Estar totalmente absorto en lo que se está haciendo y disfrutarlo tanto que no se quiere estar, en ese momento, haciendo ninguna otra cosa, es algo que todos debemos experimentar todos los días.

Cuando nuestra tarea presenta metas claras, retroalimentación franca, una sensación de control, retos que están a la altura de nuestras habilidades y pocas distracciones, los sentimientos que nos proporciona son iguales a los que se experimentan en un deporte o en una representación artística. Cuanto más rutinaria sea una tarea, como lavar platos, vestirse o cortar el césped, más gratificante será, si la abordamos con el cuidado que pondríamos en crear una obra de arte.

La calidad óptima de la vida cotidiana no depende finalmente de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos.

Diversas encuestas muestran que el 84% de los hombres y el 77% de las mujeres estadounidenses afirman que continuarían trabajando aun cuando heredasen suficiente dinero como para no trabajar.

Como sucede con otras muchas cosas, lo que enriquece la vida en pequeñas cantidades puede empobrecerla en grandes dosis.

Incluso el trabajo más trivial puede mejorar la calidad de vida en lugar de disminuirla.

Los artistas, empresarios, hombres de Estado y científicos altamente productivos y creativos tienden a vivir su trabajo como lo hacían nuestros antepasados cazadores: completamente integrado al resto de su vida.

Una de las características más comunes en premios Nobel y otras personas sobresalientes en diferentes campos es: “Podría decirse que he trabajado cada minuto de mi vida, o podría decirse con igual justicia que nunca he trabajado un solo día”. El historiador John Hope Franklin expresó esta fusión de trabajo y ocio más concisamente cuando decía: “Siempre he suscrito la expresión, Gracias a Dios es viernes, porque para mi el viernes significa que puedo trabajar los dos días siguientes sin interrupciones”.

El dos veces premio Nobel Linus Pauling, en una entrevista que concedió cuando tenía 89 años, declaró: “No creo haberme sentado nunca a preguntarme ¿qué es lo que voy a hacer ahora en la vida?. Simplemente continué adelante haciendo lo que me gustaba hacer”. El eminente psicólogo Donald Campbell aconsejaba a los estudiantes jóvenes: “No se dediquen a la ciencia si no van a disfrutarla, aunque no se hagan famosos. Dejen que la fama sea algo que aceptan graciosamente si la consiguen, pero asegúrense de escoger una profesión en la que puedan disfrutar”.

Y Mark Strand, antiguo poeta premiado en Estados Unidos, describe muy bien el estado de fluidez cuando seguía su vocación: “Estás simplemente trabajando, pierdes el sentido del tiempo, quedas completamente arrobado, absorto totalmente en lo que estás haciendo cuando estás trabajando en algo que está bien y tienes el sentimiento de que no hay ninguna otra forma de decir lo que estás queriendo decir”. Por supuesto, personas así son muy afortunadas por haber alcanzado la cima de profesiones sofisticadas y de éxito. Pero también es fácil encontrar gran número de personas famosas y con éxito que odian sus trabajos, además de otros, hombres de negocio, fontaneros, ganaderos e incluso obreros, que trabajan en cadenas de montaje que adoran su trabajo y los describen en términos líricos.

No son las condiciones externas las que determinan el grado en que el trabajo contribuye a llevar una vida plena, sino la forma en que se trabaja y las experiencias que uno puede extraer de afrontar los desafíos que se presentan.

Según últimos estudios, el estrés está causando estragos a muy altos niveles en las empresas.

Algunos expertos hablan de cifras de hasta del 80 por ciento de las empresas mexicanas, por lo que en muchas se trabaja menos de su capacidad productiva.

Según un estudio de la consultoría Brújula Interior “esto se debe a que la mayoría de sus empleados desempeña puestos que no corresponden a sus habilidades, talentos e intereses personales”, esto implica un mayor esfuerzo de la gente, ocasionándoles estrés.

La directora de esta empresa, explicó hace poco que “sólo ocho de cada 10 trabajadores se adaptan a los objetivos y metas que solicitan sus compañías contratantes”; esto ha llegado a reducir hasta el 70% la capacidad productiva de los empleados, funcionarios y hasta la de los directivos, a quienes si se les ubicara en actividades que disfrutan, por tener mayor conocimiento, habilidades o aptitudes al respecto, elevarían su eficiencia laboral.

Nuevamente se habla de que la aplicación de los talentos personales hace más eficaz al personal.

La especialista explicó que el talento natural es todo aquello que les gusta a las personas, les es fácil de realizar o les motiva a generar ideas, a trabajar en equipo, los mueve a ser líderes; son aquellas tareas cuyo desarrollo no está sujeto sólo al sueldo o la obtención de otro apoyo material.

“Lo anterior hace empleados rentables para cualquier compañía, porque, gracias a que disfrutan su empleo, son capaces de obtener nuevas habilidades” y en la misma medida están en posición de lograr ascensos, obtener mejores ingresos o convertirse en un trabajador clave o indispensable para su empresa”. El problema de que la mayoría de los empleados y funcionarios en México sean poco rentables es que el 80% de las compañías contrata su plantilla laboral de acuerdo a exámenes psicométricos, que no identifican el talento ni las capacidades laborales.

Lo anterior genera dos tipos de empleados: los rentables y los no rentables.

Empleado rentable: • Cumple con las metas fijadas por la empresa y siempre da un extra.

• Es líder y contagia al resto del personal de una buena actitud para el trabajo.

• Labora en equipo, aporta ideas y emprende nuevos proyectos.

• Disfruta lo que hace, desarrolla nuevas habilidades y está satisfecho.

Empleado no rentable • Sólo cumple con sus tareas asignadas, pero no da ningún esfuerzo extra.

• El sueldo o dinero es su principal motivación para laborar.

• Está cansado, sufre de estrés, mal humor y no desarrolla sus talentos.

Para aprovechar el talento laboral y convertir a un empleado normal en rentable, los expertos recomiendan:

1. Redactar una lista de las cosas que disfrutan en su trabajo y otra de las que sufren o les disgustan.

2. Analizar qué tareas los motivan y cuáles les provoca estrés o cansancio. 3. De acuerdo al punto anterior, identificar en qué áreas tienen mejores resultados, qué proyectos les gustaría encabezar y cómo aportarían valor agregado a su empresa.

4. Hablar con el jefe sobre lo que los motiva y los cambios que harían en su rutina para ser más productivos o rentables.

Cuando las carencias afectivas han sido significativas, se afecta muy gravemente al desarrollo, provocando el llamado “trastorno de vinculación” que puede resultar fatal.

Un fenómeno similar se observa en los adultos, cuando como terapia para bajar el estrés, son sometidos a la privación sensorial (carencia total de luz, sonido, etc.), si lo hacen por mucho tiempo, ésto puede provocar depresión, desorientación, ansiedad, psicosis temporal, todo ello debido a que a nivel biológico tiene repercusiones importantes que pueden provocar cambios degenerativos en las células nerviosas.

Tanto socialmente como biológica y psicológicamente, el hambre de estímulos es paralela al hambre de alimentos. Términos como nutrirse, estar saciado, empachado, sobrealimentado, malnutrido, etc., valen para ambos casos y la elección para satisfacerse va a depender de las opciones existentes y de gustos personales.

A medida que un niño crece, el hambre primaria de contacto físico real se modifica y se convierte en hambre de reconocimiento. Una sonrisa, una señal de asentimiento, una palabra, un gesto, etc., reemplazan las caricias físicas y sirven para que la persona se sienta alimentada. Estos comportamientos se van a ir repitiendo, y la repetición creará hábito. De esta manera, en virtud del tipo de caricias que una persona ha sido capaz de conseguir durante su infancia, se va a fijar el mismo procedimiento para conseguirlas durante toda su vida. Desde luego, cambiarán las situaciones, las personas, etc., pero la necesidad básica de fondo y el mecanismo para satisfacerlas será el mismo.

¿Qué haces tú para conseguir las caricias diarias que se requieren para vivir psíquica y biológicamente saludable?

¿Cuántas caricias das a tus hijos, a tu pareja, a tu equipo de trabajo?

Todos, niños, jóvenes, adultos o personas de la tercera edad, mujeres u hombres, tenemos necesidad de ser tocados y reconocidos por los demás. Estas son, necesidades biológicas y psicológicas que se exponen en la teoría “Análisis Transaccional” del autor Eric Berne, a las que llama “hambres”.

Del mismo modo que la necesidad de alimento es saciada con comida, para subsanar la necesidad de estimulación, es necesario, e incluso imprescindible, que la persona sea tocada o reconocida por los demás. A este contacto o reconocimiento, el autor lo llama “caricia”, y se refiere a “cualquier acto que implique el reconocimiento de la presencia del otro”; es decir, cualquier estímulo social dirigido de un ser vivo a otro y que reconoce la existencia de éste.

La privación de caricias en un niño puede ocasionarle no sólo un deterioro psíquico, sino también orgánico, lo que da idea de la importancia de tener un entorno adecuado para un desarrollo exitoso ya de adulto.

Las formas más esenciales y efectivas de estímulo sensorial las proveen el contacto social y la intimidad física. Ser abrazados, acariciados, abrigados, alimentados, alentados y elogiados es necesario para un desarrollo exitoso, ya de adulto; cuando esto no es posible, ser agredidos o compadecidos, es una forma de reconocimiento.

Cuando existen carencias ambientales de importancia, tales como la falta de una madre, el abandono, la falta de contacto físico, etc., sea por las razones que fuera y en función de la gravedad, las reacciones van a ser de ansiedad aguda, de necesidad de amor, de sentimientos de tristeza, de miedo, etc.

Esas emociones resultan demasiado grandes e intensas para las inmaduras posibilidades de control de un niño, y por ello van a padecer el consiguiente trastorno en su organización psíquica.

Piénsalo, podrías mejorar la lealtad de tus clientes si practicas un poco de reconocimiento hacia ellos. Pruébalo.

Tú seguramente no habías nacido o estabas muy pequeño, pero tus padres y abuelos deben recordarlo. Los primeros días de 1967, el 11 de enero precisamente, la CDMX se vistió de blanco, que hasta algunos hubieran creído que se iría a casar.

Fue un suceso histórico que no se ha vuelto a repetir desde entonces. Ese día los habitantes capitalinos se levantaron sorprendidos por la fuerte nevada suscitada en la madrugada y que cubrió las calles de la ciudad.

En el Zócalo, la nieve alcanzó los cinco centímetros de espesor, pero en las zonas aledañas montañosas la nieve llegó hasta el metro de altura.

Fue divertido para muchos; la gente, bien arropada salía de sus casas a jugar con la nieve; las calles, los monumentos, los árboles y hasta los edificios cubiertos de nieve eran dignos de fotografiarse y guardarlo como recuerdo.

Sin embargo, la nieve desquició la ciudad. En las carreteras de acceso a la ciudad hubo cientos de autos y camiones que quedaron varados hasta por 12 horas; nadie podía entrar ni salir.

En algunas colonias se interrumpió por días el servicio de luz y teléfono. En muchas fábricas la ausencia laboral fue notoria.

Después de varios días el recuento era de muchas casas que perdieron su techo, 25 personas murieron de hipotermia, la mayoría de estos eran indigentes que dormían en la calle.

¿Qué hizo Protección Civil? ¡Nada! pues no existía; esta organización surgió a raíz del terremoto de 1985. Desde 1907 que también nevó en CDMX, no había acontecido algo igual; lo sorpresivo de esta nevada mostró la incapacidad de las autoridades para atender a los afectados.

Pero, independientemente de las afectaciones, fue un espectáculo nuevo para muchísimos capitalinos que no habían visto nevar en su ciudad. Pregúntale a los abuelos, verás alegría en sus rostros al contarte sus anécdotas al respecto.

El Pensamiento Lateral se concibe como un Pensamiento Creativo, una forma de escapar de las ideas fijas. Es una habilidad mental adquirida que busca una solución mediante métodos no ortodoxos, que normalmente serían ignorados por el pensamiento lógico. La necesidad de que todas las fases del pensamiento sean correctas es la principal barrera a la concepción de nuevas ideas.

En el Pensamiento Lateral nunca valoramos si las ideas en el proceso de su elaboración son correctas, primero se elabora un gran número de ideas y luego se examinan a efectos de valoración.

El creador del Pensamiento Lateral, Dr. Edward de Bono DISTINGUE entre dos tipos de pensamiento:

El Vertical, que usa el proceso lógico, según el método histórico tradicional.

El Lateral, que involucra desorganizar una secuencia lógica y llega a la solución desde otro ángulo.

Ambos son igualmente necesarios. Con el Pensamiento Lateral creamos las ideas y con el Pensamiento Lógico las desarrollamos, las seleccionamos y las utilizamos.

Las técnicas del Pensamiento Lateral se utilizan en los manuales de docencia para profesores de primaria y secundaria.

Algunas de las técnicas del pensamiento lateral: • Alternativas: Cualquier método para valorar una situación es sólo una de las muchas opciones posibles. • Enfoques: Cuándo y cómo cambiar el enfoque del pensamiento. • Ideas dominantes: Reestructurar modelos establecidos. • Revisión de supuestos: Porque en la solución de los problemas se presuponen siempre ciertos límites. • Retos y desafíos: Escapar de los límites establecidos por el pensamiento tradicional. • Entradas aleatorias: Utilizar ideas no relacionados con el tema para abrir nuevas líneas de pensamiento. • Provocación: Transformar una idea provocativa en una potencialmente operacional.

¡No!, no me refiero a aquello que le pasa a los hombres en primavera, sino al asunto del calentamiento global.

Ya lo has escuchado muchas veces; estamos rebasando los niveles tolerables para la gente y para nuestro hermoso planeta, de dióxido de carbono.

La quema de combustibles fósiles como el petróleo, el carbón y el gas natural, producen dióxido de carbono, que es un gas con efecto invernadero y es lo que directamente está cambiando el clima natural de la tierra, provocando el calentamiento global.

Es un tema verdaderamente preocupante; nuestra propia supervivencia está seriamente amenazada y estamos sufriendo ya, las consecuencias.

Muchos lo sabemos y estamos preocupados pero a los empresarios metidos en el negocio del petróleo, las armadoras de autos, etc., les “vale m…”.

Los efectos del calentamiento global ya se empezaron a manifestar. El deshielo de glaciares ya se está viendo; ha habido un aumento en los niveles del mar y se dice para el año 2040 muchas ciudades quedarán inundadas.

Las temperaturas están aumentando mucho, la década pasada está catalogada como la más caliente desde que se llevan registros.

Las nuevas generaciones somos más conscientes de ello y muchos hemos optado por el uso de bicicletas, … ¡enhorabuena!.

Debido a la falta de más opciones ecológicas y a que muchos les costará trabajo cambiar sus hábitos al respecto, me temo que seguiremos usando combustibles fósiles por algún tiempo.

¿Qué podemos hacer a nivel personal y familiar?. Poner nuestro “granito de arena” : usar menos luz en los hogares, usar menos el auto y un auto que gaste menos gasolina, comer cosas más naturales para usar menos la estufa, sequemos la ropa en tendedero y no en la secadora.

Este planeta es nuestro hogar, ¡cuidémoslo!. Apoyemos y unámonos a cualquier movimiento activo que busque reducir el efecto invernadero.

Conozco muchas parejas, donde se fueron sólo por aquello del atractivo sexual, que con el tiempo se va opacando y se acaba el gusto por el otro. En otros, los racionales, se unieron por conveniencia económica, sustentabilidad, o damitas dispuestas a someterse con tal de tener pareja, y así permanecen juntos siendo capaces de tolerar todo lo demás.

Si acaso existe la pareja ideal en muchas parejas, sólo es durante los primeros siete años de convivencia, la etapa del enamoramiento, cuando no le vemos defectos al ser amado, cuando como decía Shakespeare, los ocultamos con el filtro del amor, con lo que, temporalmente, satisface todas nuestras necesidades.

Sin embargo, con el tiempo, y sobre todo cuando no hay disposición de uno u otro, ese filtro se desgasta y tarde o temprano, muchas veces más temprano que tarde, se descubren nuestros defectos y los de la pareja, y comienzan los problemas.

Para otros la pareja ideal, la ven también como el alma gemela, y aseguran que es cuando ambos son iguales, piensan igual, tienen los mismos gustos; ¡uff, que aburrido!

Por supuesto una relación así tiene sus ventajas, pero en ella no hay crecimiento, desarrollo y su mundo está muy limitado.

Veámoslo así, dos personas que piensan de forma distinta pueden lograr más que dos personas que piensan de forma similar, sumando y aprovechando sus diferencias.

Una relación de pareja óptima es aquella donde ambos son iguales pero diferentes; diferentes en muchos aspectos, pero iguales en otros, tener firmes nuestros gustos y preferencias pero ceder, con el respeto y la flexibilidad suficiente, a los gustos, preferencias y derechos del otro.

“Dos personas pueden ser felices juntas como resultado de sus habilidades, de sus esfuerzos, de su paciencia o de su inteligencia emocional.”

Muchas personas, mujeres y hombres, creen todavía en “la pareja ideal” como aquella que cubre todas sus necesidades, pero ya en la diaria convivencia se dan cuenta que la persona con la que entablaron una relación a largo plazo no era “la indicada”. ¿Qué pasó ahí?

Esa visión que se tiene de la pareja ideal, es sólo un mito, una utopía. No existe pareja ideal, porque nadie se puede ajustar totalmente a los intereses, necesidades o caprichos del otro; sobre todo cuando existen intereses personales diferentes, ya sean profesionales, mejores niveles de vida, o cuando, a pesar de caminar juntos son diferentes en gustos, intereses o necesidades propias, y a alguno de los dos le es incómodo avanzar así.

Después de muchos años de observar la relación entre parejas, se ha visto que ni hombres ni mujeres tenemos la capacidad para acoplarnos al otro como lo hacen exactamente dos medias naranjas o un engrane con otro.

La mayoría estamos buscando, inconscientemente, a alguien parecido a la madre o al padre, que tuvimos de niños.

En el primer caso quizá porque nos cuidaba, protegía, o porque guisaba rico, pero de alguna manera nunca rompimos el cordón umbilical que nos unía a ella.

En el segundo caso, las damitas admiraban a su papá por su energía, su autoridad, su forma de vestir o de hablar; porque las consentían mucho o se sentían muy seguras con él; en ciertos aspectos, inconscientemente, siguen de alguna manera enamoradas de él.

En muchos otros casos, las necesidades de cada uno son precisamente porque de niños carecieron de esas cosas que madre o padre satisfacen. Buscamos en una pareja a alguien que cubra esas necesidades, aunque éstas no sean auténticas.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, ya viviendo en pareja, cada uno va a reflejar las mismas circunstancias que vieron y vivieron de niños en sus familias.

 

La historia nos habla de muchas crisis, de todo tipo y a todo nivel, y aunque muchos sucumben a ellas, más por actitud que por aptitud, la humanidad siempre ha sobresalido triunfante en todas.

Las crisis son como las epidemias o los simples cambios de estación, si  les tenemos miedo o nos agarran con nuestras defensas bajas, muy posiblemente enfermaremos.

Sin embargo, las crisis las hacemos más grandes de lo que pudieran ser porque tomamos una actitud de víctimas, y esto nos hace vulnerables; sólo nos preocupamos en vez de ocuparnos en solucionarla.

¡No permitamos que nos inmovilicen las situaciones difíciles!; es tiempo de ajustar nuestros hábitos de gastos, no de gastar menos, sino de gastar más inteligentemente.

La naturaleza nos da ejemplos de cómo deberíamos actuar; es el caso de las abejas y de las hormigas que en épocas de abundancia acumulan alimento para usarlo en las épocas de escasez, o como los osos polares que invernan y dejan de consumir cuando la nieve disminuye o suspende los recursos alimenticios; no te digo que te pongas a dormir en épocas de escasez, al contrario, hay que trabajar más, pero inteligentemente; son épocas de evitar desperdicios y derroches, de aprovechar mejor los recursos de los que dispongamos e invertir más.

Al igual que en las enfermedades, la mayoría de los afectados sobrevivimos y salimos reforzados de ellas, más maduros y  más preparados.

El problema de una crisis económica es que puede generar una crisis social y de seguridad; no permitamos que esto suceda.

¿De qué lado de las amenazas te ocupas?, ¿A cuál de ambos lados le pones la mayor atención, al problema o a las oportunidades?.

Ninguna amenaza puede contra la esperanza, el optimismo, el trabajo inteligente, contra un equipo bien motivado y bien dirigido, contra la paciencia y la fe.