Dejémonos fluir con nuestro trabajo

Por in Impulsando mi negocio on diciembre 19, 2017

Estar totalmente absorto en lo que se está haciendo y disfrutarlo tanto que no se quiere estar, en ese momento, haciendo ninguna otra cosa, es algo que todos debemos experimentar todos los días.

Cuando nuestra tarea presenta metas claras, retroalimentación franca, una sensación de control, retos que están a la altura de nuestras habilidades y pocas distracciones, los sentimientos que nos proporciona son iguales a los que se experimentan en un deporte o en una representación artística.
Cuanto más rutinaria sea una tarea, como lavar platos, vestirse o cortar el césped, más gratificante será, si la abordamos con el cuidado que pondríamos en crear una obra de arte.

La calidad óptima de la vida cotidiana no depende finalmente de lo que hacemos, sino de cómo lo hacemos.

Diversas encuestas muestran que el 84% de los hombres y el 77% de las mujeres estadounidenses afirman que continuarían trabajando aun cuando heredasen suficiente dinero como para no trabajar.

Como sucede con otras muchas cosas, lo que enriquece la vida en pequeñas cantidades puede empobrecerla en grandes dosis.

Incluso el trabajo más trivial puede mejorar la calidad de vida en lugar de disminuirla.

Los artistas, empresarios, hombres de Estado y científicos altamente productivos y creativos tienden a vivir su trabajo como lo hacían nuestros antepasados cazadores: completamente integrado al resto de su vida.

Una de las características más comunes en premios Nobel y otras personas sobresalientes en diferentes campos es: “Podría decirse que he trabajado cada minuto de mi vida, o podría decirse con igual justicia que nunca he trabajado un solo día”. El historiador John Hope Franklin expresó esta fusión de trabajo y ocio más concisamente cuando decía: “Siempre he suscrito la expresión, Gracias a Dios es viernes, porque para mi el viernes significa que puedo trabajar los dos días siguientes sin interrupciones”.

El dos veces premio Nobel Linus Pauling, en una entrevista que concedió cuando tenía 89 años, declaró: “No creo haberme sentado nunca a preguntarme ¿qué es lo que voy a hacer ahora en la vida?. Simplemente continué adelante haciendo lo que me gustaba hacer”.
El eminente psicólogo Donald Campbell aconsejaba a los estudiantes jóvenes: “No se dediquen a la ciencia si no van a disfrutarla, aunque no se hagan famosos. Dejen que la fama sea algo que aceptan graciosamente si la consiguen, pero asegúrense de escoger una profesión en la que puedan disfrutar”.

Y Mark Strand, antiguo poeta premiado en Estados Unidos, describe muy bien el estado de fluidez cuando seguía su vocación: “Estás simplemente trabajando, pierdes el sentido del tiempo, quedas completamente arrobado, absorto totalmente en lo que estás haciendo cuando estás trabajando en algo que está bien y tienes el sentimiento de que no hay ninguna otra forma de decir lo que estás queriendo decir”.
Por supuesto, personas así son muy afortunadas por haber alcanzado la cima de profesiones sofisticadas y de éxito. Pero también es fácil encontrar gran número de personas famosas y con éxito que odian sus trabajos, además de otros, hombres de negocio, fontaneros, ganaderos e incluso obreros, que trabajan en cadenas de montaje que adoran su trabajo y los describen en términos líricos.

No son las condiciones externas las que determinan el grado en que el trabajo contribuye a llevar una vida plena, sino la forma en que se trabaja y las experiencias que uno puede extraer de afrontar los desafíos que se presentan.

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