Para que nuestro personal o nuestros hijos maduren y crezcan profesionalmente, se hace necesario ponerlos en ambientes lo suficientemente retadores para cada nivel y para cada edad.

Esto último es la experiencia que los prepara para afrontar esfuerzos, retos y responsabilidades de alto nivel, haciéndolos más fuertes mental, psicológica y emocionalmente; es la fortaleza de la que muchos hablan. Fortalecidos así, les permitirá enfrentar cualquier problema, de cualquier tipo que se les presente.

Y también tú, amigo detallista; cuando tengas una situación difícil no lo tomes como algo personal; no sufras ni te acongojes, no te quejes ni maldigas a nadie, mucho menos tomes represalias. Cualquier situación difícil es aprendizaje.

Para “sobresalir” de casos extremos, tenemos a nuestra disposición algunas formas en que apoyarnos, hablo de la oración, la meditación y el razonamiento.

Así que de hoy en adelante, no los busques, pero tampoco les huyas a tus problemas ni les temas, tómalos como entrenamiento y “fogueo” para enfrentarte a problemas mayores. Si crees que necesitas orientación o asesoría para solucionarlos, búscala, pero acéptalos con fortaleza y trata de no involucrar tus emociones.

El “fogueo”, en cualquier terreno, de cualquier tipo, nos “curte”, como decía mi abuela; es decir, nos hace más resistentes. Esas experiencias son como las vacunas, nos crean anticuerpos psicológicos.

La experiencia de haberse enfrentado a diversos obstáculos, incomodidades, de haberlos vivido y haberlos superado, nos da confianza, nos hace fuertes y más valientes; sólo hay que tener siempre presente lo aprendido en cada situación.

¿Qué es lo que hace fuerte físicamente a una persona? El ejercicio. Esas mujeres y hombres que, en el gym o en su casa, diariamente lo hacen para fortalecer sus músculos, haciéndolos resistentes y capaces de cargar objetos “pesados”.

¿Qué es lo que nos hace fuertes para enfrentarnos, resistir y superar a personas y situaciones incómodas, difíciles y peligrosas? El fogueo. Es decir, entrenarnos en situaciones similares, en escalas gradualmente mayores cada vez.

A manera de ejemplo, decimos que un buen marinero es el que ya se ha “fogueado” en tormentas y tempestades marinas, en las que ha desarrollado su habilidad para salir librado de ellas, cada vez con mayor confianza, aunque tomando sus precauciones. Sin ofender, no es el caso de los marinos que están en las oficinas de la CDMX que muchos ni conocen el mar o ni siquiera saben nadar.

O en el caso de los niños, que para aprender a andar en bicicleta, antes han tenido que caerse varias veces, o de aquellos que cuando se caen se levantan solos, sin ayuda ni lástima de sus padres.

Caso contrario es el de los hijos, a los que queremos proteger y consentir tanto que les impedimos enfrentarse a la dosis necesaria y conveniente de problemas que les enseñará a vivir y a entrenarse para estar listos para enfrentar mayores retos.

En el mundo en el que vivimos diariamente, nunca nos van a consentir tanto como lo habrían hecho nuestros padres, y podemos sufrir con el choque emocional del rechazo en cualquier grado.

¿Te gustaría ser rico? ¡Excelente! Pero primero tienes que pensar como alguien verdaderamente rico.

Mario Borghino, autor del libro “El Arte de Hacer Dinero”, nos anota en su obra, que los ricos, antes de serlo, tenían ya la mentalidad de ricos, aún sin darse cuenta de ello. Comprendían bien, desde antes, que las deudas y el consumismo son muy peligrosos porque nos convierte en adictos de ellas.

Este autor analiza a fondo la manera en que las personas nos comportamos con el dinero, simplificando su trabajo en cuatro tipos diferentes, y diferenciado cada uno por los matices que presentamos, ya en lo particular:

1. Los Consumistas Según el autor, éstos actúan pensando que el dinero es para gastarlo en compras; cuando tienen buenos ingresos, y aún cuando no sean suficientes, pueden darse sus lujos.

“Viven con una apariencia de riqueza, aunque en realidad son esclavos de su adicción al gasto”. Esclavos modernos del siglo XXI, como Borghino los clasifica.

Estas personas nunca podrán dejar de trabajar porque tienen muchas deudas que pagar.

Se aterran cuando las empresas donde trabajan entran en procesos de recorte; no sabrían que hacer con las deudas que tienen.

“Por su incapacidad de ahorro no podrían vivir muchos meses sin los ingresos de su trabajo”, y como no tienen excedentes de capital para invertir, nunca podrán crear un patrimonio sólido para el futuro.

2. Los Avaros Para los avaros, el dinero es el único propósito en su vida, afirma el autor; esta posición les impide disfrutarla tranquilamente, ya que cualquier gasto lo consideran superfluo. Ni siguiera unas vacaciones, tan necesarias y convenientes para todos, se pueden permitir; esto hace de su vida un permanente sacrificio personal.

Viven en un constante miedo de perder sus riquezas, por lo que no toman ningún riesgo de inversión pues los desestabiliza emocionalmente. “Para evitar riesgos, sólo se permiten guardar su dinero en cuentas tradicionales de ahorro”.

3. Los Kamikazes Éstos se van al otro extremo de los avaros. “Los mueve un espíritu emprendedor; son atrevidos en sus inversiones”. Buscando seguridad económica, constantemente arriesgan todo lo que tienen en algún proyecto.

Viven su vida en una serie de “altibajos”, ya que a pesar de su seguridad personal y valentía, carecen de habilidades administrativas y de cálculo los riesgos.

Éstos cuentan con ego muy acentuado por lo que tienen necesidad de poseer cosas, esto los hace ser grandes consumistas. Por su instinto emprendedor están en constante riesgo, por lo que su futuro es incierto.

4. Los que piensan como ricos. Las personas que piensan como ricas están convencidas de que pueden ser ricos y disfrutar de su riqueza. Tienen una visión muy clara de lo que desean para su futuro financiero. Tienen claros sus objetivos y planean bien su presupuesto, cuidado sus gastos y reservando recursos para sus ahorros. Buscan y aprovechan oportunidades de negocios para invertir parte de sus recursos y conseguir incrementar su dinero.

“Estudian y se actualizan en temas de finanzas. La mente millonaria piensa en la libertad que le produce la estabilidad económica y busca racionalizar los gastos para incrementar su capacidad de inversión año con año”.

3.- En una colmena los roles están bien definidos, y cada abeja los respeta. Todas y cada una conocen bien su misión, saben para qué están hechas.

Cada abeja cumple con un determinado papel en la colmena. No hay confusión en las funciones: cada una sabe lo que tiene que hacer y lo lleva a cabo. En general, no sólo están la reina, los zánganos y las obreras, entre estas últimas también hay labores de nodrizas, guardianas, recolectoras, etc.

En una colmena hasta los zánganos contribuyen a la comunidad; sólo el más fuerte de ellos logra fecundar a la reina, pero al hacerlo, muere. Los demás son expulsados de la colmena y deben vagar hasta ser aceptados en otra.

4.- Hay un cuidado mutuo entre ellas. Tienen un instinto de solidaridad y defensa de su patrimonio y todas las abejas defiende su colmena en grupo.

Cuando una abeja recoge el néctar no lo hace para sí misma, lo hace porque es fundamental para la supervivencia de la colmena. Las abejas recolectoras viven aproximadamente unos 30 días; el tiempo que se requiere para producir la miel es de dos meses. Así que ellas mismas no reciben ese fruto de su trabajo.

5.- La miel es tan buena que, además de servirles a ellas de alimento, en los humanos tiene muchos usos. Lo asombroso de la miel es que no se descompone; se han encontrado residuos de ésta, en buenas condiciones, en donde están las pirámides de Egipto con un antigüedad de 2,000 años.

Y no son sólo esos cinco puntos los más importantes como ejemplo para nosotros; entienden bien los ciclos de la naturaleza; en primavera y verano trabajan para mantener a su comunidad, ahorrando para la temporada de escasez.

Son cinco cosas las que deberíamos conocer e imitar de las abejas, aspectos que las hace dignas de admiración y respeto: 1.- Su contribución a la naturaleza 2.- Su estructura organizacional 3.- El respeto por los roles que cada una desempeña 4.- El cuidado que tienen de sí mismas 5.- El producto que generan

1.- La contribución de las abejas a la naturaleza es tan importante que los especialistas en el tema consideran que su extinción traería devastadoras consecuencias para el entorno natural.

Aseguraba Albert Einstein que “sin abejas, no hay polinización, ni hierbas, ni animales, ni humanos”.

Todos los seres vivos, personas, animales y plantas dependemos de su actividad. Contribuyen al equilibrio de la vida sobre la tierra, pues son los mayores polinizadores en el planeta. Al transferir el polen entre las plantas se obtienen nuevas flores y plantas.

Podrás decir que su trabajo es muy rutinario, todos los días haciendo lo mismo, pero no es tanto así, recolectando polen de diferentes flores y en diferentes jardines su trabajo es una aventura.

2.- Tienen una increíble organización. Se trata de una comunidad donde el trabajo en equipo es de presumirse. Su estructura social está “perfectamente organizada y cada individuo desarrolla la tarea que le corresponde de manera sincronizada con los demás”, viviendo y trabajando para todos, sin individualismos.

Entre los humanos olvidamos que todos necesitamos de los demás. No nos damos cuenta, pero todo lo que tenemos, comemos, bebemos, etc. en nuestros hogares son producto de la aportación y colaboración de muchas otras personas, sin los demás nadie podría subsistir.

Increíble que con un cerebro tan pequeño puedan vivir en armonía cumpliendo su misión.

Existen más de doce diferentes modelos de comportamientos externos, que podemos ver y escuchar en la gente; todos ellos se pueden agrupar en cuatro categorías: por un lado tenemos a gente orientada a las tareas y gente orientada a las relaciones; por otro, a gente que actúa más rápido o más lento en sus tareas.

Ningún estilo es mejor que otro, cada uno tiene sus propias fortalezas y debilidades, según el puesto o nivel que ocupe dentro de una empresa.

Aunque, en determinadas circunstancias todos podemos comportarnos de cualquiera de los cuatro estilos, tendemos a marcar ciertas características que nos identifica en términos generales.

Este modelo encierra los estilos en cuatro tipos diferentes: • Relacionador • Socializador • Pensador • Director

Los dos primeros están orientados a las personas, pero de una manera diferente; el primero lo hace en forma indirecta, mientras que el segundo es directo.

Los dos últimos están orientados a la tarea, pero el Pensador lo hace en forma indirecta, mientras que el Director lo hace en forma directa.

Estilo Director: • Se maneja de forma rápida y decisiva • Aunque está orientado a las personas, su prioridad es el cumplimiento • Busca el control de la Productividad • Sus fortalezas son la administración y el liderazgo • Es impaciente, algo insensible y a veces no sabe escuchar • Uno de sus temores es que se aprovechen de él • Le molesta mucho la ineficiencia y la indecisión • Estresado puede ser dictatorial y crítico • Se siente seguro controlando • Valora a los demás por sus resultados • En el trabajo es eficiente y estructurado

Estilo Socializador: • Éste también se maneja de manera rápida, pero es espontáneo • Está orientado más a la gente que a los resultados • Busca la participación de los demás • Sus fortalezas son la persuasión y la motivación • Es distraído a los detalles y su seguimiento a las metas es bajo • Uno de sus temores es perder el reconocimiento personal • Le molesta la rutina y lo complejo • Bajo estrés puede ser sarcástico y superficial • Se siente seguro con la aprobación de los demás • Valora el reconocimiento, los aplausos y los cumplidos • En su lugar de trabajo es interactivo y siempre ocupado

Estilo Relacionador: • Los de este estilo, su manejo es de manera lenta y relajada • Su prioridad es la relación • Busca la aceptación de los demás • Sabe escuchar y trabajar en equipo • Son sensibles y lentos para la acción • Sus principales temores son los cambios repentinos y la inestabilidad • Le molesta la insensibilidad de los demás y la impaciencia • Estresado es sumiso e indeciso • Su seguridad se basa en la amistad y la cooperación • Valora mucho la cooperación • En el trabajo es amigable y funcional

Estilo Pensador • Éste también se comporta lento pero es sistemático • Su prioridad laboral es la tarea • Busca la exactitud y la precisión • Sus fortalezas son la planeación y la sistematización • Sus defectos son: perfeccionista, crítico e insensible • Le teme a las críticas sobre los esfuerzos en su trabajo • Le molesta la desorganización y la incongruencia • Cuando se estresa es retraído y terco • Se siente seguro cuando está bien preparado • Valora mucho la precisión, la exactitud y la calidad • En su trabajo es formal y funcional

Todos, con nuestras Acciones hemos provocado y seguimos provocando diversas Reacciones en los demás, algunas veces pequeñas, otras peligrosas. Aunque lo neguemos, ya lo hemos experimentado a nivel personal, la mayoría de las veces sin darnos cuenta.

Esto no es otra cosa más que el efecto natural de la “Ley Acción-Reacción” de Isaac Newton, que establece que “todo cuerpo A que ejerce una fuerza (Acción) sobre un cuerpo B, experimenta una fuerza de igual intensidad en la misma dirección pero en sentido opuesto”.

Este principio es universal y se aplica no sólo a la física, se extiende a la mayor parte de la naturaleza. Lo hemos dicho con otras palabras: “Causa y efecto”, “Dar y recibir”, “Siembra y cosecha”, todos estos principios son resultado o consecuencia de algo.

Ciertamente, toda causa genera algún efecto, y este principio es aplicable también al comportamiento humano, por lo que cada vez que hacemos algo, aparejado de ello existirá una Reacción.

Con esto podríamos entender que entre los humanos, todo lo que hacemos tiene una contrapartida en lo que recibimos. “De tal forma que pasado, presente y futuro tendrían un sentido para nosotros desde una perspectiva más amplia”.

Algunas veces no lo percibimos de inmediato, o incluso podemos no relacionarlo con aquello que lo originó, pero verdaderamente, toda Acción que realicemos tendrá por consecuencia una Reacción.

La calidad y la fuerza de las Reacciones que suframos, positivas o negativas, dependerá de la calidad de las Acciones que emitamos.

El mensaje de esto es que seamos capaces de reconocer aquellas consecuencias que tendrán nuestros comportamientos, y a partir de ello aprendamos a moldear y vayamos construyendo Acciones más asertivas.

Aclaro que no voté por ninguno de los tres punteros de las encuestas, y tampoco quiero parecer un #%&$#% oportunista, sólo les diré que ante el triunfo de AMLO quiero permanecer imparcial.

Sin embargo, como reconocimiento a su esfuerzo y por convenir a México, le deseo la mejor de las suertes, “que le vaya bien para que a todos nos vaya bien”, y a los que votaron a favor o en contra de él, mis respetos, ejercieron su derecho.

¿Pero por qué ganó? Existen en la naturaleza ciertos principios que son inviolables, uno de ellos es la “Ley Acción-Reacción” que responde a una de las leyes físicas descubiertas por Isaac Newton en 1687, pero que también se aplica al ámbito social.

Concuerdo con la opinión de algunos analistas, en el sentido de que su triunfo fue en mucho por el hartazgo de las mayorías, respecto a las Acciones de los últimos gobiernos.

La causa o razón por la que el partido oficial y el azul perdieron, fue la Reacción de dichas mayorías frente a las Acciones de su pasado, mismas que a juicio de los que votaron por AMLO no fueron buenas para éstos.

En buena parte de la sociedad se había acumulado un gran resentimiento que fue más fuerte que los beneficios que pudieron haber tenido en las últimas décadas.

Tarde o temprano, siempre se ejecuta automáticamente, la ley Acción-Reacción, y entre mayor es el daño que se le causa a alguien, mayor y peligrosa es la Reacción de las víctimas.

Así que los perdedores deberán reconocer que fue la acumulación de las frustraciones de mucha gente por lo que buena parte de los votos fue contra ellos; finalmente “les cobraron la factura”.

Es cierto, podemos hacer que nuestro cerebro sea más productivo.

Las características que tiene éste para lograrlo, las explica muy bien Jeff Brown en su libro “El Cerebro del Triunfador” de Editorial Océano.

El autor argumenta que existen maneras en las que podemos modificar nuestro cerebro para aumentar su productividad. Sus estudios se basan en la capacidad que tiene para moldearse a nuevas formas de pensar, lo que se conoce como “Plasticidad Neuronal”. La clave del éxito en cualquier área de nuestra vida radica sólo en nuestro cerebro. El autor explica que “lo que pensamos afecta nuestra manera de actuar”; esto quiere decir que “lo que ponemos en él afecta la manera en cómo nos sentimos, cómo vemos al mundo y cómo nos desarrollamos en él”.

Recalca la importancia de reconocer que existen dos clases de cerebros, los normales y los ‘resilientes’; estos últimos son “aquellos que tienen la habilidad de aprovechar los momentos difíciles, utilizando lo que aprendieron para navegar en el futuro”, y el ser resiliente depende sólo de nosotros.

Para moldear nuestro cerebro en un órgano ganador, se exponen en su libro cinco actitudes o habilidades que podemos poner en práctica:

1.- “Detección de oportunidades”: es decir, reconocer las acciones que podemos realizar para que nos lleven al éxito. “Identificar las oportunidades que para otros no son claras”.

2. “Talentómetro”: “es la capacidad de reconocer las habilidades que tenemos y de desarrollar aquellas de las que carecemos”.

3. “Láser de metas”: “es cuando nos fijamos una meta a futuro, y, sin importar lo que otros hagan, mantenemos el objetivo en mente”.

4. “Medición optimista del riesgo”: “es la habilidad de medir las ventajas, desventajas y el riesgo de una decisión. Una vez hecho esto, aceptar los cambios que vendrán y comprometerse con la decisión”.

5. “Acelerador de esfuerzo”: “es actuar como si algo fuera a pasar sin lugar a dudas ya que esto condiciona al cerebro para hacer todo lo posible para lograrlo”.

Como complemento, el autor enumera ocho factores que enmarcan los puntos anteriores y que contribuyen a los resultados que obtengamos.

A.- Auto-consciencia. Ser auto-conscientes nos ayuda a conocernos mejor, a saber cómo nos relacionamos con los demás y cómo los demás se relacionan con uno. Esto, asegura, actuará como acelerador del talento.

B.- Motivación. Se trata de “cultivar el impulso para ganar”, mismo que impacta en el acelerador de esfuerzos.

C.- Concentración. Es conveniente “fijarnos en lo importante”.

D.- Equilibrio emocional. Reconocer y anticipar respuestas emocionales tanto en nosotros mismos como en los demás.

E.- Memoria. No sólo almacenar información, sino aplicar nuestras experiencias para generar nuevos conocimientos; esto mismo impactará en “el radar de oportunidades”.

F.- Resiliencia. Se trata de “el arte del aguante”, dice el autor, reformulando los fracasos para que trabajen en nuestro beneficio.

G.- Adaptabilidad. Se trata de desarrollar la capacidad de remodelar nuestro cerebro a las nuevas circunstancias. “El cerebro posee un poder asombroso para remodelarse, aun en la edad madura”.

H. Cuidados del cerebro. El ejercicio regular aumenta la concentración, mejora el aprendizaje y la memoria, reduce la impulsividad, mejora el estado de ánimo, reduce el estrés, etc. Además de dormir de siete a ocho horas diarias, nuestro cerebro requiere de buena nutrición para funcionar de manera óptima.

La tierra se mantiene sana y habitable mediante los diversos ciclos naturales que la integran y que pocas veces nos ponemos a valorar, como es el del agua y el oxígeno, dos de los principales elementos requeridos para nuestra existencia.

El agua en el planeta tiene un flujo constante, mediante un sistema que funciona automáticamente, que no requiere de supervisión ni de administración alguna.

Es increíble, pero el agua que es salada en el mar llega a los continentes ya desalinizada.

El agua se distribuye en la naturaleza siguiendo un ciclo permanente que comprende tres etapas: 1) Debido al calor del Sol, el agua se evapora y asciende a la atmósfera. 2) Esta agua limpia de impurezas se condensa y forma las nubes. 3) Las nubes, a su vez, se precipitan sobre el suelo en forma de lluvia, nieve o granizo, y así se completa el ciclo.

Pero no es sólo eso, el declive de los terrenos y montañas hace que el agua se recicle automáticamente. Esos declives hacen que regrese a los mares a través de los ríos, no sin antes, buena parte de ella, haberse estacionado en lagos y lagunas para que los humanos la tengamos disponible; además, otra buena cantidad se filtra al subsuelo para formar ríos y depósitos o lagos internos de los que podemos disponer de ella a través de pozos.

El flujo del oxígeno es otra de las maravillas que tenemos para poder vivir.

La mayor parte de éste es creado, constantemente, en los mares, por un abundante grupo de algas unicelulares llamadas diatomeas, organismos que componen el plancton, y los humanos junto con árboles y plantas lo reciclamos a través de un constante intercambio, beneficioso para ambos, de dióxido de carbono y oxígeno.