No te amargues ni te quejes de “lo malo” que te suceda.

Tu felicidad no consistirá en la ausencia de problemas, de experiencias dolorosas y situaciones adversas “sino de la forma en cómo respondas a éstas y logres crecer a través de ellas”.

Ve tus entornos “difíciles” como campos de entrenamiento diario, donde puedes ejercitar tu voluntad, tu autocontrol, tu autoestima, etc. 

Todos estamos expuestos a embates de todo tipo, pero recuerda que cada quien es responsable de su felicidad, de su calidad de vida, de su estado de ánimo y de su futuro.

Evita que tu sensibilidad se pueda convertir en debilidad, después de todo “lo que no te mate, debe fortalecerte”. 

No permitas que otros manejen tus emociones y tu estado de ánimo. Si te encuentras con alguien pesimista, aléjate, te puede contagiar; si te topas con personas negativas o agresivas húyeles.

Los especialistas aseguran que a mayor capacidad intelectual, menos sufrimientos; aumenta tus conocimientos, lee lo suficiente de la psicología de las personas, busca opciones a tus problemas.

“No te compares con nadie; al hacerlo, lo único que harás es insultarte a ti mismo”. 

Es importante conocer la percepción que los demás tienen de nosotros, pero si tú dependes de ellos para sentirte bien, te harás vulnerable a los vaivenes de sus estados de ánimo.

Bill Gates aseguró una vez que “al mundo no le importa nuestra autoestima. El mundo espera que logremos algo, independientemente de que nos sintamos bien o no, con nosotros mismos”.

Los demás están tan ocupados en lo suyo, que la mayoría de las veces no les importa cuánto nos queramos. 

Empodérate, la gente busca personas y negocios fuertes, no importa su tamaño o perfil.

La salud es el estado permanente de bienestar físico, emocional y psicológico que todos debemos procurarnos. 

Es una cuestión de responsabilidad, de inteligencia mínima y de hábitos para vivir bien y para ser más competitivos.   

Saber cómo podemos conseguirlo es sencillo, ejercerlo día a día, es el reto. 

Éstas son las prácticas que diariamente nos conviene realizar:

Consumir frutas y vegetales. Estos son los alimentos más sanos, que aportan gran cantidad de nutrientes, vitaminas y minerales que el organismo necesita para estar saludable, y que además brindan tan pocas calorías que nos ayudan a conseguir un peso estable. 

Disminuir a lo mínimo la comida chatarra: frituras, embutidos, alimentos azucarados, salados y procesados, ricos en grasas saturadas y calorías. 

Eliminar los vicios. Dejar de fumar y bajar al mínimo el consumo de alcohol. 

Beber agua. Ya lo sabemos, el agua hidrata y purifica nuestro organismo por dentro y por fuera, elimina toxinas, mejora el funcionamiento de los órganos, el estado de la piel y el cabello y, por si fuera poco, nos oxigena y nos ayuda a adelgazar.

Dormir lo suficiente. Dormir es lo que permite al organismo regenerar la energía que necesita para vivir y mantenerse activo. Los expertos recomiendan dormir unas siete u ocho horas diarias.

Hacer ejercicio. No sólo nos permite adelgazar, mantenernos en forma y lograr una mejor figura; también fortalece las defensas del organismo, nos mantiene más jóvenes y vitales, combate el estrés y, por si fuera poco, nos hace más felices. Al menos 30 minutos al día, cuentan como actividad física. 

Cuidar nuestra salud emocional. Si no puedes ser positivo en todo, al menos sé objetivo. Practica cada día alguna actividad que disfrutes y te entusiasme. Procura separar los problemas del trabajo y los de tu hogar. Toma vacaciones al menos una vez al año.

Una de las razones que mantienen a mucha gente en la pobreza o mediocridad, viviendo con apuros, endeudados, siempre frustrados, y con problemas económicos, sociales, etc., es la costumbre.

Muchos ya no hacen nada por progresar, ya se acostumbraron a estar como están, hasta les extrañaría si los sacan de esa situación. 

Ese tipo de gente no quiere salir de su, aunque incómoda, “área de confort”; no quieren dejar su modelo de vida, se pondrían nerviosos; no sabrían cómo manejar el éxito, y pensarían que su progreso personal les causaría problemas e incomodidades.

Algunos creen que tener dinero trae problemas, claro que sí, pero no más de los que trae la pobreza.

Tú podrías creer que es difícil hacerse rico en este país; bueno, habría que definir bien lo que es ser rico. No se trata de ser uno de los 500 hombres y mujeres más ricos de México, sino de tener más que suficiente para vivir holgadamente.

Hay muchos casos de gente que, a pesar de las crisis, de las subidas del dólar y de los malos gobiernos, están progresando; no sabemos mucho de ellos porque nadie los “ventanea”; sólo nos enteramos de los casos extremos, de los muy ricos y de la mayoría, los pobres.

Recuerda que la riqueza, la mediocridad y la pobreza, están en la mente de cada uno; dentro de ti puedes generar cualquiera de estos tres escenarios.  

La pobreza, de cualquier tipo, también se hereda, pero para muchos, no ha importado el ejemplo que recibieron como herencia; con su voluntad, han podido romper con ese tipo de “maldición”.

Primero relájate. Respira profundo varias veces; conteniendo cinco segundos la respiración, expulsa el aire despacio durante otros cinco segundos. 

Una vez relajado, analiza tu situación en contexto e identifica el verdadero problema. “Salte de la caja”; ve tus problemas desde afuera. Es difícil encontrar soluciones si se está demasiado inmerso en ellos. 

¿Qué le aconsejarías a un amigo que estuviera en el mismo caso?

Analiza otras perspectivas. Ábrete a rutas y métodos diferentes a los que siempre has usado. 

Dale una imagen a tu problema; velo desde arriba, desde abajo, desde atrás.

Trata de no resolverlo bajo presión o estresado. En las mañanas, cuando te estás bañando, piensa en cómo solucionarlo; el agua caliente y el masaje con el estropajo te ayudarán mucho. 

Algunos problemas podrás manejarlos por “incubación”, para revisarlos nuevamente uno o dos días después.

De la misma manera, ten mucho cuidado cuando pagas tus consumos o compras con una tarjeta bancaria.

Los expertos financieros piden tomar en cuenta lo siguiente:

1.- En tiendas, restaurantes y gasolineras, no permitas por ningún motivo, que se lleven tu tarjeta lejos de tu vista.

En esos lugares, llegan a robar datos con lectores de banda magnética que pueden esconderse en una mano, después sólo esperan poder mirar el NIP que introduces en la terminal al pagar la cuenta. Ahí también, cubre con una mano el teclado.

Algunas veces también, el lector de la terminal lo adulteran para hacer cobros falsos. “Si sospechas de alguno, ingresa una clave errónea; si la compra es aceptada, el dispositivo está clonando la tarjeta, por lo que debes avisar de inmediato a la policía”.

2.- Los pagos más seguros ahora,  son a través de los celulares, un uso cada vez más extendido en todo el mundo y del que podemos disponer para evitar robos.

3.- Pide a tu banco que bloquee los pagos que se puedan realizar en el extranjero.

4.- Puedes también, configurar tu cuenta para que cada vez que se haga un cargo te llegue un mensaje al celular.

5.- Cuando te llegue por mail una promoción muy atractiva de una tienda conocida, no ingreses ningún dato que te pidan, por muy atractiva que sea; verifica si no es un intento de fraude preguntando directamente a dicha tienda por la veracidad de la promoción.

6.- Por último, revisa periódicamente los movimientos de tus cuentas bancarias, así como el estado de cuenta que te debe llegar mensualmente por internet.

Ten mucho cuidado al retirar o depositar dinero en los cajeros automáticos de los bancos, pues algún delincuente puede intentar robar tus datos.

Ciertamente, el robo más común y al que todos estamos expuestos, es cuando acudimos a estos cajeros.

En estos lugares, los ladrones buscan la manera de conocer tu número de tarjeta para clonarla y el Número de Identificación Personal (NIP).

Para conseguirlo, los delincuentes instalan en los cajeros automáticos un dispositivo que lee la banda magnética de la tarjeta y una cámara que graba la clave que introduces al cajero; posteriormente, a través de un computador descargan los datos a una tarjeta vacía, y ya está.

Para evitar esto, la Condusef recomienda que, al ir a sacar o meter dinero a un cajero automático, siempre tengas en cuenta lo siguiente:

1.- Tapa con una mano el teclado del cajero mientras estás introduciendo tu NIP.

2.- Nunca pidas ni aceptes la ayuda de  extraños; si tienes dudas para manejar el cajero, mejor acude a una sucursal  del banco y pregunta ahí a un funcionario. 

3.- Nunca olvides recoger la tarjeta al finalizar la operación.

4.- No tires a la basura el comprobante que da el cajero; si lo haces asegúrate de romperlo bien para que nadie pueda ver tus datos. 

5.- Cuida que las personas que están  cerca del cajero que estás usando no vean tu clave. 

6. Si el cajero se traga tu tarjeta, no te vayas sin antes reportarla, personalmente a un ejecutivo o por teléfono. 

7.- Para mayor seguridad, acude a los cajeros que están dentro de las sucursales bancarias; ahí los revisan frecuentemente para que no se hayan instalado dispositivos de fraude.

1. Conéctate con tus emociones

No podemos eliminar nuestras emociones, por lo que el primer paso, muy importante, es conectarnos con ellas y entender cómo fluyen en nosotros. Captar y descubrir la emoción que hay detrás de cada uno de nuestros actos.

2. Ponle nombre a tus emociones

Se trata de identificar el tipo de emoción que nos invade. Las emociones básicas, a partir de las cuales se crean todas las demás son: alegría, tristeza, enfado y miedo. Al reconocerla, identificarla lo más específico posible y ponerle un nombre, nos ayudará a entender cómo nos estamos sintiendo y por qué. 

3. No equivocarnos con las apariencias emocionales 

“Muchas veces las emociones primarias desencadenan otras emociones, y eso nos lleva al error de creer que lo que realmente estamos sintiendo es una emoción secundaria”. Ejemplo, cuando nos sentimos traicionados nos enfadamos, pero la emoción original causante de ese enfado puede ser la tristeza. 

4.- No Juzgar nuestros sentimientos

Las emociones no son malas, tienen funciones específicas. No conviene luchar contra ellas. El miedo nos informa de nuestra incapacidad para enfrentar ciertos sucesos. El enfado nos avisa cuando violan nuestros derechos y nos impulsa a atacar o defendernos. La tristeza nos indica que perdimos algo importante para nosotros. 

5.- El lenguaje corporal de nuestras emociones

Nuestro cuerpo nos puede ayudar a identificar nuestras emociones, ya que presenta ciertas cambios en el momento que nos invaden. Si relacionamos estos cambios en nuestro lenguaje corporal con nuestras emociones podremos detectarlas mucho antes.

También “provocan cambios fisiológicos automáticos como rubor cuando nos enojamos o presión en el pecho cuando estamos tristes”.

6.- Nuestros pensamientos pueden ayudarnos a controlar las emociones

Nuestros sentimientos provienen de nuestras emociones y de lo que pensamos de ellas. Para evitar la emoción, modifiquemos nuestros pensamientos de cada emoción. Con cada una nos invade un pensamiento; decidamos el tipo de pensamiento que queremos tener y la manera en que nos vamos a comportar.

7.- Evitemos juzgar las reacciones de los demás 

“Todo el mundo tiene motivos para hacer lo que hace”. Detrás de cada comportamiento siempre hay una razón; procuremos identificar el tipo de sentimientos que hay en cada reacción, así como las emociones y pensamientos que pueden estar experimentando, aún cuando nos estén insultando; hacer esto en cada ocasión evitará que nos enojemos.

8.- Aprendamos a expresar asertivamente nuestras emociones

La fórmula recomendada por los amigos de habilidadsocial.com es la siguiente: “Me siento X (emoción) cuando haces Y (conducta) en la situación Z”. 1) Definir la emoción; 2) Expresarla en primera persona; 3) Comunicar la conducta Y que nos provoca dicha emoción; 4) Expresar lo que necesitamos.

9.- Anotar en una libreta nuestros sentimientos

Se trata de llevar “un diario emocional.” Se ha demostrado que escribir las emociones en una libreta mejora nuestros pensamientos respecto a ellas, pero tienen que ser escritas a mano y no en la compu.

10.- Hacer de estas prácticas una conducta permanente.

“Repitiendo las nuevas conductas, la plasticidad neuronal modificará sus conexiones para crear la vía neuronal del nuevo hábito hasta que se convierta en algo automático”. Sin embargo, hay que hacerlo poco a poco, una sola cosa a la vez, hasta convertirla en hábito, empezando por aquella emoción que más pudiera estar causando problemas.

Ya se ha demostrado que la Inteligencia Emocional (I.E.) es más importante que la Inteligencia Racional (IQ). La I.E. nos hace estar más sanos, más felices, más prósperos, y nos proporciona mayores y mejores satisfacciones.

La falta de I.E. puede crearnos muchas dificultades con uno mismo y con los demás; se llegan a cometer errores graves, y fácilmente pueden frenar el logro de nuestros objetivos.

Muchos dicen que la I.E. no se puede mejorar o adquirir, que porque es cuestión de genética, de cómo nos educaron de niños, etc.

Sin embargo, los amigos de habilidadsocial.com, nos aseguran que hay buenos programas de desarrollo personal y formación que funcionan muy bien para lograrlo.

No hay milagros en esto, pero los muy estudiosos del tema aseguran lo siguiente:

A.- Se puede cambiar hasta cierto punto; de hecho, “la inteligencia emocional mejora con los años, ¡de ahí el dicho de que la gente madura con la edad!”.

B.- La ayuda verdaderamente profesional sí da resultados.

C.- Es muy necesaria una visión imparcial; que alguien nos retroalimente al respecto, ya que hay mucha diferencia entre cómo nos vemos nosotros y cómo nos ven los demás, y ante ciertos retos, muchas veces nos creemos mejor de lo que realmente somos.

D.- Las mejores técnicas para ello, son las que nos enseñan a cambiar nuestros pensamientos y las conductas que derivan de estos, sobre todo las técnicas que nos ayudan a mejorar la capacidad de aceptación y el perdón.

Tomando en cuenta lo anterior, “los últimos meta-análisis demuestran que es posible mejorar la I.E. un 25% en promedio, y en el caso de las habilidades sociales, hasta un 50%”. Esto es posible gracias a la plasticidad neuronal que nos permite aprender empatía y control de las emociones, a cualquier edad. 

Los que más la usan, no son precisamente los que más bicicletas tienen.

“Hasta 2016 había más de un billón de bicicletas en el mundo, el doble de la cantidad de autos”. Anualmente, la producción de bicicletas es de 100 millones. 

Con ella, tenemos la oportunidad de mejorar nuestra salud, ya que si la usamos diariamente para desplazarnos, evitaremos la gordura o el sobrepeso, combatiremos algunas enfermedades, nos sentiremos mejor, y ayudaremos a bajar la contaminación.

1. China

Bicicletas: 500’000,000, para una población de 1,342’700,000 habitantes.

Ciclistas: 37.2%

2. Bélgica

Bicicletas: 5’200,000, para una población de 10’827,519 habitantes

Ciclistas: 48%

3. Suiza

Bicicletas: 3’800,000 para una población de 7’782,900 habitantes

Ciclistas: 48%

4. Japón

Bicicletas: 72’540,000, para una población de 127’370,000 habitantes

Ciclistas: 56.9%

5. Finlandia

Bicicletas: 3’250,000 para una población de 5’380,200 habitantes

Ciclistas: 60.4%

6. Noruega

Bicicletas: 3’000,000, para una población de 4’493,000 habitantes

Ciclistas: 66.8%

7. Suecia

Bicicletas: 6’250,000, para una población de 9’450,000 habitantes

Ciclistas: 66.1%

8. Alemania

Bicicletas: 62’000,000, para una población de 81’802,000 habitantes

Ciclistas: 75.8%

9. Dinamarca

Bicicletas: 4’500,000, para una población de 5’560,628 habitantes

Ciclistas: 80.1%

10. Holanda

Bicicletas: 16’500,000, para una población de 16’652,800 habitantes

Ciclistas: 99.1%

Quién iba a pensar que el invento de Karl Drais de hace 202 años, fuera ahora tan importante y necesario para la población de muchos países.

Sabemos mucho de las bondades que tiene este invento actualmente: el fácil desplazamiento, el bajo costo comparado con un auto, cero contaminación, nos permite hacer ejercicio, etc.

Como todos los inventos que actualmente nos son de utilidad, la bicicleta es también resultado de un proceso de muchos años y de muchas personas.

1ª.- La primera bicicleta, fue fabricada en 1817 en Alemania, precisamente por Karl Drais. Era de madera y la bautizó con su apellido, “draisina”. Era muy diferente a lo que conocemos ahora; no tenía pedales y había que empujarla con los pies en el suelo.

2ª.- El siguiente intento fue de Kirkpatrick Macmillan, un herrero escocés quién “creó la primera bicicleta con pedales y dos ruedas en 1839. Sin embargo, esta rudimentaria bicicleta aún no tenía correa de transmisión”.

3ª.- El tercer intento fue en 1861 por el francés Ernest Michaux, quien ubicó los pedales en la rueda delantera, idea que “abrió el camino para llegar a la bicicleta tal y como la usamos actualmente”. Sin embargo, su éxito fue efímero ya que se necesitaba mucho equilibrio para manejarla. 

4ª.- La falta de equilibrio la solucionó el inglés James Starley, en 1873, a quien se le ocurrió la bicicleta con la rueda delantera mucho más grande que la trasera.

5ª.- Ya en 1885, John Kemp Starley, creó la Safety Bicycle (bicicleta de seguridad). Tenía frenos, permitía una postura más natural y el ciclista estaba más cerca del suelo; era ya el nacimiento de la bicicleta moderna.

6ª.- Ya después, se añadieron las ruedas con cámara de aire y la cadena de transmisión conectada a la rueda trasera.