Todos hemos tenido y tenemos actualmente problemas, de diferente tipo, de diferente tamaño, personales y de negocios; los tenemos con familiares, amigos, compañeros, clientes, proveedores o vecinos, etc.

¿Pero tú amigo, ¿cómo te enfrentas a ellos? ¿Con el cerebro o con el corazón? ¿Con emoción o con raciocinio?

Te hago esta pregunta porque de esto depende las posibilidades de que puedas solucionarlos o no, de que pueda ser pronto o llevará su tiempo, de que pueda ser a tu favor o en tu contra.

Cuando tenemos un problema grande y nos ponemos a temblar, lo estamos enfrentando con las emociones; nos da miedo, nos preocupamos, nos angustiamos, no podemos dormir, y con todo esto que sufrimos los hacemos más grande.

Nos demos cuenta o no, con nuestras emociones estamos alimentando nuestros problemas.

En algunos casos, emociones y sentimientos pueden ser considerados apropiados pero en otros pueden ser inadecuados.

Cuando lo hacemos con el cerebro, calculamos las probabilidades de solución,

buscamos opciones, armamos un plan de acciones y estamos más tranquilos.

¿Qué tipo de persona eres?.

Algunos siempre encuentran problemas donde no los hay y los hacen permanentes en su vida.

Otras veces no le damos la atención debida a un problema pequeño y con el tiempo los hacemos grandes.

Pero tomemos en cuenta que hay varios tipos de emociones:

• Positivas:  Alegría, Felicidad, Amor,

• Negativas: Ira, Miedo, Tristeza

• Otras: Culpa, Sorpresa, Tristeza, Vergüenza, Celos, Valentía.

Cuando te enfrentes a un problema,  que te cause alguna emoción negativa, antes de pensar en él o de enfrentarlo, respira profundo y exhala el aire lentamente, tres veces. Esto te ayudará a relajarte, a llenar de oxígeno tu cerebro y poder funcionar más adecuadamente; podrás ver cada problema como un reto, como algo que puedes y tienes que resolver, como todo.

Considera siempre que así como los frutos de un árbol se dan por la participación del sol, de agua, de tiempo, etc., también en nuestros logros participan otras personas, directa o indirectamente.

Lo admitamos o no, así es. Todos los resultados, todos los logros, todas las metas se consiguen siempre con la aportación y colaboración de los demás.

Como ves, el juego del ajedrez es muy similar al juego de la vida, de los negocios, de las conquistas y logros personales.

El problema es que la gran mayoría de la gente no conoce las reglas, o conoce los elementos con los que puede contar y los desaprovecha. Otras veces, sus logros como resultado de ellos mismos, sin reconocer que todas las cosas se dan por la suma y colaboración voluntaria u obligatoria de los demás.

Pero principalmente, poca gente es la que se pone metas y objetivos en su vida personal y de negocios; la mayoría se mueve “a la buena de Dios”, a la suerte, sin un plan y sin estrategias. La mayoría de la gente busca resultados inmediatos, pero como las cosas llevan un proceso que no entienden, se desesperan y renuncian.

Cuando estas personas se llegan a poner metas y objetivos, con el tiempo los olvidan; están tan atareados en el diario quehacer que “se pierden”, dándole más importancia a las situaciones de corto plazo, como el dinero, las vacaciones, etc., que a la meta y objetivos planteados inicialmente.

Lo más importante, y este es el mensaje en esta ocasión,  es que en ningún momento te olvides de tu meta, del lugar al que quieres llegar, de lo que quieres ser. Sacrifica las satisfacciones de corto plazo por un premio mayor para ti, en el futuro.

Un empresario exitoso decía en una junta a sus directivos, gerentes y vendedores “quien no sabe y entiende el ajedrez, no sabe hacer negocios”; se refería a que en este juego, o arte, se practica el elemento base para tener éxito: la estrategia.

Comentó que el ajedrez es un ejemplo claro que nos enseña la importancia de tener siempre presente la meta en todas nuestras acciones, porque quien la olvida se pierde y no logra los resultados esperados.

Al igual que en el ajedrez, para tener éxito en la vida personal y de negocios se usa la cabeza. Un ajedrecista cuenta con diferentes elementos para cumplir con su objetivo de “darle mate al rey”, un terreno, 16 piezas con diferentes características y capacidades, oportunidades, métodos, reglas, etc.

En nuestra vida personal y de negocios también contamos con elementos que muchas veces ignoramos pero que pueden colaborar, directa o indirectamente con nosotros, como pueden ser: nuestra familia, nuestro equipo de trabajo, nuestros compañeros, vecinos, amistades, etc., cada uno con capacidades y habilidades particulares propias; cada uno por su lado conoce gente, tiene opiniones, aporta a los resultados finales. Todas las habilidades, por muy diferentes que sean son importantes en su momento.

No te digo que a las personas las manejes como piezas de ajedrez; a las personas se les dirige, se les guía, pero sí aprovecha tu relación con ellas llevándolas hacia una meta mayor que beneficie a los participantes; esto lo puedes conseguir convenciéndolos, pidiéndoles, consensuando, negociando, dándole su tiempo a los resultados.

En los negocios también hay reglas, leyes y reglamentos, hay también valores, políticas, ética, etc. que nos indican lo que está permitido y lo que no, sólo que muchos desconocen estos aspectos, les da miedo o les falta valor y experiencia para aplicarlos.

Personalmente, el director de una Pyme, se encarga de analizar la ruta del negocio, su misión y su visión. Está mayormente atendiendo las cosas de afuera; buscando nuevas oportunidades de negocios analizando a la competencia, etc.

Para ubicar bien el papel relevante de un director empresarial, no importa el tamaño del negocio, piensa en esto: “una empresa sin planeación puede sucumbir, pero sin una buena dirección, se puede ir al desfiladero”.

Así como el director de una orquesta, que, junto con sus músicos, se toman horas de entrenamiento previas a un concierto, así el director o directora de una empresa realiza juntas programadas con su personal para dar a conocer los resultados de cada ciclo y los avances generales de  la empresa.

Y así como éste permite el lucimiento de sus músicos al dirigirles la atención del público para ser aplaudidos, así el director de empresa también permite el lucimiento de toda su gente cuando da buenos resultados.

El director de una empresa debe tener habilidad para conjugar todas las variables de las que dispone, ubicándolas en el tiempo para responder a las necesidades de los clientes.

Cuando los productos, la ubicación, las instalaciones, el servicio, los empleados, los precios se pueden calificar como muy buenos o excelentes, significa que todo dependió de una buena dirección para haber logrado el éxito, por que sólo una buena dirección del negocio o empresa puede lograr eso.

La buena dirección logra capitalizar todas las variables internas y externas de una empresa; es más, aunque dos o tres de estas variables pudieran calificarse sólo como aceptables un buen director podrá “sacarles jugo” o compensarlas con otras.

¿Qué significa una “Buena Dirección” en una empresa?.

Te hablaré del papel que juega el director de una Pyme. Piensa, de momento, en un director de orquesta; ese que se pone al frente de sus músicos, generalmente dando la espalda al público, como si fuera un irreverente con los asistentes.

Él está poniendo su atención en todos y cada uno de sus músicos, siempre con el fin de cuidar que, individualmente, toquen lo que les corresponde, en el momento preciso y de la mejor forma, para que conjuntamente la pieza musical que se está interpretando sea de la mejor calidad para el público. Ese es su producto, y los asistentes al concierto son sus clientes.

Lo vemos en el foro, pero, junto con sus músicos, ya tuvieron horas de ensayos para llegar a ese momento. Y mucho antes, este director pasó más horas pensando y seleccionando las piezas musicales que tocarían. Mucho más tiempo pasó, anteriormente, relacionándose con los directivos de diferentes instituciones culturales para vender sus servicios.

Este director de orquesta hace de todo, en proporciones de tiempo diferentes y en momentos diferentes también.

El director de una Pyme exitosa también tiene que hacer de todo, aunque aquí son diferentes las proporciones, porque podría tener gente que se encargue de las funciones de algunos aspectos del negocio en los que el director solamente está pendiente. Gerentes o supervisores verían directamente a proveedores y se encargarían de la administración y la contabilidad, etc.

A una escala mayor son los apoyos inmediatos del director quienes se encargan de la selección de personal, su capacitación, etc. Aquí el director, ocupa más de su tiempo, junto con otros apoyos, al área de ventas.

Así es, a los mexicanos nos gusta mucho lo picante, y muchas veces, si un alimento no pica, no nos sabe.

Afortunadamente, somos el país con más variedad en chiles, donde apreciamos su gran colorido, sus sabores y sus amplios niveles de picante comibles por los mexicanos.

Los chiles forman parte de los tres alimentos más ingeridos en la particular “dieta mexicana” nutricional, que ya se consumía desde los aztecas: frijoles, tortilla y chile.

Se trata de un producto alimenticio que nos caracteriza, nos da identidad y nos distingue frente a otras dietas y cocinas del mundo.

Los tenemos en México desde muy picantes como el habanero hasta los chiles morrones que dan sabor y color, adornando diferentes platillos e invitando a degustarlos. También contamos con gran variedad de colores, verdes, diferentes tonos de rojo, amarillos y hasta negros y arrugados, como con el pasilla.

El único problema es que su consumo excesivo puede provocar diversas molestias gastrointestinales como gastritis o úlceras.

Como condimento, los chiles consiguen dar un toque picante a ciertos platillos que podrían resultar insípidos sin su presencia.

Como tú ya sabes, lo que hace picantes a los chiles es la capsaicina, un químico incoloro y sin sabor que estimula la liberación de neurotransmisores, los que a su vez incentivan los puntos receptores de dolor en la lengua y el paladar.

En respuesta a este dolor causado por la capsaicina, el cerebro libera endorfinas, que incrementan el metabolismo, liberando más saliva y transpirando por la piel en forma de sudor.

Sin embargo, es la india quien tiene el chile más picante, cientos de veces más que el habanero de México, pero sin el sabor de éste.

Todas las más de 40 variedades distintas que hay en nuestro país, poseen diferentes concentraciones de nutrientes; muchas vitaminas, minerales, antioxidantes y enzimas que ayudan a prevenir enfermedades y algunos tipos de cáncer.

Diariamente nos encontramos con gente que se queja de todo, que se fija en lo negativo o inconveniente de las cosas, situaciones, y hasta de cómo son los demás. Están inconformes porque hace mucho calor o porque hace frío, siempre encuentran el “prietito” en el arroz.

Estas personas se crean una especie de “maldición”; de tanto quejarse atraen todo aquello de lo que se quejan. Al expresar sus molestias con emoción de enojo, hacen más grandes los defectos de cualquier persona o cosa, alimentando y haciendo crecer, dentro de ella, todo lo malo que ve y siente.

Posiblemente conoces a alguna persona que, con tal de hacerte menos, si le platicas de algo tuyo siempre te lo minimiza o te presume que ella conoce o tiene algo mejor; gente de la que muchas veces dan ganas de alejarte rápidamente.

Estas personas traen inconformidad con la vida, están llenos de pensamientos negativos que inconscientemente los hace víctimas de todo.

Estas personas siempre buscan lo malo en lo bueno. Es cierto, todas las cosas buenas, traen su dosis correspondiente de algo malo, incómodo o inconveniente; algo que tenemos que tomar en cuenta siempre.

Mi loquero me explicaba algo que ya había leído antes, pero que lo tomé a la ligera y nunca le di importancia, cosa que me causó muchas angustias y sufrimientos. Me decía que “lo bueno y lo malo son inevitables en la vida, siempre vienen juntos, como una moneda, “águila o cara”; todo trae su opuesto”.

Él me aseguraba que muchas veces lo malo sirve a lo bueno, y viceversa. Me ponía el ejemplo de que la enfermedad sirve para valorar la salud. “Muchas veces nos quejamos por cosas que no valen la pena y nos amargan la vida. En la mayoría de los casos lo bueno sólo es mental, o muchas veces es cuestión de cantidad, por ejemplo, la lluvia es buena porque limpia la atmósfera y riega parques y jardines, pero en exceso daña y perjudica”.

Personalmente me he dado cuenta que nada dura toda la vida, ni si quiera los problemas; los malos momentos pasan, y los buenos, aunque duran más, también pasan en algún momento, si no tenemos precaución. Todo depende de donde queramos dirigir nuestra energía, si en el disfrute de lo bueno, o en la angustia de lo malo.

Nuestros problemas nunca son eternos; como dice aquella canción de Cristian Castro: “Después de la tormenta, la calma reinará; después de haber tenido, siempre vuelves a tener; después de haber querido, lo intentas otra vez; … “.

Mi loquero concluyó su comentario, diciéndome que “en las cosas de la vida diaria lo que para uno es malo, para otro puede ser bueno”.

Y es cierto, lo aparentemente malo sirve a los exitosos como retos para mejorarlos; los problemas en su vida o negocio sirven para superarlos.

Los exitosos lo han sido porque le sacan provecho a “lo malo”, reconocen que cualquier cosa que parezca mala o fea, siempre tiene su lado bueno o bonito.

En fin, para ver siempre lo bueno en lo malo, sólo tienes que formarte el hábito de hacerlo con constancia. Después de todo los problemas se transforman en aprendizaje para el futuro, o como alguien decía “De los problemas y de las derrotas siempre se aprende, de las victorias casi nunca”. Uno de los secretos de los ganadores es hablar siempre de hechos favorables.

Los que tienen como hábito ver lo bueno en lo malo no sólo muestran inteligencia, sino que le sacan provecho a todo, y son más exitosos en su vida, se enferman menos y dan muestras de liderazgo.

Nunca olvides que las tiendas de abarrotes cumplen la importantísima función social de hacer llegar las mercancías de primera mano a los consumidores finales; cada tienda es una célula en el gran organismo socioeconómico y cultural de México. Estas tiendas son consideradas como microempresas, y están clasificadas como Mypimes.

La importancia de las Mypimes radica en que representan el 95% del total de las empresas en México, dan empleo a cerca de la mitad de la población trabajadora, generan ocho de cada 10 nuevos empleos y contribuyen con el 15% del PIB. Las tiendas de abarrotes son más de 500 mil y cubren prácticamente todas las colonias de todas las poblaciones de México.

Como todas las microempresas, las de abarrotes representan una buena y potente alternativa para enfrentar problemas de empleo, desigualdad y pobreza, a escala nacional y mundial, ya que son resultado de auto-emplearse, de generar ingresos en el corto plazo, de aprender a ser empresario, etc.

A diferencia de las grandes tiendas/súpers, los propietarios de las tiendas de abarrotes tienen una comunicación mucho más cercana con sus clientes, lo que llega a ser una relación de mayor confianza, lealtad y oportunidad de negocios.

Sin embargo, a estas tiendas les ha faltado innovación, modernidad, visión empresarial, capacitación, etc., lo que ha provocado el atraso de las mismas y un crecimiento de las tiendas de conveniencia.

Las tiendas de abarrotes son motor de crecimiento económico para el país; el atraso que presentan aunado a la coyuntura económica del momento, ha llamado la atención de los fabricantes de productos al consumo, quienes han estado haciendo algunos de sus productos en presentaciones de menor precio, entre otras cosas.

Estimado detallista, vienen épocas mejores para ti, ojalá lo puedas ver de esta manera; el futuro de tu empresa está en lo que tú creas que puede llegar a ser; el entorno va a favorecer algunas oportunidades, sólo tienes que abrir tu mente, ser positivo y hacer tuyas las oportunidades.

El miedo excesivo y la falta de confianza en uno mismo son los enemigos más grandes que podamos tener. “El éxito no lo consigue el más inteligente, ni el que tiene más títulos académicos, sino el que se atreve, el que se arriesga”, esto sostienen los especialistas.

La conquista de nuestros objetivos y el logro de nuestras metas sólo se pueden alcanzar dentro de un ambiente de riesgo calculado.

Enfrentar los retos, habiendo evaluado nuestras propias fuerzas, aumenta las probabilidades de éxito.

¿Cómo superar el miedo?

Enfrentándolo y aprendiendo a manejarlo. Al respecto Susan Jeffers, autora de Bestsellers acerca del tema, menciona cinco verdades sobre el miedo:

1. El miedo nunca desaparecerá mientras sigamos creciendo como personas. 2. La única manera de liberarse del miedo a hacer algo, es hacerlo. 3. La única manera de sentirnos mejor es enfrentar nuestro miedo. 4. Todos sentimos cierto grado de miedo en terrenos poco familiares. 5. Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo subyacente que proviene de la impotencia.

Podemos agregar otras verdades más sobre el miedo: • La ignorancia crea miedo ante determinadas situaciones. • El padre de los miedos, por su frecuencia, es el miedo al cambio, a lo desconocido.

Por lo tanto, el saber que el miedo es normal ante situaciones imprevistas, novedosas o peligrosas, nos da confianza y valor.

Amigo detallista, recuerda que el miedo reprime todo el potencial que traemos; no temas a la competencia, no temas a los “súpers grandotes”, hasta ellos tienen puntos débiles que tú puedes cubrir. Lo único que no debemos hacer con esos miedos, es nada.

Es natural sentir miedo ante situaciones amenazantes reales, pero nuestra sociedad ha extendido el miedo hasta llevarlo a la ansiedad, el estrés y la preocupación, creando perturbaciones que van más allá de la respuesta natural del organismo a las amenazas.

Si bien el miedo es benéfico ante ciertas situaciones y peligros, también puede representar una barrera que nos imponemos y que nos hace permanecer inmóviles.

El miedo es una emoción que en mayor o menor grado todos padecemos en algún momento; se manifiesta ante peligros y amenazas reales o ficticios y se reconoce por una serie de cambios fisiológicos en nuestro organismo.

Se trata de una actitud hasta cierto punto instintiva; se desarrolló desde que nuestros ancestros tenían que enfrentarse directamente a animales salvajes para defenderse o para cazarlos.

Son varias las formas en que reaccionamos ante el miedo: el ataque, la huida, la paralización o con actitudes de sumisión frente al dominante. Las formas más civilizadas son resistir o huir.

Se trata de un esquema adaptativo porque constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa, surgido para permitir al individuo responder ante situaciones adversas con rapidez y eficacia. En ese sentido, es normal y beneficioso para todos.

Los psicólogos aseguran que la tensión de alerta causada por el miedo es necesaria para vivir porque sirve para superar los peligros reales.

Sin embargo, los humanos abusamos del miedo, pues hay comportamientos cuyas reacciones fisiológicas son muy parecidas pero que están muy lejos de cumplir con la función de protección.

En esto último nos referimos a los sentimientos de miedo al fracaso y al éxito; el miedo a los negocios, como empresarios.