Hola, ¿qué te podría decir sobre tu salud? Tú ya has oído y visto muchos mensajes al respecto. 

No es cosa de sacrificarse, sino de disminuir las cantidades de las cosas que comemos. 

La salud determina nuestro buen estado de ánimo; con ella podemos ser más competentes en nuestras tareas. 

Tú sabes bien, que los excesos de algunos alimentos pueden generar diversos tipos de padecimientos, que llegan a disminuir nuestras capacidades en el mediano y largo plazos y pueden enfermarnos. 

No elimines de tu vida los placeres gastronómicos mexicanos, pero al menos, bájale al consumo de los siguientes alimentos, ya que: 

• Azúcar: Produce diabetes

• Sal: Sube la presión arterial

• Grasas: Obstruyen venas y arterias

• Carbohidratos, Engordan

• Alcohol: Crea adicción

Cada que vayas a comer o a cenar algo, toma en cuenta que una buena salud te hará sentir mejor, te dará calidad de vida y como consecuencia, te hará ser más productivo, más rentable, más útil y más feliz.

Quizá por tu edad, tu metabolismo todo lo procesa muy rápido, pero toma en cuenta que cuando tengas más años va a ser diferente; el problema de ahora es que te estás generando un hábito que te será difícil cambiar cuando te acerques o estés en la tercera edad. 

En el presente, no tienes que sacrificarte mucho. Para disminuir la ingesta de los alimentos mencionados, puedes ir haciéndolo gradualmente. Cada semana ve reduciéndolos un 5% o 10%, durante un mes; en ese tiempo verás muy buenos resultados. 

Come poco y haz el ejercicio suficiente para tu edad, esto te ayudará a disminuir los efectos de los excesos, y te hará funcionar mejor en todo. 

Comiendo poco, ayudarás a tu organismo a desintoxicarse adecuadamente. De hecho, comer poco, pero sano, es la clave de la longevidad. ¡Cuídate! 

¿Has pensado alguna vez que la causa de los sufrimientos, enfermedades y conflictos, pueden ser los apegos?

Me refiero a esa relación emocional que muchos mantienen con cosas y personas, y en las que fincan su tranquilidad y felicidad; y que si las llegan a perder les provoca ansiedad, soledad, vacío, miedo, depresión, etc.

Es natural y necesario estar apegados a nuestros padres cuando somos infantes, “eso nos da seguridad emocional al ser aceptados y protegidos incondicionalmente”, pero ya de adultos, muchas veces relacionamos felicidad con poseer cosas materiales o una pareja que sea exclusivamente nuestra.

Tener cosas materiales y pareja es algo sano y justo, y nos lo merecemos, pero aquí me refiero a esa relación enfermiza que se entabla con éstas; nos relacionamos con ellas a través de nuestro sentido de poseer, del miedo a no tenerlas o a perderlas.

“Según el grado, los apegos son señales de debilidad, dependencia, de baja autoestima y de poca confianza en sí mismo. Cuando alguien así pierde algo o a alguien, su mundo personal se desmorona. 

En estos casos no nos queda otra más que “sacar la casta”, analizando las causas y aplicando soluciones, o de plano, practicando el perdón o hasta la resignación inmediata.

Los apegos nos hacen esclavos y dependientes de ese algo o alguien; nos hacen vulnerables, con altas probabilidades de perder aquello a lo que estamos apegados.  

Recuerda aquellas épocas en las que estabas muy enamorado/a de alguien; el miedo a que no fuera tuyo/a te hacía demostrarle tanta atención, que hasta la/lo llegaste a “empalagar”; esa persona te sentía tan seguro/a que llegó a minimizarte, y por supuesto, “no se dejó atrapar”. 

Cuando estás más apegado a algo o a alguien existen muchas probabilidades de que lo pierdas y sufras. ¿Quieres evitar el sufrimiento? Renuncia a poseerlas con miedo y necesidad.

¿Dónde radica la capacidad para poder superar los problemas económicos y laborales que se están presentando? 

Solamente en nuestra capacidad para “darles la vuelta” y no tratar de seguir resolviéndolos como antes. 

Actualmente, ni nuestros estudios, ni nuestras relaciones nos ayudan mucho a lograr lo que queremos y necesitamos. Los problemas ahora, ya no se resuelven de manera directa, ni linealmente, ni con la lógica.

Como empleado, profesionista independiente o empresario, ahora la creatividad es más importante que antes; sólo con ella podrás proponer, crear o desarrollar nuevos productos, nuevos usos o nuevas formas de ofrecerlos.

Si quieres un trabajo, no lo pidas, ¡ofrécelo! Si conoces la actividad que te apasiona, investiga e identifica un problema en ella, desarrolla un proyecto que la mejore, inclúyete en él y preséntalo a quien más te convenga.

Estoy seguro de que, todos hemos aprendido algo en esta pandemia, sólo que algunos aun no saben qué.

En mi caso, me di cuenta de que debo bajarle fuertemente a mi ego; pero, ¿por qué digo esto?

Antes del COVID-19, tenía un trabajo en el que me la pasaba quejándome no sólo de él, sino también de mi jefe, de mis compañeros, del sueldo y hasta del ambiente laboral.

La empresa para la que trabajaba empezó con sus recortes de personal el mismo mes de marzo en que se anunció el confinamiento.

Cuando empezaron los despidos, hasta me dio gusto que sucedieran y, por supuesto, fui el primero en salir, supongo que ya me tenían en la mira.

Ahora, después de casi seis meses sin trabajo y sin dinero, me arrepiento de menospreciar lo que tenía; ahora me quejo de no tener empleo.

No cabe duda de que, necesitamos estar mal para poder apreciar las buenas cosas que teníamos.

Ha habido muchas teorías respecto a la forma en que compramos en un negocio. 

Los estudiosos del tema, nos decían que, ante una necesidad o deseo, el cliente, primero investigaba; luego seleccionaba el mejor producto; en seguida, consultaba las condiciones: garantía, intereses si era a crédito, etc.; después, checaba su bolsillo, hacía sus cuentas, y finalmente, y lo adquiría.  

Esto sería un proceso, lógico, racional e inteligente de hacer compras. Pero ¡no! No era así.

Mucha gente, hasta antes de la pandemia, caía fácilmente en las tentaciones y presunciones; sobre esto, los investigadores del tema, escribieron que el 95% de las compras las hacíamos inconscientemente y sólo el 5% era razonadas.

Decían que comprabamos productos más por deseo, que por necesidad. Muchas veces creíamos necesitar algo que en verdad no necesitábamos; en esto estaba interviniendo alguna emoción o sentimiento por pequeño fuera sea.

Muchos productos los comprábamos simplemente porque nos gustaban, porque creíamos merecerlos, porque nos convencía el vendedor, por satisfacer el ego, para presumir, para compensar alguna frustración o debilidad, o como premio por algún logro.

Relacionando este tema con la teoría de los tres cerebros, quiere decidir, que en épocas normales, actuamos con la parte más antigua de nosotros.

Bueno, cuando los ingresos personales/familiares “son buenos”, la gente tiende a utilizar menos su cerebro racional; sus compras las hace con su cerebro reptiliano, influenciado por su cerebro límbico o emocional.

Como ya hemos comentado en otros artículos de esta revista:

• El reptiliano actúa de manera instintiva; no piensa ni siente. Se encarga de asegurar la supervivencia. Sólo se ocupa del presente; sus conductas son pura impulsividad.

Ante tantos problemas que existen, no sólo en México, sino en todo el mundo, necesitamos encontrar nuevas formas de entenderlos, reconocerlos, aceptarlos y resolverlos. 

No son sólo las cuestiones sociales, de salud, las económicas, etc., necesitamos, los empresarios, crear nuevos productos, nuevos servicios o nuevas maneras de venderlos. 

La solución a esto, es encontrar caminos alternativos para la resolución de los problemas de forma indirecta y con un enfoque creativo.

La respuesta a ello está en practicar el pensamiento lateral. Éste nos permitirá romper con el patrón rígido y lineal que acostumbramos usar para solucionar todo. 

La forma que tradicionalmente usábamos para resolver nuestros problemas, en muchos casos, ya no funciona. Ahora, se hace necesario que cada núcleo comercial o cada familia, encuentre caminos diferentes de pensamiento. 

Ejemplo: Formas de burlar el muro de Trump, ya las hemos conocido; podemos escalarlo, brincarlo con una catapulta, rodearlo, o como lo hacen algunos, cavando un túnel. ¿Qué otras maneras podemos encontrar?

El pensamiento lateral se ha venido practicado por algunas instituciones, para encontrar soluciones o, como en el caso de las autoridades oficiales, para dar con los responsables de delitos. A manera de ejemplo, también, las oficinas de inteligencia policial se plantean siempre diversas líneas de investigación.  

Algo parecido podemos hacer ante cualquier situación difícil que queramos resolver. 

Primeramente, plantearse o replantearse el verdadero problema; es decir, definirlo o redefinirlo. 

Enseguida, asegurarse de que verdaderamente queremos resolverlo y si estamos dispuestos a hacer lo necesario para ello. En esto me refiero a tener la fortaleza necesaria para salir de nuestra zona de confort (la costumbre de cómo se hacen las cosas) para “entrarle”.

Posteriormente, con la imaginación, darle una forma al problema (objeto o persona), con todos sus detalles, y ponerlo frente a uno; mirarlo fijamente sin miedo ni preocupación. Cada problema trae su solución aparejada.  

Finalmente, encontrar el aspecto más frágil de la situación y buscar el modo en que se puede atacar:  por los lados, sorpresivamente, por arriba, por abajo, etc. 

En este punto, me refiero, también, a los medios que se pueden utilizar: personas o cosas; tiempo; oportunidades; asesorías; herramientas morales, legales o sociales, etc.; el aspecto frágil o débil del problema, etc.

A manera de síntesis:

Para practicar el pensamiento lateral ante un problema: 

1.- Hacerse diversas preguntas generales y específicas, hasta llegar a la pregunta más adecuada que dé la solución

2.- Plantearse diferentes suposiciones

3.- Verlo desde perspectivas muy diferentes

4.- Usar técnicas que faciliten el surgimiento del pensamiento lateral:

• “Invertir el problema o analizar su contrario y solucionarlo desde esa perspectiva inversa”.

• Dividirlo en sus diferentes aspectos

• “Suprimir alguna característica del problema”

• Modificar o exagerar alguno de sus aspectos

• “Establecer analogías con otras situaciones o problemas”

Ejemplos clásicos de pensamiento lateral, que quizá tú ya conoces:

1.- Unos meses tienen 31 días, otros sólo 30. ¿Cuántos tienen 28 días?

2.- A Lucía se le cayó un anillo dentro de una taza llena de café, pero el anillo no se mojó. ¿Cómo puede ser?

3.- ¿Cuál es el animal que tiene los pies en la cabeza?

4.- ¿Cuál es la cabeza que no tiene sesos?

5.- ¿Cómo se puede transportar agua en un colador?

6.- ¿Cuánta tierra hay en un hoyo de 20 cm de largo por 20 cm de ancho y 20 cm de profundidad?

Soluciones

1.- Todos

2.- El café era en grano

3.- El piojo

4.- La del clavo

5.- Cuando está congelada

6.- Nada, porque es un hoyo

En tu tienda, de todos los productos que vendes, escoge uno que quieras destacar ante tus clientes; busca algún aspecto en el que nadie se haya fijado o encuentra una cualidad que puedas mejorar. 

Haz una combinación o varias, de las siguientes opciones:

• Reemplaza alguna característica del producto o imita a otros productos. Ejemplo de esto, fueron los cereales que se pueden comer en cualquier lugar, gracias a que los hicieron en barritas.

• Invierte una característica específica del producto; di lo contrario, aunque suene algo extraño.

• Elimina uno o varios elementos del producto; por ejemplo, en algunos autos  ya no hay necesidad de meter la llave para abrirlo o arrancarlo.

• Reordena la secuencia en la forma de ejecutar el producto o de disfrutar del mismo. 

• Combina, mezclando dos productos en uno, predominando alguno de ellos. 

• Exagera, de manera positiva o negativa los atributos del producto, es como imaginar cuál sería el producto perfecto.

“La única forma de cambiar la rutina de comer emocionalmente, es reconocer lo que nos motiva a hacerlo y buscar otra rutina que nos permita obtener la misma recompensa”.

Cuando sientas el deseo de comer emocionalmente, distrae tu mente con alguna actividad saludable.

• Toma la suficiente agua para lograr una sensación de llenura.

• Calma tus nervios con una pelota suave anti-estrés; respira profundo; sal a dar un paseo o escucha música que te relaje.

Los antojos por algún tipo específico de comida no son un problema, ya que éstos no involucran estados de ánimo, no son repetitivos y sobre todo están controlados por un factor de saciedad.

En tu caso, pregúntate:

• ¿Tu hábito de comer está basado en la recompensa que te proporciona la comida?

• ¿Sientes que te descontrolas ante una deliciosa comida?

• ¿Te es difícil dejar algo de comida en el plato?

• Cuando empiezas a comer ¿te es difícil parar?

• ¿Te cuesta trabajo saciar tu hambre?

• ¿La comida está siempre en tu mente?

Si tu respuesta es “sí” a estas preguntas, es muy probable que tu hambre sea emocional.

Tania Sanz, en su artículo publicado en habitualmente.com, nos anota las diferencias entre hambre emocional y hambre fisiológica:

• Hambre emocional. Ésta es repentina, urgente, deseo de comidas específicas, sentir plenitud no basta y genera culpa, vergüenza o tristeza.

• Hambre fisiológica. Es gradual, puede esperar, está abierta a varias opciones, estar satisfecho es suficiente y no genera sentimientos negativos.

Está claro que comer emocionalmente, nos genera una recompensa positiva, pero ésta es sólo temporal, mientras que a largo plazo este hábito tiene consecuencias negativas.

¿Por qué comemos? La respuesta lógica sería ¡porque nos da hambre! pero no siempre es así. Algunos comen para engordar, otros con poca estima lo hacen, inconscientemente, para enfermarse después. 

Muchos otros, y eso ha sucedido últimamente con lo del confinamiento, lo hacen para satisfacer necesidades emocionales.

Son varios los factores que influyen en el acto de comer: hambre, apetito o antojo, nuestros ingresos y la disponibilidad del alimento.

Está claro que comer es un acto fisiológico necesario, pero adicionalmente influyen las diversas emociones, que estemos viviendo en el momento.

Muchas veces la comida es como un algo donde nos refugiamos para sentir alivio a los problemas que tenemos, llámese estrés, ansiedad o diversos tipos de preocupaciones. 

Es muy cierto que, emociones como el estado de ánimo, el estrés y la ansiedad influyen en el acto de comer, y es cuando la comida se convierte en un alivio temporal, ya que después de saborear la comida, nuestro cerebro produce algunas sustancias poderosas que nos hacen sentir placer; funcionan como la dopamina.

Esto último está bien, siempre que no se vuelva hábito, costumbre o escape constante (adictivo), porque entonces, el cerebro busca cualquier oportunidad para impulsarnos a comer esos alimentos que nos dan placer.

Se crea una especie de reflejo condicionado que, ante cualquier emoción, el cerebro la asocia con determinados alimentos como una especie de recompensa para nosotros.

Si permitimos esto último, si no nos percatamos a tiempo, después de semanas, meses o años, nuestra salud se puede complicar. 

Entonces, ¿qué podemos hacer? Los especialistas del tema nos dicen que “es importante diferenciar el hambre emocional del hambre normal que todos sentimos”.

Partiendo de que ya tienes un negocio, tendrás que volver a planear lo que quieres para él. Un nuevo punto de partida que te permita establecer o redefinir sus Objetivos y sus Metas.  

Quizá ya olvidaste cuál es la Misión de tu negocio, por lo que tendrás ahora que volver a llenar tu cerebro de los conceptos sobre la misma. ¿Dinero? Éste sólo lo conseguirás satisfaciendo las necesidades de tus clientes.

Quizá también olvidaste cuáles eran los alcances que tenías para tu tienda a mediano y largo plazos. Me refiero a la Visión de tu negocio; recuerda que ésta se alimenta de deseos, objetivos y planes, con un nivel sano de ambición.  

Cuando abriste tu negocio tuviste que inyectarle dinero, pues quizá ahora tengas que hacer alguna reinversión para recuperar algunas pérdidas, para fortalecer algunas áreas o para crecerlo, y si no puedes, inyéctale una energía reforzada, inyéctale más tiempo, busca ideas que no requieran de más recursos, etc.

Si en este momento ya has pensado en todo esto de lo que te estoy escribiendo, te felicito, si no, piénsalo; quizá tu negocio va bien de acuerdo a lo que tu planeaste inicialmente o quizá sea el momento de tomar una decisión importante.

Antes de hacer algo, tendrás que hacer un análisis objetivo de cómo está cada una de las áreas de tu tienda; con esto te podrás dar cuenta de aquella a la que tienes que poner más atención. Un diagnóstico de este tipo te dará la fuerza y energía, que guiarán tus metas.  

Seguramente viste la película “Como si fuera la primera vez”, cuyos protagonistas son Adam Sandler y la bella Drew Barrymore, a quien, durante el sueño, se le borraba de la memoria todo lo que había vivido cada día; esto le sucedía por un accidente que había vivido un año atrás. 

La memoria de la chica se había quedado precisamente hasta poco antes del accidente, en un día en que, como todos para ella, había sido muy feliz.

El galán, diariamente tenía que hacer algo para enamorarla, pues sabía que no funcionaba lo del día anterior, y por el interés que tenía en ella, se veía forzado en hacer cosas nuevas, diferentes y de mayor impacto.

Se trata de una metáfora para nosotros los detallistas, de que podamos captar y aplicar algunas de las ideas que esta película nos da para poder mejorar nuestro negocio; en este caso para darle un impulso notorio e impactante a nuestra tienda.

Si en verdad te interesa tu negocio, ámalo lo suficiente para que diariamente, semanalmente, cada mes o cada año, le inyectes nuevo y suficiente entusiasmo y energía, no sólo para que no tengas que cerrarlo, sino para que sea rentable y hacerlo crecer.

Si con alguna frecuencia o ciclo, no haces algo para levantarlo, algo así “como si fuera la primera vez”, estarás deteniéndote en un ambiente donde todo está cambiando y avanzando.

En ti, ¿cuál es el objetivo de tener una tienda de abarrotes? Toma en cuenta que la competencia es cada vez más grande y agresiva, y no puedes dejar caer tu negocio.