Todos nos hemos sentido frustrados por algo; porque no ganó la selección, porque perdió nuestro partido político, porque no nos invitaron a la fiesta, etc.

Las frustraciones son bastante comunes en nuestra sociedad, donde abundan las personas que se dejan llevar por sus emociones, y que confunden sus sueños e imaginaciones con la realidad.

Muy cierto, las frustraciones se producen cuando nuestras expectativas no coinciden con los hechos reales; y no es tanto el resultado, sino el hecho de que los acontecimientos no se produzcan como uno esperaba.

La verdad es que los acontecimientos no siempre se darán del modo que queremos o que nos conviene, aspecto que a muchos les resulta difícil aceptar, esto es porque seguramente sus expectativas no tenían buenos fundamentos, y para no sentirse mal por su equivocación le echan la culpa a otros.

¿Por qué sucede esto? Los especialistas del tema aseguran que es por no haber analizado bien las probabilidades de que las cosas fueran como queríamos o esperábamos, es hacerse ilusiones con algo; también aseguran que es, en buena medida, falta de madurez.

Con madurez, nos hacemos menos ilusos, y no es que esperemos menos de la vida, sino que ajustamos nuestras expectativas a la realidad.

Las personas ilusas o inmaduras son más propensas a las frustraciones; tienen una idea subjetiva del mundo y “todos sus deseos los transforman inmediatamente en expectativas”.

Estas personas no toman en cuenta los imponderables y los factores variables. Están tan centrados en sí mismos que todos lo toma de manera personal. En la adversidad, culpan al destino o a otra persona de actuar contra ellos, y jamás se detienen a pensar que pueden ser ellos los equivocados.

¿Has pensado alguna vez que la causa de nuestros sufrimientos, enfermedades y conflictos pueden ser los apegos? Me refiero a la relación emocional que mantenemos con cosas y personas, y en las que fincamos nuestra tranquilidad y felicidad. Cosas y personas que si llegamos a perder nos causan soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes, ya que dependemos de ellos. Eso nis da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente. Pero ya de adultos, cuando podemos ser autosuficientes y maduros, muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que, además de ser exclusivamente nuestra, haga lo que queremos, que piense como nosotros, etc.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano, justo y nos lo merecemos, pero aquí nos referimos a la relación enfermiza que entablamos con ellas. Nos relacionamos sólo a través de nuestros miedos de no tenerlas o a perderlas o para tener a alguien a quien controlar.

“Los apegos son necesidades del ego; cuando poseemos un ego demasiado grande o débil, nuestro mundo personal chica con la realidad.

Los apegos se extienden en varias dimensiones: a cosas que fueron y ya no son; a cosas y situaciones que no hemos podido lograr; a situaciones que vivimos y hasta a situaciones que nos han causado algún trauma, complejo o dolor, que no hemos podido o querido olvidar, y que nos hacen vivir con ansiedad, preocupados, inquietos, etc.

Es natural que las personas lleguen a fallecer, “todos camos para allá”. Pero en su momento y después de llorarles un rato tenemos que dejarlas partir. Igualmente nuestras parejas están en su derecho de apartarse de nosotros, sobre todo cuando mucha de la culpa ha sido nuestra.

Objetivo – Estrategia – Tácticas, ese es el orden; nunca de manera diferente.

La Estrategia nos exige hacer un plan, donde se marcan los objetivos específicos y los plazos para conseguirlos. El plan nos permite ver los avances y resultados e introducir los cambios necesarios, y hasta redefinir dichos objetivos.

En una guerra, por ejemplo, se pueden perder algunas batallas, pero, ganar algunas no garantiza que ganemos la guerra.

“La táctica podría hacernos ganar o perder una batalla, mientras que la Estrategia nos llevaría a ganar o perder una guerra”. Esto último nos indica que hay correctas e incorrectas estrategias.

La Estrategia es ver todo el bosque completo desde un helicóptero, por ejemplo; la táctica es verlo como un leñador, perdido dentro del bosque.

Si tuviéramos que resolver los laberintos de las revistas y libros como lo hacen los ratones, nos tardaríamos mucho y quizá nunca encontraríamos la salida, pero como los vemos desde arriba podemos ver el conjunto y las opciones que tenemos.

¿Por qué hay un gran riesgo de que la táctica arruine nuestra Estrategia? Porque como nos comportamos como leñadores o como ratones, nos perdemos en la táctica y olvidamos la Estrategia.

Proceso para lograr un objetivo: • Objetivo: Darle jaque al Rey (Es el caso del ajedrez).

• Estrategia: ¿Cómo crear o provocar ciertos entornos, ambientes, caminos; o provocar ciertas acciones y reacciones en otros?

• Tácticas: Aunque algunas tácticas se establecen desde el principio, inmediatamente después de la Estrategia, la aplicación de éstas es en el campo de batalla, y su selección dependerá de las oportunidades y obstáculos que se vayan presentando.