Uno de los grandes males de nuestra sociedad es el machismo. 

No sólo se trata de agresiones físicas o verbales, la mayoría de las veces el machismo es silencioso y se expresa con actitudes de discriminación, prepotencia, sometimiento, subvaloración y separación de actividades, o con la idea de posesión y pertenencia, etc.   

Son costumbres que se han heredado desde hace muchas generaciones y que tenemos que eliminar; desde niños se inculca que el hombre no debe llorar, y que la sensibilidad y la cocina son sólo para mujeres; un tipo de educación que separa nuestras funciones y define diferencias en ambos sexos.   

Entonces, el machismo surge en el hogar; hombres que se educaron en un sistema machista y patriarcal, luego salen a la calle, a las instituciones, al trabajo, a la escuela, a practicar lo que aprendieron en la familia.

En las últimas décadas, el machismo se ha agravado, y esto ha sido porque los hombres están perdiendo fuerza y poder como proveedor o único proveedor del hogar. El empoderamiento que han tenido muchas mujeres los ha irritado. 

Las mujeres, al salir a trabajar, conocen otras opciones de vida, otras relaciones, y eso a muchos hombres no les ha caído bien. En la actualidad las mujeres están más conscientes de sus derechos y exigen un trato igualitario en el trabajo, la política, en el hogar, etc.

Las mujeres de esta época, estamos viviendo el cambio de mentalidad y actitud respecto a nuestra relación con los hombres; somos la generación del cambio, y como todo cambio, provoca incomodidades, desequilibrios y hasta dolor y conflictos. De nosotras depende modificar la mente de los hombres y las actitudes de toda la sociedad. 

Como madres, tenemos la responsabilidad de transmitir la igualdad de géneros a nuestros hijos; como hijas, tenemos el derecho de integrarnos a la sociedad en igualdad de circunstancias con los hombres. 

Los astrólogos aseguran que la posición de los planetas, influye en nuestras vidas en todos los sentidos; ellos nos engloban en arquetipos de acuerdo a las fechas y momentos en que nacemos, asignándoles el nombre de la forma que aparenta la posición de las estrellas.

Para muchos de nosotros, algo o mucho hay de cierto en las características que definen para cada signo; sin embargo, es imposible que los pronósticos que escuchamos diariamente sean aplicables al total de cada arquetipo o signo.

Mucha gente no se expresa ni actúa conforme lo establece las características del signo que marca la astrología; además, el entorno que vivimos y nuestras tareas diarias nos exigen muchas veces comportarnos de cierta manera que impide la expresión de dichas características.  

Según la astrología, tenemos dos signos: el Solar y el Ascendente, que corresponden a la fecha y hora en que nacimos. El primero es nuestra esencia, nuestro verdadero ser, es lo que somos hacia dentro de nosotros mismos; el ascendente complementa y da forma al primero, y determina, a su vez, la forma en que nos comportamos hacia los demás.

La realidad es que somos una combinación de diferentes signos, donde unos pesan más que otros, lo que proporciona a la vida millones de formas de expresiones particulares.

Una vez Walter Mercado dio el mensaje de mi signo, ese día los astros no me favorecían mucho. Para suavizar su pronóstico, y no sentirnos “apachurrados” los de este signo, dijo con mucha firmeza que lo que nos sucede en la vida es producto de tres grandes variables o influencias: 

1a.- De los astros según su posición en el momento en que nacimos (La carta astral) y como estén acomodados en el momento de consultar la astrología.

2.- De todo lo que aprendimos en el pasado, principalmente en nuestra infancia. 

3.- De nuestras decisiones en el presente, cuya calidad está influenciada a su vez por nuestro nivel de conciencia, sentido común y nivel de autoestima.

Estos comentarios le restaron fuerza al poder que le damos a la astrología; en última instancia, dijo Walter, “la astrología invita, pero no determina”. 

No obstante, las personas que seguimos creyendo en esto, debemos tener presente que el signo solar y el ascendente son complementarios, y esta complementariedad puede enriquecer mucho nuestra vida si sabemos manejar correctamente estas combinaciones.

La astrología relaciona los diferentes signos zodiacales con los cuatro elementos de la naturaleza: Fuego, Tierra, Aire y Agua. Estos elementos representan y contienen “diferentes tipos de energía en un estado constante de interacción y flujo entre unos y otros”.

Los signos zodiacales son agrupados de la siguiente manera:

• Fuego: Aries, Leo y Sagitario

• Tierra: Tauro, Virgo y Capricornio

• Aire: Géminis, Libra y Acuario

• Agua: Cáncer, Escorpión y Piscis

Las características generales de cada elemento son las siguientes:

• Los de Fuego pueden ser muy dinámicos, impulsivos y dados a la acción.

• Los de Tierra se llegan a caracterizar por prácticos, eficientes, de sentido común, organizados y realistas.

• En los de Aire se encierran los muy pensadores, se caracterizan por su fuerza intelectual y su espíritu crítico; son creativos; abundan aquí los que tienen don de la palabra.  

• Los de Agua se conocen por su sensibilidad, por su flexibilidad para acomodarse bien a diferentes situaciones; por su imaginación, los mueven los sentimientos y emociones.

Esta información podría servirnos para conocernos un poco más y entender que la combinación de nuestras particularidades internas y externas tendrían un paralelo directo en la naturaleza, y que tales particularidades podríamos combinarlas con las de los demás para llevarnos mejor con ellos y generar algo en provecho mutuo. 

Como ejemplo, expongo mis características astrológicas: soy una combinación de Piscis como signo solar y Virgo como ascendente; es decir, agua con tierra. La dosis suficiente de agua con tierra puede producir y dar vida, puede florecer cualquier semilla que se siembre, pero si se desbordan mis emociones, demasiada agua hace lodo con la tierra y el lodo sólo produciría arroz. 

Estoy casada con alguien de elemento Fuego; demasiada agua puede apagar el fuego, demasiado fuego puede evaporar el agua y ninguno de los dos sacaría provecho de esta relación.

A nivel personal: ¿Cómo se relacionan, o pueden interrelacionarse tus elementos para poder complementarlos, mezclarlos y “sacarles jugo”? Quizá aquí encuentres tu misión personal.

A nivel Interpersonal (con los demás): ¿Cómo se pueden relacionar tus elementos con los de las personas con quienes convives o trabajas? ¿Cómo puedes hacerlos compatibles o cómo pudieras sacarles provecho?

Por muy pequeña que pueda ser tu tienda, piensa que es como un hijo tuyo; piensa en tu negocio como en un niño de tres, seis o doce meses, que necesita de ti y de toda tu atención.

Igual que un niño, si no atiendes tu negocio, puede enfermarse y morir. Si no está bien atendido en su momento, aunque llegara a sobrevivir crecería desnutrido, débil y vulnerable. 

El cariño a tu tienda es un asunto de responsabilidad, de decisión y hasta de voluntad.

De alguna manera, y por alguna razón la vida te puso donde estás, y a tu tienda ya le has puesto tu energía desde su apertura. 

Piensa que al igual que un niño, tu negocio tiene necesidades diferentes y proporciona satisfacciones distintas en cada etapa. Identifica y disfruta las alegrías que te puede proporcionar: 

• Relacionarte con tus vecinos

• Sentirte útil

• Satisfacer necesidades

• Tener ingresos

• Adquirir más baratos algunos productos que consumes personalmente

• Las posibilidades de crecimiento 

• Etc.

Como a los hijos, ármale un plan de vida a tu tienda, arréglala, aséala, enorgullécete de ella, capacítate para hacerla mejor, etc.

A tu tienda debes darle el enfoque que vaya requiriendo tu mercado, vender productos que te demanden aún cuando no sean de tu total agrado.

Tal vez abriste tu negocio por necesidad o porque “no te quedaba de otra”, o quizá lo hiciste en forma planeada, para ser independiente; de cualquier manera, te recuerdo que si la vida te puso ahí, es tu responsabilidad.

Muchos economistas dicen que el dinero es un producto con el que se identifican todos los demás productos; o sea, es un medio para obtener bienes y servicios; riquezas materiales para satisfacer egos y necesidades de la gente.

Su existencia ha creado muchos conflictos entre la población, desde envidias hasta guerras. Un mundo donde unos cuantos tienen demasiado y no lo quieren soltar, mientras que muchos otros carecen de él y se la pasan ambicionándolo. 

Pero ¿qué han opinado los grandes pensadores sobre el dinero? He aquí algunos ejemplos:

“Presta dinero a tu enemigo, y lo ganarás a él; préstalo a tu amigo, y lo perderás”.

Benjamin Franklin

“Lo mejor que podemos hacer por otro, no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas”.

Benjamin Disraeli

“Quien cambia felicidad por dinero, no podrá cambiar dinero por felicidad”.

José Narosky

“No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo”.

Alejandro Dumas

“Quienes creen que el dinero lo hace todo, terminan haciendo todo por dinero”.

Voltaire

“La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos”.

Platón

“Al perro que tiene dinero, se le llama señor perro”.

Proverbio árabe

“¿Qué es la avaricia? Un continuo vivir en la pobreza por temor a ser pobre”.

San Bernardo de Claraval

“Si quieres conocer el valor del dinero, trata de pedirlo prestado”.

Benjamin Franklin

“El dinero no da la felicidad, ciertamente; pero tampoco es un serio obstáculo”.

Josep Pla 

“El dinero no puede hacer que seamos felices, pero es lo único que nos compensa de no serlo”.

Jacinto Benavente 

“El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro”.

Benjamin Franklin 

“Es bonito tener dinero y cosas que puede comprar el dinero, pero también es bonito tener las cosas que el dinero no puede comprar”.

George Horace Lorimer 

“El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia”.

Woody Allen 

“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”.

Aristóteles 

“El dinero no es un mal en sí mismo, el mal radica en su mal uso”.

Mahatma Gandhi 

“Al dinero se le llora con un pesar más profundo que a los amigos o a los parientes”.

Juvenal 

“Muchos piensan que el dinero lo es todo, algo que comprueban cuando se hacen mayores”.

Oscar Wilde 

“El dinero siempre está ahí; sólo cambian los bolsillos”.

Gertrude Stein 

“No es vergonzoso nacer pobre, lo es el llegar a serlo por acciones torpes”.

Menandro de Atenas 

“No es pobre el que tiene poco, sino el que mucho desea”.

Séneca 

“La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe, más sed da”.

Arthur Schopenhauer 

“El dinero que se tiene es instrumento de libertad, el que se busca lo es de servidumbre”.

Jean Jacques Rousseau 

En una entrevista que un ángel reportero hizo al Creador del Universo, le preguntó que cuál de todas sus creaciones lo tenía más complacido; “todas” contestó Dios, “pero hay una en la que puse especial atención porque ella es mi conexión con la humanidad, me refiero a la mujer”. 

“A este ser lo creé para perpetuarme en la tierra, para que fuera mis ojos ante todo lo que suceda en el mundo. En ella he puesto toda mi fe para que pueda mejorar el futuro de la humanidad”.

Continuó diciendo Dios, “la mujer es mi obra más completa porque la hice para germinar la vida, florecerla y perfeccionarla. Ella:

• Da la vida y la protege

• Sabe ser madre y padre al mismo tiempo

• Sabe desempeñar bien su papel de esposa, hija, abuela, compañera y amiga

• Sabe comprender y compadecerse de los que sufren

• Piensa en sus hijos y los siente siempre, desde su gestación 

• Tiene fortalezas que maravillan a los hombres, lleva grandes “cargas” pero sabe llenar todo con amor

• Sabe privarse de muchas cosas para que su familia pueda tener lo que necesita

• Llora cuando sus hijos triunfan o sufren. Son capaces de dar la vida por sus seres queridos

• Sabe ser suave, tierna, dócil, y también sabe ser fuerte y voluntariosa

• Puede trabajar hasta 18 horas al día

• Sabe aguantar grandes pesares y lograr grandes hazañas

• Es la principal y muchas veces la única educadora de la familia

• Es movida por la compasión y la misericordia

• Se le convence por el corazón”

El ángel se quedó asombrado, sólo se concretó a preguntar “¿Pues, de que está hecha la mujer?” “Está hecha de lo mejor de mi”, contestó finalmente Dios.

Aunque a algunos les duela, se acabó la época en que los hombres éramos los dominantes en la relación con las mujeres.

Las cosas están cambiando; en muchos casos, los hombres ya no somos los proveedores del hogar, o por lo menos, no los únicos.

Hemos visto que las mujeres cuentan con las mismas capacidades que los hombres para desempeñar cualquier tarea, y han estado reclamando, con todo derecho, la posición y el reconocimiento que, por décadas, el machismo les ha negado.

Tienen sus propias aspiraciones y tienen, también, el derecho de integrarse a la sociedad en igualdad de circunstancias con los hombres.

En esta casa editorial, todas las mujeres, cualquiera de ellas, blancas o morenas, altas o bajitas, jóvenes o no, merecen nuestro respeto, nuestro reconocimiento y aceptación.

Junto con el Chihuahueño, el Xoloitzcuintle es uno de los perros totalmente mexicanos; data desde hace más de 3 mil años.

Existe información de otros perros 100% mexicanos también, pero ya se ven muy pocos o se consideran ya extintos.

Ya hemos visto sus características físicas; la principal es que, por cuestiones genéticas, la gran mayoría de ellos no tiene pelos. Son animales finos, sociables, inteligentes, dóciles, cariñosos y muy protectores. 

Los mexicas consideraban al Xoloitzcuintle como un regalo de los dioses. Xólotl, en náhuatl, significa dios del ocaso e itzcuintli significa, perro. Se decía que estos perros podían guiar a los muertos por su camino al otro mundo, por lo que en muchos panteones, se llegaron a encontrar cadáveres de éstos, junto con el del difunto.

Fue parte de los ritos y ceremonias religiosas de los aztecas, con los que se pedía a los dioses buenas cosechas. 

Durante la colonia, fue perseguido y marginado por los españoles, pues decían que representaba la lujuria.  

Durante ese período prácticamente desaparecieron de las ciudades y se replegaron a zonas rurales. 

Hasta principios del siglo pasado se creían extintos, pero poco después se empezaron a ver por las ciudades; artistas como Frida Kahlo y Diego Rivera poseían varias mascotas de ellos, con lo que se empezaron a popularizar.

Últimamente, se hicieron más famosos con la película “Coco”, donde se muestra a uno, acompañando a todas partes al protagonista.

Hay varias versiones sobre su utilidad. Una de ellas, es que era considerado también como un perro curandero; los mexicas los usaban con fines medicinales para tratar diversos dolores como el reumatismo, poniendo al enfermo en contacto con la piel de uno de ellos.

También se dice que era consumido como alimento en festividades muy especiales.

A todos nos encanta jugar, y todos queremos ganar, pero muchos, cuando pierden, se frustran o se enfadan tanto, que se les baja la autoestima y la energía, o se vuelven agresivos, sobre todo si se pasaron de chelas.

Es sabido el caso del equipo de “Las Chivas”. En Guadalajara, cuando pierde en un domingo, muchos de sus seguidores bajan su productividad laboral el lunes siguiente; algunos empresarios lo han expresado.

Cuando existen competidores, en todas las actividades y profesiones, encontraremos perdedores y ganadores. 

En muchos deportes, encontramos equipos que son más las veces que pierden, que las que ganan. En el béisbol, por ejemplo, siempre hay un perdedor; nunca hay empates.

Hay ejemplos en la naturaleza en que la mayoría de las veces se pierde; un tigre, sólo una de cada cinco veces logra atrapar a su presa.

Escribo esto, porque he visto que muchos no saben perder. No lo hago para acostumbrarnos a perder, mucho menos para que seamos perdedores, sino para aprender a saber perder. Hay enseñanzas que nos conviene aprovechar cuando perdemos.

Te podría decir que hay de perdedores a perdedores ¿Cuál es la diferencia? Que unos saben perder y otros sufren cuando pierden.

A los que saben perder, podríamos llamarlos perdedores inteligentes, exitosos o resilientes; esto porque analizan sus derrotas. 

Ya sea que el opositor juegue limpio o sucio, como a veces nos sucede, se puede ganar perdiendo, o por lo menos no perder tan feo.

Es muy cierto que cuando perdemos en una competencia deportiva, laboral o personal, entre otras, o pierde nuestro equipo favorito o el partido político por el que votamos, nos sentimos de “la chin…”.

Pero, un buen perdedor logra controlar sus emociones, y se concentra en ver lo que pudo aprender: cuáles fueron las fortalezas del otro y los errores y debilidades propias.

Para lograr el éxito en el mundo externo, es necesario, primeramente, conseguirlo dentro de uno mismo.

Para tener reconocimientos, aplausos y felicitaciones en nuestras actividades, relaciones o profesión, conocidos como “Victorias Públicas”, primero, es necesario tener “Victorias Privadas”.

Es como el amor, que debe ser de dentro para afuera, así es con todo. No se puede lograr el éxito externo, sin antes haberlo conseguido en lo privado. 

Para esto, es necesario pasar por un proceso que depende exclusivamente de nosotros mismos; es en el espacio de nuestra vida personal, donde podemos conseguir nuestras “Victorias Privadas”.

Para ello, se hace necesario, primeramente, poner en práctica tres hábitos, mismos que nos llevarán al nivel necesario para lograrlo:

1º. Ser Proactivos; siéndolo, descubriremos que nosotros podemos hacer que las cosas sucedan, que podemos dejar de ser víctimas de las circunstancias y de los demás.

2º. Debemos empezar con un fin en la mente; es decir, tener metas y visualizarlas a fondo; tenemos que saber lo que queremos lograr y crearlo en la mente para manifestarlo.

3º. Debemos hacer primero lo primero; es decir, saber qué es importante para nosotros y enfocar todas nuestras acciones en ello.

¿Qué requerimos para lograr nuestras “Victorias Privadas”?:

• Disciplina

• Voluntad

• Cumplirnos a nosotros mismos

• Entrenarnos en buenos hábitos

• Controlar nuestros pensamientos y sentimientos

¿Qué lograremos con nuestras “Victorias Privadas”?:

• Seguridad personal

• Carácter, Fortaleza, Vigor

• Autoconfianza

• Grandes satisfacciones

• Altas posibilidades de lograr “Victorias Públicas”

El número de “Victorias Privadas”, irá aumentando nuestra energía, que como combustible, nos servirá para llevarnos a conseguir “Victorias Públicas”.

1.- Habla menos y escucha más. Busca entender las diferentes posiciones de los demás, sin apasionamientos.

2.- Observa los problemas desde diferentes ángulos y puntos de vista.

3.- Imagina las cosas de un modo y de otro. Visualízalas. Míralas, no como son, sino como podrían ser.

4.- Trata de encontrar nuevos usos y aplicaciones a las cosas.

5.- Piensa y analiza con flexibilidad.

6.- No lo creas todo y no lo dudes todo.

7.- Lee, descubre por ti mismo cómo han hecho otras personas para resolver sus problemas.

8.- Experimenta.

9.- Realiza conexiones entre situaciones fuera de lo común.

10.- Piensa en cómo sería lo contrario a lo que sabes o conoces.

Las primeras cinco son las más importantes.

Beneficios que logramos con estos ejercicios: Seguridad y confianza personal; una vida más divertida; nos sentiremos más útiles y más inteligentes; una vida más feliz al poder resolver nuestros propios problemas.