Cerrarse a nuevos paradigmas es inconveniente, riesgoso y retrógrado.

Los paradigmas son modelos de pensamiento o de interpretación, estereotipos, normas o reglas, que utilizamos y que nos sirven de referencia para tomar nuestras decisiones y acciones.

Son también, las creencias, métodos y formas de ver y hacer las cosas, que, según nuestro enfoque, nos pueden llevar a resultados y efectos no siempre convenientes o satisfactorios.

La mayoría de los paradigmas que tenemos los heredamos de generaciones anteriores o los aprendimos a través del tiempo, adaptándonos a ellos, sin cuestionarlos, tratando de vivir siempre con los mismos.

Lo malo o inconveniente de estos paradigmas es cuando al aplicarlos, no obtenemos los resultados esperados o nos crean problemas mayores a los que queremos resolver.

Lo bueno, es que cuando llegamos a entender y dominar un modelo determinado, nos sentimos seguros y empoderados, tanto que, nos aferramos a ellos y queremos que nos funcionen siempre.

Pero ¡NO! No es posible, ya que siempre hay y seguirá habiendo, mejores formas de pensar, hacer y actuar, que con el tiempo nos traerá mayores beneficios.

“Somos entes de costumbres y nos acobarda el cambio; en especial de lo que ya sabemos”.

Es cierto, tanto en la sociedad como a nivel personal, siempre ha habido cambios, pero en los últimos años, éstos se han dado con mayor velocidad, tanto que a muchos nos sacan de nuestra área de confort, nos ponen nerviosos y nos estresa.

Reconozcamos que, el progreso, el desarrollo personal o empresarial y la evolución de la humanidad, se ha dado siempre por los cambios.

“No se trata de eliminar los paradigmas, sino de cambiarlos. Tampoco se trata de cambiarlos por cambiarlos, sino sólo cuando nos atoramos y no entendemos alguna situación, hecho o circunstancia”. 

Es conveniente cambiar los paradigmas, sobre todo, cuando se nos presentan nuevas necesidades que no podemos resolver, siguiendo los mismos modelos de pensar y de hacer las cosas como las hacemos. 

Es cierto que muchas veces, tratar de cambiar algunas cosas, siempre provocará rechazo, propio o de los demás.

El cambio siempre es un riesgo, pero el seguir con los paradigmas de siempre, también lo es, ya que con el tiempo pueden causar algún daño.

El miedo al cambio es que quebranta la seguridad que nos da el seguir las normas establecidas, el salirse de lo aceptado por otros.

Lo que nos obliga a cambiar de paradigma, son los cambios mismos; los movimientos sociales, los cambios institucionales, los avances científicos y tecnológicos, etc., nos están obligando a cambiar.

Metafóricamente, las creencias, los modos de pensar y actuar, son como muchos de los productos que vendemos los detallistas, en algún momento caducan, y hay que cambiarlos por otros con mayor vigencia o desaparecerlos.

Los fabricantes lo saben muy bien, por ello con cierta frecuencia cambian el contenido, el tamaño, los colores y hasta los nombres de muchos productos.

Los cambios nos exigen pensar y actuar diferente a como anteriormente lo hacíamos.

Ejemplo 1: Los pagos en efectivo, ya cada vez son menos, y a nosotros los detallistas nos obligan a aceptar tarjetas bancarias.

Ejemplo 2: El servicio a domicilio, ahora hasta en las tiendas de abarrotes, tenemos que ir aplicando esta modalidad.

Ejemplo 3: Nuestros clientes, antes se fijaban básicamente en los productos que adquirían, ahora se fijan más en la forma en que los tratamos, ya que quieren sentirse importantes como consumidores y como personas.

Ejemplo 4: El machismo es un viejo paradigma, que en la práctica está creando grandes dificultades; a las mujeres ya no podemos ni debemos seguir viéndolas como objetos o esclavas.

Para crear la Lámpara Incandescente, otro ejemplo, Thomas Alva Edison tuvo que cambiar muchísimas veces la forma en que lo intentaba lograr; probó distintos materiales hasta dar con aquel con el que pudo obtener los resultados buscados.

Edison detectó un problema en la sociedad, y como científico buscó resolverlo.  

“Sólo tenemos de dos sopas”, o aceptamos los cambios y cambiamos, o nos rezagamos con el riesgo de quebrar y cerrar la tienda.

¿Qué se requiere para cambiar un paradigma? Principalmente, flexibilidad. ¿Eres lo suficientemente flexible?

En la mayoría de los cambios, la necesidad, clara o implícita, casi siempre está presente; ésta puede ser para resolver un problema, para evitarnos conflictos con otros o para modernizarnos/actualizarnos y no perder clientes.

Sobre este tema, te dejo dos pensamientos de Albert Einsten:

“No pretendas que las cosas cambien, si siempre actúas de la misma manera”.

“Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”.

Realmente, resulta demasiado “tonto”, seguir haciendo lo mismo, una y otra vez, esperando resultados diferentes. “Cámbiale”.

Mantén siempre en tu mente que la mejor motivación es la que viene de adentro, es la que autogeneramos.

  1. Tu motivación se basa solamente en la actitud que manifiestes ante la vida y ante todo lo que te pase. Dependiendo de cómo manejes tus reacciones ante los factores externos, así podrás influir en tu motivación.Teniendo en cuenta esto, tú mismo, podrás aprender a mantenerte automotivado en cualquier momento en que lo necesites.
  2. Tenemos el poder de decidir cómo vamos a reaccionar ante la vida. Cuando decidas que vas a reaccionar positivamente ante aquellas cosas que definitivamente no puedas cambiar, el efecto no se manifestará negativamente en ti; sabiendo esto, comenzarás a autoliderar tu propia motivación.
  3. Los factores sensoriales externos pueden afectar tu sensación de bienestar. Son esa serie de impactos (visuales, auditivos, táctiles, olfativos o gustativos) que recibes a través de tus cinco sentidos; cuando estos te impactan positivamente, está bien, pero cuando te desmotivan, puedes empezar a cambiarlos, sustituyéndolos con música alegre, olores agradables, salir a caminar, tomar sol, respirar profundo, vestir colores vivos o alegres, etc.
  4. El juego de la vida se llama “caer y levantarse”. Como seres humanos, los líderes no siempre podemos estar motivados; siempre hay altibajos en nuestro nivel emocional.Como en un ring, podemos caer algunas veces, pero los que triunfan son aquellos que se levantan más veces de las que caen.Entiende bien este principio y hazlo tuyo, así podrás sacarle provecho y te irá mejor en la vida.

Más acciones que recomiendan los especialistas en Neuromarketing, para que puedas conectarte con tus clientes y activar su cerebro Reptil.

  1. Emociona a tus clientes. “Las emociones juegan un papel preponderante en las decisiones de compra”. Se trata de despertar buenos sentimientos en los clientes para influenciarlos a seguir comprando siempre en tu tienda.En su publicidad, muchas marcas de productos lo están haciendo (marketing emocional). Lo hacen metiendo imágenes, palabras o sólo textos, que buscan activar sentimientos y emociones hacia sus productos. Relacionan ciertos valores que saben, pueden tener las personas que les interesan como mercado.Coca Cola, por ejemplo, presenta ambientes de amigos o familias tomando ese refresco y hablando de lo importante que es la convivencia entre ellos.
  2. Centra tu atención en él. “El cerebro Reptil está centrado en sí mismo, le encanta toda la atención puesta en él”; todos los que entran a tu tienda a comprar, “tienen que sentirse únicos y especiales”. Por ello, en tu conversación debes dirigirte directamente a la persona.
  3. Sé visual. El cerebro reptil responde a estímulos visuales más rápidamente que a las palabras: activan la toma de decisiones, por lo que es conveniente utilizar eficazmente material visual para anunciar tus promociones. Además, refuerza la identidad visual de tu negocio; en esto, el nombre de tu tienda es importante.
  4. Preséntale contrastes. “El cerebro, al identificar un contraste acelera la decisión de compra”. En tus promociones, anota, por ejemplo: “antes costaba 100, ahora 80”. Hazle notar la diferencia entre un mucho y un poco, entre un todo y un nada.
  5. Dale cosas simples y tangibles.“Sólo lo tangible es profundamente emocional y visual”. Los mensajes verbales o por escrito a los clientes y prospectos, tienen que ser claros, simples, reconocibles y concretos.

Fuente: “Véndele a la mente, no a la gente” – Jürgen Klaric, editdo por Paidós | rosanarosas.com

Cuando se tiene un negocio propio, puede ser normal caer en el desánimo con alguna frecuencia. Las pocas ventas, los pocos clientes, la competencia, la falta de liquidez, las deudas que se tienen con los proveedores, el cansancio, etc., son algunas cosas por las que pudieras sentirte desanimado y hasta con ganas de “tirar la toalla”. Los deportistas, por ejemplo, se llegan a desanimar cuando van perdiendo, pero ellos tienen quien los anime, como el capitán del equipo o su entrenador desde afuera, pero los empresarios nos tenemos que animar solitos. ¿Qué puedes hacer tú, amiga o amigo detallista, cuando el virus del desánimo te invade? Don Chuy, propietario de una tienda del mismo nombre en Iztapalapa, nos comenta en uno de sus correos, que lo hace de tres formas; cuando una no lo anima, usa la otra. 1.“Cuenta sus bendiciones”. Se da cuenta de que, bien o mal sigue teniendo ingresos, tiene una familia, una casa que está pagando, un vehículo, entre otras cosas. 2.Siente el compromiso que tiene consigo mismo y con su familia; esto lo hace reaccionar, y para lograrlo, se apoya escuchando música “movida”, bailando solito en su tienda, saliendo a caminar y a que le dé el sol, trayendo a su mente recuerdos positivos, etc. 3.Trae a su mente los recuerdos de cuando trabajaba como empleado en una fábrica, donde tenía un jefe a quien “quería casi matar” porque era déspota y seguido lo amenazaba con correrlo, y más. Ahora, como independiente se siente libre, mejoró su autoestima, se siente más seguro y con altas posibilidades de crecimiento.

Un empresario exitoso decía en una junta a sus directivos, gerentes y vendedores “quien no sabe y entiende el ajedrez, no sabe hacer negocios”; se refería a que, en este juego o arte, se practica el elemento base para tener éxito: la estrategia. 

Comentó que el ajedrez es un ejemplo claro que nos enseña la importancia de tener siempre presente la meta/misión en todas nuestras acciones, porque quien la olvida se pierde y no logra los resultados esperados.

Un ajedrecista cuenta con diferentes elementos para cumplir con su objetivo de “darle mate al rey”, un terreno, 16 piezas con diferentes características y capacidades, oportunidades, métodos, reglas, etc.

En nuestra vida personal y de negocios también contamos con elementos que muchas veces ignoramos pero que pueden colaborar, directa o indirectamente con nosotros, estos pueden ser: nuestra familia, nuestro equipo de trabajo, nuestros compañeros, vecinos, amistades, etc. 

Cada elemento tiene capacidades y habilidades particulares que ayudan en el objetivo; cada uno por su lado conoce gente, tiene opiniones, aporta a los resultados finales. Todas las habilidades, por muy diferentes que sean son importantes en su momento.

No te digo que a las personas las manejes como piezas de ajedrez; a éstas se les dirige, se les guía, pero puedes aprovechar tu relación con ellas llevándolas hacia una meta mayor que beneficie a los participantes; esto lo puedes conseguir convenciéndolos, pidiéndoles, consensuando, negociando, dándole su tiempo a los resultados.

En los negocios también hay reglas, leyes y reglamentos, hay también valores, políticas, ética, etc., que nos indican lo que está permitido y lo que no, sólo que muchos desconocen estos aspectos. 

Un ángel le preguntó al Creador del Universo, que cuál de todas sus creaciones lo tenía más complacido:

“Todas”, contestó Dios, “pero hay una en la que puse especial atención porque ella es mi conexión con la humanidad, me refiero a la mujer”. 

“Este ser lo creé para perpetuarme en la tierra, para que fuera mis ojos ante todo lo que suceda en el mundo. En ella he puesto toda mi fe para que pueda mejorar el futuro de la humanidad”. 

Continuó diciendo Dios, “la mujer es mi obra más completa porque la hice para germinar la vida, florecerla y perfeccionarla”.

“Ella: 

• Da la vida y la protege 

• Sabe ser madre y padre al mismo tiempo 

• Sabe desempeñar bien su papel de esposa, hija y abuela

• Sabe comprender y compadecerse de los que sufren

• Piensa en sus hijos y los siente desde su gestación hasta su muerte 

• Tiene fortalezas que maravilla a los hombres, lleva grandes cargas pero sabe llenar todo con amor

• Sabe privarse de muchas cosas para que su familia las pueda tener 

• Es capaz de dar la vida por sus seres queridos

• Sabe ser suave, tierna, dócil, y también una fiera cuando trata de defenderse o defender a los suyos

• Es suave y fuerte al mismo tiempo

• Sabe aguantar grandes pesares y lograr grandes hazañas

• Es la principal, y muchas veces, la única educadora de la familia”

Actualmente, la mujer está logrando reivindicar su papel en la humanidad ya que sabe hacer todo lo que el hombre hace y, muchas veces, mejor que él. 

El ángel se quedó asombrado, sólo se concretó a preguntar, ¿pues de qué está hecha la mujer?, “está hecha de lo mejor de mi” contestó finalmente Dios. 

Fuerzas Impulsoras: Son nuestros éxitos pasados o sus aproximaciones, los que nos pueden impulsar. Hagamos memoria de las cosas que hicimos tiempo atrás y que nos llenaron de mucha satisfacción, pero no nos quedemos en el pasado, usémoslas como impulso.

Fuerzas Jaladoras: Ponernos una meta a largo plazo, un sueño. Pensemos en ella todos los días. Sintamos el logro, vivámoslo virtualmente, emocionémonos con él. Esto nos jalará hacia delante.

Algunas razones para buscar nuestra propia auto-motivación: • Se consigue una mejor calidad de vida. • Se tiene más energía para las tareas. • Se consigue más efectividad en los resultados de las tareas. • Se aprovecha en mayor medida las capacidades personales. • Aumenta las probabilidades de éxito en los negocios.

El reconocimiento de los propios poderes, de la propia valía, del potencial tan enorme que todos tenemos, es también una forma de auto-motivarnos. La auto-motivación como habilidad, va más allá del mero cumplimiento de los objetivos a través de la responsabilidad o el miedo, nos mueve a hacer las cosas con alegría y como consecuencia, a una mejor calidad en los resultados. Lo que hasta aquí he escrito sobre la Inteligencia Emocional, no es más que una teoría. Ningún conocimiento es útil si no se lleva a la práctica; en el caso de la Inteligencia Emocional, ésta debe convertirse en una habilidad mediante el entrenamiento. Cuidado, el temperamento innato puede marcar las tendencias hacia la desmotivación; sin embargo, el temperamento puede ser suavizado por la experiencia y con la voluntad. El optimismo y la esperanza pueden aprenderse.

Los siguientes puntos, usted ya los conoce bien, amigo detallista; sólo los anoto para que diariamente los tenga presentes:

  1. La principal ventaja que tienen los pequeños negocios ante las grandes empresas es que, la mayoría de las veces, son atendidos directamente por los dueños, esto les facilita poder dar asesoría. En este punto es donde está su éxito; conviértase en asesor de sus clientes.
  2. Entre mayor sea la asesoría o la ayuda que brinde a sus clientes, al momento de decidirse por su compra, mayores posibilidades de lealtad y fidelidad habrá, y será muy posible que recomienden su negocio.
  3. Aproveche la proximidad que tiene con sus clientes para recabar información sobre sus necesidades y preferencias, y utilice esa información para poder ofrecerles los productos que les satisfagan.
  4. Tenga buena actitud. La alegría es reflejo de una buena atención, lo cual se traduce en mayores ventas.
  5. Todo influye. El decorado, la temperatura, el orden, la limpieza, la comodidad, los detalles y el personal, deben crear un ambiente agradable.
  6. Analice bien las compras a sus proveedores con respecto a los precios, la calidad, las condiciones de pago y entrega. Calcúlelas llevando un registro de meses o años pasados, de manera que pueda ver tendencias y los ciclos de mayores compras y ventas.
  7. Ponga mucha atención en sus inventarios. Los productos que no se venden ocupan espacio y ello tiene un costo. Un buen manejo de éstos le evitará esos costos ocultos; recuerde que mercancía que no se vende es dinero que no se ve.
  8. Conozca bien a su competencia. Visite las tiendas que considera de su competencia. “Debe usted conocer bien sus estrategias, ofertas y novedades, incluso adquirir sus productos o servicios para probarlos”.

Fuente: Guido Sánchez Yábar, Consultor de SYSA Cultura Emprendedora

Para funcionar eficazmente en tu negocio, necesitas estar bien descansado y eso, sólo lo consigues durmiendo bien.

No lo tomes a la ligera, nuestro organismo requiere de un buen descanso diario para reponer su correcto funcionamiento, de lo contrario con el tiempo se irá desgastando y algún órgano podría empezar a fallar.

En un caso extremo, dormir es más importante que comer. Una persona puede durar hasta cuatro semanas sin comer, pero si dejara de dormir, al menos por una semana, empezaría a volverse, literalmente loca.

Cuidado, porque dormir mal por mucho tiempo, va acumulando efectos cercanos a los que se producen por dejar de dormir.

Deberíamos dormir ocho horas; sin embargo, aquí es más importante la calidad que la cantidad, además de que varía según la edad, la condición física y el tipo de vida que lleve cada quien.

Cada persona debería identificar la cantidad de horas que necesita en forma particular para sentirse bien.

La causa de dormir mal, son las tensiones diarias y el descuido personal, esto hace que cada vez más personas tengan problemas al dormir, con sus consecuentes riesgos.

Algunas consecuencias de dormir mal o no dormir son:

• Irritabilidad y fatiga

• Disminución de los reflejos

• Respuesta lenta del cerebro

• Falta de concentración

• Menor rendimiento físico y mental

• Somnolencia diurna

• Se expone uno a accidentes

• Problemas de salud física como dolores de espalda, cardiopatías o hipertensión

• En casos extremos provoca depresión, ansiedad y hasta psicosis

Aprendamos a dormir bien:

• Acostumbrar al cuerpo a dormir siempre a la misma hora 

• Dormir el número de horas que cada quien necesite

• Un baño caliente antes de dormir, a mucha gente le ayuda

• Apagar la tele y cualquier aparato electrónico 15 minutos antes de dormir

• Una cena ligera y pocos líquidos es lo más recomendable

• Una caminata de media hora, a media tarde ayuda mucho también

• Procurar un cuarto bien ventilado

Si vamos a estar de seis a ocho horas acostados, que sea en una buena cama, en un buen colchón (de dureza intermedia) y con una buena almohada (que nos permita dormir en forma horizontal).

Antes de dormir, concentrémonos en nuestra respiración y sintamos como se van relajando cada uno de nuestros músculos. La mandíbula ligeramente abierta, sirve como reflejo condicionado para que todos nuestros músculos se relajen.

Cuidemos nuestro sistema digestivo durante el día. Cierto tipo de alimentos como el café, las grasas, los frijoles o el picante pueden provocar gases que nos afectan el sistema nervioso.

Si usted sigue mi columna, sabrá que mi primer contacto con el vino fue cuando era pequeña, a través de las experiencias y comentarios de mis papás cuando por cuestiones sociales (cenas de navidad, normalmente) debían beberlo. El vino no era muy de su gusto, pero “hay que saber tomarlo”, decía mi papá. 

Crecí con esa idea y con algunas otras, como la “regla de oro” de los vinos: “vino tinto para carne roja y vino blanco para carne blanca”. Es una máxima que ahora, casi cuarenta años después, parece tener vigencia pero, ¿qué tan cierta es?

Por principio de cuentas, recordemos que a la dinámica entre comida y vino se le llama “Maridaje”, palabra cuyo origen es el mismo de la palabra “matrimonio”. Maridar platillo y vino, es algo así como “casarlos”.

Tipos de maridaje

Aunque no soy una experta en el tema, he aprendido que hay dos tipos de maridaje: 

Maridaje de complemento es cuando los sabores del vino y los sabores de los alimentos son parecidos, de lo que resulta una complementación que resalta los sabores de ambos. Un ejemplo podría ser cuando servimos un vino dulce para acompañar un postre.

El maridaje de contraste, por el contrario, se da cuando las propiedades del vino son opuestas a las del platillo. Un ejemplo de este tipo de maridaje es la clásica combinación de queso azul y vino dulce.

El secreto está en cuidar que la potencia del vino no rebase la potencia de la comida (y viceversa) porque, en tal caso, uno hará desaparecer al otro.