¿Cómo superé el temor al rechazo? Te cuento: el primer mes en que me inicié en la profesión de vendedor, me fue de la patada, el segundo y el tercero, peor; en esos meses no vendí “ni ma…”, no tenía ni para las chelas. Peor aún, era la forma en cómo me sentía; el 90% de mis llamadas eran puros rechazos, me colgaban; otras veces me cerraban la puerta, me daban otra cita y cuando llegaba a ella, no estaban, ¡Ufff! Varias noches, me ponía a llorar como niño; me sentía inútil, fracasado, y hasta mi novia, de aquel entonces, me cortó. Un vendedor exitoso me aconsejó que para vender, antes que el conocimiento de mi producto, tenía que prepararme para el rechazo, porque lo que más duele a los vendedores nuevos, es ser rechazado; ¡y sí! te duele hasta “la ma…”. Me decía que era por baja autoestima, pero también por falta de estrategia, de preparación y experiencia, pero que con el tiempo, si aguantaba, ya “fogueado”, me iría bien. Comprendí que el rechazo, aunque es muy común en los vendedores, era frecuente en todos lados, y me acordé de los futbolistas ¿cuántas veces el portero del otro equipo o el mismo marco, les rechaza sus tiradas a gol, y rápidamente superan esa frustración? Un día me decidí a “sacar la casta” y a fortalecerme mentalmente. Me convencí de que si superaba algunos rechazos, con cada uno iría aprendiendo a manejarlos, de alguna manera, las siguientes veces, desarrollando así, mi capacidad de superarlos. Me pregunté ¿cuántos rechazos necesito para “foguearme”? Me puse como meta 20, pero no fueron suficientes; cinco rechazos más y, ¡por fin una venta!; dos más, y otra venta; y así. Ser rechazado duele, pero es algo que muchas veces no podemos evitar; aprendí que, no es nada personal, es simplemente por las diferencias de intereses, deseos y necesidades de los demás. Piensa que, de una forma u otra, todos somos vendedores, en cualquier área de nuestra vida.

• Tu pasado es importante porque de ahí provienes, ahí están tus raíces, ahí has vivido las lecciones que la vida te ha puesto, pero no te quedes mucho tiempo en él porque te evita concentrarte en el presente. 

• Tu presente es más importante porque es lo único real que tienes; el pasado ya pasó, y aunque está influyendo en el presente, ya no existe; el futuro aún no llega, no existe. El presente es el lugar desde donde puedes reconstruir tu pasado y construir tu futuro. 

• Tu futuro es muy importante porque es ahí donde vas a pasar el resto de tus días y, seguramente, quieres vivirlos con calidad. 

Administra tu energía: del 100% de tu atención, dedica sólo el 10% al pasado, el 80% a tu presente y el 10% a tu futuro.

La corrupción no es algo natural en todos los mexicanos, sólo en los políticos; los demás, sólo nos acomodamos a como se dan las circunstancias.

Sobre esto, Eduardo Bojórquez, director de Transparencia Mexicana, en una entrevista que le hizo Nacho Lozano en su programa “De pisa y corre”, expresó que “los mexicanos no somos corruptos, ni por naturaleza, ni por idiosincrasia, ni por código genético, y eso lo muestran muy bien algunas cosas que funcionan correctamente”.

Argumentaba Bojórguez, que los mexicanos simplemente nos adaptamos a las cosas según como funcionan; “cuando en una institución su sistema funciona bien, nadie llega ofreciendo mordida ni exigiendo que se la pidan”. 

Bojórquez puso el ejemplo de una familia que en su colonia no había  habido agua en varios días, y para que la pipa del ayuntamiento la surtiera, la condicionaban a una cantidad de dinero. ¿Qué había que hacer ahí, si la jefa de familia no tenía otra alternativa para resolver el problema? 

Entonces, “es un problema de los sistemas que hemos construido como país”, explicó Bojórquez. Si creemos que la ruta para resolver algo es el soborno, pues lo hacemos, “es una solución práctica”.

La explicación de esto, según el entrevistado, es que nuestra clase politica no ha visto o no quiere ver que “la sociedad mexicana ya cambió, ya le quedó claro que esto es el principal problema del país, está convencida que detrás del problema de la seguridad hay un problema de corrupción, ya lo ve como un gran problema; eso ya lo entendimos todos”. 

Pero la clase política no está entendiendo esto; se ha resistido al cambio.

Por unas entrevistas que hizo Manolo, reportero del programa en cuestión, quedó claro que la esperanza para mejorar las cosas en el país, son los jóvenes; las generaciones Millennials, la “Z” y la “T”.

Los de más edad, a pesar de que critican la corrupción, caen más fácilmente en ella, ya sea por necesidad, urgencia, oportunidad o costumbre.

Por muchos años, México ha ocupado los primeros lugares en corrupción a nivel mundial; dicho de otra manera, de los peores países calificados en honestidad.

Sin embargo, en los últimos indicadores de Transparencia Internacional, referente a la percepción que se tiene sobre este tema, en 2019 mejoramos un punto en una escala de 100.

Esto es importante para nuestro país, sobre todo después de que desde 2015 veníamos en picada en las posiciones mundiales. Este resultado nos da esperanza de que mejoraremos, sobre todo a los ojos de los países del G20, donde seguimos ocupando el último lugar.

Dentro de este grupo, México tuvo 29 puntos, seis abajo de Brasil con 35, y sólo uno arriba de Rusia con 28.

Sin embargo, también estamos en el último lugar dentro de los 36 países que agrupan la OCDE, muy por abajo de Chile que tuvo 21 puntos.

Siempre hemos dicho que todo empieza por nuestras creencias, porque éstas producen cierto tipo de resultados; esto es cierto hasta cierto punto.

Sin embargo, el modelo aquí es inverso; en éste empezamos por los resultados:

1.- Determina un objetivo, una meta, ¿Cuál sería el resultado que tú esperas? Aquel sueño que tienes, tradúcelo en resultados concretos y específicos.

Tu meta debe ser clara y objetiva; si tienes 40 años o más no te pongas como meta ser campeón de natación olímpica.

2.- Crea, siente, piensa que lo que quieres existe, es posible para ti y te lo mereces. Convéncete de ello.

3.-  Visualiza los resultados. Usa tu imaginación; ve bien los resultados que quieres,  los detalles, siéntelos, huélelos. Hazlo durante 21 días, tres veces diarias, esto hará que se graven en tu subconsciente, y éste te moverá hacia el logro. 

4.- Ponte un plazo para alcanzar los resultados.

5.- Determina lo que tienes que hacer para lograr dichos resultados ¿Cuáles son las tareas?  

6.- Dale el tiempo requerido a cada tarea, no presiones las cosas.

7.- Un poco de flexibilidad es importante para hacer los cambios necesarios durante el proceso de las tareas.

Este modelo se sintetiza así:  esto es lo que quiero y esto es lo que tengo que hacer para conseguirlo.

Si te cuesta trabajo aplicar este método, piensa que es como cuando vas a salir de vacaciones. Planeas las cosas a partir del día que quieres estar en la playa; deseas esas vacaciones, ves las olas y sus alrededores y sientes desde antes todo el ambiente. 

Enseguida planeas en qué te vas a ir; si es en coche sabes que tienes que ocuparte de que esté en buenas condiciones. También planeas dónde te hospedarás.

Algunas cosas las haces personalmente, otras las encargas a alguien.

El acceso a la educación, la mejora en la alimentación y los medicamentos de hoy, han hecho que las etapas de la juventud, adultez y vejez “se hayan estirado” en por lo menos 10 años; los de 40 de ahora, son los de 30 de antes.

Ahora, la esperanza promedio de vida para los hombres es de 80 y para las mujeres de 85.

Esto no lo han entendido las empresas, siguen limitando los empleos bajo los parámetros de juventud de hace 50 años; para ellos 35 años ya es ser viejo, no se diga a los 50.

Pero, definitivamente, esto ha abierto la oportunidad desde hace tiempo para ampliar nuestro mundo y no depender de un empleo. 

Alimentación y medicamentos, han logrado, que las capacidades laborales también se hayan “estirado”, por eso cada vez es más común saber de gente de 80 y más, que siguen trabajando eficaz y productivamente, por su cuenta, claro.

Sentirse joven o viejo, también es cuestión mental.

Tu carácter, y el de todo el mundo, es resultado del desarrollo personal, como la madurez, el autocontrol, etc., que vamos adquiriendo a través de las vivencias que tenemos.

Este no es genético; es algo que vamos formando y desarrollando desde que somos niños; es algo que sí podemos cambiar, mejorar o empeorar. 

Se forma a partir del manejo del temperamento, asimilando las vivencias y experiencias que tenemos en la vida.

Se trata del conjunto de cualidades propias de cada persona, que la distingue de las demás por su modo específico de comportarse y es determinado por sus cualidades morales. 

Actualmente, el carácter ya no se considera como parte de la personalidad, sino como la personalidad misma, que es valorada positiva o negativamente.

Definitivamente, el carácter indica el modo a través del cual actuamos, nos expresamos y pensamos. 

Tu temperamento, como el de todas la personas, es genético y nunca lo podrás cambiar, sólo controlarlo y dirigirlo hacia una tarea específica.

Es la manera natural de ser o de reaccionar de cada individuo; “está determinado por los aspectos motivacionales de cada persona”. 

Es parte de la personalidad y está determinado por factores biológicos propios de la constitución individual.

Se expresa en el grado de carga emotiva que se le pone a las cosas, cómo se actúa y se reacciona.

Hipócrates (460-370 a C), el padre de la medicina, distinguió cuatro tipos de temperamento, según los humores corporales que tenemos: Sanguíneos, Flemáticos, Melancólicos y Coléricos.

Aunque mucha veces nos comportamos claramente con una de estas características, tenemos una mezcla de los cuatro, y el grado en que se manifieste uno u otro dependerá de las circunstancias de cada momento, de la edad y del auto-control. 

Era un viernes por la noche, estábamos tres amigos en una Chelería de la Col. Roma; sólo dos nos reíamos y nos carcajeábamos. Después de dos horas de chistes y bullying a compañeros ausentes, Pedro nos explicó la razón de su silencio.

Estaba muy preocupado porque ese día, en su trabajo, había cometido un error y creía que a la compañía donde trabajaba, le causaría problemas.

Estaba pasando por una tormenta mental y emocional, sentía pena y culpa; pensaba que lo iban a castigar bajándolo de puesto, y hasta era posible que lo corrieran.  

Ese fin de semana se la pasó encerrado, no lo llenaba nada, ni la comida, ni la tele, ni el futbol; ni siquiera comió y tampoco durmió.

Había decidido que ni siquiera acudiría el lunes a trabajar, “ya para qué”, pensaba, “aparte del castigo o del despido me van a poner una tremenda regañiza”.

A la semana que lo volvimos a ver, ya estaba sonriente, y nos invitó a poner un negocio entre los tres.

Le preguntamos que había pasado; él dijo que seguía trabajando igual que antes, pero nos platicó que la noche del domingo, le sucedió algo extraño, no supo si fue real o sólo un sueño.

Alguien lo despertó y le dijo …

“No te acobardes, enfrenta tus situaciones con valentía, toma las riendas de esta situación. 

Adelántate a informárselo a tu jefe, antes de que otros lo hagan; háblale con mucho cuidado pero con firmeza, dile que te haces responsable de ello, demuéstrale profesionalismo, responsabilidad y que tienes pantalones.

Suceda lo que sea, lograrás mostrarle, y a ti también, que sabes ser fuerte ante situaciones difíciles. 

Que no te preocupe tanto el haber cometido un error; los vas a seguir cometiendo mientras vivas, todos lo hacemos. Lo importante en estos casos es estar conscientes de lo que se aprende de ellos, corregirlos y no volver a cometer otro igual.

Si tu jefe es inteligente, se pondrá serio pero lo tolerará; sin embargo, difícilmente te permitirá cometer otro igual.

Si a pesar de eso te ‘pone como camote’, ¡aguanta! Si te despide, quizá sea lo mejor; eso podría motivarte a emprender tu propio negocio”.

Desafortunadamente, por naturaleza, los errores tienen más fuerza que los aciertos. Alguien decía que por los aciertos nos pagan, por los errores, no.

Claro, hay de errores a errores. Un error mediano o grande opacará todos los aciertos que hayamos tenido. Un acierto grande, como el descubrimiento o invención de un producto o servicio útil y novedoso, opacará cualquier error cometido antes, y hasta  cualquier defecto que tengamos.

Ten cuidado, porque desgraciadamente, como decía mi abuela, “nadie notará nuestras lágrimas, nadie notará nuestra tristeza ni nuestro dolor, pero todos notarán nuestros errores”.

Recordarás cuando de niño jugabas con plastilina, que con las manos podías moldear cualquier figura, y que como no se endurecía rápido, cuantas veces quisieras, la podías seguir moldeando de acuerdo a tus gustos.

Pues algo parecido sucede con nuestro cerebro, sólo que éste se moldea en base a las experiencias que vamos teniendo en la vida.

Los cambios físicos en el cerebro, son a nivel microscópico, y se dan por el modo en el que, en base a las experiencias, las neuronas de nuestro sistema nervioso se conectan entre sí.

Esto es lo que los neurocientíficos llaman “neuroplasticidad”, y se refiere a la capacidad del sistema nervioso para cambiar su estructura y su funcionamiento.

“La neuroplasticidad permite a las neuronas cambiar tanto anatómica como funcionalmente y formar nuevas conexiones”.

La maravillosa capacidad que tiene nuestro cerebro es que sus cambios no sólo se dan en forma automática; los científicos aseguran que se puede moldear con nuestra intervención directa.

Esto es lo más importante de la neuroplasticidad; cada uno de nosotros, por la forma en que percibimos nuestras experiencias, por lo que creemos y pensamos de nosotros mismos, por los conocimientos, las ocupaciones, entre otros, tenemos nuestras propias “relaciones funcionales de contacto entre las terminaciones de las células nerviosas” (Sinapsis).

En parte, si no le has sacado mucho provecho a tu cerebro, tanto que a veces pudieras pensar que está en tu contra, es por las programaciones mentales inconvenientes que tienes para manejar tus experiencias pasadas y lo que estás viviendo en el presente.

Todos los cerebros humanos comparten la misma estructura básica y la misma forma, pero examinados en detalle, todos son diferentes, pues cada uno contiene circuitos neuronales de formas y distribuciones propias. 

Con cada conocimiento, cada experiencia nueva, etc., se hacen nuevas y diferentes conexiones. 

1.- ¡Cree en ti mismo!
Tu opinión, sobre ti mismo, siempre será la más importante para ti.

2.- ¡Nunca te compares con los demás!
Si lo haces nunca podrás sentirte bien contigo mismo.

3.- ¡Respétate!
Elimina de tu mente las ideas negativas preconcebidas que tengas sobre ti y lo demás.
4.- ¡Pon en marcha tus proyectos!
Nunca sabrás lo que puedes hacer si no lo intentas.

5.- ¡No te satures de compromisos!
Ocúpate de lo tuyo antes de lo de los demás. Aprende a decir ¡No!

6.- ¡Sé agradecido!
Valora lo que eres, las cosas que tienes y agradécelas; te sentirás bien y se multiplicarán.

7.- ¡Sé asertivo!
Expresa tus opiniones, derechos y deseos, abierta y directamente, sin ofender a los demás, negociando su cumplimiento.

8.- ¡Vístete bien!
Hazlo de la manera en que tú te sientas orgulloso y confiado.

9.- ¡Escribe tus logros!
Cosas, actitudes o trabajos que, aunque simples o pequeñas, haces o hayas hecho bien.

10.- ¡Afirmaciones positivas!
“Dite a ti mismo” y repítelos con frecuencia, aquellos calificativos que quieras ser o aumentar de tu persona.