Nuestra calidad de vida personal, familiar y empresarial dependerá directamente de los patrones de comportamiento con los que nos conducimos.

Todo nace de nuestros pensamientos; éstos crean nuestros sentimientos y emociones, que son los que determinan nuestras acciones, actitudes y comportamientos.

Éstos últimos, acciones, actitudes y comportamientos, van creando nuestra realidad personal.

La manera constante que tenemos de pensar, sentir y actuar forma lo que se conoce como patrones de comportamiento, que expresamos ante determinadas situaciones.

Estos patrones se expresan en forma automática y se fueron formando a través de la repetición constante, grabándose en nuestro subconsciente, llegando a perpetuarse y haciéndose difíciles de cambiarlos.

Nuestros primeros patrones de comportamiento los aprendimos de las personas con las que convivimos desde niños y que fuimos imitando; de jóvenes los tomamos de personajes que nos agradaron en diferentes medios.

Ya de adultos, dichos patrones han sido creados por nuestros propios pensamientos, y según la calidad de éstos, ha sido también la calidad de nuestros sentimientos o emociones, influyendo determinantemente en la forma como nos comportamos, que finalmente se reflejarán en nuestra calidad de vida.

Si nuestras creencias y pensamientos son positivos, convenientes y saludables tendremos una mejor salud, más éxitos personales y podremos llevarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. Los patrones positivos nos ayudan a adaptarnos al medio de una forma favorable, los reconocemos porque nos producen bienestar.

Por su parte, los pensamientos negativos “distorsionan nuestra forma de ver la vida provocando limitaciones autoimpuestas”, hacen que nuestras acciones sean dificultosas con resultados poco fructíferos.

Todo dependerá de la firmeza y la fuerza de nuestras creencias y pensamientos, de su frecuencia y duración, de cuál de los dos, positivos o negativos, predomina en nuestro día a día.

Al tomar conciencia de si nuestras creencias y pensamientos son positivos o negativos podemos hacernos responsables y decidirnos por aquellos que nos son más favorables y que nos permitan adaptarnos mejor a la sociedad.

Dejarnos influir por creencias y pensamientos externos limitativos “es una irresponsabilidad y una falta de respeto hacia uno mismo”.

Podemos adoptar nuevos patrones buscando un modelo conveniente y aprender de él, todo es cuestión de flexibilidad e interés por mejorar.

Para Marcos S. González, autor de algunos artículos relacionados con este tema, los patrones pueden ser constructivos o destructivos:

Patrones constructivos 1.- Realista o racional-objetivo: Actitudes firmes, con afirmaciones y juicios basados en hechos comprobados. 2. Crítico positivo: Respetuosos de límites y reglas razonables. Se basan en hechos comprobados. 3. Adaptado sano: Cumple las reglas y normas aunque le cause malestar. Es responsable y cumplidor de sus deberes. 4. Nutritivo positivo: Ayuda en la satisfacción de las necesidades de las otras personas y también de sus propias necesidades. 5. Natural y espontáneo: Siente y expresa emociones y sentimientos tanto agradables como desagradables.

Patrones destructivos 1. Crítico negativo: Para éste, los otros están mal y sólo ellos están bien. Hace juicios o críticas de valor sobre los otros. 2. Sobreprotector: Atiende exageradamente las necesidades de los demás y desatiende las propias. 3. Rebelde: Se opone a las autoridades, a las reglas, normas y regulaciones. 4 Servil o fácil de dominar: Actúa según lo que cree que son las expectativas de los demás con el fin de complacerles y ganarse así su afecto. 5. Vengativo o rencoroso: Le cuesta perdonar. Cultiva la venganza hacia los otros. Predomina el resentimiento, la rabia y el rencor.

Para que nos vaya bien en nuestros asuntos personales y empresariales es necesario que aprendamos de nuestros errores, de los pequeños y los grandes, pero no sólo de éstos, también aprendamos de nuestros aciertos. Poniendo en práctica lo aprendido en ambos, “nos estaremos reinventando continuamente.

Ante los errores, los sentimientos más comunes que nos invaden son de frustración, enojo y miedo, pero algunas personas en lugar de lamentase o rendirse deciden aprovechar la experiencia para aprender y salir adelante”

Tengamos siempre presente que, en todas las decisiones que tomamos, en nuestra vida personal o empresarial, siempre existirá el riesgo de equivocarnos. Sin embargo, si no los aceptamos o culpamos a otros por ellos, nunca creceremos.

Ante nuestros errores: • Reconozcámoslos y hagámonos responsables de ellos • Si afectamos a otros, pidamos perdón, si es necesario

Te dejamos algunas frases sobre este tema:

Los únicos que no se equivocan son lo que nunca hacen nada. Goethe

El hombre que ha cometido un error y no lo corrige, comete otro error mayor. Confucio

Lo peor no es cometer errores, sino tratar de justificarlos, en vez de aprovecharlos. Santiago Ramón y Cajal

Cada vez que cometo un error me parece descubrir una verdad que no conocía. Maurice Maeterlinck

Algunos se equivocan por temor a equivocarse. Gotthold Ephraim Lessing

Todo el mundo comete errores; la clave está en cometerlos cuando nadie nos ve. Peter Alexander Ustinov

Cada fracaso enseña al hombre algo que necesitaba aprender. Charles Dickens

He aprendido que los errores a menudo pueden ser buenos maestros del éxito. Jack Welch

Si te caes siete veces, levántate ocho. Proverbio Chino

Te sientes mal porque “la regaste”, porque has cometido uno, varios o muchos errores? ¡Deja de preocuparte, seguirás cometiéndolos!

Podrás seguir cometiendo errores pero procura que nunca sean los mismos. ¿Qué podemos hacer ante un error? Enseguida de percatarnos de ello, inmediatamente preguntarnos ¿Qué es lo que hice mal? ¿Qué debo aprender de ello? Que tus errores nunca te derroten, nunca te des por vencido.

En un negocio comercial siempre hay tareas que al realizarlas podemos cometer errores, procura que éstos no te impidan continuarlas; sigue haciéndolas, pero ahora de manera diferente; cambia tu enfoque o tu procedimiento porque si no, podrías volver a cometer los mismo errores.

En el caso de un negocio, ya sea uno nuevo como emprendimiento o una ampliación o expansión del mismo, los errores que llegamos a cometer son comunes en mucha gente:

• Nos desesperamos; no le damos el tiempo suficiente para que empiece a dar frutos. • Lo implementamos sin analizar el mercado, la competencia, el contexto socioeconómico del momento, etc. • Nos queremos ir por el camino fácil • Queremos darle gusto a todos, olvidando que en el día a día, realmente habrá clientes que jamás gustarán de nuestros productos o servicios. • Tomamos decisiones en base a meras opiniones de amigos y familiares, en vez de consultar a los expertos. • Intentamos ser como los exitosos, pero brincándonos las tareas que ellos tuvieron que hacer para serlo. • Nos olvidamos de la originalidad intentando copiar tal cual el estilo de otros. • Intentamos cambiar a las personas cuando en la práctica eso es imposible porque nadie cambia por imposición, sólo por voluntad propia. • Desconocemos nuestras fuerzas y debilidades, lo que nos impide potencializar las primeras y manejar las segundas.

Las cinco habilidades sociales básicas que, para ser competente, propone Ángel Antonio Marcuello García, especialista en comportamiento humano:

1. Capacidad para tomar decisiones: En base a varias alternativas, esta capacidad nos “ayuda a afrontar de forma crítica, autónoma y responsable las situaciones que se presentan en la vida cotidiana”.

2. Asertividad: Esta habilidad nos permite defender nuestros derechos, a decir no y a “afrontar situaciones de presión”. 3. Capacidad de comunicarse en forma efectiva: Es la capacidad de “poder expresarse, tanto verbal como no verbalmente, en forma apropiada a las situaciones que se presentan”.

4. Autoestima: se refiere “al conocimiento de nuestra autoimagen, su formación y su relevancia para la conducta y para llegar a alcanzar las metas deseadas”.

5. Habilidad para manejar las propias emociones: Se trata de identificar nuestras propias emociones y la manera en cómo influyen en nuestro comportamiento.

Técnicas de trabajo en grupo que pueden resultar útiles para formar y desarrollar las competencias sociales de una forma activa y participativa:

• Tormenta de ideas: Su objetivo es facilitar que todos los miembros de un grupo puedan aportar sus opiniones sobre un tema.

• Trabajo con subgrupos: Esta técnica es útil, entre otras cosas, para promover rápidamente la participación de todos los miembros de un grupo.

• Debate: Se trata de una discusión sobre un tema controvertido o polémico en la que participan varias personas. Es una técnica apropiada para el intercambio de ideas y contribuye a promover la tolerancia puesto que cada participante tiene la oportunidad de exponer su punto de vista y de considerar el de los demás.

• Role-Playing o ensayo conductual: Se trata de representar situaciones de la vida real con la finalidad de entrenar las habilidades necesarias para afrontarlas adecuadamente.

Los conocimientos técnicos y hasta la experiencia no son suficientes para tener éxito en el mundo de los negocios; se trata de ser socialmente competentes.

Muy cierto, para tener éxito en nuestros negocios y a nivel personal se requiere de un nivel adecuado de habilidades sociales. Esto quiere decir, que deberemos mantener buenas relaciones con los demás y con uno mismo, lo que nos hará ser más competentes.

Ser competente quiere decir que se tiene la capacidad para dirigir el desarrollo de algo, que se es apto y está a nivel para competir con otros.

Si un deportista no está preparado y entrenado para competir con otros de su mismo nivel, ya sabes lo que le sucede. Lo mismo pasa con un empresario que no puede competir con otros de su mismo giro.

Ángel Antonio Marcuello García, especialista en comportamiento humano dice que “las Competencias sociales son aquellas aptitudes necesarias para tener un comportamiento adecuado y positivo que permita afrontar eficazmente los retos de la vida diaria.

No importan los estudios que tengas, ni la edad, ni el género, ni el tamaño de tu tienda, ya que como dice este especialista “no se trata de un rasgo de personalidad, de algo más o menos innato, sino más bien de un conjunto de comportamientos adquiridos y aprendidos. Se trata de una conducta socialmente habilidosa”.

Aunque son muchas las competencias sociales que abarcaría este tema, el trabajo de Marcuello García se centra principalmente en cinco:

1.- Capacidad para tomar decisiones 2.- Asertividad 3.- Capacidad de comunicarse en forma efectiva 4.- Autoestima 5.- Habilidad para manejar las propias emociones

Aquí tienes las soluciones: 1. paja; 2. tirar; 3. juego; 4. guardia 5. colchón.

De acuerdo con el autor, para resolver problemas de forma creativa, debemos: • Entender todos los detalles del problema. • Observar atentamente los detalles. • Olvidar el pensamiento consciente. • Tratar de resolver el problema con un enfoque más lúdico. • Evitar emitir juicios de valor; éstos sólo ponen barreras y obstáculos a posibles soluciones. • Nunca auto-censurarnos. • Alejarnos del problema mediante pausas, dando un paseo o escuchando música y volver otra vez a él.

Preguntarnos: • ¿Qué sucedería si mirásemos el problema desde otra perspectiva? • ¿Cuántas maneras hay de manejar la situación o problema? • ¿Qué tiene de divertido el problema? • ¿Qué sucedería si…?

3.- Usando el estilo Práctico:

Éste se aplica en los casos que requieren solución rápida, donde no es necesario el análisis ni mucha creatividad, ni hay tiempo para éstos; en aquellos donde no es necesario tener un IQ alto ni grandes estudios; donde hasta un loco pudiera resolver el problema de forma práctica.

Sólo es necesario no involucrar las emociones; evitar enojarse, así como la ansiedad y el miedo; aceptar la realidad del momento. Si nos enojamos ante un problema no podremos ver la solución práctica del mismo.

Un ejemplo de cómo resolver problemas de manera práctica es el caso del hombre al que, habiendo estacionado su auto frente a un manicomio, le robaron una llanta con todo y los cuatro tornillos. Desesperado y enojado por el robo decidió usar la de refacción, pero no podía porque hacían falta los tornillos. Entonces por una ventana del edificio uno de los locos le gritó la solución, indicándole que le quitara un tornillo a cada una de las otras tres llantas. Habiéndolo hecho así, el afectado pudo llegar a donde pudieron arreglarlo bien.

2.- Usando el estilo Creativo:

En éste no se buscan soluciones lógicas; se trata de resolver problemas con soluciones poco comunes.

Este estilo no es sólo para personas con alto nivel de I.Q. o para grandes invenciones. Cualquier persona puede perfectamente resolver problemas de esta manera; ejemplo de esto es que se puede llegar a una solución creativa cuando se deja de pensar en resolver un problema.

“La inteligencia creativa para resolver problemas busca más bien sensaciones o intuiciones que posibiliten la creación de nuevas e imaginativas soluciones”. Es lo que se conoce como “Pensar fuera de la caja”; es decir, pensar de forma poco convencional.

Una forma excelente de resolver problemas de manera creativa es mediante lo que se denominan las preguntas sin censura. Dichas preguntas no guardan ninguna relación aparente con el problema planteado, siendo la imaginación la que fluye libremente sin prejuicios, clichés o convencionalismos.

Al Siebert propone el siguiente ejercicio para trabajar la imaginación creativa a partir de la asociación de palabras. Su finalidad es buscar una palabra que tenga algo en común con otras tres palabras.

Por ejemplo, ¿qué palabra tienen en común las palabras: hecho, segunda y obra? La respuesta sería: mano (hecho a mano, segunda mano, mano de obra).

Otros ejemplos de asociaciones: 1. dormir – chimenea – saco 2. pistola – olla – piscina 3. pulso – doble – tapete 4. turno – nocturno – urbano 5. sueño – debajo – agua

En la práctica diaria, en la forma en que solucionamos nuestros problemas, se distinguen, al menos, tres tipos de estilos; incluso podríamos calificar a las personas según estos, dividiéndolas en Analíticas, Creativas y Prácticas.

En la vida real, esto no es precisamente así; ante ciertas situaciones y de acuerdo con nuestra profesión o actividad, a veces somos prácticos, otras creativos, otras más, analíticos, o de plano usamos una combinación de los tres.

Sin embargo, aunque siempre dependerá de lo grave del problema y del nivel emocional de cada persona, siempre uno de éstos estilos será el predominante.

En su libro “La resiliencia; Construyendo en la Adversidad”, su autor Al Siebert, describe estos estilos conductuales como “los tres tipos de inteligencia básicos”, y nos sugiere que “utilizarlos a nuestra conveniencia nos ayudará a resolver cualquier tipo de problema”.

Por lo anterior, tenemos a nuestra disposición estas tres formas distintas de resolver cualquier situación complicada que se nos presente:

1.- Usando el estilo Analítico:

Éste consiste en hacerse las mejores preguntas para obtener las respuestas que nos facilitarán la solución de problemas. Preguntas como: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Cuál es su gravedad? ¿Cuál es su urgencia? ¿De cuánto tiempo y de cuánta información disponemos? ¿A cuántas personas implica? ¿Qué deseo al resolverlo? ¿Cuál es mi objetivo principal? ¿Qué resultado consideraré como satisfactorio? ¿Qué aprenderé? ¿Cómo podré evitar que vuelva a ocurrir?

Este estilo es para usarse en problemas y situaciones que permitan el análisis y la formulación de estas preguntas.

Por la forma en que nos vemos y nos ven los demás, muchas veces creemos que nuestras debilidades son mayores que nuestras fortalezas.

Es muy común que, ante una autoestima baja, nos fijemos más en las debilidades, o posiblemente estemos confundiendo nuestros defectos con debilidades, siendo que hay mucha diferencia entre éstos.

Las debilidades son sólo “puntos flacos” que tenemos las personas, pero tenemos también, la posibilidad de transformarlos en “puntos fuertes”.

Una debilidad es algo que se puede convertir en fortaleza; por ejemplo, si nos cuesta trabajo sonreír a los clientes, podríamos leer diariamente, una oración que nos convenza de que son seres con necesidades, y que gracias a ellos tenemos ingresos.

Lo importante de esto es que cuando logramos convertir nuestras debilidades en fortalezas o las aplicamos bien, nos va mejor.

Sin embargo, no todas nuestras debilidades son peligrosas para nuestro desarrollo personal o de negocios, por lo que lo primero que debemos hacer es reconocerlas y aceptarlas; luego, identificar la más importante, y a partir de ahí, empezar a convertirla o buscar su aplicación correcta.

Todos tenemos alguna debilidad, pequeña o grande, sólo que a algunos no nos afecta tenerla, ya que nuestras fortalezas pueden ser mayores.

Nuestro entorno puede forzarnos a querer cambiar u ocultar nuestras debilidades, pero convertirlas o darles una mejor aplicación debe ser una decisión personal.

Resumiendo; toma nota de los siguientes pasos: 1.- Acéptate y quiérete tal como eres, con tus debilidades incluidas. 2.- Identifica tus debilidades e intenta sentirte orgulloso de ellas. 3.- Cambia tu perspectiva de ellas; busca su lado positivo. 4.- Analiza en qué área o actividad de tu negocio puedes aplicarla mejor. 5.- Cuídate de las personas que se pueden aprovechar o burlarse de tus debilidades; tampoco les temas.

¿Por qué las emociones se manifiestan en el cuerpo?

La ansiedad y la depresión, trastornos que están en aumento en el país, se deben a la forma en que manejamos nuestras emociones cotidianas, aseguran los psicólogos; “son fuerzas biológicas automáticas, que no deben ignorarse”, y para que no nos afecten conviene aprender a manejarlas.

Aseguran también, que “cuando la mente frustra el flujo de emociones demasiado abrumadoras o demasiado conflictivas, se ejerce presión sobre la misma mente y el cuerpo, creando angustia y síntomas psicológicos”.

El reto está, justamente, en no permitir que algo nos lastime y enoje, o que ninguna emoción permanezca en nosotros por mucho tiempo.

Entonces, ¿qué debemos o podemos hacer con ellas? • Tratar de entender qué es lo que crea nuestras emociones. • Identificar qué emociones acompañan a cada una de nuestras experiencias. • Identificar lo que nos molesta y buscar la manera de solucionarlo. • Entenderlas, reconocerlas y aceptarlas. • Entender que son automáticas e inconscientes. • Reinterpretar nuestras malas experiencias o buscar su parte buena o conveniente. • Reconocer y separar cada emoción, darles un nombre y atenderlas de una en una a la vez. • Procurarnos experiencias gratificantes. • Aceptar que nuestro bienestar físico, emocional y espiritual son responsabilidad nuestra. • Mejorar nuestra percepción de los problemas y conflictos. • Descubrir cómo podemos intervenir para cambiar situaciones incómodas. • Cuando te sientas triste, decepcionado, frustrado, date permiso de llorar, eso te evitará muchos problemas de salud. • No permitamos que experiencias del pasado nos perturben. • Utilicemos, razonablemente, nuestra capacidad de adaptación a nuevas circunstancias.