5.- El colmo, muchos “líderes” tienen temor a la competencia de su gente. El “líder” que teme que uno de sus seguidores pueda ocupar su puesto está prácticamente condenado a fracasar.

El líder capaz entrena a suplentes en quienes pueda delegar los detalles de su posición. Sólo de ese modo un líder puede multiplicarse y prepararse para estar en muchos lugares, y prestar atención a muchas cosas al mismo tiempo.

6.- Los que se sienten líderes sin serlo verdaderamente, tienen mala disposición para prestar servicios modestos.

Los verdaderos líderes están siempre dispuestos, cuando la ocasión lo exige, a llevar a cabo cualquier tipo de labor. “El mejor de entre vosotros será el sirviente de todos”, dice la Biblia, y es una verdad que todos los líderes capaces observan y respetan.

7 .- A un mal líder le falta capacidad para organizar detalles. El liderazgo eficiente requiere capacidad para organizar y controlar los detalles por muy pequeños que sean.

“Ningún líder genuino está jamás ‘demasiado ocupado’ para hacer cualquier cosa que se le pueda pedir en su condición de líder”.

Cuando un líder admite que está ‘demasiado ocupado’ para cambiar de planes o para prestar atención a una emergencia, está admitiendo su incompetencia. El líder de éxito debe ser quien controle todos los aspectos relacionados con su posición. Esto significa, por supuesto, que ha de adquirir el hábito de delegar los detalles a asistentes capaces.

8.- Muchos “líderes” muestran su falta de control de sí mismos al enojarse fuertemente con algunos de sus empleados por algún error. Esto lo percibe su gente como alguien débil que se deja llevar por sus emociones.

Este es un extracto de lo que escribió Napoleón Hill en su libro “Piense y Hágase Rico”, respecto a por qué ha fracasado el liderazgo, ojalá te sirva.

1.- Los “líderes” que se dicen líderes se la pasan “apantallando” a sus seguidores de que lo son; remarcan su “superioridad”, o trabajan encerrados en su oficina, o cuando se acercan a su gente lo hacen con mucha formalidad, exigiendo respeto total para él o ella.

Presumen mucho de su título de jefe, patrón, dueño o director del negocio, porque no tienen algo de más valor en que apoyarse.

2.- Los jefes que presumen de “líderes”, pueden ser leales con su negocio pero no muestran lealtad por quienes están por debajo de él. La falta de lealtad es una de las principales causas de fracaso en todos los terrenos de la vida.

En el trabajo diario actúan haciendo sentir a la gente que no valen “gran cosa”, con lo que éstos tampoco son leales ni a la empresa ni al jefe.

3.- Hay “líderes” que reclaman todo el honor por el trabajo de sus seguidores, con lo que generan resentimientos en ellos. El verdadero líder no exige honor alguno. Le alegra ver que los honores, cuando los hay, son para sus seguidores, porque sabe que trabajarán con más entusiasmo por reconocimientos, que sólo por dinero.

4.- Muchos “líderes” esperan ganar más por lo que saben que por lo que hacen. Desconocen el lema de que “el mundo no paga a los hombres/mujeres por lo que saben, sino por lo que hacen o impulsan a hacer a otros”.

Resulta frustrante tratar de venderle a quien está en contra de nosotros o de nuestro negocio, segundo grupo; requiere de mucha paciencia.

Lo recomendable es cuidar al primer grupo, aquel que ya nos favorece con sus compras.

Para atraer a parte del tercer grupo, aquél que no tiene preferencia, convendría armar un plan estratégico, sólo habría que considerar que su nivel de fidelidad es bajo; sin embargo, podemos hacer que actúe por conveniencia.

Recuerde que nunca nadie ha convencido a todos por igual, al menos no en la misma proporción, de la misma cuestión, ni durante todo el tiempo.

También podríamos desglosar los grupos. Por ejemplo, el grupo uno: • Aquellos que son muy rentables para nosotros porque compran y compran sin ningún desgaste mayor que el que lleva el proceso de llegar a la tienda, saludar, pedir o tomar los productos, pagar y despedirse dando las gracias.

• Aquellos menos rentables, que sin comprar mucho, hacen o quieren hacer amistad con nosotros; los aceptamos porque son agradables para nosotros.

• Los últimos, los poco rentables, que tampoco compran mucho y quieren hacer amistad, que quitan demasiado el tiempo y que además no hacemos mucha química con ellos.

Estar conscientes de esto nos hace aterrizar en el mundo real de los negocios. Conocer a los clientes, reconocer y respetar sus derechos nos da seguridad y nos aumenta las posibilidades de éxito al no desgastarnos en esfuerzos inútiles y canalizar mejor nuestras energías en los mercados más viables.

Como bien lo hemos visto, en el mundo hay de todo para todos; la gente puede integrarse en grupos más pequeños, con características propias, gustos diferentes, ideas propias; no importa, en un momento dado, si esas ideas o gustos, son buenas o malas, éticas o no.

En este sentido, y con respecto a su negocio, posiblemente se haya dado cuenta de que no todos los integrantes de su mercado pueden o quieren ser clientes suyos, y están en su derecho de escoger en dónde comprar.

En su libro “Escuela de negocios”, Robert Kiyosaki señala que el 100% de nuestro mercado, entendiendo por mercado a todas aquellas personas que requieren de los productos que vendemos y tienen además los recursos para adquirirlos, se compone de la siguiente manera:

• Primer grupo: Una tercera parte estará con nosotros, nos favorecerá con sus compras. • Segundo grupo: Otra tercera parte estará en contra de nosotros, por cualquier razón. • Tercer grupo: El resto será indiferente hacia nosotros; lo mismo les dará comprar en nuestra tienda que en las de la competencia.

Miembros de este último grupo podrían pasar a formar parte de los seguidores o de los opositores.

En situaciones extremas, unos nos seguirán rápidamente, nos aplaudirán, hasta querrán ser nuestros amigos. Otros nos criticarán, les caeremos mal, o simplemente no les gustará nuestra tienda. Pero están aquellos sin ninguna preferencia por ninguna tienda en particular.

En la práctica cada grupo requiere de un tratamiento diferente para venderles o para darles atención.

¿Cómo nos llegamos a sentir frustrados en nuestros negocios?

• Cuando nuestras expectativas o las exigencias internas y externas rebasan nuestras capacidades. • Cuando se pierde la objetividad y se aleja uno de las realidades en las que nos ubicamos. • Cuando nuestros objetivos y metas no responden a una planeación con opciones. • Cuando no entendemos el proceso y nos brincamos los pasos necesarios para su consecución. • Cuando nos dejamos llevar por la ansiedad y desesperación.

Estos y otros aspectos, sumados a niveles altos de susceptibilidad, sensibilidad y baja autoestima pueden ocasionar derrotas y llevar a la frustración, si no se saben manejar las experiencias.

Causas de frustración:

Como todo, si no estamos entrenados lo suficiente en el manejo de las frustraciones, éstas pueden dañar nuestra autoestima en el presente y futuro.

“Las situaciones con las que hemos convivido desde pequeños, nos prepararon y nos habituaron ante estos factores o nos volvieron más vulnerables, esto de acuerdo a que las personas difieren considerablemente en sus reacciones ante la frustración y al estrés”.

La frustración, en la mayoría de los casos tiende a ser acumulativa, por lo que en una persona, al vivir una serie de situaciones frustrantes de pequeña o mediana importancia, se le van sumando y al final éstas logran desequilibrar la vida del individuo.

Las personas con alta tolerancia a la frustración tienden a ser mucho más flexibles, lógicas, racionales y más tranquilas en sus pensamientos, su conducta y en su enfoque general de la vida, así también mucho menos propensos a sufrir problemas de salud mental como resultado. También son mucho menos propensos a postergar todo y tratan de resolver los problemas como una prioridad.

Cuando no se logra alcanzar los objetivos que nos propusimos, o ante una situación en la que un deseo, un proyecto, una ilusión o una necesidad no se satisface o no se cumple, nos sentimos frustrados.

Cuando esto sucede, nos invade la ansiedad y la rabia; nos deprimimos, angustiamos, etc.; sentimientos y pensamientos que pueden ser auto-destructivos para algunos. En grado extremo, sobre todo si no se sabe manejarla, una frustración puede representar pérdida, derrota, fracaso, etc.

Claro que todos nos hemos sentido frustrados en alguna medida, y ante ciertas circunstancias, pero algunos han sabido manejar razonablemente bien tales sentimientos.

En el mundo de los empresarios, sobre todo en las micro y pequeñas empresas, en donde sus propietarios desconocen muchos de los detalles de los negocios, las frustraciones son frecuentes.

Imagínese si Edison se hubiera sentido frustrado con los primeros intentos de inventar el foco, quizá ahorita nos alumbraríamos todavía con velas. Los futbolistas delanteros, cuya misión es anotar goles, saben bien que para anotar un gol tienen que haber muchos intentos. Un depredador como el leopardo, tiene éxito al cazar su presa sólo uno de cada cinco o seis intentos.

En estos tres ejemplos los protagonistas siempre lo vuelven a intentar, y para tener mejores resultados buscan mejorar sus técnicas, aplican lo aprendido y buscan nuevas oportunidades.

Tenga cuidado porque los sentimientos de frustración pueden provocar en la gente sentimientos de minusvalía, falta de confianza en sí mismos y en los demás; pueden hacerlos rendirse y enterrar su potencial, disminuyendo las posibilidades de salir triunfantes en la vida.

No es casualidad que se haya puesto en ese lugar la Central de Abastos de la Ciudad de México, CEDA; ya desde la época de los Aztecas, era un punto donde se intercambiaban una gran diversidad de productos provenientes de muchos rincones de lo que ahora es centro, sur y oriente de México.

Fue a finales de 1970 en que se planeó construir esta monumental obra para sustituir, como principal centro de abastos, al mercado de La Merced, que a esas fechas ya no respondía eficientemente a las necesidades de comerciantes y consumidores del Área Metropolitana de la CDMX.

Las obras se iniciaron en marzo de 1981, y el 22 de noviembre del siguiente año quedó inaugurada. ¡Así de rápido!

El resultado fue una impresionante obra que por su tamaño, y funcionalidad, se convirtió en el mercado más grande e importante del mundo, y que el pasado mes de noviembre cumplió ya 35 años. ¡Muy joven todavía!

Su ubicación responde a una estrategia geográfica, que facilita la entrada y salida de productos de los diversos estados que la rodean y de cualquier parte de la ciudad de México.

Fue diseñada por el Arq. Abraham Zabludovsky, mundialmente famoso en esa época y creador de muchas obras importantes en el país, entre las cuales está el conjunto habitacional Torres de Mixcoac en 1967.

La CEDA alcanza tiene una extensión de 327 hectáreas, algo así como 458 canchas de futbol como la del Estadio Azteca.

Cuenta con más de 3 mil 700 bodegas y locales comerciales, localizados en sus ocho sectores en los que se divide la CEDA.

En ella “trabajan más de 90 mil personas, y como carretilleros se han registrado a 10 mil”.

Cuando la mayoría de nosotros nos vamos a dormir, en ella se inician las labores. Abre a las 10 de la noche, cuando empiezan a entrar los camiones con los productos.

A las tres de la mañana empieza la “subasta” de los productos que llegan; ahí se realiza la compra-venta entre productores y mayoristas; como en la “Bolsa de Valores” ésta se basa en la oferta y la demanda: “si hay desabasto sube el precio, pero si hay sobreproducción, baja”. Más tarde empiezan a llegar todos aquellos que compran para vender a detalle o procesan alimentos.

A las seis de la tarde cierra para los compradores detallistas. De esta hora a las 10 que vuelven a abrir se realizan las labores de limpieza.

La Central de Abastos de la Ciudad de México es prácticamente la alacena de los más de 22 millones de habitantes del Valle de México. A ella acuden diariamente compradores detallistas y medio mayoristas, así como propietarios de tiendas de abarrotes, restaurantes, mercados, entre muchos otros.

Aquí se puede encontrar prácticamente cualquier producto de uso doméstico en sus cientos de locales y bodegas, divididas en mayoristas y minoristas.

A diferencia de los centros comerciales llamados Super, aquí se encuentran totalmente frescos los productos agrícolas, carnes, etc., pues diariamente entran cientos de camiones y tráileres cargados con ellos.

Es prácticamente una ciudad dentro de otra, pues ofrece todos los servicios: bancos, cuerpo de bomberos, oficinas administrativas, radio local, etc., hasta un helipuerto y una planta compactadora de residuos que procesa más de 800 toneladas de basura al día; todo esto además de la gran cantidad de productos que se comercializan y los más de 500 mil visitantes que tiene diariamente.

Lo último de la CEDA es que, con el fin de dar un mejor servicio a muchos de sus clientes, próximamente surtirán pedidos a través de internet.

Mis respetos para los creadores y administradores de la Central de Abastos.

A veces, sin darte cuenta, te enfrentas a competidores que buscan hacerte invisible. Algunos tendrán relación con tus clientes, quizá les envíen mensajes navideños; habrá quien les haga regalos. ¿Deberías hacer lo mismo? Definitivamente no.

Lo primero que hay que saber en publicidad, es que tus clientes no andan buscando amigos. No piensan en su carnicero para la piñata de sus hijos, ni consideran al que arregla la compu para ver películas tiernas el domingo. La cercanía en la relación con los clientes es una estrategia de recordabilidad; ni es la única, ni la más efectiva.

¿Cuál sería más efectiva, entonces? Ser recordado por una cualidad, y sólo por una. A eso le llamamos: Promesa Única de Venta.

Lo normal sería que tu changarro tenga una cualidad que nadie más tiene. El propósito de año nuevo sería que dedicaras un tiempecito a identificarla. Quizá tu tienda sea la más limpia; la mejor iluminada; la de mejor horario; la de mejor atención; la que entrega a domicilio o la de la báscula mejor calibrada.

Y esa cualidad, que debe ser real y verificable, es lo que vas a comunicar a tus clientes para distinguirte de tus competidores. Escríbela en el rótulo, como eslogan o úsala en la atención:

—Se está llevando «la leche más fresca de la ciudad», porque nadie cuida sus refrigeradores como nosotros.

Una vez inoculado el mensaje, el cliente pensará: «De veras, qué leche tan fresca»; y se encargará de propagarlo. Pero sobre todo, hará la ecuación en su cabeza:

¿Qué vale más, el calendario que me dieron o la frescura de la leche?

Este pequeño juicio que hace el cliente, determinará sus futuros hábitos de compra. Dudo que te invite a partir la Rosca con su familia, pero la leche para el chocolate será de tu tienda.

Algunas actitudes de la gente con baja autoestima en extremo son:

Desconfianza, irresponsabilidad, dependencia, rigidez, inconstancia, etc. Estas personas tienden a ser, en alguna medida, impuntuales, mentirosas, preocupadas, descuidadas consigo mismas, irreverentes, quejosas, manipuladoras, tímidas, llevan una carga muy pesada de culpas y caen fácilmente en violencia intrafamiliar, ya sea como víctimas o victimarios.

Las personas con baja autoestima tienden a ser y sentirse víctimas ante circunstancias negativas.

De la misma manera, estas personas inconscientemente están reprimiendo su potencial de liderazgo, ese que todos tenemos, y que la mayoría de las veces está oculto, dormido y esperando a que la voluntad lo despierte.

Cuidado, porque la baja autoestima se manifiesta como un círculo vicioso y es contagiosa. La carencia de ella hace que las personas fácilmente acumulen resentimientos y les cueste trabajo perdonar.

Si tú padeciste de agresión, violencia verbal o física, rechazo, menosprecio, etc., en tu niñez, que te marcaron de una manera negativa en tu adultez y vienes arrastrando algunos sentimientos que te impiden vivir en equilibrio, te invitamos a que veas la vida con orgullo, y con coraje reclames una mejor posición en el mundo, el lugar al que tienes derecho con tu trabajo.

En las siguientes ediciones te estaremos dando tips prácticos para mejorar tu autoestima; en tanto te pedimos que empieces tratando de cuidarla y mejorarla, no sólo la tuya, sino la de tu familia y principalmente la de tus hijos, es la mejor herencia que puedes dejarles.

Mientras tanto ve poniendo atención en qué piensas de ti mismo y cómo actúas ante los demás.

Si quieres sentirte fuerte, protegido, seguro y confiado para poder enfrentarte valientemente a todas las vicisitudes de la vida y tener mayores probabilidades de éxito en tu negocio, debes proteger tu autoestima y desarrollarla a un nivel sano.

Como su nombre lo dice, la autoestima es la estima que se tiene de sí mismo, es la valoración propia de lo que somos y de nuestra originalidad, y se refleja en el cuidado de uno mismo, en el nivel de vida que tenemos, en el manejo de nuestros problemas, en nuestras relaciones, etc.

Una persona con un buen nivel de autoestima vive muy diferente a aquella que no la tiene.

Las personas con buen nivel de valoración de sí mismas, saben manejarse con liderazgo para sí mismos primeramente y para los demás en una fase posterior.

Tu nivel de vida, el monto de tus ahorros en el banco y la forma como te llevas con los demás es un buen indicativo de tu nivel de autoestima.

Igualmente, tus palabras, tu confianza en ti mismo, tus expectativas en la vida y las cosas que crees merecer dicen mucho de cuánto te aprecias.

Quererte a ti mismo también se refleja en el respeto que te tienes; las personas con buen nivel de éste se levantan rápido de sus caídas y ven las derrotas como aprendizaje y como parte de las experiencias necesarias para crecer.

El alto valor que tengamos de uno mismo, nos ayudará a enfrentarnos a las batallas diarias de la vida, nos protegerá y nos hará más competentes.

Lo contrario, puede hacernos muy vulnerables a la frustración, a sentir miedo y no merecedores de ser exitosos, a auto-sabotear nuestros objetivos y metas, a la depresión y hasta las enfermedades.