El mundo entero se mueve por emociones. Muy cierto esto; son muchos los ejemplos de los que podríamos hablar respecto a cómo otros manejan y dirigen nuestras emociones.

Veámoslo así; las noticias, las películas, las telenovelas, las canciones, etc., juegan, muchas veces, con nuestras emociones.

Muchas de las canciones mexicanas de autores diversos como José Alfredo Jiménez, Juan Gabriel, etc., originan emociones en nosotros, pues nos abren heridas que nunca hemos cicatrizado bien. Los noticieros, por su parte, buscan apelar a otras de nuestras reacciones humanas como el escándalo, el miedo o la compasión.

Sin embargo, “atemorizar” está justificado cuando el objeto de la persuasión es un bien social o humanitario, o de prevenir enfermedades o accidentes, por ejemplo.

En cuanto a la publicidad, es claro que su principal función es actuar sobre la conducta de los individuos, por lo que los creativos arman todo tipo de estrategias para que a través de las emociones compremos sus productos.

Muchos anuncios publicitarios, esos que los conductores de programas llaman “mensajes”, constituyen estrategias para apelar, muchas veces en forma muy descarada, a los sentimientos y deseos de los televidentes y radioescuchas.

Lo hacen a través de animales, niños, bebés o tiernas escenas maternales, con las que pretenden pulsar nuestras cuerdas más sensibles como la nostalgia, la infancia, el amor familiar, la pareja, etc.

Incluso algunos anuncios contienen sugerencias eróticas más o menos veladas que buscan despertar la atención del receptor.

Sin darnos cuenta de ello, la televisión maneja nuestros hilos emocionales, son “la mano que mece la cuna” de nuestras emociones.

“Desde hace tiempo, la publicidad emocional ya no habla tanto del producto que anuncian como del público al que se dirige. El producto aparece sólo como un elemento que forma parte del contexto en el que los protagonistas dejan ver sus sentimientos”.

¿Cómo superé el temor al rechazo? Te cuento: el primer mes en que me inicié en la profesión de vendedor, me fue de la patada, el segundo y el tercero, peor; en esos meses no vendí “ni ma…”, no tenía ni para las chelas. Peor aún, era la forma en cómo me sentía; el 90% de mis llamadas eran puros rechazos, me colgaban; otras veces me cerraban la puerta, me daban otra cita y cuando llegaba a ella, no estaban, ¡Ufff! Varias noches, me ponía a llorar como niño; me sentía inútil, fracasado, y hasta mi novia, de aquel entonces, me cortó. Un vendedor exitoso me aconsejó que para vender, antes que el conocimiento de mi producto, tenía que prepararme para el rechazo, porque lo que más duele a los vendedores nuevos, es ser rechazado; ¡y sí! te duele hasta “la ma…”. Me decía que era por baja autoestima, pero también por falta de estrategia, de preparación y experiencia, pero que con el tiempo, si aguantaba, ya “fogueado”, me iría bien. Comprendí que el rechazo, aunque es muy común en los vendedores, era frecuente en todos lados, y me acordé de los futbolistas ¿cuántas veces el portero del otro equipo o el mismo marco, les rechaza sus tiradas a gol, y rápidamente superan esa frustración? Un día me decidí a “sacar la casta” y a fortalecerme mentalmente. Me convencí de que si superaba algunos rechazos, con cada uno iría aprendiendo a manejarlos, de alguna manera, las siguientes veces, desarrollando así, mi capacidad de superarlos. Me pregunté ¿cuántos rechazos necesito para “foguearme”? Me puse como meta 20, pero no fueron suficientes; cinco rechazos más y, ¡por fin una venta!; dos más, y otra venta; y así. Ser rechazado duele, pero es algo que muchas veces no podemos evitar; aprendí que, no es nada personal, es simplemente por las diferencias de intereses, deseos y necesidades de los demás. Piensa que, de una forma u otra, todos somos vendedores, en cualquier área de nuestra vida.

Es la historia de una mujer exitosa, de esas que se saben empoderar solas, a pesar de las circunstancias en que viven.

Una historia llevada a la pantalla en 2016 con el nombre de “Joy, el nombre del éxito”; protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert de Niro, entre otros, que está basada en la vida de Joy Mangano.

“Su historia es increíble. Se convirtió en una leyenda viviente que está en televisión todos los días, y que tiene un reconocimiento enorme”. Una mujer que lucha por ser madre, hija, empresaria, inventora, en un mundo que trata de menospreciarla y obligarla a dejar atrás sus sueños.

“Una chica que funda una dinastía empresarial y se convierte en una matriarca del negocio a su manera”.

Es conocida por haber inventado el Trapeador Milagroso (Miracle Mop) y los ganchos múltiples para ropa (Huggable Hangers), entre muchos otros.

Nacida en febrero de 1956, Joy era una niña que se divertía haciendo estallar las tostadoras que había en casa. Lo hacía porque su desmedido interés por la electricidad y la mecánica la llevaban a experimentar.

Para comprender el funcionamiento de las cosas y pensar de qué manera se podrían mejorar, ya de joven comenzó a ver cómo trabajaban los mecánicos, en el negocio de su padre.

En 1989 Joy, divorciada, se encontró, de repente, con un hogar y tres hijas que sacar adelante, por lo que tuvo que trabajar de camarera. Curiosa y con ambiciones, se dio cuenta de que la fregona (trapeador), que ella usaba, tenía algunas inconveniencias, por lo que se dispuso a inventar su propio trapeador.

Nació así “The Miracle Mop”, una fregona de tiras de algodón superabsorbente diseñada de tal modo se podía exprimir sin necesidad de mojarse las manos.

Convencida de que tenía el mejor producto de su género, su primer impulso fue venderlas ella misma; no le fue mal, pero sólo llegaba a mercados pequeños, por lo que comenzó a visitar tiendas de cocina y utensilios de limpieza. Les hacía la demostración y convenció a algunos de sus propietarios que las vendieran. El invento gustó mucho y en pocas semanas Joy se quedó sin existencias, así que encargó más prototipos, pero ella quería llegar a mucha más gente.

Fue entonces cuando llegó a su vida la televenta. En 1992, logró ofrecer su producto “milagroso” por televisión y en la primera media hora después del anunció vendió 18 mil unidades. “Lo mejor de Joy no fue su invento, sino la energía que esta mujer derrochaba y transmitía”.

“Su fama despegó de tal modo que en poco tiempo la televisora la eligió para que fuera la primerísima estrella de su canal, siendo reconocida como la empresaria del año de EE.UU. en 1997”.

Con 300 millones de unidades vendidas en su primera década, sus perchas Huggables, ha sido el segundo de sus mejores productos.

Desde entonces, y debido a su habilidad como vendedora, Joy ha sido requerida por gente famosa para vender sus productos.

Una de las peculiaridades de la película de “Joy” es que no está basada en un personaje que ya falleció o en un popular político o deportista, porque la verdadera Joy Mangano sigue apareciendo a diario en la televisión estadounidense.

Después de su trapeador milagroso, inventó otros productos exitosos, pero éste sigue siendo su producto comercial más emblemático.

Actualmente tiene más de 100 patentes y marcas registradas, con ventas garantizadas gracias a la cadena de televisión que promociona sus productos en todo Estados Unidos.

Se trata de una película no muy taquillera, pero dedicada a una vida de trabajo, persistencia, ambición y de confianza personal, que ha inspirado a mucha gente.

No, no, esto no es reciente. Sucedió hace poco más de 53 años;  precisamente el 11 de enero de 1967, cuando la CDMX se vistió de blanco; algunos hasta creían que había boda con el Estado de México. 

Tú, seguramente no habías nacido, ni yo tampoco, pero nuestros padres y abuelos deben recordarlo.

Fue un suceso histórico que no se ha vuelto a repetir desde entonces. Ese día, los habitantes capitalinos se levantaron sorprendidos por la fuerte nevada suscitada en la madrugada y que cubrió las calles de la ciudad. 

En el Zócalo, la nieve alcanzó los cinco centímetros de espesor, pero en las zonas aledañas y montañosas la nieve llegó hasta un metro de altura. 

Fue divertido para muchos; la gente bien arropada, salía de sus casas a jugar con la nieve; las calles, los monumentos, los árboles y hasta los edificios cubiertos de nieve eran dignos de fotografiarse y guardarlo como recuerdo. 

Sin embargo, la nieve desquició la ciudad. En las carreteras de acceso a la ciudad hubo cientos de autos y camiones que quedaron varados hasta por 12 horas; nadie podía entrar ni salir. 

En algunas colonias se interrumpió por días el servicio de luz y teléfono. En muchas fábricas la ausencia laboral fue notoria. 

Después de varios días, el recuento era de muchas casas que perdieron su techo; 25 personas habían muerto de hipotermia, la mayoría de estos eran indigentes. 

¿Qué hizo Protección Civil? ¡Nada! pues no existía; esta institución surgió a raíz del terremoto de 1985.

Desde 1907 que también nevó en CDMX, no había acontecido algo igual; lo sorpresivo de esta nevada mostró la incapacidad de las autoridades para atender a los afectados. 

Independientemente de las afectaciones, fue un espectáculo nuevo para muchísimos capitalinos que no habían visto nevar en su ciudad. Pregúntale a los abuelos, verás alegría en sus rostros al contarte sus anécdotas al respecto. 

¿Has pensado alguna vez que la causa de los sufrimientos, enfermedades y conflictos, pueden ser los apegos?

Me refiero a esa relación emocional que muchos mantienen con cosas y personas, y en las que fincan su tranquilidad y felicidad; y que si las llegan a perder les provoca ansiedad, soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes, “eso nos da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente”, pero ya de adultos, muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que sea exclusivamente nuestra.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano y justo, y nos lo merecemos, pero aquí me refiero a esa relación enfermiza que se entabla con éstas; nos relacionamos con ellas a través de nuestro sentido de poseer, del miedo a no tenerlas o a perderlas.

“Según el grado, los apegos son señales de debilidad, dependencia, de baja autoestima y de poca confianza en sí mismo. Cuando alguien así pierde algo o a alguien, su mundo personal se desmorona. 

En estos casos no nos queda otra más que “sacar la casta”, analizando las causas y aplicando soluciones, o de plano, practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien; nos hacen vulnerables, con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.  

Recuerda aquellas épocas en las que estabas muy enamorado/a de alguien; el miedo a que no fuera tuyo/a te hacía demostrarle tanta atención, que hasta la/lo llegaste a “empalagar”; esa persona te sentía tan seguro/a que llegó a minimizarte, y por supuesto, “no se dejó atrapar”. 

Cuando estás más apegado a algo o a alguien existen muchas probabilidades de que lo pierdas y sufras. ¿Quieres evitar el sufrimiento? Renuncia a poseerlas con miedo y necesidad.

“La única forma de cambiar la rutina de comer emocionalmente, es reconocer lo que nos motiva a hacerlo y buscar otra rutina que nos permita obtener la misma recompensa”.

Cuando sientas el deseo de comer emocionalmente, distrae tu mente con alguna actividad saludable.

• Toma la suficiente agua para lograr una sensación de llenura.

• Calma tus nervios con una pelota suave anti-estrés; respira profundo; sal a dar un paseo o escucha música que te relaje.

Los antojos por algún tipo específico de comida no son un problema, ya que éstos no involucran estados de ánimo, no son repetitivos y sobre todo están controlados por un factor de saciedad.

En tu caso, pregúntate:

• ¿Tu hábito de comer está basado en la recompensa que te proporciona la comida?

• ¿Sientes que te descontrolas ante una deliciosa comida?

• ¿Te es difícil dejar algo de comida en el plato?

• Cuando empiezas a comer ¿te es difícil parar?

• ¿Te cuesta trabajo saciar tu hambre?

• ¿La comida está siempre en tu mente?

Si tu respuesta es “sí” a estas preguntas, es muy probable que tu hambre sea emocional.

Tania Sanz, en su artículo publicado en habitualmente.com, nos anota las diferencias entre hambre emocional y hambre fisiológica:

• Hambre emocional. Ésta es repentina, urgente, deseo de comidas específicas, sentir plenitud no basta y genera culpa, vergüenza o tristeza.

• Hambre fisiológica. Es gradual, puede esperar, está abierta a varias opciones, estar satisfecho es suficiente y no genera sentimientos negativos.

Está claro que comer emocionalmente, nos genera una recompensa positiva, pero ésta es sólo temporal, mientras que a largo plazo este hábito tiene consecuencias negativas.

¿Por qué comemos? La respuesta lógica sería ¡porque nos da hambre! pero no siempre es así. Algunos comen para engordar, otros con poca estima lo hacen, inconscientemente, para enfermarse después. 

Muchos otros, y eso ha sucedido últimamente con lo del confinamiento, lo hacen para satisfacer necesidades emocionales.

Son varios los factores que influyen en el acto de comer: hambre, apetito o antojo, nuestros ingresos y la disponibilidad del alimento.

Está claro que comer es un acto fisiológico necesario, pero adicionalmente influyen las diversas emociones, que estemos viviendo en el momento.

Muchas veces la comida es como un algo donde nos refugiamos para sentir alivio a los problemas que tenemos, llámese estrés, ansiedad o diversos tipos de preocupaciones. 

Es muy cierto que, emociones como el estado de ánimo, el estrés y la ansiedad influyen en el acto de comer, y es cuando la comida se convierte en un alivio temporal, ya que después de saborear la comida, nuestro cerebro produce algunas sustancias poderosas que nos hacen sentir placer; funcionan como la dopamina.

Esto último está bien, siempre que no se vuelva hábito, costumbre o escape constante (adictivo), porque entonces, el cerebro busca cualquier oportunidad para impulsarnos a comer esos alimentos que nos dan placer.

Se crea una especie de reflejo condicionado que, ante cualquier emoción, el cerebro la asocia con determinados alimentos como una especie de recompensa para nosotros.

Si permitimos esto último, si no nos percatamos a tiempo, después de semanas, meses o años, nuestra salud se puede complicar. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Los especialistas del tema nos dicen que “es importante diferenciar el hambre emocional del hambre normal que todos sentimos”.

Tu mente, y la de cualquier persona, toma como verdadero todo lo que piensa o imagina, aún cuando sea mentira, y en función de ello generará la respuesta correspondiente.

Desde hace varias décadas, la medicina oficial, la psicología, la psiquiatría, así como las ciencias de la comunicación y las teorías de liderazgo, han constatado que todo o casi todo está en nuestra mente.

La mayoría de las enfermedades se producen por ciertos estados mentales personales. Los gustos, las preferencias, las ideas, las creencias, la misma motivación, etc., que nos hacen hacer las cosas de manera muy particular, están dentro de nosotros. 

Todo lo que vemos a nuestro alrededor y la forma en que lo percibimos y desciframos, al igual que lo que sentimos por ello, está en nuestra mente.

Si todavía tienes alguna duda de esto te invitamos a hacer el siguiente ejercicio:

Imagina que tienes un limón en la mano, que tomas un cuchillo y lo partes; luego, la mitad del limón lo exprimes en tu boca.

Si te concentraste en este pensamiento durante los 10 o 20 segundos, que cuando mucho te lleva, habrás sentido como empiezas a generar saliva. 

Esta es la respuesta automática de tu organismo a un pensamiento sencillo.

Todo lo que pienses de ti, tu mente y tu organismo se encargarán de hacerlo realidad, en cualquier momento. Todo lo que pienses que serás, en determinado tiempo, se cumplirá. 

Piensa y siente sólo las cosas y situaciones que deseas, aun cuando en este momento no sean realidad. Piensa y siente que eres sano, exitoso; piensa que sí puedes lograr tus metas. 

De aquí en adelante, evita pensar en tus problemas, piensa sólo en las soluciones; deja de pensar en tus traumas, complejos, ofensas, etc., piensa en lo que quieres y sé terco en ello.

Los problemas que afectan tu economía, tienen que ver, principalmente, con la forma en que gastas tu dinero.

Tú, como consumidor, tienes un poder pocas veces utilizado. 

Tú poder radica en que seas un “Consumidor Inteligente”; es decir, que sepas comparar precios y calidades de los productos antes de comprarlos; que respondan más a su utilidad y a tus necesidades que a tus deseos; que no te dejes influenciar demasiado por la publicidad.

Vivimos una economía de mercado, en la que sólo las empresas tienen el poder, pero una economía sana es donde los poderes de fabricantes y consumidores, se equilibran. 

En el mercado existen muchos productos fraudulentos, poco útiles, etc., pero también hay otros, la mayoría, que sanamente pueden ayudarte a tener calidad de vida.

La publicidad es tan persuasiva y tan seductora que, es fácil caer en ella; tienes que sacar tu poder de consumidor para no crearte necesidades poco convenientes para ti.

El que un artista muy famoso anuncie un producto, no quiere decir que sea el conveniente para ti, ni que debas forzosamente consumirlo.

Los fabricantes hacen su tarea, la suficiente publicidad para lograr vender sus productos. Si tú fueras uno de ellos, harías lo mismo.

Consumir inteligentemente no sólo beneficiará tu bolsillo, sino también a los fabricantes de productos y servicios, porque los estarás ayudando a mejorar sus productos, su calidad y sus precios.

No seas presa fácil de las tentaciones, de las ofertas, de los antojos, de la presunción, etc. Tienes que ajustarte a un presupuesto y llevar un control de lo que gastes. ¡Usa tu poder!

Cada peso que erogas deja de ser un gasto si lo consideras como una inversión en tu bienestar y tranquilidad, presente y futura.  El dinero que tengas es tuyo y de tu familia, cuídalo.

Evita ser altamente consumista y conviértete en un “Consumidor Inteligente”, te sentirás mejor.

Para solucionar cualquier problema o situación difícil que tengamos, se hace necesario un análsis con un punto de vista diferente a como acostumbramos hacerlo. 

Una perspectiva inconveniente, relacionada, por ejemplo, con nuestro pasado, afecta negativamente nuestra calidad de vida; podríamos llegar a padecer ansiedad, depresión y tener actitudes negativas.

Necesitamos desarrollar nuestra capacidad para cambiar de perspectiva y poder afrontar cualquier situación difícil de manera más efectiva, esto nos ayudará a superarla sin esfuerzo.

Necesitamos, también, revisar la forma en que interpretamos los problemas y sus consecuencias. 

Para un mejor análisis de cualquier problema o situación difícil, debemos ubicarnos, mentalmente, en lugares y posiciones diferentes, desde dónde podamos observar todo con mayor amplitud y ver otros ángulos.

Observemos las situaciones desde arriba, desde la derecha, desde la izquierda; démosles la vuelta. Veamos todo el conjunto al que pertenecen y ampliemos nuestra visión.

En sentido figurado, saltemos de entre los árboles para subir a un helicóptero y ver todo el contexto.

La técnica de creatividad conocida como “salir de la caja” es un ejemplo de cambio de perspectiva: salir del bosque para encontrar soluciones.

Pensemos diferente, convenzámonos de que todo cambia, de que todo tiene su lado bueno.

También podemos “rebotar” nuestros problemas y situaciones difíciles, con otras personas, así como investigar o identificarnos con otras en la misma situación. 

Para cambiar nuestra perspectiva de cosas, sucesos, situaciones, personas, etc., se requiere flexibilidad de pensamiento.

Al cambiar de perspectiva, un problema grande pierde su importancia, se ve menos grande y dramático, y puede, rápidamente, desestresarnos.