Amigo detallista, tengamos cuidado porque con eso de que Banxico bajó las tasas de interés y está por bajar más, los bancos ahora te pueden ofrecer créditos baratos y podrías caer en ellos, sin necesitarlos.

Cuidado porque la disponibilidad de crédito fácil y barato, nos puede hacer jugar a ser ricos, sin serlo. 

Jugar a ser rico es muy diferente a pensar como rico. Lo primero es gastar irresponsablemente; pensar como rico es buscar los medios para ser rico.

En cuestiones financieras, no hay nada peor que jugar a ser rico, cuando no se es. 

“Ninguna persona, país o empresa/empresario puede vivir más allá de sus posibilidades por mucho tiempo, si no tiene las posibilidades”.

Esto último, podría conducirnos hacia un viaje hacia la pobreza, una situación muy frustrante, de la que es difícil salir. 

La actitud más inteligente es aprender a vivir dentro de nuestras posibilidades, ya sea que ganes 10 mil o un millón al mes; que nuestros egresos sean siempre igual o menores que nuestros ingresos.

Vivir dentro de nuestras posibilidades es un gran reto; sin embargo, además de conveniente, en estas épocas se hace necesario. ¿Cómo hacerlo?

• Mantengamos una vida austera

• Evitemos envidiar a los demás

• Centrémonos en lo esencial

• Evitemos deudas innecesarias

• Volvámonos codos

• Pensemos en los riesgos posibles que conllevan los gastos y deudas

Hagamos un presupuesto, pero no lo guardemos; tengámoslo siempre con nosotros y consultémoslo antes de cualquier gasto, éste nos dirá si lo podemos hacer o no. 

Es claro que los créditos juegan un papel fundamental para poder vivir por encima de nuestras posibilidades, ya que la deuda paga la parte que nosotros no podemos pagar de inmediato.

Muchos gastan de más sin darse cuenta, lo hacen para sentirse bien, para presumir, aunque definitivamente, otros lo hacen porque no saben hacer cuentas.

Nos pasa a todos, personas, empresarios y gobernantes. 

¿Cómo actúa el ego en esto?

Son tantas las tentaciones que vemos o nos llegan por el cel, que de plano, muchas veces nos rendimos. Nos damos un gustito porque pensamos, “creo que lo valgo”, “me he esforzado mucho y lo merezco”, etc.

Muchos traemos un déficit de satisfactores personales, por lo que nos convertimos en presa fácil de comerciantes deshonestos, y ante cualquier tentación nos dejamos llevar por los sentimientos y emociones. 

El ego y el poco control que tenemos de nuestras emociones, nos lleva a buscar satisfacciones inmediatas, de corto plazo, sin pensar en los efectos o consecuencias que tendrán en el mediano y largo plazo.

Es cierto, la enorme satisfacción, gusto y felicidad que sentimos cuando estrenamos un auto, un celular, una casa, etc., es incomparable, pero, ¿cuánto nos puede durar? tres o seis meses, un año o dos si hablamos de una casa; después de todo son cosas materiales.

Mucha gente responde bien; algunas noticias nos han informado que el crecimiento de las ventas en bienes de consumo y de autos, por ejemplo, ha disminuido; esto no se si es porque ya están muy apretados económicamente, por el temor de un futuro incierto, o de plano, ojalá así sea, porque ya hay gente que está consciente de lo que significa gastar de más. 

Vivir fuera de nuestras posibilidades económicas, implica un gran riesgo para muchísima gente. Cuesta trabajo, muchísimo trabajo ajustarse a vivir con lo que ganamos. El ego no nos lo permite.

México ha tenido varias crisis económicas en las últimas cuatro décadas, crisis en las que mucha gente perdió parte de su patrimonio. 

Las crisis económicas alcanzan primero a los más endeudados, a aquellos que han vivido fuera de sus posibilidades, pero en gran medida ellos fueron los responsables.

Entre más avanza la tecnología más satisfactores vemos en el mundo, pero entre más y mejores satisfactores existen, más crecen nuestras necesidades. 

Esto nos pone en una situación incómoda, riesgosa o difícil para muchos, ya que nos compromete a adquirirlos si es que podemos o creemos poder, o de plano, al no poder adquirirlos nos provoca un sentimiento de frustración.

Las necesidades básicas, aquellas de las que habla Maslow en la parte inferior de su pirámide en su Teoría de las necesidades, y que presenta en un orden jerárquico, se han vuelto complejas. 

Ahora, buena parte de los satisfactores que cubren esas necesidades vienen combinadas para satisfacer necesidades del ego como el reconocimiento, prestigio, destacar, inspirar respeto, presunción, etc.

Por lo anterior, muchas personas no nos conformamos con tener una herramienta para poder satisfacer nuestras necesidades de comunicación, por ejemplo; las tentaciones de comodidad, modernidad, globalización, diversión, etc., que proporciona un smartphone, nos hace estar cambiando regularmente de celular.

Señales de que estamos viviendo por encima de nuestras posibilidades:

• No podríamos hacer frente a una emergencia. 

• Adquirimos deudas para financiar bienes de consumo a corto plazo

• Sufrimos porque no nos alcanza lo que ganamos para cubrir los gastos

• Nos enojamos porque nos están llamando para cobrarnos

• No sabemos en qué se nos va el dinero

¿Qué tanto te endeudaste este último Buen Fin?

En el Buen Fin de 2017, el amigo de un amigo compró un auto; él no tenía comprobantes de ingresos pero de alguna manera le autorizaron el crédito. Al segundo mes de adquirido ya se estaba “tronando los dedos”, sólo pudo pagar la primera mensualidad.

Entonces comenzó el “acoso”; desde antes de las 9 de la mañana del día siguiente en el que debió hacer su segundo pago empezaron las llamadas, exigiéndole ponerse al corriente o dar una fecha precisa en que cubriría el atraso. Me comentaba que las mujeres de cobranza no eran nada amables, que hasta le daban ganas de mandarlas a la “chin….”.

La solución anticipada a cualquier tipo de situaciones como ésta, es hacer un presupuesto, pero no para guardarlo solamente, sino para tenerlo a la mano y consultarlo en cada egreso que tengamos que hacer.

La mayoría de los mexicanos no estamos acostumbrados a hacer un presupuesto; compramos y gastamos sin ninguna planeación; lo hacemos por emoción, por gusto o por las aparentes oportunidades que vemos.

Muchos le huyen a hacer un presupuesto porque éste debe responder primeramente a necesidades y no a caprichos ni simples gustos que, en un momento dado, no podríamos darnos.

Un presupuesto habla por sí mismo; nos indica de dónde viene el dinero y a dónde irá. Es como un mapa que nos permite ir viendo cada uno de los pasos en el camino hacia el control de nuestro dinero; planteando nuestras necesidades y nuestras posibilidades concretas y midiendo nuestra fuerza económica.