Uno de los grandes males de nuestra sociedad es el machismo. 

No sólo se trata de agresiones físicas o verbales, la mayoría de las veces el machismo es silencioso y se expresa con actitudes de discriminación, prepotencia, sometimiento, subvaloración y separación de actividades, o con la idea de posesión y pertenencia, etc.   

Son costumbres que se han heredado desde hace muchas generaciones y que tenemos que eliminar; desde niños se inculca que el hombre no debe llorar, y que la sensibilidad y la cocina son sólo para mujeres; un tipo de educación que separa nuestras funciones y define diferencias en ambos sexos.   

Entonces, el machismo surge en el hogar; hombres que se educaron en un sistema machista y patriarcal, luego salen a la calle, a las instituciones, al trabajo, a la escuela, a practicar lo que aprendieron en la familia.

En las últimas décadas, el machismo se ha agravado, y esto ha sido porque los hombres están perdiendo fuerza y poder como proveedor o único proveedor del hogar. El empoderamiento que han tenido muchas mujeres los ha irritado. 

Las mujeres, al salir a trabajar, conocen otras opciones de vida, otras relaciones, y eso a muchos hombres no les ha caído bien. En la actualidad las mujeres están más conscientes de sus derechos y exigen un trato igualitario en el trabajo, la política, en el hogar, etc.

Las mujeres de esta época, estamos viviendo el cambio de mentalidad y actitud respecto a nuestra relación con los hombres; somos la generación del cambio, y como todo cambio, provoca incomodidades, desequilibrios y hasta dolor y conflictos. De nosotras depende modificar la mente de los hombres y las actitudes de toda la sociedad. 

Como madres, tenemos la responsabilidad de transmitir la igualdad de géneros a nuestros hijos; como hijas, tenemos el derecho de integrarnos a la sociedad en igualdad de circunstancias con los hombres. 

Aunque a algunos les duela, se acabó la época en que los hombres éramos los dominantes en la relación con las mujeres.

Las cosas están cambiando; en muchos casos, los hombres ya no somos los proveedores del hogar, o por lo menos, no los únicos.

Hemos visto que las mujeres cuentan con las mismas capacidades que los hombres para desempeñar cualquier tarea, y han estado reclamando, con todo derecho, la posición y el reconocimiento que, por décadas, el machismo les ha negado.

Tienen sus propias aspiraciones y tienen, también, el derecho de integrarse a la sociedad en igualdad de circunstancias con los hombres.

En esta casa editorial, todas las mujeres, cualquiera de ellas, blancas o morenas, altas o bajitas, jóvenes o no, merecen nuestro respeto, nuestro reconocimiento y aceptación.

¿Qué puede ser más doloroso que sufrir la pérdida de un familiar cercano a causa de la delincuencia?

¿Qué puede ser más dañino, aberrante, y vergonzoso para una sociedad, que vivir en un ambiente, donde cada día están aumentando los delitos de todo tipo y la mayoría quedan impunes? 

Ningún calificativo, por muy ofensivo o exagerado que sea, cabe aquí.

Los medios hablan de delitos cuya cantidad asusta, y cada día se multiplican enormemente; extorsiones, asaltos, secuestros, mujeres y niños muertos o desaparecidos.

Esto ya parece una “guerra intestina”, donde, hasta donde vemos, los malos la están ganando.

¿Qué es lo que está mal en todo esto? ¿Las leyes, los protocolos para detener delincuentes, los policías, el ejército, los jueces, el gobierno federal?  

¿Quién puede detener estas atrocidades? ¿Hasta dónde llegaremos? 

Viéndolo a profundidad, todos somos culpables de los delitos. Los países de donde proceden las armas, aquellos que permiten su acceso, quienes las poseen y las usan, muchos por no denunciar, las autoridades por no hacer nada. 

La mayoría de los medios también tienen su grado de culpa en esto; informan los delitos como si ya fueran normales, sólo para llamar la atención y aumentar su rating; sus noticieros están cargados de los sucesos delictivos, y muchos televidentes con morbosidad disfrutamos viéndolos. 

Algunas personas ven normal disfrazar a sus hijos al estilo narco en algunos festejos, otros realizan sus fiestas con temáticas alusivas a la delincuencia. 

Ya basta. Cultivemos en nosotros, y en nuestra gente, buenos valores para que no veamos a la delincuencia como algo normal.

Los riesgos continúan, y cada vez son mayores y múltiples las líneas.  

La delincuencia organizada no descansa; trabaja las 24 horas todos los días del año, buscando nuevas formas para delinquir o para mejorar y perfeccionar las formas anteriores que les han dado resultado.

Se habla de extorsiones telefónicas desde las prisiones, de donde salen la mayoría de las llamadas, pero las autoridades siguen sin poder o sin querer bloquear las llamadas que salen de esos lugares.

Se sigue, mencionando en los medios, que la delincuencia organizada sigue suplantando a muchas entidades financieras formales, haciéndose pasar por muchas de ellas. 

Ahora, ya están suplantando hasta a algunos bancos; es el caso de Santander y BBVA, de los que aparentemente hablan o envían mensajes telefónicos o de WhatsApp con aparentes alertas sobre nuestras cuentas; esto para sacarnos información. 

A mediados del mes pasado escuché en el principal noticiero de Televisa que han aumentado mucho estos fraudes, respecto a 2018: decían que era el grupo de ciudadanos colombianos que desde hace años habían estado haciendo lo mismo; aquellos de los que desde hace más de un año informamos a ustedes por este medio.

La conductora puso el audio de una llamada que recientemente había hecho alguien para solicitar informes sobre un crédito, en la que, alguien que necesitaba un préstamo, habló al teléfono de una empresa que se anunciaba en la prensa como financiera, evidenciándose que se trataba del mismo “gota a gota”. 

La recomendación de Condusef, sigue siendo la misma, pero con la sugerencia de nuestra parte, de que estemos más alertas, siempre y en todo lugar:

Nunca contratar préstamos en los que se tenga que dar un anticipo. Asegurarse de que la entidad con la que se va a contratar un crédito esté registrada ante Condusef o Profeco. Nunca dar información ni realizar operaciones a través de Facebook, WhatsApp, o cualquier otra red social.

Con cada nuevo año inicia un nuevo ciclo en nuestra vida, son momentos de hacer una evaluación de lo que dejamos de hacer el año pasado y planear lo que queremos lograr para este año.

Al planear, podemos caer solamente en intenciones y buenos deseos; debemos ponernos metas específicas. Una meta es lo que queremos lograr o llegar a ser; un plan es la forma como lo vamos a lograr y lo que tenemos que hacer para conseguirlo.

Para hacer tus planes sencillos y aterrizables, usa el método SMART (”Inteligente” en inglés); cada una de las letras sirve de inicial para describirlo.  

Cada quien sabe lo que quiere lograr o a dónde quiere llegar, en un plazo determinado. Las metas son muy personales, pero los planes deben ser sencillos, medibles, alcanzables, suficientemente retadores, con fechas específicas para concretarlos.

Método SMART.  Tus planes deben ser:

S. Sencillos: Fáciles de entender y aplicar

M. Medibles: Observables 

A. Alcanzables: Accesibles, poco a poco

R. Retadores: Ni pequeños ni grandes; ni fáciles ni difíciles 

T. Tiempo: Ponerles fecha y parcialidades

Para hacerlo más efectivo debes considerar los siguientes conceptos:

Sus Consecuencias: Es necesario pensar en los resultados, y sobre todo en los riesgos. ¿Qué razones tienes para hacerlo? ¿Qué sucedería si no haces lo que tienes que hacer para lograr tus metas?

Es necesaria una celebración por tus logros: Si consigues alcanzar tus metas, qué así va a ser, ¿Cómo vas a celebrarlo o cómo te vas a premiar? Esto sería una motivación para seguir adelante.

Tienes que ser flexible ante los cambios: Ajusta tus planes de acuerdo a como se vayan dando las cosas, siempre hay imprevistos. A cada momento podemos volver a empezar, inténtalo cuantas veces sea necesario.

Nuestros mejores deseos para este año.

En este mes deberemos estar más alertas que en otras ocasiones, y que los cuidados lo extendamos tanto a nuestros negocios como a la vida personal. 

En diciembre circula mucho dinero en el ambiente. Con tarjetas bancarias o en efectivo, la gente compra y gasta más que en otras ocasiones. Sin embargo, muchos no reciben ingresos para cubrir sus compromisos o no los suficientes; entonces, buscan hacerse de dinero o de bienes que puedan vender, aprovechándose de algunos incautos.

La delincuencia también necesita dinero para sus gastos y diversiones, y no puede ser posible que, por confiados, paguemos las consecuencias arriesgando nuestras vidas.

Tratando de impedir o minimizar los robos, los bancos, las plazas comerciales y muchos otros negocios grandes, aumentan su vigilancia en estas épocas. Nosotros podemos hacer lo mismo, pidamos a nuestra gente que en la tienda y en lo personal se cuiden más y que siempre estén alerta.

Cuidémonos de no recibir billetes falsos. Si alguien trata de extorsionarnos a través de la intimidación o amenazas, reportémoslo. El efectivo, o al menos las cantidades fuertes, deberán guardarse en lugares seguros para en caso de asalto. Mantengámonos vigilantes para evitar robo hormiga. Evitemos hacer negocios con personas poco conocidas.

En lo personal, no caigamos en el exceso de confianza; mantente muy alerta al retirar efectivo en Bancos, no camines por calles oscuras y sitios solitarios con dinero o prendas de valor. 

También, cuídate de los excesos en los en que puedes incurrir ante tantos festejos y tentaciones en este diciembre. 

Te deseamos a ti y a tu familia una Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo.

A manera de metáfora; imagina que estás en una selva y que te enfrentas a un animal salvaje. ¿Cómo respondes a eso?

Estas situaciones se les presentaban diariamente a nuestros ancestros cuando iban a cazar.

Sintetizando, sólo hay tres maneras de enfrentarse a los problemas:

1.- Inmovilizándonos. Estos casos se dan cuando el peligro es inminente, y tan grande, que ocasiona pavor o shock, sobre todo cuando causó sorpresa. 

2.- Huyendo: Generalmente, lo hace la gente con miedo o sin posibilidades de ganar; cuando el problema es demasiado grande, a veces esto es lo más inteligente. 

3.- Enfrentándolo: Esto responde a la necesidad que se tenga del logro que se puede obtener. La persona, aquí, se arma con los conocimientos, la información y la gente necesaria e interesada también en enfrentarse.

Para que todos tengamos cuidado, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) nos alertó ahora, sobre algunas empresas ficticias, que se están haciendo pasar como entidades financieras formales, suplantando sus nombres comerciales y sus datos fiscales y administrativos, para usarlos en forma fraudulenta. 

Las empresas ficticias utilizan domicilios falsos, ofreciendo “supuestos créditos” inmediatos y con pocos requisitos. Para ello, piden a cambio anticipos económicos, argumentando que es por concepto de comisiones, para tramitar la apertura del crédito o para pagar una fianza que ellos gestionan.

Buscan contactarnos por teléfono, correo o por WhatsApp. A los interesados les piden enviar su información personal por estos mismos medios o por redes sociales.

Después de realizar los depósitos para obtener el crédito, los depositantes tratan de contactarlos, pero nunca obtiene respuesta. Al cotejar los teléfonos registrados en la llamada, descubren que no pertenecen a ninguna entidad financiera, que son teléfonos que no dan línea o que siempre están ocupados.

En este caso, la Condusef, “no tiene facultades legales para realizar acciones en contra de los supuestos defraudadores, su función se limita sólo a alertar a la población”. Sin embargo, recomienda nunca proporcionar dinero antes del otorgamiento de un crédito, nunca entregar documentos personales o datos de tarjetas de crédito o débito a través de redes sociales y nunca dar información ni realizar operaciones hasta asegurarse de que la institución sea legal. 

Si has sido víctima de estos fraudes, se recomienda recurrir ante el Ministerio Público a levantar el acta de demanda correspondiente.

Algunos empleados se preocupan de ser sustituidos por alguna tecnología; se llenan de temor e incertidumbre ante un futuro difícil e incierto para ellos. Sin embargo, los cambios también traen oportunidades. 

Siempre habrá necesidades por satisfacer, sólo que, en muchas, se están cambiando las formas de hacerlo. 

Aspectos como la rapidez, el servicio, la calidad, la novedad, la comodidad, el precio, etc., diferenciarán los productos y servicios que se ofrezcan en adelante, y mucho de esto es cuestión de creatividad.

En este contexto, se observan cuatro panoramas en los empleos: 1) Algunos ya están despareciendo; 2) Otros, van a desaparecer en el largo plazo; 3) Muchos se están transformando con las nuevas tecnologías; 4) Varios más se están generando. 

¿En cuál de ellos te ubicas o te quieres ubicar?

Actualmente, el verdadero reto para las empresas de todos los tamaños, para los profesionistas independientes, empleados y todos nosotros en lo personal, es “Desaprender para Reaprender”.

Aunque esto es para todos, el reto es mayor para las empresas que han tenido la suerte de haber estado funcionando por mucho tiempo, así como para las personas de las generaciones “Boomers” y la “X”.

El causante de esto es el cambio, pero no el cambio por sí mismo, sino por  la intensidad y la rapidez con que se está dando.

Tú lo has visto y sentido en forma personal; no sólo es la tecnología, te ha tocado ver que muchas de las cosas que aprendiste ya son obsoletas o están en proceso de serlo, en el corto y mediano plazo.

Para muchos, los cambios han sido tantos y en períodos tan cortos que no sólo nos desactualiza, sino que además, nos estresa. Nuestra resistencia a los cambios, ha ocasionado que nos estemos convirtiendo en un nuevo tipo de analfabetas.

Aquellas empresas o personas que den el paso importante de “Desaprender para Reaprender”, seguirán funcionando como hasta ahora o si reaprenden contantemente, podrán “ponerse a la cabeza” de sus competidores.

¿Qué tenemos que desaprender? Muchas de las cosas que hemos aprendido. ¿Cuáles? Tú lo percibes mejor. En los contextos que vivimos hay muchas cosas que han cambiado o están cambiando. Además de la tecnología, en las cuestiones sociales hay muchas cosas nuevas por entender y aceptar.

“Desaprender para Aprender”, requiere de flexibilidad para pensar diferente y poder ver las cosas, situaciones y personas de otra manera. Para los problemas, por ejemplo, ahora hay mucha información para resolverlos. 

Hacer como le hacen los campesinos; para sembrar, antes cortan la yerba mala; si desaprendemos para reaprender, el mundo se nos hará menos complejo y difícil.