En situaciones extremas, de los tres tipos de clientes descritos, unos nos seguirán rápidamente, nos aplaudirán, hasta querrán ser nuestros amigos. Otros nos criticarán, les caeremos mal o simplemente no les gustará nuestra tienda. Pero están aquellos sin ninguna preferencia por ninguna tienda en particular.

En la práctica cada grupo requiere de un tratamiento diferente para venderles o para darles atención.

Puede resultar frustrante tratar de venderle a quien está en contra de nosotros o de nuestro negocio, el segundo grupo; para lograrlo requeriremos de mucha paciencia.

Lo recomendable es cuidar al primer grupo, aquel que ya nos favorece con sus compras. Como segundo paso, armar un plan para atraer parte del tercer grupo, aquél que no tiene preferencias; sólo habría que considerar que su nivel de fidelidad es bajo; sin embargo, podemos hacer que actúe por conveniencia.

Recuerda que nadie en el mundo ha convencido a todos por igual, al menos no en la misma proporción, de la misma cuestión, ni durante todo el tiempo. También podríamos desglosar los grupos por su rentabilidad:

• Aquellos que son muy rentables para nosotros porque compran y compran sin ningún desgaste mayor que el que lleva el proceso de llegar a la tienda, saludar, pedir o tomar los productos, pagar y despedirse dando las gracias.

• Aquellos otros menos rentables. Sin comprar mucho, hacen o quieren hacer amistad con nosotros; los aceptamos porque son “agradables”.

• Los últimos, los poco rentables, que tampoco compran mucho y quieren hacer amistad, que quitan demasiado el tiempo y que además no hacemos mucha química con ellos.

Estar conscientes de todo esto nos hace aterrizar en el mundo real de los negocios. Conocer a los clientes. Reconocer y respetar sus derechos nos da seguridad y nos aumenta las posibilidades de éxito al no desgastarnos en esfuerzos inútiles y podremos canalizar mejor nuestras energías en los mercados más rentables.

Todas las personas que destacan sobre los demás, en cualquier giro de negocios, siempre tienen seguidores y opositores; personas que están de acuerdo y en desacuerdo con lo que hacen y dicen.

¡Observe las noticias! Los buenos y malos cantantes tienen sus fans y muchos otros a quienes no les gustan. Todos los políticos tienen, muchos o pocos, quienes votarán por ellos y quienes lo harán por sus opositores.

Tal parece que hay de todo para todos, que la gente puede integrarse en grupos con características propias, gustos diferentes; no importa, si para otros sean buenas o malas o si sus líderes son peligrosos; a veces parece que entre peor sean algunos más “pegue” tienen, ya vimos el caso del Sr. Trump.

En este sentido, amigo detallista, posiblemente te hayas dado cuenta que no todos los integrantes de tu mercado pueden o quieren ser clientes tuyos, y están en su derecho de escoger en dónde comprar.

Para no preocuparnos, al ver que algunos nos rechazan, recordemos lo que Robert Kiyosaki en su libro “Escuela de Negocios”, comenta respecto a los tipos de clientes.

Afirma este autor que el 100% de nuestro mercado, entendiendo por mercado a todas aquellas personas que requieren de los productos que vendemos y tienen además los recursos para adquirirlos, se puede dividir en tres grupos: • Primer grupo: Una tercera parte estará con nosotros, nos favorecerá con sus compras. • Segundo grupo: Otra tercera parte estará en contra de nosotros, por cualquier razón. • Tercer grupo: El resto será indiferente hacia nosotros; lo mismo les dará comprar en nuestra tienda que en las de la competencia.

Miembros de este último grupo podrían pasar a formar parte de los seguidores o de los opositores.

Muchos científicos aseguran que somos animales racionales, que nuestros ancestros son los monos, que lo que nos diferencia de ellos, es eso, lo racional.

Sin embargo, por los noticieros y lo que vemos personalmente con los comportamientos de algunos amigos, vecinos y conciudadanos, pareciera que estamos viviendo en la jungla, donde lo racional no se expresa mucho, donde encontramos depredadores y presas, víctimas y victimarios, donde todos, en diferentes situaciones y en mayor o menor medida, actuamos como animales, como si tuviéramos que estar agrediendo, robando o defendiéndonos para poder sobrevivir.

Hace tiempo leí sobre unos economistas, premios nobel, que aseguraban que el problema de las crisis económicas, la inequidad, la violencia, etc., no es la economía en sí, sino que nos comportamos como animales a la hora de comprar, vender, intercambiar, consumir, etc., donde algunos quieren tener y ser más que los otros.

Sobre esto, personalmente considero que nos ha faltado educación y entrenamiento para actuar racionalmente en nuestra interacción con los demás.

En lo personal considero que está mal que algunos nos comparen con los animales, porque si bien éstos no se consideran racionales, muchas veces se comportan mejor que los humanos, y si bien en su ambiente natural algunos matan para comer, están cumpliendo una función de mantener algún equilibrio poblacional.

La mayoría de la gente amamos a los animales en general o, muy específicamente, a determinados animales. Los admiramos por como son; a nuestros perros, por ejemplo, quienes los tenemos, los queremos y los tratamos bien por lo que son para nosotros, amigos, compañeros, confidentes, etc., a otros porque reconocemos que cumplen una función en la naturaleza o porque sabemos que están en extinción.

Muchos nos identificamos con algún animal, ya sea doméstico o salvaje, porque así somos o así queremos ser, pero esto depende mucho de las necesidades y satisfacciones psíquicas que cada uno llevamos dentro.

Tú amigo detallista, ¿con cuál te identificas?, ¿cuál te gustaría ser?

Esta es una historia bastante tenebrosa, la primera vez que la escuché me llevó a conocer un poco más de ella y a ubicar el suceso personalmente.

Dos muchachos que salían de una gran fiesta se encontraron en el camino con dos chicas solas que estaban pidiendo aventón.

Su evento había sido en un salón de fiestas que se encontraba en las afueras de la Ciudad de México, en la carretera libre a Cuernavaca.

Eran ya pasadas de las 12 de la noche y decidieron abordarlas. Ellos ya llevaban algunas copas encima y pensaron que ellas también.

Las invitaron a subir a su auto pensando que irían a pasar una gran noche con ellas, y parece que todo fue así. En la plática del camino ellas los invitaron a su casa en la ciudad, dijeron que sus papás estaban de vacaciones y que no tendrían ningún problema.

Llegaron a una vivienda en una colonia de clase media. Todo les pareció bien; la casa iluminada y el interior lo vieron normal.

Para no perder la alegría se acompañaron con una buena cantidad de cervezas.

Pasaron una gran noche, había dos recámaras en la que se acomodaron los cuatro para disfrutar de los placeres que se pueden vivir entre parejas.

Al día siguiente ellos se despertaron, cada uno en una recámara pero en el suelo. Buscaron a las muchachas pero no las encontraron, solo estaban los envases de cerveza vacíos y sus ropas.

Ahora todo lucía sucio, viejo, lleno de basura y sin muebles, la casa se veía abandonada desde hace mucho tiempo; en nada se parecía a la casa a la que entraron la noche anterior.

Muy asustados, y con la cruda encima, se vistieron y salieron rápido de la casa; no se explicaban lo qué había sucedido.

Algunos vecinos vieron cuando salían los muchachos de la casa y se acercaron a preguntarles si habían dormido en ella.

Los muchachos explicaron cómo habían entrado a la casa, que habían sido invitados por unas muchachas y que ellas les abrieron. Les explicaron cómo eran ellas, su edad aproximada, con detalle hasta su estatura, color de piel y edad aproximada.

A esto último los vecinos les dijeron que esa descripción coincidía con las de las muchachas que alguna vez vivieron ahí y que eran parte de la familia que se había accidentado en la carretera.

Les explicaron que tenía décadas que la casa estaba abandonada, que había vivido ahí una familia que se había matado cuando, entrando a la ciudad, un borracho que conducía su auto a gran velocidad golpeó el coche de esa familia y se fueron a un barranco, y que como no tenían más familia la casa estaba abandonada.

Los vecinos les comentaron, también, que ya en otras ocasiones había sucedido lo mismo. Otros jóvenes habían sido invitados por esas muchachas.

La historia cuenta que los muchachos se volvieron locos, habían tenido relaciones con los espíritus de dos muchachas muertas hace años. Uno de ellos fue encerrado en el manicomio de la localidad y el otro se suicidó.

La casa aún existe y dicen que los espíritus de las muchachas salen en las noches del lugar donde murieron para llevarse a jóvenes que manejan ebrios.

Si te pones a pensar, la mayor parte de los problemas que tenemos con otras personas son precisamente problemas de relación, problemas que muchas veces llegan a convertirse en verdaderos conflictos.

Este tipo de problemas son tan frecuentes que llegamos a creer que son naturales, que no tienen remedio y que viviremos siempre así. Sobre esto, algunos especialistas aseguran que la evolución de la humanidad no consiste en los avances tecnológicos, sino en que nos llevemos bien todos, porque de lo contrario podríamos usar la tecnología para acabar con nosotros mismos.

Para que haya buena relación entre los humanos debemos crear el ambiente de confianza necesario en el que podamos creer en todos nosotros y podamos desarrollar todo nuestro potencial, sumando nuestras aportaciones personales en vez de estar atacándonos y ofendiéndonos; un ambiente sin críticas, reproches, juicios, censuras, etc.

Esto último se lograría con un trato cortés y respetuoso entre todos nosotros, donde podamos crear sentimientos de seguridad respecto a los demás.

De acuerdo con Stephen Covey, para cada relación que tenemos o establecemos, se crea, metafóricamente, una cuenta bancaria emocional, donde se hacen depósitos y retiros.

Es una similitud a tener un cuenta en un banco donde aumentan o disminuyen los saldos cada que hacemos movimientos. Para el caso de las personas esto se da cada vez que nos relacionamos con ellas.

“Todas las personas tenemos una cuenta bancaria emocional y nosotros con nuestros actos efectuamos depósitos o retiros en dicha cuenta”.

En la medida en que valoramos al otro, haciendo elogios sinceros, tenemos actos de amabilidad, demostramos compasión, escuchamos al otro con empatía, valoramos las diferencias y las respetamos, haciéndole saber que es importante para nosotros, estaremos haciendo que nuestra cuenta bancaria emocional crezca en depósitos emocionales. Al revés, cuando discutimos, nos acaloramos, ofendemos, descalificamos, criticamos destructivamente al otro y estamos pendientes de hallar fallas en su comportamiento, olvidándonos de lo bueno que tiene, estos actos se constituyen en retiros bancarios emocionales, y puede llegar al punto en que es tanto el deterioro de la relación que la cuenta este completamente sobregirada y se produzca, metafórica y literalmente, una cancelación de la cuenta bancaria emocional con esa persona, pudiendo llegar a la ruptura de dicha relación de modo irreversible.

Si aumentamos nuestros depósitos en una cuenta bancaria emocional con alguna persona mediante la cortesía, la bondad, la honestidad, y mantenemos nuestro compromiso para con ella, estaremos constituyendo una reserva. La confianza que esa persona tiene en nosotros crece y podremos apelar a esa confianza muchísimas veces, en caso necesario.

Nuestras relaciones más constantes requieren depósitos más constantes. Con nuestros hijos y esposa, debemos procurar hacer depósitos todos los días, ya que mientras más cercana es la relación, más corazón debemos poner en mantenerla.

Para construir una cuenta bancaria emocional fuerte, los especialistas recomiendan realizar los siguientes depósitos:

• Comprender. Procurar entender a la otra persona. No sabemos en qué consiste un “depósito” hasta que no comprendemos al otro. • Presta atención a los pequeños detalles. Las pequeñas asperezas, faltas de respeto, suponen retiros importantes. • Mantener los compromisos. Mantener una promesa es un depósito de suma importancia; romperla representa un retiro muy grande. • Aclara las expectativas: Las expectativas poco claras también erosionan la comunicación y la confianza; provocan incomprensión, decepciones y retiros de confianza. • Demuestra integridad personal. La falta de integridad puede socavar casi cualquier otro esfuerzo tendiente a crear grandes cuantas de confianza. • Discúlpate sinceramente cuando realices un retiro, hazlo de todo corazón y no de mala gana. Para constituirse como depósito, la disculpa tiene que ser sincera.

Toma en cuenta que para compensar un retiro muchas veces se necesitan tres o cuatro depósitos.

Para alcanzar la efectividad, nos encontramos con un trecho lleno de principios y de hábitos. Covey define tres niveles de desarrollo personal, y a medida que avanzamos en nivel aumentamos en efectividad. Estos niveles son: Dependencia, Independencia e Interdependencia.

En cada nivel se ubican determinados hábitos recomendados para ser más eficaz. En el primer nivel son tres los hábitos, aplicándolos a nuestra vida diaria, nos llevarán desde la Dependencia a alcanzar la Independencia. Recordemos estos hábitos:

Habito 1: Ser proactivo. Habito 2: Comenzar con el fin en la mente. Habito 3: Hacer primero lo primero.

Estos hábitos están en la base de la pirámide y nos llevaran a aumentar lo que covey ha llamado las “victorias privadas”.

El aumento de nuestras “Victorias Privadas” será el combustible que nos llevará a alcanzar la “Independencia” para posteriormente llegar a la “Interdependencia”.

Las victorias privadas.

1. Definición. Las victorias privadas son aquellos retos personales que nos proponemos y logramos. Un ejemplo simple es “levantarme una hora más temprano de lo habitual”, cuando nos levantamos, sentimos una sensación de confort con nosotros mismos, pero cuando no lo logramos, sentimos que hemos fallado y desatamos una serie de acciones que hacen más difícil nuestro día.

2. Características. Las victorias privadas se identifican por lo siguiente: •Son retos personales. •Aumentan nuestra confianza. •Ocasionan un mejoramiento personal.

3. Viviendo las victorias privadas. Las victorias privadas se alcanzan viviendo paso a paso estos hábitos: Paso 1 – Ser Proactivo: Tú eres el que puede hacer que las cosas pasen. No eres la víctima, debes hacer que las cosas ocurran. Paso 2 – Empezar con el fin en la mente: Visualizar: Saber lo que se quiere lograr y crearlo en la mente. Paso 3 – Hacer primero lo primero: Saber lo que es importante y enfocar todas nuestras acciones en esas cosas.

Los niños significan la expresión máxima de la naturaleza, la forma en que Dios da continuidad al ciclo de la vida.

Niña o niño, lo que sea que nos haya tocado, son también un regalo de la vida, y de Dios mismo, que hemos recibido como merecimiento.

Los niños, nos dan a los padres la oportunidad de sentirnos importantes, completos y hasta poderosos. Estos sentimientos nos hacen más maduros, responsables y nos ofrecen la oportunidad de practicar nuestro liderazgo.

Muchos dicen que nuestros hijos no son de nosotros sino de la vida misma, pero los sentimos de nuestra propiedad porque llevan nuestra sangre y nuestros genes.

Cada día, conforme van creciendo, se van pareciendo más a nosotros. Sin darnos cuenta somos o hemos sido modelo para ellos, aprenden nuestro modo de ver las cosas, de actuar, del tono con que hablamos, nuestro vocabulario, etc.; son una parte de nosotros, una extensión y un complemento.

Las épocas que estamos viviendo se hace más difícil para los niños, ello implica la gran responsabilidad para los padres por guiarlos, estar cerca de ellos, jugar y platicar mucho con ellos.

La vida nos exige que con el instinto y el amor podamos protegerlos, alimentarlos, educarlos y guiarlos., dándoles ejemplos de lo que está bien y lo que está mal.

En esta tarea, el proceso educativo dentro del entorno familiar, requiere de dos aspectos importantísimos: la disciplina y el amor, “Amor con Disciplina”, siempre juntos, cada uno en su debida proporción.

No puede haber disciplina sin amor, ni amor sin disciplina, siempre aplicando la combinación adecuada a la edad, a la importancia de las tareas a enseñar y a las situaciones que se presenten.

Todos los niños y niñas deben vivir con la dosis adecuada de cada uno de estos elementos. Disciplina y amor o amor y disciplina, son dos herramientas que están al alcance de todos los padres para desarrollar equilibradamente a los niños.

Un niño demasiado consentido desconocerá los límites de sus acciones cuando se convierta en adulto; puede volverse caprichoso, se topará con muchas cosas en su adultez y podría sentirse desubicado en el mundo social, laboral y familiar.

Por otro lado, un niño educado muy estrictamente y con demasiadas prohibiciones y regaños, muy probablemente se volverá un rebelde, tímido y con poco éxito profesional.

Tengamos cuidado con esto, el mundo que les tocará a nuestros niños será mucho más competido que el que nos tocó a nosotros los padres; vivirán con tecnologías mucho más avanzadas de las que hemos conocido. Los entornos tendrán muchos cambios, por lo que debemos enseñarles la necesidad de ser flexibles y enseñarles, también, a ver las situaciones objetivamente para evitarles sufrimientos. Siempre haciendo y diciendo lo que a los niños les conviene ver, sentir y escuchar.

Los niños de los siete años en adelante representan el máximo reto para los padres, pues a partir de esta edad se vuelven más rebeldes, exigiendo “sus derechos”, por lo que es necesario un alto nivel de comprensión y tolerancia de nuestra parte.

Si puedes, haz extensivo, a otros niños, ese amor que sientes por tus hijos, porque sólo quien tiene o ha tenido niños entiende muy bien el desamparo en que viven millones de niños en el mundo.

Feliz día del niño

Siempre ocurre lo que tiene que ocurrir, lo mejor; aunque a veces, nuestra apreciación subjetiva nos haga ver un mal donde solamente hay un bien disfrazado. El dolor, la frustración, el desengaño no son castigos; son cosas positivas; son lecciones si se saben considerar con la perspectiva adecuada.

Observa a un jugador inexperto de ajedrez: mueve sus peones alegremente, buscando resultados inmediatos, sin pensar en las consecuencias ulteriores de sus movimientos. Se excita e ilusiona prematuramente si consigue alguna ventaja parcial y, finalmente, se frustra cuando pierde la partida. Este es el mismo comportamiento en la vida del inmaduro?

EL hombre de experiencia, por el contrario, analiza objetivamente todas las posibilidades. Piensa en el resultado final y no se inquieta por los pequeños reveses que ha previsto ya como inevitables. El inmaduro se rebela contra su suerte cuando esta le es adversa y trata de modificar el curso de los acontecimientos para acomodarlos a sus deseos. El resultado es que su frustración no conoce límites.

La actitud del sabio es diferente. Acepta las cosas como vienen y trata de fluir con ellas. En lugar de intentar modificar el destino, que es inexorable, se adapta a los acontecimientos. Cuando algo no sale como él lo tenía previsto, busca enseguida modificar su óptica.

La frustración es moneda corriente en nuestra sociedad, compuesta en su mayoría por individuos emocionales e inmaduros que confunden sus sueños e imaginaciones con la realidad. Pero no existe para el hombre de experiencia que tiene su vista puesta en el horizonte y sabe que cada tropezón, al fin y al cabo, le acerca más rápidamente a su objetivo.

“Cuida tus pensamientos porque se volverán palabras.

Cuida tus palabras porque se transformarán en actos.

Cuida tus actos porque se harán costumbre.

Cuida tus costumbres porque forjarán tu carácter.

Cuida tu carácter porque formará tu destino.

y tu destino, será tu vida”.

Mahatma Gandhi.

O dicho de otro modo, de manera más resumida: “Cuida tus pensamientos, porque éstos determinarán tu percepción acerca del mundo”

Una manera muy simple (pero tremendamente transformadora) de empezar a cuidar los pensamientos, es cambiar la manera en cómo vemos a los demás. Un Curso de Milagros no puede ser más claro, cuándo dice: “Tal como lo consideres a él, así te considerarás a ti mismo”.

Lo que se nos dice aquí es bien sencillo. En realidad, queramos o no, y sean cuáles sean nuestras creencias, para el inconsciente sólo existe un solo ser, y ese eres tú. Por lo tanto, sea lo que sea lo que pienses acerca de los demás, es lo que pensarás acerca de ti mismo. Esto sucede porque el inconsciente no comprende la dualidad, y si piensas que alguien es idiota, o estúpido, o maravilloso, le estás enviando un mensaje a tu propio inconsciente con esa información. El siguiente es un ejemplo:

Tú piensas “esa mujer es una estúpida, no vale para nada” Tu inconsciente sólo entiende ésto: “soy un estúpido, no valgo para nada”

Otro ejemplo podría ser éste: Tú piensas: “¡qué amable es ese hombre! Cuánta honradez y amabilidad” Tu inconsciente entiende: “¡qué amable soy! Cuán honrado y amable soy”

El pensamiento es la base, y es el único lugar donde se puede efectuar un cambio real. Nadie podrá hacerlo por ti, ningún taller, ni ningún cambio de consciencia planetario marcado en el calendario, ni ninguna otra cosa.

Tal como dice el Curso: Una mente sin entrenar no puede lograr nada.

Y como dice David Hoffmeister en su libro “Sanando la Mente” “El único cambio que perdura surge de cambiar los pensamientos”.

Nuestro subconsciente está interviniendo en todo. Lo que traemos grabado en él es una fuerza determinante en nuestra vida; si nuestros programas internos son de desprecio, minusvalía, desmerecimiento, culpa, miedo, vergüenza, etc., es difícil que nuestros resultados sean de riqueza, paz, salud, felicidad o amor; cuando esto sucede existe un desacuerdo entre nuestro consciente y nuestro subconsciente, pero la fuerza mayor la tiene este último.

Cuando de niño nos grabaron cosas positivas de nosotros, nos dieron cariño, afecto y reconocimientos, nuestro subconsciente nos mueve al éxito porque estimularon y alimentaron nuestra autoestima.

También están grabadas en el subconsciente nuestras creencias, lo que pensamos de las cosas, de las personas, de las mismas experiencias que hemos tenido; lo que pensamos de nosotros mismos, de lo que somos capaces y de las cosas que merecemos.

Esto último determina, la mayoría de las veces, nuestros resultados ya de adultos, tanto académicos como de pareja, sociales y económicos, etc. Ello influye fuertemente en nuestro nivel de seguridad personal, en nuestros miedos y las culpas que cargamos.

Sin embargo, si tomamos conciencia de las cosas que nos ocurrieron de niños y las circunstancias en las que se presentaron, podemos llegar a entenderlas y librarnos de sus impactos negativos; lo único que tenemos que hacer es perdonar el pasado, a nuestros padres y a nosotros mismos e iniciar una auto terapia que nos lleve a entender lo que valemos y las cosas a las que tenemos derecho.

Como el caso del disco duro de las computadoras, el subconsciente se puede reprogramar, podemos formatear nuestro disco duro personal y meterle programas nuevos y convenientes. Quizá recuerdes el caso de los casetes, que se podían grabar encima de lo que ya estaba grabado, y al hacerlo se borraba la anterior grabación.

Esto se puede lograr porque nuestro subconsciente acepta todo lo que le decimos, y crea las cosas en concordancia con nuestras creencias. Siempre dice ” sí”, no sabe distinguir entre lo verdadero y lo falso, o entre lo correcto y lo incorrecto.

Puedes hacer una lista de creencias positivas sobre ti mismo y tus merecimientos; repítela y siéntela diariamente, mañana, tarde y noche; en un plazo de 21 a 28 días verás una trasformación en ti.