Algo para tomar en cuenta

Por in DesarrollandoNos on julio 9, 2018

Nuestra calidad de vida personal, familiar y empresarial dependerá directamente de los patrones de comportamiento con los que nos conducimos.

Todo nace de nuestros pensamientos; éstos crean nuestros sentimientos y emociones, que son los que determinan nuestras acciones, actitudes y comportamientos.

Éstos últimos, acciones, actitudes y comportamientos, van creando nuestra realidad personal.

La manera constante que tenemos de pensar, sentir y actuar forma lo que se conoce como patrones de comportamiento, que expresamos ante determinadas situaciones.

Estos patrones se expresan en forma automática y se fueron formando a través de la repetición constante, grabándose en nuestro subconsciente, llegando a perpetuarse y haciéndose difíciles de cambiarlos.

Nuestros primeros patrones de comportamiento los aprendimos de las personas con las que convivimos desde niños y que fuimos imitando; de jóvenes los tomamos de personajes que nos agradaron en diferentes medios.

Ya de adultos, dichos patrones han sido creados por nuestros propios pensamientos, y según la calidad de éstos, ha sido también la calidad de nuestros sentimientos o emociones, influyendo determinantemente en la forma como nos comportamos, que finalmente se reflejarán en nuestra calidad de vida.

Si nuestras creencias y pensamientos son positivos, convenientes y saludables tendremos una mejor salud, más éxitos personales y podremos llevarnos mejor con nosotros mismos y con los demás. Los patrones positivos nos ayudan a adaptarnos al medio de una forma favorable, los reconocemos porque nos producen bienestar.

Por su parte, los pensamientos negativos “distorsionan nuestra forma de ver la vida provocando limitaciones autoimpuestas”, hacen que nuestras acciones sean dificultosas con resultados poco fructíferos.

Todo dependerá de la firmeza y la fuerza de nuestras creencias y pensamientos, de su frecuencia y duración, de cuál de los dos, positivos o negativos, predomina en nuestro día a día.

Al tomar conciencia de si nuestras creencias y pensamientos son positivos o negativos podemos hacernos responsables y decidirnos por aquellos que nos son más favorables y que nos permitan adaptarnos mejor a la sociedad.

Dejarnos influir por creencias y pensamientos externos limitativos “es una irresponsabilidad y una falta de respeto hacia uno mismo”.

Podemos adoptar nuevos patrones buscando un modelo conveniente y aprender de él, todo es cuestión de flexibilidad e interés por mejorar.

Para Marcos S. González, autor de algunos artículos relacionados con este tema, los patrones pueden ser constructivos o destructivos:

Patrones constructivos
1.- Realista o racional-objetivo: Actitudes firmes, con afirmaciones y juicios basados en hechos comprobados.
2. Crítico positivo: Respetuosos de límites y reglas razonables. Se basan en hechos comprobados.
3. Adaptado sano: Cumple las reglas y normas aunque le cause malestar. Es responsable y cumplidor de sus deberes.
4. Nutritivo positivo: Ayuda en la satisfacción de las necesidades de las otras personas y también de sus propias necesidades.
5. Natural y espontáneo: Siente y expresa emociones y sentimientos tanto agradables como desagradables.

Patrones destructivos
1. Crítico negativo: Para éste, los otros están mal y sólo ellos están bien. Hace juicios o críticas de valor sobre los otros.
2. Sobreprotector: Atiende exageradamente las necesidades de los demás y desatiende las propias.
3. Rebelde: Se opone a las autoridades, a las reglas, normas y regulaciones.
4 Servil o fácil de dominar: Actúa según lo que cree que son las expectativas de los demás con el fin de complacerles y ganarse así su afecto.
5. Vengativo o rencoroso: Le cuesta perdonar. Cultiva la venganza hacia los otros. Predomina el resentimiento, la rabia y el rencor.

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