Así es, a los mexicanos nos gusta mucho lo picante, y muchas veces, si un alimento no pica, no nos sabe.

Afortunadamente, somos el país con más variedad en chiles, donde apreciamos su gran colorido, sus sabores y sus amplios niveles de picante comibles por los mexicanos.

Los chiles forman parte de los tres alimentos más ingeridos en la particular “dieta mexicana” nutricional, que ya se consumía desde los aztecas: frijoles, tortilla y chile.

Se trata de un producto alimenticio que nos caracteriza, nos da identidad y nos distingue frente a otras dietas y cocinas del mundo.

Los tenemos en México desde muy picantes como el habanero hasta los chiles morrones que dan sabor y color, adornando diferentes platillos e invitando a degustarlos. También contamos con gran variedad de colores, verdes, diferentes tonos de rojo, amarillos y hasta negros y arrugados, como con el pasilla.

El único problema es que su consumo excesivo puede provocar diversas molestias gastrointestinales como gastritis o úlceras.

Como condimento, los chiles consiguen dar un toque picante a ciertos platillos que podrían resultar insípidos sin su presencia.

Como tú ya sabes, lo que hace picantes a los chiles es la capsaicina, un químico incoloro y sin sabor que estimula la liberación de neurotransmisores, los que a su vez incentivan los puntos receptores de dolor en la lengua y el paladar.

En respuesta a este dolor causado por la capsaicina, el cerebro libera endorfinas, que incrementan el metabolismo, liberando más saliva y transpirando por la piel en forma de sudor.

Sin embargo, es la india quien tiene el chile más picante, cientos de veces más que el habanero de México, pero sin el sabor de éste.

Todas las más de 40 variedades distintas que hay en nuestro país, poseen diferentes concentraciones de nutrientes; muchas vitaminas, minerales, antioxidantes y enzimas que ayudan a prevenir enfermedades y algunos tipos de cáncer.

Diariamente nos encontramos con gente que se queja de todo, que se fija en lo negativo o inconveniente de las cosas, situaciones, y hasta de cómo son los demás. Están inconformes porque hace mucho calor o porque hace frío, siempre encuentran el “prietito” en el arroz.

Estas personas se crean una especie de “maldición”; de tanto quejarse atraen todo aquello de lo que se quejan. Al expresar sus molestias con emoción de enojo, hacen más grandes los defectos de cualquier persona o cosa, alimentando y haciendo crecer, dentro de ella, todo lo malo que ve y siente.

Posiblemente conoces a alguna persona que, con tal de hacerte menos, si le platicas de algo tuyo siempre te lo minimiza o te presume que ella conoce o tiene algo mejor; gente de la que muchas veces dan ganas de alejarte rápidamente.

Estas personas traen inconformidad con la vida, están llenos de pensamientos negativos que inconscientemente los hace víctimas de todo.

Estas personas siempre buscan lo malo en lo bueno. Es cierto, todas las cosas buenas, traen su dosis correspondiente de algo malo, incómodo o inconveniente; algo que tenemos que tomar en cuenta siempre.

Mi loquero me explicaba algo que ya había leído antes, pero que lo tomé a la ligera y nunca le di importancia, cosa que me causó muchas angustias y sufrimientos. Me decía que “lo bueno y lo malo son inevitables en la vida, siempre vienen juntos, como una moneda, “águila o cara”; todo trae su opuesto”.

Él me aseguraba que muchas veces lo malo sirve a lo bueno, y viceversa. Me ponía el ejemplo de que la enfermedad sirve para valorar la salud. “Muchas veces nos quejamos por cosas que no valen la pena y nos amargan la vida. En la mayoría de los casos lo bueno sólo es mental, o muchas veces es cuestión de cantidad, por ejemplo, la lluvia es buena porque limpia la atmósfera y riega parques y jardines, pero en exceso daña y perjudica”.

Personalmente me he dado cuenta que nada dura toda la vida, ni si quiera los problemas; los malos momentos pasan, y los buenos, aunque duran más, también pasan en algún momento, si no tenemos precaución. Todo depende de donde queramos dirigir nuestra energía, si en el disfrute de lo bueno, o en la angustia de lo malo.

Nuestros problemas nunca son eternos; como dice aquella canción de Cristian Castro: “Después de la tormenta, la calma reinará; después de haber tenido, siempre vuelves a tener; después de haber querido, lo intentas otra vez; … “.

Mi loquero concluyó su comentario, diciéndome que “en las cosas de la vida diaria lo que para uno es malo, para otro puede ser bueno”.

Y es cierto, lo aparentemente malo sirve a los exitosos como retos para mejorarlos; los problemas en su vida o negocio sirven para superarlos.

Los exitosos lo han sido porque le sacan provecho a “lo malo”, reconocen que cualquier cosa que parezca mala o fea, siempre tiene su lado bueno o bonito.

En fin, para ver siempre lo bueno en lo malo, sólo tienes que formarte el hábito de hacerlo con constancia. Después de todo los problemas se transforman en aprendizaje para el futuro, o como alguien decía “De los problemas y de las derrotas siempre se aprende, de las victorias casi nunca”. Uno de los secretos de los ganadores es hablar siempre de hechos favorables.

Los que tienen como hábito ver lo bueno en lo malo no sólo muestran inteligencia, sino que le sacan provecho a todo, y son más exitosos en su vida, se enferman menos y dan muestras de liderazgo.

Nunca olvides que las tiendas de abarrotes cumplen la importantísima función social de hacer llegar las mercancías de primera mano a los consumidores finales; cada tienda es una célula en el gran organismo socioeconómico y cultural de México. Estas tiendas son consideradas como microempresas, y están clasificadas como Mypimes.

La importancia de las Mypimes radica en que representan el 95% del total de las empresas en México, dan empleo a cerca de la mitad de la población trabajadora, generan ocho de cada 10 nuevos empleos y contribuyen con el 15% del PIB. Las tiendas de abarrotes son más de 500 mil y cubren prácticamente todas las colonias de todas las poblaciones de México.

Como todas las microempresas, las de abarrotes representan una buena y potente alternativa para enfrentar problemas de empleo, desigualdad y pobreza, a escala nacional y mundial, ya que son resultado de auto-emplearse, de generar ingresos en el corto plazo, de aprender a ser empresario, etc.

A diferencia de las grandes tiendas/súpers, los propietarios de las tiendas de abarrotes tienen una comunicación mucho más cercana con sus clientes, lo que llega a ser una relación de mayor confianza, lealtad y oportunidad de negocios.

Sin embargo, a estas tiendas les ha faltado innovación, modernidad, visión empresarial, capacitación, etc., lo que ha provocado el atraso de las mismas y un crecimiento de las tiendas de conveniencia.

Las tiendas de abarrotes son motor de crecimiento económico para el país; el atraso que presentan aunado a la coyuntura económica del momento, ha llamado la atención de los fabricantes de productos al consumo, quienes han estado haciendo algunos de sus productos en presentaciones de menor precio, entre otras cosas.

Estimado detallista, vienen épocas mejores para ti, ojalá lo puedas ver de esta manera; el futuro de tu empresa está en lo que tú creas que puede llegar a ser; el entorno va a favorecer algunas oportunidades, sólo tienes que abrir tu mente, ser positivo y hacer tuyas las oportunidades.

El miedo excesivo y la falta de confianza en uno mismo son los enemigos más grandes que podamos tener. “El éxito no lo consigue el más inteligente, ni el que tiene más títulos académicos, sino el que se atreve, el que se arriesga”, esto sostienen los especialistas.

La conquista de nuestros objetivos y el logro de nuestras metas sólo se pueden alcanzar dentro de un ambiente de riesgo calculado.

Enfrentar los retos, habiendo evaluado nuestras propias fuerzas, aumenta las probabilidades de éxito.

¿Cómo superar el miedo?

Enfrentándolo y aprendiendo a manejarlo. Al respecto Susan Jeffers, autora de Bestsellers acerca del tema, menciona cinco verdades sobre el miedo:

1. El miedo nunca desaparecerá mientras sigamos creciendo como personas. 2. La única manera de liberarse del miedo a hacer algo, es hacerlo. 3. La única manera de sentirnos mejor es enfrentar nuestro miedo. 4. Todos sentimos cierto grado de miedo en terrenos poco familiares. 5. Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo subyacente que proviene de la impotencia.

Podemos agregar otras verdades más sobre el miedo: • La ignorancia crea miedo ante determinadas situaciones. • El padre de los miedos, por su frecuencia, es el miedo al cambio, a lo desconocido.

Por lo tanto, el saber que el miedo es normal ante situaciones imprevistas, novedosas o peligrosas, nos da confianza y valor.

Amigo detallista, recuerda que el miedo reprime todo el potencial que traemos; no temas a la competencia, no temas a los “súpers grandotes”, hasta ellos tienen puntos débiles que tú puedes cubrir. Lo único que no debemos hacer con esos miedos, es nada.

Es natural sentir miedo ante situaciones amenazantes reales, pero nuestra sociedad ha extendido el miedo hasta llevarlo a la ansiedad, el estrés y la preocupación, creando perturbaciones que van más allá de la respuesta natural del organismo a las amenazas.

Si bien el miedo es benéfico ante ciertas situaciones y peligros, también puede representar una barrera que nos imponemos y que nos hace permanecer inmóviles.

El miedo es una emoción que en mayor o menor grado todos padecemos en algún momento; se manifiesta ante peligros y amenazas reales o ficticios y se reconoce por una serie de cambios fisiológicos en nuestro organismo.

Se trata de una actitud hasta cierto punto instintiva; se desarrolló desde que nuestros ancestros tenían que enfrentarse directamente a animales salvajes para defenderse o para cazarlos.

Son varias las formas en que reaccionamos ante el miedo: el ataque, la huida, la paralización o con actitudes de sumisión frente al dominante. Las formas más civilizadas son resistir o huir.

Se trata de un esquema adaptativo porque constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para todos.

Los psicólogos aseguran que la tensión de alerta causada por el miedo es necesaria para vivir porque sirve para superar los peligros reales.

Sin embargo, los humanos abusamos del miedo, pues hay comportamientos cuyas reacciones fisiológicas son muy parecidas pero que están muy lejos de cumplir con la función de protección.

En esto último nos referimos a los sentimientos de miedo al fracaso y al éxito; el miedo a los negocios, como empresarios.

Llegó a nuestra redacción un artículo que fácilmente puede explicarnos, en forma general, por qué nos suceden las cosas que nos suceden, y no quisimos quedárnoslo sólo para nosotros.

El estudio de las causas

Todo efecto tiene su causa: ¿Que causa u origina una situación? En plano negativo podríamos analizar ¿por qué ocurren los accidentes?, qué origina los problemas? ¿cuáles son las causas de la pobreza?, etc.

Generalmente encontraremos que son nuestras acciones las que generan los efectos, pero antes de las acciones siempre hay un pensamiento, un plan, un método, sean éstos conscientes o no.

Estudiando las causas

Las acciones humanas siempre tienen consecuencias. La Ley de Causa y Efecto es una ley que funciona perfectamente en todos los planos y trae a la realización todo lo que sembramos, tanto en pensamientos como en palabras y acciones. Esto quiere decir que todo lo que hacemos pone en movimiento una causa y ésta trae una consecuencia, positiva o negativa, que dependerá de la causa puesta en movimiento. No existe el azar, la buena suerte o la mala suerte, sólo son resultados.

Todo tiene una causa, no hay causa sin efecto, ni efecto que no tenga una causa, tanto en lo físico como en lo mental y en lo espiritual.

Ya conocemos la causa de los accidentes, de las enfermedades, de las acciones de las mentes criminales, de la pobreza, de por qué fallan las cosas.

Examinemos nuestros pensamientos y nuestras acciones y podrás darte cuenta de las cosas que te han sucedido, te suceden y te sucederán en el futuro.

En situaciones extremas, de los tres tipos de clientes descritos, unos nos seguirán rápidamente, nos aplaudirán, hasta querrán ser nuestros amigos. Otros nos criticarán, les caeremos mal o simplemente no les gustará nuestra tienda. Pero están aquellos sin ninguna preferencia por ninguna tienda en particular.

En la práctica cada grupo requiere de un tratamiento diferente para venderles o para darles atención.

Puede resultar frustrante tratar de venderle a quien está en contra de nosotros o de nuestro negocio, el segundo grupo; para lograrlo requeriremos de mucha paciencia.

Lo recomendable es cuidar al primer grupo, aquel que ya nos favorece con sus compras. Como segundo paso, armar un plan para atraer parte del tercer grupo, aquél que no tiene preferencias; sólo habría que considerar que su nivel de fidelidad es bajo; sin embargo, podemos hacer que actúe por conveniencia.

Recuerda que nadie en el mundo ha convencido a todos por igual, al menos no en la misma proporción, de la misma cuestión, ni durante todo el tiempo. También podríamos desglosar los grupos por su rentabilidad:

• Aquellos que son muy rentables para nosotros porque compran y compran sin ningún desgaste mayor que el que lleva el proceso de llegar a la tienda, saludar, pedir o tomar los productos, pagar y despedirse dando las gracias.

• Aquellos otros menos rentables. Sin comprar mucho, hacen o quieren hacer amistad con nosotros; los aceptamos porque son “agradables”.

• Los últimos, los poco rentables, que tampoco compran mucho y quieren hacer amistad, que quitan demasiado el tiempo y que además no hacemos mucha química con ellos.

Estar conscientes de todo esto nos hace aterrizar en el mundo real de los negocios. Conocer a los clientes. Reconocer y respetar sus derechos nos da seguridad y nos aumenta las posibilidades de éxito al no desgastarnos en esfuerzos inútiles y podremos canalizar mejor nuestras energías en los mercados más rentables.

Todas las personas que destacan sobre los demás, en cualquier giro de negocios, siempre tienen seguidores y opositores; personas que están de acuerdo y en desacuerdo con lo que hacen y dicen.

¡Observe las noticias! Los buenos y malos cantantes tienen sus fans y muchos otros a quienes no les gustan. Todos los políticos tienen, muchos o pocos, quienes votarán por ellos y quienes lo harán por sus opositores.

Tal parece que hay de todo para todos, que la gente puede integrarse en grupos con características propias, gustos diferentes; no importa, si para otros sean buenas o malas o si sus líderes son peligrosos; a veces parece que entre peor sean algunos más “pegue” tienen, ya vimos el caso del Sr. Trump.

En este sentido, amigo detallista, posiblemente te hayas dado cuenta que no todos los integrantes de tu mercado pueden o quieren ser clientes tuyos, y están en su derecho de escoger en dónde comprar.

Para no preocuparnos, al ver que algunos nos rechazan, recordemos lo que Robert Kiyosaki en su libro “Escuela de Negocios”, comenta respecto a los tipos de clientes.

Afirma este autor que el 100% de nuestro mercado, entendiendo por mercado a todas aquellas personas que requieren de los productos que vendemos y tienen además los recursos para adquirirlos, se puede dividir en tres grupos: • Primer grupo: Una tercera parte estará con nosotros, nos favorecerá con sus compras. • Segundo grupo: Otra tercera parte estará en contra de nosotros, por cualquier razón. • Tercer grupo: El resto será indiferente hacia nosotros; lo mismo les dará comprar en nuestra tienda que en las de la competencia.

Miembros de este último grupo podrían pasar a formar parte de los seguidores o de los opositores.

Muchos científicos aseguran que somos animales racionales, que nuestros ancestros son los monos, que lo que nos diferencia de ellos, es eso, lo racional.

Sin embargo, por los noticieros y lo que vemos personalmente con los comportamientos de algunos amigos, vecinos y conciudadanos, pareciera que estamos viviendo en la jungla, donde lo racional no se expresa mucho, donde encontramos depredadores y presas, víctimas y victimarios, donde todos, en diferentes situaciones y en mayor o menor medida, actuamos como animales, como si tuviéramos que estar agrediendo, robando o defendiéndonos para poder sobrevivir.

Hace tiempo leí sobre unos economistas, premios nobel, que aseguraban que el problema de las crisis económicas, la inequidad, la violencia, etc., no es la economía en sí, sino que nos comportamos como animales a la hora de comprar, vender, intercambiar, consumir, etc., donde algunos quieren tener y ser más que los otros.

Sobre esto, personalmente considero que nos ha faltado educación y entrenamiento para actuar racionalmente en nuestra interacción con los demás.

En lo personal considero que está mal que algunos nos comparen con los animales, porque si bien éstos no se consideran racionales, muchas veces se comportan mejor que los humanos, y si bien en su ambiente natural algunos matan para comer, están cumpliendo una función de mantener algún equilibrio poblacional.

La mayoría de la gente amamos a los animales en general o, muy específicamente, a determinados animales. Los admiramos por como son; a nuestros perros, por ejemplo, quienes los tenemos, los queremos y los tratamos bien por lo que son para nosotros, amigos, compañeros, confidentes, etc., a otros porque reconocemos que cumplen una función en la naturaleza o porque sabemos que están en extinción.

Muchos nos identificamos con algún animal, ya sea doméstico o salvaje, porque así somos o así queremos ser, pero esto depende mucho de las necesidades y satisfacciones psíquicas que cada uno llevamos dentro.

Tú amigo detallista, ¿con cuál te identificas?, ¿cuál te gustaría ser?

Esta es una historia bastante tenebrosa, la primera vez que la escuché me llevó a conocer un poco más de ella y a ubicar el suceso personalmente.

Dos muchachos que salían de una gran fiesta se encontraron en el camino con dos chicas solas que estaban pidiendo aventón.

Su evento había sido en un salón de fiestas que se encontraba en las afueras de la Ciudad de México, en la carretera libre a Cuernavaca.

Eran ya pasadas de las 12 de la noche y decidieron abordarlas. Ellos ya llevaban algunas copas encima y pensaron que ellas también.

Las invitaron a subir a su auto pensando que irían a pasar una gran noche con ellas, y parece que todo fue así. En la plática del camino ellas los invitaron a su casa en la ciudad, dijeron que sus papás estaban de vacaciones y que no tendrían ningún problema.

Llegaron a una vivienda en una colonia de clase media. Todo les pareció bien; la casa iluminada y el interior lo vieron normal.

Para no perder la alegría se acompañaron con una buena cantidad de cervezas.

Pasaron una gran noche, había dos recámaras en la que se acomodaron los cuatro para disfrutar de los placeres que se pueden vivir entre parejas.

Al día siguiente ellos se despertaron, cada uno en una recámara pero en el suelo. Buscaron a las muchachas pero no las encontraron, solo estaban los envases de cerveza vacíos y sus ropas.

Ahora todo lucía sucio, viejo, lleno de basura y sin muebles, la casa se veía abandonada desde hace mucho tiempo; en nada se parecía a la casa a la que entraron la noche anterior.

Muy asustados, y con la cruda encima, se vistieron y salieron rápido de la casa; no se explicaban lo qué había sucedido.

Algunos vecinos vieron cuando salían los muchachos de la casa y se acercaron a preguntarles si habían dormido en ella.

Los muchachos explicaron cómo habían entrado a la casa, que habían sido invitados por unas muchachas y que ellas les abrieron. Les explicaron cómo eran ellas, su edad aproximada, con detalle hasta su estatura, color de piel y edad aproximada.

A esto último los vecinos les dijeron que esa descripción coincidía con las de las muchachas que alguna vez vivieron ahí y que eran parte de la familia que se había accidentado en la carretera.

Les explicaron que tenía décadas que la casa estaba abandonada, que había vivido ahí una familia que se había matado cuando, entrando a la ciudad, un borracho que conducía su auto a gran velocidad golpeó el coche de esa familia y se fueron a un barranco, y que como no tenían más familia la casa estaba abandonada.

Los vecinos les comentaron, también, que ya en otras ocasiones había sucedido lo mismo. Otros jóvenes habían sido invitados por esas muchachas.

La historia cuenta que los muchachos se volvieron locos, habían tenido relaciones con los espíritus de dos muchachas muertas hace años. Uno de ellos fue encerrado en el manicomio de la localidad y el otro se suicidó.

La casa aún existe y dicen que los espíritus de las muchachas salen en las noches del lugar donde murieron para llevarse a jóvenes que manejan ebrios.