C.I., porque la inteligencia y el C.I. no son lo mismo. Según esto, los seres humanos podríamos ser más inteligentes cada día.

“Siempre será más inteligente aquél que sepa resolver los problemas que le darán mejores resultados en su vida”.

Hemos visto muchos casos de personas con alto C.I. (mejores calificaciones escolares, alta capacidad cognitiva, muchos conocimientos, etc.), que no han tenido tantos logros como muchos de C.I. medio. Los autores afirman que es porque no desarrollaron lo que ahora sabemos es la Inteligencia para resolver los verdaderos problemas con los que uno se tiene que enfrentar en la vida.

Respecto a los problemas, los estudiosos recomienda lo siguiente:

A.- Identifica si lo que ves como problema es realmente un problema o te estás ahogando en un vaso de agua.

B.- Si de verdad lo es, lo más inteligente es aceptarlo.

C.- Dale la dimensión más correcta posible. ¿Qué tan grave es?

D.- Analízalo si está en tus manos resolverlo o tendrás que buscar apoyos

E.- Reconoce qué tanto te afecta y si tienes la fortaleza y resistencia para superarlo emocionalmente

F.- Busca resolverlo sin afectarte demasiado. Buscar el equilibrio: Ganar-Ganar

G.- Busca negociar. La habilidad de negociación la puedes desarrollar

H.- Si el problema no se puede resolver, no queda otra que aceptarlo

I.- Cuida tus actitudes. Sé un actor: la actitud conveniente para cada situación