Para la mayoría de la gente, la depresión navideña suele ser transitoria, puede permanecer durante el periodo de festejos, pero nos recuperamos rápido.

No obstante, si después de Navidad y Año Nuevo, sentimos u observamos en otros, un comportamiento depresivo como agotamiento o desinterés general, entre otros aspectos, sería prudente acudir a un especialista para que evalúe la situación, ya que puede afectar y modificar nuestra vida cotidiana.

“La depresión no es un estado de ánimo, es una enfermedad. Un estudio realizado por el “Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente” en 2010, dice que en México el 10% de la población -casi 11 millones de personas- padecen depresión en un periodo de 12 meses”.

Pese a que diciembre es un mes de espiritualidad, paz y celebraciones, en algunas personas se pueden disparar sus problemas emocionales. En estas fechas, “la depresión y los suicidios alcanzan cifras considerablemente altas”.

“No reconocer la depresión y permitir que progrese hasta una situación biológica desastrosa, nos lleva a una percepción errónea de la vida, a pensar que nadie nos estima, que no hay futuro, que no valemos nada”. 

¿Cómo evitar la depresión navideña, y la de cualquier época? Sólo es suficiente empezar a ver las cosas desde otro punto de vista, tener una perspectiva diferente de la situación. Fijarnos más en lo que tenemos y no en lo que nos falta.

Si tú o alguien que conozcas pudiera estar en esta situación, los especialistas recomiendan expresar lo que estamos sintiendo, tener una buena alimentación, hacer ejercicio, distraernos con algún deporte, hablar y hablar de cómo nos sentimos.

El año pasado decidimos romper con todas nuestras tradiciones y servir, como cena de navidad, sándwiches de jamón y queso (tal y como los que se llevan los niños en la lonchera), acompañados, eso sí, con un par de vinitos mexicanos.

Pusimos sobre la mesa los ingredientes (jamón, queso Cheddar, lechuga, pimientos, aceite de oliva, jitomates, pan recién tostadito y otras cosas que se nos fueron ocurriendo) para que cada quien preparara sus sándwiches de acuerdo a su gusto, lo que dio a la mesa una dinámica interesante. 

De lo que quiero hablarles ahora no es de nuestra cena del año pasado, ni de que estamos considerando repetir la fórmula este año. Lo que les quiero decir es que la cena de navidad es perfecta ocasión para descorchar un par de vinos, para compartirlos, disfrutarlos y comentarlos, sin importar lo que se vaya a servir en el plato.

Tiempo de descorchar

Pudimos acompañar los sándwiches con algún refresco o agua de sabor (no hay algo de malo en eso), pero un vino siempre aporta elementos que realzan los sabores del alimento que acompaña. Un platillo acompañado por el vino adecuado, ¡se vuelve un gran platillo!

¿Un mismo vino durante toda la cena?

La cena de navidad normalmente se compone de varios tiempos, cada uno con sus matices de sabor y complejidad; no es lo mismo servir un vino para la sopa que para el pescado; el vino ideal para un pavo puede no serlo para un cordero o un pato; y en definitiva el vino que servimos para acompañar una ensalada con espinaca y arúgula no es el mismo que recomendaríamos para el postre. Darse el tiempo para elegir un vino adecuado para cada uno de los platillos, además de divertido es gratificante.

En las tiendas especializadas suele haber personas que dan la asesoría necesaria; con decirles el menú y el presupuesto, ellos hacen la recomendación precisa.

Probar antes de servir

Es importante recordar que el vino es un elemento vivo que se ve afectado por los factores externos (tiempo, temperatura, luz, aire, movimiento y demás). Eso quiere decir que siempre cabe la posibilidad que el vino que descorchamos tenga algún defecto.

La recomendación es servir muy poco del vino que se descorcha en una copa y probarlo, no para hacer un análisis detallado del vino y sus propiedades o decidir si nos gusta (eso se hará después), sino sólo con la finalidad de asegurarnos de que está libre de defectos. 

Airear el vino

No es lo mismo decantar que airear. El vino se decanta cuando es posible que tenga algún sedimento (materia sólida que resulta de la vinificiación o la guarda), y para eso se utiliza un decantador. En general, los vinos a los que tenemos acceso las personas de a pie no requieren ser decantados, pero sí aireados.

Si al servir un vino parece que no tiene mucho sabor o aroma, es probable que esté “cerrado”, lo que se corrige dándole un poco de aire, girando la copa o trasvasándolo, para lo que no es necesario un decantador.

Descorchar la botella y vaciar su contenido en cualquier jarra de vidrio, es una buena práctica. Al vaciar, hay que hacer que el vino se deslice por las paredes de la jarra (la idea es que el vino se llene de aire) y una vez ahí, habrá que agitarlo algunas veces antes de servirlo.

En copa, por favor

La forma de las copas tiene sus razones: el vino recibe oxígeno (en la parte gordita de la copa) mientras los aromas se conservan (gracias a la boca cerrada de la copa) y su temperatura no aumenta con el calor de la mano, porque la copa se sujeta siempre del tallo.

Beber el vino en copa es importante, y lo sabemos por la enorme diferencia que hay entre beber de una copa y beber de un vaso; incluso, el vino se aprecia diferente en una copa de cristal que en una de vidrio. Les invitamos a hacer la prueba, es sorprendente. 

“Envinar” la copa

Está bien si tenemos solo una copa para beber todos los vinos de la cena (o de la noche), pero hay que tener el cuidado de “envinar” muy bien la copa cada vez que nos sirvan un tipo diferente de vino.

Envinar es limpiar la copa para no revolver el vino anterior con el nuevo, y se hace de esta forma: se vierte muy poco del nuevo vino en la copa (ya vacía) y se gira con energía; es como enguajar la copa, pero con vino. Dicen los expertos que cuando se termina de envinar la copa hay que tirar el vino mezclado pero, la verdad, yo siempre me lo tomo.

El resumen:

Lo importante en la nochebuena es compartir, convivir y celebrar el verdadero sentido de la navidad, más allá de lo que se sirve en el plato o la copa.

Por último, queremos felicitar a Lácteos prOvidenCia, de San Miguel el Alto, Jalisco, por la medalla de plata que en el World Cheese Awards obtuvo su Cheddar, que nos encanta.

¿Duda o comentario? Escriban por favor a mi correo: catademendoza@gmail.com

¡Feliz navidad!

Este mes de diciembre es muy peligroso, no sólo por la inseguridad, los borrachazos, etc., sino también porque mucha gente sufre y se llega a deprimir.

Está claro que este mes es de contrastes, los festejos, reuniones, fiestas, regalos, la espiritualidad y el amor, etc., hacen feliz a mucha gente, mientras que a muchos otros les causa tristeza, nostalgia, sufrimientos, soledad, etc.

Para muchos de los que se la pasarán felices este diciembre, sus problemas, penas y dolores vendrán en enero, cuando les lleguen los estados de cuenta con los cobros por todo lo que se gastaron en las festividades.

Pero a aquellos que están solos, que no tienen dinero o que no tienen el suficiente para festejar ni para regalos, que sus familiares están lejos o ya no están, etc., los puede invadir la tristeza y podrían deprimirse, con todos los riesgos que esto implica.

Las estadísticas, muestran que en esta época aumentan los casos de depresión, esto puede suceder por el frío, porque los días son más cortos o porque hay menos luz durante el día. También sucede porque en el año que está por terminar no se cumplieron las expectativas o por insatisfacción social o laboral, etc., o porque, definitivamente no se sabe disfrutar de lo que se tiene.

El cierre del ciclo anual es donde muchos hacen un balance de sus logros y fracasos durante el año y esto también provoca nostalgia y tristeza. 

Sentirse tristes, reflexivos o nostálgicos en esta temporada es, hasta cierto punto normal, pero, cuidado, si la tristeza persiste, puede convertirse en depresión y afectar el funcionamiento laboral, familiar o social. 

A manera de metáfora; imagina que estás en una selva y que te enfrentas a un animal salvaje. ¿Cómo respondes a eso?

Estas situaciones se les presentaban diariamente a nuestros ancestros cuando iban a cazar.

Sintetizando, sólo hay tres maneras de enfrentarse a los problemas:

1.- Inmovilizándonos. Estos casos se dan cuando el peligro es inminente, y tan grande, que ocasiona pavor o shock, sobre todo cuando causó sorpresa. 

2.- Huyendo: Generalmente, lo hace la gente con miedo o sin posibilidades de ganar; cuando el problema es demasiado grande, a veces esto es lo más inteligente. 

3.- Enfrentándolo: Esto responde a la necesidad que se tenga del logro que se puede obtener. La persona, aquí, se arma con los conocimientos, la información y la gente necesaria e interesada también en enfrentarse.

¿Por qué mucha gente se atora y sufre cuando se le presenta un problema, tiene un conflicto o una necesidad insatisfecha?

Esto es porque ven esas situaciones de una sola manera, una que casi siempre es la menos conveniente.  

El mundo se está abriendo cada vez más; ahora se nos presentan situaciones diferentes a las de hace 20 o 30 años, y tenemos que verlas también, de manera diferente a la que estamos acostumbrados.

Nuestro cerebro, el de todos, tiene la capacidad, eso que se conoce como plasticidad, para dirigir y redirigir nuestra atención para encontrar la forma de poder cambiar una situación. Este cambio responde a nuestra voluntad, ambición, necesidad, conveniencia, etc.

Cuando estamos estancados en una situación incómoda, del tipo que sea, cambiando nuestra perspectiva, podemos verla más grande o más pequeña, de forma positiva o negativa, podemos descubrir lo bueno en lo malo, las ventajas y desventajas, visualizar el efecto contrario que todo tiene con el tiempo, etc.  

Una perspectiva fija, de lo que sea, no es recomendable; si nuestra perspectiva de algo no nos da los resultados que queremos, veámoslo de otra manera.

Después de todo, las perspectivas  son los puntos de vista desde los cuales se consideran o se analizan las cosas, situaciones, etc.

Las perspectivas que tengamos de las personas, de uno mismo, de cualquier cosa, influyen directamente en nuestra calidad de vida.

Ante la necesidad de crear, inventar, descubrir o resolver un problema, cambiar las perspectivas es muy útil.

Tú lo sabes bien, cada cosa, persona, situación, la historia misma, se puede ver de múltiples perspectivas.

Nunca te sientas víctima, si algo o alguien te incomoda, cambia la forma en que lo estás viendo. ¡Cambia tu perspectiva!

Tu perspectiva de las cosas, personas, sucesos, etc.; es decir, la forma en que las ves, decidirá el resultado que tengas de ellas.

Los inventores saben bien eso. Ante un objetivo, cuando no obtienen los resultados esperados en los primeros intentos, cambian su perspectiva, usan diferentes componentes, mezclas, dosis, etc., cambian las formas en que lo están viendo.

Actitudes que ayudan a cambiar de perspectiva:

• “Saliéndose de la caja”

• Entendiendo la dualidad

• Ampliando el contexto

• Reinterpretando algún suceso

• Sombreando el asunto

• Descubriendo el lado bueno

• Detectando oportunidades

• Analizando tendencias

• Visualizando cambios en el futuro

Cambiando nuestra perspectiva se abren las oportunidades hacia la solución de cualquier problema, dificultad, conflicto, situación incómoda, etc.

“Se pueden cambiar las cosas simplemente mirándolas desde otra perspectiva”. “Nadie puede cambiar o mejorar algo, si sigue viendo las cosas como siempre”.

Seguramente ya la conoces o has oído muchas veces hablar de ella; me refiero a la “Sagrada Ciudad de Cholula”.

Un lugar que tiene mucho que decirnos de su pasado y de su presente.

Fue uno de los centros religiosos más importantes en el centro del país. A la llegada de los españoles estaba habitada por los Toltecas, quienes habían hecho de ella, una ciudad próspera y un importante centro económico y comercial, pero sobre todo, religioso.

Se dice que es una Ciudad Sagrada porque  fue un lugar de iniciación de sacerdotes y personalidades de diversas culturas. 

Fue el primer lugar que conoció Cortés, antes de llegar a Tenochtitlán. Se cuenta que quedó impactado al ver la gran cantidad de templos dedicados a Quetzalcóatl que había en el lugar, conocidos como teocallis; tanto, que “se propuso construir encima de cada uno de ellos, un templo cristiano”, y así fue.

Entre otras cosas, Cholula es famosa por una leyenda que ha circulado durante muchos años, el de tener 365 iglesias, que incluso se decía que había una para cada día del año, pero ¡no!, no es exactamente así.

Actualmente, nadie sabe el número exacto de iglesias que hay, pero sorprende la gran cantidad que podemos ver cuando estamos allá.

Las autoridades religiosas del lugar reportan 283 parroquias para la región, “sin contar templos menores, capillas, y otros edificios religiosos en ruinas que todavía persisten como hermosos monumentos en el centro de pueblos y pequeñas villas”.

Sin embargo, el principal símbolo de la ciudad es su pirámide, la más grande del mundo por lo ancho de su base, 404 metros por lado, y sus más de ocho kilómetros de túneles.

Tan importante era esta pirámide a la llegada de los españoles, que para opacarla, después de masacrar a sus pobladores, pusieron una iglesia encima de ella. 

En el presente, la zona arqueológica prehispánica está comprendida por dos poblaciones: San Andrés y San Pedro, Cholula.

La realidad de ahora, es que encontramos, tanto en Cholula como en Puebla y en todo el estado,  muchísimas iglesias, aunque definitivamente, la concentración mayor es en la “Ciudad Sagrada”.

Caminando por Cholula, comprobamos que en verdad, la mayoría de los teocallis fueron sustituidos por templos católicos.

Por todo este importante acervo religioso e histórico, Cholula se ha convertido en una ciudad turística, apreciada por nacionales y extranjeros. 

Estando allá, vale la pena visitar, sobre la Gran Pirámide de 65 metros de alto, la iglesia de la Virgen de los Remedios. Desde ahí se puede admirar toda la Ciudad de  Cholula; si el día está claro, se pueden ver también los volcanes Popocatépetl, Iztaccíhuatl, la Malinche y el Pico de Orizaba.

Es indispensable ver también, dos murales muy importantes del lugar: el de “Los bebedores” y el de “Los chapulines”.

Es muy común que nos sintamos frustrados cuando, a pesar de habernos esforzado, no logramos obtener lo que nos propusimos. 

Ante un objetivo determinado, nuestras expectativas están determinadas; el esfuerzo que hacemos nos hace creer que lo alcanzaremos en el tiempo y la forma planeada.

Sin embargo, el contexto en el que nos desenvolvemos puede presentar imprevistos que nos impiden alcanzarlo, al menos al 100%. Ante esto, existen tres actitudes para responder a ello:

• Sufriendo. Por un buen rato se siente uno mal, triste, sin motivación, preguntándonos por qué no se pudo. 

• Aceptando. Aquí se reconoce y se acepta la realidad. Deja uno de quejarse y de resistirse a ella. Esto nos permite disfrutar aquello que tenemos.

• Entendiendo. Comprender las razones por las que las cosas no salieron como se esperaba y volviendo a intentarlo; ahora, aprovechando las experiencias y el avance logrado.

Tengamos cuidado, la primera reacción puede afectar la autoestima. 

Para que todos tengamos cuidado, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros (Condusef) nos alertó ahora, sobre algunas empresas ficticias, que se están haciendo pasar como entidades financieras formales, suplantando sus nombres comerciales y sus datos fiscales y administrativos, para usarlos en forma fraudulenta. 

Las empresas ficticias utilizan domicilios falsos, ofreciendo “supuestos créditos” inmediatos y con pocos requisitos. Para ello, piden a cambio anticipos económicos, argumentando que es por concepto de comisiones, para tramitar la apertura del crédito o para pagar una fianza que ellos gestionan.

Buscan contactarnos por teléfono, correo o por WhatsApp. A los interesados les piden enviar su información personal por estos mismos medios o por redes sociales.

Después de realizar los depósitos para obtener el crédito, los depositantes tratan de contactarlos, pero nunca obtiene respuesta. Al cotejar los teléfonos registrados en la llamada, descubren que no pertenecen a ninguna entidad financiera, que son teléfonos que no dan línea o que siempre están ocupados.

En este caso, la Condusef, “no tiene facultades legales para realizar acciones en contra de los supuestos defraudadores, su función se limita sólo a alertar a la población”. Sin embargo, recomienda nunca proporcionar dinero antes del otorgamiento de un crédito, nunca entregar documentos personales o datos de tarjetas de crédito o débito a través de redes sociales y nunca dar información ni realizar operaciones hasta asegurarse de que la institución sea legal. 

Si has sido víctima de estos fraudes, se recomienda recurrir ante el Ministerio Público a levantar el acta de demanda correspondiente.

Hace un par de días, unos amigos muy queridos nos invitaron a su casa para charlar, compartir la vianda y disfrutar del vino.

Como es nuestra costumbre, llegamos con una botella de vino mexicano que, pensamos, sería de su agrado; como es su costumbre, nos recibieron con una botella de vino español que, sabían, nos habría de encantar (con el paso del tiempo, hemos aprendido a conocernos y conocer nuestros gustos).

Y es que nuestra hermosa pareja de amigos está compuesta por él, que es muy mexicano, y por ella, que es muy española; catalana, cabría aclarar.

En cuanto llegamos y saludamos, mi gordo se fue directo a la cocina, mojó la botella bajo el chorro del agua y la metió al congelador, a fin de que pronto tuviera la temperatura ideal. Es algo que hace algunas veces para atemperar (poner al tiro) el vino, aunque no es muy recomendable.

Nuestra anfitriona nos ofreció un Cava (vino espumoso muy similar al Champán, pero que es elaborado en la comarca del Penedés, en la mera zona catalana, en España) que acepté con gusto. 

Cuando mi gordo sacó la botella del congelador, se topó con la sorpresa de que estaba demasiado fría; casi como el Cava. Y aquí es necesaria la pregunta: ¿por qué la temperatura del refri está bien para el Cava y para el vino no?

La temperatura importa

Si observas la fotografía, notarás que el Cava (en las copas alargadas, llamadas “de flauta”) está frío, eso está bien. Y si observas un poco más, notarás que la copa de vino de mi gordo tiene también la escarchita del frío; eso está muy mal. Pero, ¿por qué?

Cada vino nos cuenta su historia, la historia de los vinicultores (quienes hacen el vino), la historia de los viticultores (quienes cultivan la uva) y la historia del terroir (se dice “terruáh” y se refiere al lugar donde está el viñedo; los cuates le decimos “terruño”), pero si la temperatura a la que se sirve es muy baja o demasiado alta, nada de esto se apreciará.

Quienes siguen esta columna desde hace tiempo recordarán que la inicié con cero conocimiento y cero experiencia en materia de vinos. Con el paso de los años hemos ido aprendiendo (yo porque me gusta y mi gordo porque siempre me acompaña), a base de probar y preguntar; probar y preguntar; probar y seguir probando.

Y es en base a esa experiencia, muchos artículos y algunos libros leídos, que ahora les comparto algunos datos (de manera personal) sobre la temperatura de servicio en los diferentes tipos de vino (en grados centígrados).

Vinos espumosos, como el Cava o el Champán, se sirven por ahí de los seis o siete grados, para conservar el sabor y las burbujas.

En promedio los refrigeradores de casa están a cuatro grados, lo que significa que si sacas tu botella del refri, entre que sirves y bebes, tendrás la temperatura ideal para un espumoso.

Vinos blancos y rosados. Se sirven entre ocho y diez grados, para resaltar las frutas y equilibrar la acidez característica.

Para tener esa temperatura se recomienda esperar 20 minutos (aprox), entre que lo sacas del refri y lo sirves.

Vinos tintos jóvenes. Para resaltar su carácter frutal, se sirven entre 12 y 14 grados, lo que significa dos horas y media en el refri. Lo sacas y bebes sin esperar.

Vinos tintos con crianza. Deben servirse más o menos a 16 grados, para apreciar las notas que aporta la madera (de las barricas). Con temperatura más alta perderíamos tanto aromas como sabores y ganaríamos alcohol.

Vinos Reserva. Son vinos tan complejos, estructurados e interesantes, que exigen una temperatura de 18 grados, que se alcanza con una hora en el refri (cuidado, hay refris más rápidos para enfriar que otros; como el de nuestros amigos).

Se dice que el vino se bebe a temperatura ambiente, y es verdad si vives en un lugar frío. En casi todo México, casi todo el año, habremos siempre de bajar la temperatura al vino antes de beberlo.

Y no se trata de estresarse con el termómetro, sino de probar y aprender; probar y entender; probar y distrutar. De eso se trata el vino. ¿O no?

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catademendoza@gmail.com

Como todo, el cortisol también tiene su opuesto con el que se pueden reducir o controlar sus niveles. Los expertos del tema hablan de la oxitocina, hormona que es secretada por la glándula hipófisis. 

Nuevos descubrimientos científicos han demostrado que la oxitocina juega un papel importante en el control y disminución del estrés.

Es complicado controlar nuestro nivel de cortisol en la sangre, lo sabemos, pero existen algunos factores que nos ayudan a sustituir la oxitocina:

1.- El apoyo que proporcionan familiares y amigos es uno de los factores más poderosos de protección contra enfermedades relacionadas con el estrés.

2.- Apoyo social. Contar con un buen soporte social; personas con las que podemos realmente contar. 

3.- Una dieta nutricional variada y equilibrada, disminuye la ingesta calórica, puede disminuir los niveles de cortisol. También ayuda el reducir el consumo de alcohol o el tabaco, ya que de manera indirecta incrementan nuestros niveles de cortisol.

4.- Incluir en nuestros hábitos una rutina de ejercicios de relajación y meditación, reduce el riesgo de experimentar estrés crónico. Según los estudiosos del tema, “la simple diferencia entre los que meditan y los que no lo hacen, es inmensa”.  

5.- La creencia profunda en un ser superior, que en vez de castigarnos, controlarnos y manipularnos, nos ayuda y nos ama, nos libera de muchas cargas.

Así que ya sabes si no quieres enfermarte, si quieres vivir más tiempo con buena calidad de vida, si quieres tener buena memoria y sentirte bien siempre, aprende a llevarte bien con todo mundo y aprende a controlar el estrés para que tu organismo no se sature de cortisol. 

No tomes la vida tan en serio, aprende a reírte de los problemas, cultiva el buen humor.