En una entrevista que un ángel reportero hizo al Creador del Universo, le preguntó que cuál de todas sus creaciones lo tenía más complacido; “todas” contestó Dios, “pero hay una en la que puse especial atención porque ella es mi conexión con la humanidad, me refiero a la mujer”. 

“A este ser lo creé para perpetuarme en la tierra, para que fuera mis ojos ante todo lo que suceda en el mundo. En ella he puesto toda mi fe para que pueda mejorar el futuro de la humanidad”.

Continuó diciendo Dios, “la mujer es mi obra más completa porque la hice para germinar la vida, florecerla y perfeccionarla. Ella:

• Da la vida y la protege

• Sabe ser madre y padre al mismo tiempo

• Sabe desempeñar bien su papel de esposa, hija, abuela, compañera y amiga

• Sabe comprender y compadecerse de los que sufren

• Piensa en sus hijos y los siente siempre, desde su gestación 

• Tiene fortalezas que maravillan a los hombres, lleva grandes “cargas” pero sabe llenar todo con amor

• Sabe privarse de muchas cosas para que su familia pueda tener lo que necesita

• Llora cuando sus hijos triunfan o sufren. Son capaces de dar la vida por sus seres queridos

• Sabe ser suave, tierna, dócil, y también sabe ser fuerte y voluntariosa

• Puede trabajar hasta 18 horas al día

• Sabe aguantar grandes pesares y lograr grandes hazañas

• Es la principal y muchas veces la única educadora de la familia

• Es movida por la compasión y la misericordia

• Se le convence por el corazón”

El ángel se quedó asombrado, sólo se concretó a preguntar “¿Pues, de que está hecha la mujer?” “Está hecha de lo mejor de mi”, contestó finalmente Dios.

Junto con el Chihuahueño, el Xoloitzcuintle es uno de los perros totalmente mexicanos; data desde hace más de 3 mil años.

Existe información de otros perros 100% mexicanos también, pero ya se ven muy pocos o se consideran ya extintos.

Ya hemos visto sus características físicas; la principal es que, por cuestiones genéticas, la gran mayoría de ellos no tiene pelos. Son animales finos, sociables, inteligentes, dóciles, cariñosos y muy protectores. 

Los mexicas consideraban al Xoloitzcuintle como un regalo de los dioses. Xólotl, en náhuatl, significa dios del ocaso e itzcuintli significa, perro. Se decía que estos perros podían guiar a los muertos por su camino al otro mundo, por lo que en muchos panteones, se llegaron a encontrar cadáveres de éstos, junto con el del difunto.

Fue parte de los ritos y ceremonias religiosas de los aztecas, con los que se pedía a los dioses buenas cosechas. 

Durante la colonia, fue perseguido y marginado por los españoles, pues decían que representaba la lujuria.  

Durante ese período prácticamente desaparecieron de las ciudades y se replegaron a zonas rurales. 

Hasta principios del siglo pasado se creían extintos, pero poco después se empezaron a ver por las ciudades; artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera poseían varias mascotas de ellos, con lo que se empezaron a popularizar.

Últimamente, se hicieron más famosos con la película “Coco”, donde se muestra a uno, acompañando a todas partes al protagonista.

Hay varias versiones sobre su utilidad. Una de ellas, es que era considerado también como un perro curandero; los mexicas los usaban con fines medicinales para tratar diversos dolores como el reumatismo, poniendo al enfermo en contacto con la piel de uno de ellos.

También se dice que era consumido como alimento en festividades muy especiales.

A todos nos encanta jugar, y todos queremos ganar, pero muchos, cuando pierden, se frustran o se enfadan tanto, que se les baja la autoestima y la energía, o se vuelven agresivos, sobre todo si se pasaron de chelas.

Es sabido el caso del equipo de “Las Chivas”. En Guadalajara, cuando pierde en un domingo, muchos de sus seguidores bajan su productividad laboral el lunes siguiente; algunos empresarios lo han expresado.

Cuando existen competidores, en todas las actividades y profesiones, encontraremos perdedores y ganadores. 

En muchos deportes, encontramos equipos que son más las veces que pierden, que las que ganan. En el béisbol, por ejemplo, siempre hay un perdedor; nunca hay empates.

Hay ejemplos en la naturaleza en que la mayoría de las veces se pierde; un tigre, sólo una de cada cinco veces logra atrapar a su presa.

Escribo esto, porque he visto que muchos no saben perder. No lo hago para acostumbrarnos a perder, mucho menos para que seamos perdedores, sino para aprender a saber perder. Hay enseñanzas que nos conviene aprovechar cuando perdemos.

Te podría decir que hay de perdedores a perdedores ¿Cuál es la diferencia? Que unos saben perder y otros sufren cuando pierden.

A los que saben perder, podríamos llamarlos perdedores inteligentes, exitosos o resilientes; esto porque analizan sus derrotas. 

Ya sea que el opositor juegue limpio o sucio, como a veces nos sucede, se puede ganar perdiendo, o por lo menos no perder tan feo.

Es muy cierto que cuando perdemos en una competencia deportiva, laboral o personal, entre otras, o pierde nuestro equipo favorito o el partido político por el que votamos, nos sentimos de “la chin…”.

Pero, un buen perdedor logra controlar sus emociones, y se concentra en ver lo que pudo aprender: cuáles fueron las fortalezas del otro y los errores y debilidades propias.

Es la obra más grandiosa hecha por el hombre en Latinoamérica; unió dos océanos.

Su objetivo principal era minimizar el tiempo de traslado de los barcos mercantes para llegar de un océano a otro. 

Antes del canal, los buques tenían que bajar hasta el Cabo de Hornos o el Estrecho de Magallanes en el sur de Chile, recorrido que les llevaba dos semanas.

Ahora el Canal de Panamá, les permite pasar de un océano a otro en tan sólo 8 o 10 horas.

A pesar del alto cobro por peaje para cruzar el canal, en su conjunto, disminuyó los costos de transportación.

Actualmente, el valor del comercio que transita por el canal, representa el 6% del total mundial. Sus principales clientes son EUA y China, derivado del intercambio de productos entre las dos economías más grandes del mundo.

En 1880 hubo un primer intento por parte de los franceses para construirlo; fue Ferdinand de Lesseps, el mismo que construyó el Canal de Suez, situado en Egipto y que une el mar Mediterráneo con el mar Rojo, el que intentó esta gran obra.

Ese proyecto fue frustrado por “dificultades económicas y por las enfermedades que torpedearon el plan”; la empresa encargada de la edificación quebró, y las obras se paralizaron.

Se calcula que, en ese intento murieron más de 20 mil trabajadores, principalmente franceses, esto debido a desplazamientos de tierra, a la malaria y la fiebre amarilla, enfermedades éstas que, en ese entonces no eran bien conocidas.

Además, el grado de dificultad para hacer el de Panamá fue mucho mayor que el de Egipto, pues mientras que el terreno de éste es arenoso, el de Panamá es montañoso y rocoso, con un clima muy húmedo.

Aprovechando las experiencias obtenidas anteriormente, y mediante una cesión de los derechos sobre el terreno donde quedaría, los Estados Unidos reiniciaron la obra en 1904.

Finalmente, el canal se inauguró en 1914. Su extensión es de 82 km, algo así como la distancia por carretera entre CDMX y Cuernavaca. Tiene una profundidad de hasta 13.7 m y una anchura variante entre 91 y 300 m. El tiempo de traslado de los barcos se redujo en 97%.

Lo curioso es que, a pesar de unir dos océanos, cuyas aguas son saladas, por cuestiones técnicas, el agua que circula en el canal es dulce. Esta agua proviene del lago artificial, de nombre Gatún, que hicieron para ese fin. 

A su vez, el lago Gatún, se alimenta de las aguas de la represa Gatún, que también hicieron para el mismo fin y que es alimentada por el Río Chagres. 

El lago está a una altitud de 26 m s.n.m. con una superficie de 436 km², y sirve de reserva de agua para la operación de las esclusas del Canal.

Las esclusas, son los recintos con compuertas que se construyeron en el canal para que los barcos pudieran pasar de un tramo a otro de distinto nivel, mediante el llenado y vaciado de los espacios comprendidos entre dichas compuertas.

Imagínatelo, viniendo del Atlántico, desde el nivel de este océano, las esclusas suben los barcos al lago Gatún, por lo que buena parte del trayecto es sobre el lago. Ya acercándose al pacífico, otros dos juegos de esclusas lo descienden al nivel del Pacífico.

Algo curioso; para hacer el lago, tuvieron que inundar a 24 pueblos de la zona; éstos fueron trasladados a diferentes áreas del país.

El canal fue construido con tres juegos de esclusas, la de Gatún en el Atlántico y las de San Pedro Piquel y Miraflores en el Pacífico.

El canal opera 24/7 y lo cruzan entre 35 y 40 buques diariamente desde 1914.

Según cálculos oficiales, en esta ocasión, sólo murieron 5 mil trabajadores.

En 1977, los panameños exigieron “el reconocimiento de su soberanía sobre la totalidad de su territorio”, y después de muchas fricciones, el 31 de diciembre de 1999, el canal fue devuelto a Panamá, quedando a su cargo la administración y los grandes beneficios por concepto del pago por circular en él.

Desde la década de los 90, se venía presentando la necesidad de ampliar la infraestructura del canal con esclusas más grandes para recibir mayor número de buques y de dimensiones mayores.

Por esto último, en septiembre de 2007 iniciaron las obras de ampliación del canal, con el objetivo de construir dos nuevos cuerpos de esclusas, 60% más anchas y 40% más largas, una cercana a cada océano. La inauguración fue en junio de 2016.

El portacontenedores más grande que ha cruzado el canal, fue el Theodore Rooselvet, en agosto de 2017, con capacidad para 17,800 contenedores.

Actualmente cuenta con cinco juegos de esclusas, lo que hace más rentable el canal. Desde que se inauguró la ampliación:

• 300 millones de dólares cuesta su mantenimiento anual.

• 120 mil dólares en promedio es el costo de peaje de cada buque, aunque algunos han llegado a pagar hasta medio millón.

Fuentes: BBC News Mundo; Cecilia Barría / bancomundial.org / bbc.com / youtube.com / elpais.com / atp.gob.pa /  http://enciclopedia.us.es /latam.historyplay.tv

Cuando de niños no se reciben las “caricias” naturales necesarias para vivir un ambiente sano y agradable, muchos infantes buscarán obtenerlas mediante conductas particulares; aquí, el comportamiento se manifiesta siendo obedientes, ordenados, respetuosos, etc. 

Todo con el fin de obtener “caricias” positivas que, aunque condicionadas por parte de los adultos, les hará sentirse bien. Aquí se trata de una conducta adaptativa. 

Si con la conducta anterior los infantes no logran conseguir las “caricias” necesarias, su conducta será agresiva, de descuido, etc., con esto conseguirá satisfacer su hambre de caricias, en este caso de forma negativa.

Si tampoco logran conseguir satisfacer sus necesidades de “caricias” con las conductas anteriores, podrán enfermarse, sufrir algún accidente, etc., obteniendo así las caricias necesarias mediante el rechazo o la lástima. 

Aunque imperceptibles, estos métodos se manifiestan ya de adultos. Los comportamientos con los que nos interrelacionamos con los demás, ya sea en el trabajo, en los negocios, con clientes, etc., son similares a los que manifestamos de niños.

Podemos observar en nuestro entorno los tipos de gente con la que interactuamos y la que vemos en la nota roja de las noticias, donde destacan aquellas personas que marcadamente están urgentes de “caricias”, así como la forma de conseguirlas, tan destructiva para ellos.

“A medida que crecemos, el hambre primaria de contacto físico real se modifica y se convierte en hambre de reconocimiento”, y con sólo una sonrisa, una señal de asentimiento, una palabra o un buen gesto, podremos proporcionar a nuestros clientes, las “caricias” que servirán para que se sientan alimentados. 

Las “caricias” son indispensables para la supervivencia física y psíquica de las personas y son fuente de energía positiva o negativa según el valor que tengan.

Aunque lo dudes, para vivir psíquicamente sanos y por muy adultos que seamos, todos necesitamos “caricias”. 

Me refiero a la necesidad de “reconocimiento” personal, que existe en todas las personas.

A este tipo de necesidad, la teoría de Análisis Transaccional del autor Erick Berne, le llama hambre de “hambre de caricias”.

Se trata de un concepto amplio de las relaciones humanas que, aunque en forma parcial, algunas empresas ya están aplicando para atraer clientes y aumentar su fidelidad.

Erick Berne, asegura en su obra que, todas las personas tienen necesidades biológicas y psicológicas, y para subsanarlas, buscan ser tocadas y reconocidas por los demás. “Cualquier acto que implique el reconocimiento de otro, es una caricia”.

Existen diversos tipos de “caricias”, y se clasifican según el medio de transmisión, el tipo de emoción en la que se transmiten, por los requerimientos para darlas o recibirlas, por la sinceridad con la que se expresan, etc.

De esta manera existen caricias físicas, verbales, escritas y gestuales. Pueden ser positivas y negativas; condicionadas, falsas, adecuadas e inadecuadas, etc.

La cantidad y el tipo de “caricias” que necesitamos, varía de persona a persona. Esto dependerá de la cantidad y la calidad de “caricias” que cada quien recibió de niño/niña.

Algunas personas, que de niños recibieron muchas “caricias”, ya de adultos llegan a rechazar cualquier “alabanza” que se les haga o diga; otros, al revés.

Para muchos hombres, sus mejores “caricias” son cierto tipo de platillos a la hora de ingerir alimentos.

Muchos otros, por su baja autoestima, no saben recibir caricias positivas y cuando reciben una, siempre la minimizan con algún comentario improcedente.

Fuente: Erick Berne “El análisis Transaccional” Edit. Morata

No sólo son agresiones físicas o verbales, la mayoría de las veces el machismo es silencioso y se expresa con actitudes de discriminación, prepotencia, sometimiento, subvaloración y separación de actividades, o con la idea de posesión y pertenencia, etc.   

Son costumbres que se han heredado desde hace muchas generaciones y que tenemos que eliminar; desde niños se inculca que el hombre no debe llorar, y que la sensibilidad y la cocina son sólo para mujeres; un tipo de educación que separa nuestras funciones y define diferencias en ambos sexos.   

Entonces, el machismo surge en el hogar; hombres que se educaron en un sistema machista y patriarcal, luego salen a la calle, a las instituciones, al trabajo, a la escuela, a practicar lo que aprendieron en la familia.

En las últimas décadas, el machismo se ha agravado, y esto ha sido porque los hombres están perdiendo fuerza y poder como proveedor o único proveedor del hogar. El empoderamiento que han tenido muchas mujeres los ha irritado. 

Las mujeres, al salir a trabajar, conocen otras opciones de vida, otras relaciones, y eso a muchos hombres no les ha caído bien. En la actualidad las mujeres están más conscientes de sus derechos y exigen un trato igualitario en el trabajo, la política, en el hogar, etc.

Las mujeres de esta época, estamos viviendo el cambio de mentalidad y actitud respecto a nuestra relación con los hombres; somos la generación del cambio, y como todo cambio, provoca incomodidades, desequilibrios y hasta dolor y conflictos. De nosotras depende modificar la mente de los hombres y las actitudes de toda la sociedad. 

Como madres, tenemos la responsabilidad de transmitir la igualdad de géneros a nuestros hijos; como hijas, tenemos el derecho de integrarnos a la sociedad en igualdad de circunstancias con los hombres. 

Una persona responsable, de acuerdo al diccionario, es quien responde de los propios actos que ejecuta, y además tiene la capacidad para tomar decisiones y dirigir una actividad.

En este sentido, ser responsable significa que todos nuestros actos sean realizados con cumplimiento del deber y justicia en todos los sentidos, cumpliendo con nuestros compromisos.

La responsabilidad empieza por uno mismo, haciéndonos responsables de nuestras acciones, de nuestras decisiones, de nuestros pensamientos y sentimientos. 

Hacernos responsables también de nuestro pasado, para entenderlo, aceptarlo y sacarle provecho, y si hubo inconvenientes, reinterpretarlo y perdonarlo, evitando la culpa. 

Con nuestro presente y el futuro, ser responsable implica cumplir con nuestros deberes aun cuando nos cuesten trabajo y requieran esfuerzo.

La responsabilidad es una de las principales cualidades de las personas exitosas, y tiene un alto significado de madurez.

Para ser más responsables conviene darnos cuenta que todo lo que pensemos, hagamos o digamos tiene un efecto o consecuencia; además, debemos cumplir nuestras promesas, por lo que debemos prometer sólo cosas que estén a nuestro alcance. 

La responsabilidad genera confianza; primeramente, en nosotros mismos; enseguida, con nuestra familia y con nuestros clientes. Se tiene confianza en aquellos que son responsables.

Recordemos que somos responsables, en mayor o menor grado de todo lo que sucede a nuestro alrededor, pero somos totalmente responsables de nosotros mismos, de nuestros seres queridos, de nuestro patrimonio, de nuestro negocio, de la satisfacción de nuestros clientes; de nuestro pasado, de nuestro presente y de todo lo que lleguemos a ser y tener en el futuro.

La responsabilidad nos hace más fuertes y nos abre las perspectivas de un futuro mejor, ya que tomamos conciencia de que muchas cosas dependen sólo de nosotros mismos. La responsabilidad va de la mano con la libertad y la realización personal.

Claras, oscuras, en botella, en bote o de barril; con mucho cuerpo o ligeras, tradicionales o artesanales, desde hace miles de años, la cerveza ha convivido con los humanos, generando alegría, compañerismo, salud y gastronomía. 

Y cómo no, si muchos estamos convencidos de que una cerveza es más nutritiva que un bistec; no en vano, antiguamente, era conocida como “pan líquido”. 

Hasta antes de la Revolución Industrial, su fabricación se consideraba exclusiva de las mujeres; fue en la cocina, “donde las primeras cervezas vieron la luz”.

Algunas versiones dicen que fue creada por monjes durante la edad media, otras dicen que fueron los egipcios los creadores; lo cierto es que la cerveza, como la conocemos, es resultado de un proceso evolutivo de fermentación y contenidos, cuyos inicios datan desde hace más de 11 mil años.

Los antropólogos han encontrado en Mesopotamia, allá donde actualmente es Irak, algunas tablillas en escritura cuneiforme, que datan del 4.000 a. de C., que testifican que ya desde entonces se producía formalmente la cerveza; en esta región lo hacían a partir del pan de cebada fermentado. 

Ya en el siglo V, la cerveza comenzó a ser producida en los monasterios europeos, donde se preparaba a base de cebada y avena.

Fue hasta los siglos XI y XIII cuando en Europa, además de la fabricación casera, aparecieron las primeras fábricas de cerveza.   

A partir de entonces, la tendencia en el consumo de cerveza se ha ido incrementando hasta la actualidad.

Los países con mayor consumo per cápita se concentra en Europa. Los más “cheleros” son: República Checa con un consumo per cápita anual de 137 litros, Polonia 98, Alemania y Austria 95, Lituania 92, Croacia 81, Irlanda 79, Letonia 76, Eslovenia 76 y Rumania 75.

 México está por abajo de los 75 litros anuales por persona, pero somos los principales exportadores, sobre todo de cerveza artesanal.

La corrupción no es algo natural en todos los mexicanos, sólo en los políticos; los demás, sólo nos acomodamos a como se dan las circunstancias.

Sobre esto, Eduardo Bojórquez, director de Transparencia Mexicana, en una entrevista que le hizo Nacho Lozano en su programa “De pisa y corre”, expresó que “los mexicanos no somos corruptos, ni por naturaleza, ni por idiosincrasia, ni por código genético, y eso lo muestran muy bien algunas cosas que funcionan correctamente”.

Argumentaba Bojórguez, que los mexicanos simplemente nos adaptamos a las cosas según como funcionan; “cuando en una institución su sistema funciona bien, nadie llega ofreciendo mordida ni exigiendo que se la pidan”. 

Bojórquez puso el ejemplo de una familia que en su colonia no había  habido agua en varios días, y para que la pipa del ayuntamiento la surtiera, la condicionaban a una cantidad de dinero. ¿Qué había que hacer ahí, si la jefa de familia no tenía otra alternativa para resolver el problema? 

Entonces, “es un problema de los sistemas que hemos construido como país”, explicó Bojórquez. Si creemos que la ruta para resolver algo es el soborno, pues lo hacemos, “es una solución práctica”.

La explicación de esto, según el entrevistado, es que nuestra clase politica no ha visto o no quiere ver que “la sociedad mexicana ya cambió, ya le quedó claro que esto es el principal problema del país, está convencida que detrás del problema de la seguridad hay un problema de corrupción, ya lo ve como un gran problema; eso ya lo entendimos todos”. 

Pero la clase política no está entendiendo esto; se ha resistido al cambio.

Por unas entrevistas que hizo Manolo, reportero del programa en cuestión, quedó claro que la esperanza para mejorar las cosas en el país, son los jóvenes; las generaciones Millennials, la “Z” y la “T”.

Los de más edad, a pesar de que critican la corrupción, caen más fácilmente en ella, ya sea por necesidad, urgencia, oportunidad o costumbre.

Por muchos años, México ha ocupado los primeros lugares en corrupción a nivel mundial; dicho de otra manera, de los peores países calificados en honestidad.

Sin embargo, en los últimos indicadores de Transparencia Internacional, referente a la percepción que se tiene sobre este tema, en 2019 mejoramos un punto en una escala de 100.

Esto es importante para nuestro país, sobre todo después de que desde 2015 veníamos en picada en las posiciones mundiales. Este resultado nos da esperanza de que mejoraremos, sobre todo a los ojos de los países del G20, donde seguimos ocupando el último lugar.

Dentro de este grupo, México tuvo 29 puntos, seis abajo de Brasil con 35, y sólo uno arriba de Rusia con 28.

Sin embargo, también estamos en el último lugar dentro de los 36 países que agrupan la OCDE, muy por abajo de Chile que tuvo 21 puntos.