Fue en la ciudad de Orizaba, Ver., allá por los años 1909, cuando la niña de dos años Ana Maria Dolores Segura y Couto falleció de una enfermedad crónica que le venía desde tiempo atrás.

La niña fue sepultada en el cementerio Juan de la Luz Enríquez, conocido por sus tumbas y leyendas muy peculiares.

Sus padres, muy tristes por la pérdida,  y tratando de mantener la chispa que su hija tenía, contrataron al mejor escultor de esa época para que le hiciera una tumba con la misma forma y los mismos detalles que su hija, acostada sobre su cama. Todo esto resguardado por un ángel que tuviera una rosa en una de sus manos.

La obra fue realizada con tal detalle, que cumplía con los detalles de la niña. Sus ojos, su cabello, sus manos; todo era idéntico al pequeño cuerpo de ella.

Desde entonces la tumba permanece en perfectas condiciones, sin parecer que el paso del tiempo le afecte. 

Lo increíble es que desde hace unas décadas, después de fallecidos los familiares de la niña, con cierta regularidad, en las mañanas aparecen flores y juguetes al lado de su tumba.  

Se dice que el Ángel protege a la niña de las condiciones climáticas. Si hay mucho sol, el Ángel mueve sus alas para proteger el rostro de la pequeña, si hay lluvia sucede lo mismo.

Guardias del cementerio aseguran que en las noches la niña baja de la cama de mármol para jugar en el cementerio, y el ángel le ilumina el camino despidiendo una luz desde sus ojos para protegerla y no perderla de vista.

También afirman que la rosa que sostiene en su mano derecha, la deja caer sobre la niña para que ella pueda jugar.

Fuente: xalapaveracruz.mx

Para poder sobresalir en nuestra vida personal, familiar y laboral, necesitamos desarrollar habilidades de liderazgo.

Aunque algunas personas nacen con la energía para ser líderes o se desarrollan en el ambiente adecuado para lograrlo, no siempre es así; la mayoría de éstos caen en simples dominadores.

La mayoría de nosotros vivimos bajo patrones de dominancia social; y tendemos de creer que algunos nacen como líderes y otros no.

El problema es que desde niños adquirimos estos patrones de conducta. Algunos tienden a liderar, es el caso de los hermanos mayores o de un niño que se destaca en algo.

El concepto que cada uno tenemos de sí mismo, ya sea como líder o como seguidor, lo hemos aprendido por la estructura social que vivimos y no lo adquirimos por genética.

Si definimos el liderazgo como la capacidad de persuadir a los demás hacia metas y objetivos comunes, entonces cualquier persona puede ejercer como líder desde cualquier posición que ocupe en la sociedad. 

“Para poder asumir un liderazgo, hay que entender la dinámica de los roles que se juegan en una comunidad y las estructuras de autoridad existentes. Esto ayuda a comprender cómo se resuelven los conflictos dentro de cada rol diferente que uno tiene en la vida”.

En algún momento nos damos cuenta de que podemos ser líderes en alguna área de nuestra vida, todo depende del rol que estamos interpretando. 

En algunos roles podremos ejercer más liderazgo que en otros. El rol de empleado, por ejemplo, nos obliga a actuar más como seguidores. El rol de jefe de familia, casi siempre podemos ejercerlo como líderes; ¡claro!, siempre y cuando la pareja  nos lo permita. 

Tu rol como persona, es en el que podrás siempre ser líder, sin que nadie se interponga; ¡ejércelo en ti!

Cuenta la leyenda, que en el Panteón de Belén de Guadalajara, Jal., se presentó un suceso donde un estudiante de medicina se volvió loco. 

Resulta que hace tiempo, varios estudiantes de medicina estaban de internos en el Hospital Civil, adjunto al panteón.

Un día, un estudiante quiso demostrar su valentía; les apostó a sus compañeros que entraría completamente solo al panteón, a las diez de la noche, hora en que se daba “el toque de ánimas” en la iglesia cercana y, según se decía, a esa hora salían los muertos de sus sepulcros.

Para confirmar su hazaña, les dijo que entraría hasta el fondo del corredor y clavaría un clavo, para que sus incrédulos compañeros lo vieran al día siguiente. 

Al escuchar el primer campanazo, el atrevido estudiante brincó la barda y entró al panteón caminando con paso firme y seguro hasta el fondo del corredor, cargando en sus manos un martillo y un clavo.

Cuando llegó al fondo del oscuro corredor, clavó el puntiagudo metal, pero al retirarse notó que alguien lo detenía. 

Por más esfuerzo que hacía por correr, sentía que una mano lo tomaba fuertemente del hombro. Quiso gritar, pero no pudo; un nudo en la garganta se lo impidió. Estaba tan asustado y desesperado que se desmayó.

Al día siguiente, sus compañeros entraron al cementerio para ver qué había sucedido. Lo encontraron tirado en el suelo pero sujeto a una pared, su bata estaba asegurada con el clavo; con mucho trabajo logró decir que un fantasma le había clavado la bata.

A raíz de esto el estudiante perdió la razón y acabó vagando por las calles hasta que un día lo encontraron muerto.

Este panteón es una joya clásica de la historia de Guadalajara; se ubica a un costado del antiguo Hospital Civil de Guadalajara.  

Está repleto de misteriosas leyendas y apariciones de ultratumba. Se empezó a construir en 1787 debido a  las epidemias que azotaron a la ciudad por esos años, y a que la ciudad no contaba con espacios funerarios suficientes.

En el lugar fueron construidas diversas fosas comunes que sirvieron para controlar los miles de fallecidos. 

En 1833 Guadalajara vivió una segunda epidemia de cólera morbus, por lo que en ese mismo lugar se abrió una nueva fosa común para las víctimas de la enfermedad, y que se le conoció como el “Panteón de la capirotada”, por la forma en que tenían que ser enterrados los cadáveres: una pila de cuerpos y después echaban cal o tierra.

Luego, en 1850, durante otra epidemia de esa misma enfermedad, en el lugar se habilitó una tercera fosa común. 

Años después, el panteón fue rescatado y remodelado casi en su totalidad y pasó de ser el sepulcro de los pobres y desamparados al camposanto más importante de la ciudad. 

La última inhumación se realizó hacia finales del mismo siglo.

En la Actualidad es un museo, sede de diversas actividades culturales que enardecen el ambiente enigmático del lugar, 

En él, es común transitar por las tumbas y mausoleos majestuosos a través de recorridos turísticos, sobre todo los guiados que se realizan en la media noche.

Por su riqueza arquitectónica está protegido por el Instituto Nacional de Antropología e Historia y considerado Tesoro Arquitectónico Nacional.

El Panteón de Belén es un sitio repleto de historias y anécdotas que podrás escuchar de viva voz al entrar ahí. Sus  leyendas son únicas y dan un toque macabro al sitio. 

Es la tumba del niño Ignacio Torres Altamirano “Nachito”. La leyenda comienza con su muerte el 24 de mayo de 1882. Se dice que murió de nictofobia (miedo enfermizo a la oscuridad). 

Cuenta la leyenda que desde su nacimiento sufría este padecimiento, por lo que en las noches, sus padres ponían antorchas en su recámara para iluminarla y que pudiera dormir tranquilo; pero una noche, las antorchas se apagaron y a “Nachito” le dio un infarto fulminante. Al día siguiente, sus padres lo encontraron ya muerto en su cama.

Los padres enterraron a Nachito en el panteón de Belén, ahora museo, de Guadalajara, Jal.

Al día siguiente de su entierro, el sepulturero encontró el ataúd afuera de la tumba. Dio aviso a sus padres pero éstos no pudieron ir,  por lo que el sepulturero lo enterró de nuevo. Esto sucedió durante diez días. 

La gente empezó a decir que Nachito padecía “mal del diablo”, que la tierra no lo quería y por eso lo escupía.

Sus padres decidieron modificar la tumba, construyendo una encima de ésta, porque, según ellos, no podía descansar debido a la nictofobia que padecía. La tumba está hecha de piedra y tiene unas aberturas a los lados para que entre la luz. 

En  las esquinas de la tumba decidieron poner cuatro obeliscos y en cada uno de éstos ponían unas antorchas para iluminarlo durante la noche.

Hoy en día, la gente lleva juguetes a Nachito porque dicen que si no le llevan algo, puede acompañarlos hasta su casa y hacerles travesuras. 

Se sabe que Nachito sí juega por las noches con sus juguetes; según los sepultureros tienen que recogerlos antes de abrir el panteón porque los encuentran regados alrededor de la tumba.  

Si alguien se lleva un juguete de la tumba, Nachito se enoja y se va con él y le pasarán cosas raras.


1. Día de muertos maya, “Hanal Pixán”.

En las culturas mayas se amarran a los perros para que el alma del difunto que llega a visitar tenga el paso libre, y a los niños les ponen un listón negro en la muñeca de la mano derecha para protegerlos de que los espíritus se los lleven.

“La comida para las almas”, es un platillo típico, el “Pib”; que es como un tamal gigante que lo cocinan enterrado con el calor de la leña y piedras calientes.

2. Día de muertos en Campeche, “Pomuch”.

Allá, la tradición es desenterrar a sus muertos; lo hacen para limpiarlos y colocar sus restos en una caja de madera para acompañarlos ese día, paseándolos por el panteón para después regresarlos y quedarse a comer ahí mismo. Hacen esto después de que su familiar cumple tres años de haber fallecido.

Aunque raro, lo hacen como un gesto de amor, pues limpian los restos óseos de sus difuntos con paños limpios y bordados para la ocasión.

3. Mixquic, Ciudad de México.
Este pueblo tiene raíces coloniales en su arquitectura, de las que destaca el ex convento de San Andrés Apóstol que cuenta con figuras prehispánicas que representan al dios de la muerte. Tienen un altar de calaveras con cráneos humanos reales que se llama “Tzonpantli”, el que cada año adornan con flores de cempasúchil y velas.

Aunque muy prehispánica la celebración aquí, la combinan con música bailable y mariachis; además escenifican un sepelio, en donde acuestan a un hombre en un féretro fingiendo que está muerto mientras su mujer va pidiendo dinero; cuando ya están a punto de enterrar al supuesto cadáver, éste salta del ataúd para correr despavorido entre la multitud que ríe a carcajadas.

El gobierno calificaba a los líderes como terroristas, delincuentes y un peligro para la seguridad nacional, por lo que con el fin de terminarlo, el 2 de octubre de 1968 perpetró la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco.

El fanatismo contra lo estudiantes de esa época era relativamente fuerte. Gobierno, clero, empresarios, y muchos conservadores se formaron un concepto negativo de los estudiantes, satanizándolos sólo por ser eso.

El caso extremo de este ambiente social se dio en el estado de Puebla en septiembre de ese año. Cuatro muchachos, trabajadores de la Universidad de Puebla (BUAP), llegaron a San Miguel Canoa, una población localizada 12 kms al nor-oriente de la capital del estado; su objetivo era escalar el Volcán La Malinche, ubicado junto al poblado.

Algunos lugareños los empezaron a ver maliciosamente; los vieron jóvenes, se enteraron que venían de la BUAP y los creyeron estudiantes, por lo que rápidamente fueron a avisarle al cura del lugar.

Algunos inventaron cosas como que habían ofendido a la comunidad burlándose de sus usos, costumbres y de su idioma o que se habían ido sin pagar la cuenta en una tienda. Los calificaron como comunistas, “palabra que allá relacionaban con ‘el diablo’ o ‘satanás’ concepto que era parte del discurso clérigo que recibían del sacerdote”. El resultado de esto fue el linchamiento.

A raíz de esto, los habitantes de Canoa se crearon una fama de muy peligrosos, misma que se ha reforzado con los recientes linchamientos en el Estado.

Aunque los lugareños han querido olvidar ese asunto, muchos jóvenes oriundos del lugar han sufrido la discriminación al buscar trabajo en otras poblaciones, principalmente en la capital del estado, sólo por ser de Canoa.

¿Creerás que en 1968, en algunos lugares y zonas de la CDMX, ser estudiante, o que te identificaran como tal, era peligroso? Más aún si eras de la Facultad de Economía o Ciencias Políticas de la UNAM.

Podías ser arrestado o discriminado por mucha gente mayor que aún creía en las declaraciones oficiales. ¡Hasta te podrían linchar!

¿Por qué? Te hubieran calificado de comunista y enemigo del catolicismo y de Dios mismo. Esto fue cierto, mi abuelo y sus amigos me contaban que ellos mismos padecieron ese riesgo.

Todo esto sucedía por el ambiente social tan difícil que se vivió en esa época debido a las acciones policiacas contra el movimiento estudiantil de ese año.

Este movimiento detonó en julio de ese año, después de un enfrentamiento entre alumnos de las Vocacionales 2 y 5 del POLI y la preparatoria Isaac Ochoterena, incorporada a la UNAM. Los granaderos intervinieron para disolver el pleito, deteniendo a varios estudiantes y penetrando a las instalaciones de dichas vocacionales persiguiendo a otros.

A partir de ahí varias escuelas se unieron en paro de labores protestando por la introducción de los granaderos a las escuelas, por lo que los estudiantes iniciaron una serie de manifestaciones exigiendo la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de los jefes de la policía preventiva del DF.

El movimiento fue creciendo y las acciones de protesta se realizaron durante agosto y septiembre.

Dicho movimiento fue criminalizado y reprimido continuamente por parte del gobierno, quien buscaba convencer a la sociedad de que “era un intento de derrocar al gobierno para instaurar un régimen “comunista” como parte de un “Plan Subversivo de Proyección Internacional”.

Me hubiera gustado ser médico forense para hacerle una autopsia al Mar Muerto y conocer las causas de su fallecimiento, ¡Ja, ja, ja!

Resulta, dicen los conocedores de esto, que debido a su alto nivel de salinidad, le dicen Mar Muerto porque no puede existir ningún ser vivo en él.

¿Y por qué tanta sal? El clima caluroso y seco de la zona donde se localiza hace que se produzca una evaporación muy intensa de su agua. Como lo que se evapora es sólo el agua, la sal se queda en él, lo que ha ido aumentando su salinidad.

En realidad se trata de un lago salado, alimentado por las aguas del río Jordán, y que por cuestiones geológicas está ubicado a 420 metros bajo el nivel del mar. Según los estudiosos es el punto más bajo de la Tierra. ¿Un mar situado a 420 metros bajo el nivel del mar? ¡Así es!

Está ubicado en el medio oriente, entre Israel/Palestina y Jordania, una zona muy calurosa que hace que se evapore mucho el agua de su superficie.

Tiene 76 kms de largo, con un ancho de 16, y cuenta con una profundidad media de 118 metros, con una máxima de 378.

Sus aguas no tienen salida a ningún lado, y son eliminadas solamente por la evaporación y por la filtración.

Otra característica, a la que yo llamó “su principal secreto”, es que si te metes en sus aguas no te hundes, aunque tampoco puedes nadar. Sus altos niveles de sal impiden el hundimiento.

Debido a esos mismos niveles de sal, mucha gente, ha tomado al Mar Muerto como una opción de salud, acuden para darse baños de agua de sal.

La composición química de su agua es significativamente diferente al agua de los mares normales. “Sus aguas son relativamente ricas en calcio, magnesio, potasio y bromo, y relativamente pobres en sodio, sulfatos y carbonatos”.

Fue un domingo, precisamente el 28 de julio de 1957, cuando a eso de las tres de la madrugada los chilangos sintieron que “les movieron el piso”, y muy asustados se tuvieron que levantar para salir corriendo porque creyeron que la casa se les venía encima.

Fue un temblor de 7 grados, del que este 2017 se cumplen 60 años.

Se sintió en todo el centro del país. Claro, aquél temblor no se compara con el sucedido en 1985, pero en ambos, CDMX fue la más afectada. En aquella ocasión hubo 700 personas fallecidas y más de 2 mil 500 heridas.

Son muchos los daños y las historias que se pueden contar de ese temblor, pero lo que más destacó fue la caída de “El Ángel de la Independencia”, a quien parece que también lo “agarró” dormido, ya que no pudo sostenerse y cayó de su pedestal. Durante varios días la expresión general en CDMX era “nos quedamos sin ángel”.

Se cuenta que muchos todavía bailaban en los centros nocturnos en aquella madrugada y que salieron intempestivamente despavoridos hacia San Juan de Letrán, Juárez y Bucareli. Fue un buen pretexto para irse sin pagar, pero el susto les bajó muy rápido la borrachera.

“Fueron incalculables los daños materiales, algunas calles de la ciudad se habían abierto; 25 edificios sufrieron daños mayores y muchas casas quedaron dañadas. El único edificio que aguantó fue la Torre Latino”, claro era muy joven, se había inaugurado apenas un año antes.

“En la esquina de Frontera y Álvaro Obregón, en la céntrica colonia Roma, en el predio donde hoy hay un hotel, murieron 33 personas aplastadas”.

El techo de la nave central de La Merced se vino abajo.

En el puerto de Acapulco se relata que el mar se retiró 30 metros y provocó un tsunami que arrasó la costera.