Para solucionar cualquier problema o situación difícil que tengamos, se hace necesario un análsis con un punto de vista diferente a como acostumbramos hacerlo. 

Una perspectiva inconveniente, relacionada, por ejemplo, con nuestro pasado, afecta negativamente nuestra calidad de vida; podríamos llegar a padecer ansiedad, depresión y tener actitudes negativas.

Necesitamos desarrollar nuestra capacidad para cambiar de perspectiva y poder afrontar cualquier situación difícil de manera más efectiva, esto nos ayudará a superarla sin esfuerzo.

Necesitamos, también, revisar la forma en que interpretamos los problemas y sus consecuencias. 

Para un mejor análisis de cualquier problema o situación difícil, debemos ubicarnos, mentalmente, en lugares y posiciones diferentes, desde dónde podamos observar todo con mayor amplitud y ver otros ángulos.

Observemos las situaciones desde arriba, desde la derecha, desde la izquierda; démosles la vuelta. Veamos todo el conjunto al que pertenecen y ampliemos nuestra visión.

En sentido figurado, saltemos de entre los árboles para subir a un helicóptero y ver todo el contexto.

La técnica de creatividad conocida como “salir de la caja” es un ejemplo de cambio de perspectiva: salir del bosque para encontrar soluciones.

Pensemos diferente, convenzámonos de que todo cambia, de que todo tiene su lado bueno.

También podemos “rebotar” nuestros problemas y situaciones difíciles, con otras personas, así como investigar o identificarnos con otras en la misma situación. 

Para cambiar nuestra perspectiva de cosas, sucesos, situaciones, personas, etc., se requiere flexibilidad de pensamiento.

Al cambiar de perspectiva, un problema grande pierde su importancia, se ve menos grande y dramático, y puede, rápidamente, desestresarnos.

Los esfuerzos para vencer a los virus, han sido en dos líneas: reforzar el sistema inmunológico de la gente, así como mejorar las atenciones hospitalarias, los avances en vacunas y medicamentos.

Pero todo indica que, para algunos virus, estos esfuerzos no han sido suficientes, ya que algunos, vuelven cada año, causando estragos. 

La evolución viral, parte de sus diversas mutaciones; esto consiste en intercambiar, con las células que invaden, pedazos de material genético. La velocidad y el método de mutación varía de virus a virus. 

Cuando el virus entra al cuerpo humano, va directamente a las células, donde inyecta su ADN o ARN; así, el virus habilita su capacidad para instruir a la célula huésped, de reproducir más células con sus genes; es en ese momento cuando el sistema inmunológico del huésped interviene.

Dentro de la célula huésped, el virus intenta sujetarse a ella, pero cuando es bloqueado por el sistema inmunológico, muta para no ser reconocido por éste y poder continuar replicándose. “Los virus pueden cambiar las proteínas que los cubren, como una especie de disfraz, para que las células huésped las dejen sujetarse a ellas otra vez”.

La cantidad de tiempo que toma el proceso, depende del material genético del virus, además de que si contiene ADN o ARN. “Los virus ADN, como la Viruela, mutan lentamente, pero los virus ARN, como la Influenza, el VIH y Ébola se saltan ese paso”.

Algunos virus que han causado epidemias, han saltado de animales. El Coronavirus se dice que proviene de los pangolines malayos, cuya carne se utiliza en la medicina china y se le consume como alimento.

Los virus siempre han existido y seguirán existiendo; algunos han causado epidemias y, cuidémonos, porque las seguirán causando. 

Resulta que algunos virus saben evolucionar, y evolucionan más rápido que los humanos.

Los científicos, a pesar de que no se ponen de acuerdo sobre si son seres vivos o no, ni de cómo surgieron o qué los crea, aseguran que llevan millones de años existiendo.

Algunos entraron en contacto con los humanos apenas hace 50 años; es el caso del Ébola (1976).

Según el Comité Internacional de Taxonomía de Virus, se han descubierto, hasta la fecha 2,827 especies, y se estima que quedan 320,000 virus mamíferos por descubrir. De los que se conocen, no todos producen enfermedades.

Los virus son agentes infecciosos (parásitos), que necesitan de un organismo vivo para multiplicarse. Más concretamente, “son pequeños pedazos de (ARN (ácido ribonucleido) o ADN (ácido desoxirribonucleico).

“Muchos están encapsulados en una envoltura hecha a base de proteínas que protege su material genético, otros se protegen con una membrana derivada de la célula a la que infectan, o con una membrana celular”. 

No tienen metabolismo propio, por lo que necesitan las células de los organismos que infectan, para replicarse.

La ciencia reconoce su incapacidad para vencer a los más peligrosos, a aquellos que han causado epidemias. La razón, es porque tienen la capacidad de mutar; estas mutaciones son las que les permiten evolucionar. 

Resulta que el “viral acervo genético” de muchos de ellos cambia con el tiempo; es por esto que, algunos virus aparecen diferentes cada año.

El miedo, en su expresión positiva, nos causa agobio, malestar, incomodidad, pero nos llena de la adrenalina necesaria para actuar de inmediato, por lo que cualquier miedo debería ser de poca duración.

Para actuar de inmediato, el organismo hace que “nuestro corazón bombeé más sangre, se tensen los músculos, el estómago se cierre”, aumente la presión arterial y la glucosa; todo esto preparando nuestro cuerpo para la huida o el enfrentamiento físico”.

Ahora, cuando no se sabe cómo controlar el miedo, éste se vuelve exagerado y constante, provocando que las reacciones y efectos del organismo duren días, semanas o meses, lo que fácilmente enferma a cualquiera. 

En este caso, caemos en un estado de alerta constante, causando trastornos del sueño, insomnio y ansiedad generalizada.

Si el miedo se convierte en una situación incontrolable nos sentimos inseguros y nos llegamos a creer incapaces de controlar la situación, lo que afecta nuestra autoestima.

El miedo extremo nos hace tomar decisiones erróneas, nos paraliza, nos estresa, nos provoca taquicardia, nos quita la paz, perdemos capacidad para solucionar problemas; en general nos puede enfermar y llevarnos a la muerte. 

Una situación como ésta terminaría por debilitarnos totalmente; tanto, que fácilmente atraeríamos aquello a lo que tememos; es por ello que debemos aprender a gestionarlo, de manera que sea un amigo para nosotros y no lo contrario.

El camino para esto es: 1) Reconocer el miedo 2) Aceptarlo 3) Reflexionar sobre él 4) Afrontarlo y ponernos en acción. 

En todo caso, orar, meditar, hacer ejercicio y comer bien, entre otros, ayuda mucho a desintoxicarnos del exceso de adrenalina que genera el miedo, mejorando así, nuestra capacidad para controlarlo.

Tengamos cuidado; el miedo extremo y constante nos puede debilitar física, emocional y mentalmente, y puede llegar, fácilmente a enfermarnos.

Por todos los medios, nos enteramos de muchas malas noticias, tanto verdaderas como falsas, información que a muchos los pone muy nerviosos.

Las noticias más recientes son las del COVID-19, mismas que a muchos los ha llenado de miedo a enfermarse con los riesgos de morir, por lo que es conveniente y necesario dimensionar un poco al miedo para buscar la manera de controlarlo.

El miedo es natural, “es una de las emociones más básicas del ser humano”. Su función primordial es nuestra supervivencia, la de protegernos ante las amenazas y peligros, pero últimamente, en muchas personas, ese miedo se ha convertido en su constante compañía.

El miedo positivo es como un amigo, un aliado, un guardián de los humanos que nos alerta de los peligros, presentes o futuros, y nos ayuda a predecir y a  evitar los riesgos.

Es también, como un maestro con el que aprendemos lo que es bueno o malo para nosotros, y a adaptarnos al medio para sobrevivir.

Fundamentalmente, el miedo nos sirve para reaccionar y escapar eficazmente de cualquier peligro inminente. Es una reacción inconsciente, un reflejo instintivo, que deriva de nuestro cerebro reptiliano; una muestra más de la utilidad de éste.

Sin embargo, el miedo llevado al extremo se convierte en nuestro peor enemigo; sería un miedo negativo.

No se puede vivir sin el miedo, pero sí se puede aprender a manejarlo para poder vivir sin miedos excesivos.

El mensaje que nos puede dejar el comparativo del péndulo, es que después de una época de aparente auge (que por supuesto nunca ha llegado a la mayoría de la gente), se devuelve la tendencia para avanzar hacia una época de crisis, y viceversa.

Desafortunadamente, la gran mayoría de la gente no entendemos las lecciones que nos han dejado, tanto los momentos de auge como los de crisis. 

Son sólo dos cosas que deberíamos haber aprendido en esos momentos: en el auge, ahorrar, y en las crisis, trabajar más, pero con creatividad e innovación.

No debemos confiarnos en que siempre serán “épocas de vacas gordas”, y no desmotivarnos ni desesperarnos cuando “las vacas están flacas”.

El modo de pensar y de comportarnos en cada momento debe ser diferente; el primero exige cautela y en las crisis serenidad, valor e inteligencia.

La ley de la polaridad nos dice que, los problemas traen oportunidades. Aparte de ajustarnos un poco el cinturón en las épocas difíciles, son momentos para hacer cambios, reiniciar negocios, renovarse, cambiar las formas de pensar, y sobre todo, de respirar profundo para no tomar decisiones emotivas.

Lo peor que podemos hacer en épocas “difíciles” o de incertidumbre es asustarnos, quejarnos, preocuparnos; recordemos que “la vida es 10% lo que nos pasa y 90% la forma en cómo reaccionamos a aquello que nos pasa”.

Las crisis no les afectan a todos por igual, sabemos de muchas personas que les va bien en esas épocas, ya que saben aprovechar las oportunidades que conllevan.

No nos ayudará en nada sentirnos víctimas. En momentos difíciles hagamos una pausa y decidamos verlos como “oportunidad”, sólo así podremos encontrar nuevas opciones de salida. 

Dado el panorama que se está viviendo en el mundo, respecto a la economía de éste y otros países, quiero en esta ocasión hacer hincapié sobre los ciclos naturales; esto con el único fin de que podamos tranquilizarnos un poco, viéndolos como algo natural.

Me refiero a las “fases” por las que pasan todos los acontecimientos o fenómenos, y que se suceden periódicamente después de determinado tiempo, repitiéndose en el mismo orden.

Al igual que los productos que vendemos en nuestra tienda, el sistema económico que vivimos en el mundo presenta un ciclo de vida: introducción, desarrollo, madurez y declinación.

En cuestiones económicas, hemos vivido desde siempre, ciclos de auge y de crisis, de siembra y cosecha; eso deberíamos entenderlo bien y aceptarlo.

La naturaleza nos pone el ejemplo: el ciclo de las estaciones del año, el ciclo solar (noche y día), nuestros ciclos biológicos (dormir y levantarse), etc.

Todos estos ciclos responden a lo que algunos llaman “la ley de la polaridad” de la vida; es decir, la eterna dualidad en la que nos contextuamos. 

Al igual que un péndulo que, a partir de una posición de equilibrio, puede oscilar hacia un lado y luego hacia el otro, así se mueven los acontecimientos en nuestra sociedad.

Los puntos extremos en los aspectos económicos, son los tiempos de auge y de crisis; estos últimos ya los hemos vivido varias veces en México. Las crisis económicas más fuertes, que yo recuerdo, sucedieron en 1977 con José López Portillo, en 1983 con Miguel de Lamadrid y en 1995 con Ernesto Zedillo, crisis que afectaron la mayoría de los sectores económicos.

Tú lo sabes bien, has tenido muchas experiencias sobre esto.

La asertividad es una herramienta que está a nuestro alcance para poder ser más felices, conseguir las cosas que queremos y llevarnos mejor con los demás. 

Tiene que ver directamente con la forma en que nos comunicamos. Es una parte de las habilidades sociales a la que hace mención la teoría de la “Inteligencia Emocional” y, principalmente, tiene que ver con la autoestima.

Si aprendemos a ser asertivos o más asertivos, la mayoría de nuestros problemas con los demás y con nosotros mismos, disminuirán.

Definiciones de Asertividad:

•“Es la capacidad para poder decir lo que pensamos o sentimos, cuando es necesario o conveniente hacerlo, sin enojarnos y sin ofender a los demás”. 

•“Defender nuestros derechos, respetando los de los demás”.

•“Ser asertivo es expresar nuestro punto de vista, aunque esté equivocado, respetando el de los demás”. 

Por falta de asertividad: 

•Se pierden oportunidades 

•Se vuelve uno ineficaz 

•Generamos malestar 

•Acumulamos resentimientos 

•Se crean conflictos 

El orgullo, la timidez, la arrogancia y la vanidad, la falta de autoestima, la pereza, etc., son elementos enemigos de la asertividad. 

Pero no hay que exagerar, debemos reconocer los límites de la asertividad. 

Llevar la asertividad al extremo puede hacernos caer en la intolerancia, y caerle mal a los demás. 

Asertividad no es andar peleándose con todo mundo, tampoco es andar a la defensiva, ni mucho menos querer tener siempre la razón ni andar corrigiendo siempre a los demás. 

Ser asertivo, es algo así como “el equilibrio entre pelearse por algo y dejarse pisotear”. 

Recomendaciones para formarnos un buen auto-concepto, una buena auto-imagen, una buena auto-estima y nuestra propia eficacia. Esta es la tarea más importantes de nuestra vida.

Los cuatro pilares del quererse a sí mismo

Somos como un edificio sostenido por cuatro pilares. Cada uno de estos requiere de estar bien construido para que el edificio pueda sostenerse y sostener a otros. Cada uno de nuestros pilares requieren del reforzamiento con pensamientos, actitudes y cuidados de calidad. 

Auto-concepto: (Lo que piensas de ti)

Para lograr buenos niveles de seguridad, confianza y competitividad:

• Acéptate como eres

• Evita pensar mal de ti mismo

• Nadie es perfecto, acepta equivocarte

• Busca calificativos constructivos

Auto-imagen: (Como te ves a ti mismo)

• Tu auto-imagen se transmite a otros

• Date ternura, sé amable y cálido contigo

• Si realmente te agradas y te gustas siempre encontrarás gente que guste de ti

Autoestima: (Es el combustible)

Cuando nos queremos a nosotros mismos se nos abren muchas puertas

• Saca tiempo para el disfrute

• Ejerce tu derecho a sentirte bien

• Auto-elógiate

• Recompénsate cuando logres algo, por mínimo que sea

• Recuerda que tú no eres menos que las demás personas

Auto-eficacia: (Para dar resultados)

• Respétate, trátate bien

• Recuerda que nadie es totalmente capaz o incapaz de algo

• Recuerda que todo es cosa de probabilidades

• Apruébate a ti  mismo

• Cuenta tu porcentaje de bateo

• Evita ser fatalista

• Activa tu memoria positiva

• Rescata tu pasado y reivindícate

Quererse a sí mismo es el hecho más importante que una persona pueda lograr en la vida.

De niños nos dijeron que debíamos querer a nuestro padres, a nuestros semejantes, a Dios; pero poco o muy poco nos hablaron de lo importante y necesario de querernos a nosotros mismos.

De hecho muchas personas son más queridas por sus familiares, parejas o amigos que por ellas mismas. Por nuestra salud y por nuestra felicidad, deberíamos querernos más de lo que otros nos quieren. 

Está demostrado que aquellas personas que tienen un buen nivel de amor a sí mismas se enfrentan a la vida con más valentía, con más entusiasmo, con más confianza, y por supuesto, logran mayores niveles de prosperidad. 

Quererse a sí mismo evita la depresión, da confianza y seguridad y nos fortalece.

Quererse a sí mismo evitará muchas enfermedades que provienen de la desconfianza, del miedo, del rencor, de la envidia, de los deseos de venganza, del resentimiento, etc.

Una persona que se quiere a sí misma se hace inmune a agresiones, a malas vibras y a ofensas. Tiene menos probabilidades de fracasar, y cuando llega a padecer de un fracaso se repone muy rápido. 

Quererse a sí mismo es honrar y reconocer que Dios no se equivocó con nosotros, ni con nadie, que fuimos hechos para cumplir una misión global y personal, para que aportáramos nuestra esencia a los demás.

No importa que otros no nos quieran, o que no nos hayan querido lo suficiente en la infancia; lo importante es reconocer que podemos hacerlo nosotros mismos, a pesar de las experiencias que hayamos tenido.

Reconozcamos nuestra valía como personas y lo importante que somos para nosotros mismos y para los demás.