Nos han enseñado que nuestro éxito y felicidad dependen de nuestro talento y buena disposición.

Pero talento y disposición no nos llevarán muy lejos, a menos que los demás lo aprecien. Por lo tanto, si queremos que nos vaya bien, lo primero que hay que aprender es lo siguiente: 

Aceptemos a la gente tal como es y no como nos gustaría que fuese; la gente nunca será lo que pensamos que debería ser; nunca se conformará a nuestras teorías; al menos no en su totalidad.

Aún las personas que más queremos, harán las cosas más inesperadas, tontas o locas, y tal vez quisiéramos hacerles ver que están mal. En este caso, ¿nos enojaremos con ellos? ¿les reprocharemos sus acciones o les daremos un sermón?  ¡No!

Quizá pensemos que nuestro modo de vivir es superior al de los demás, pero sus maneras de vivir son las únicas mediante las cuales aprenderán a vivir.

Aceptemos a la gente como es. Tratemos a los demás tal como son.  Ayudémoslos, si podemos; defendámonos de ellos, si es preciso; pero no nos ocupemos en juzgarlos, no nos molestemos si no coinciden con nuestra manera de pensar. 

No esperamos de ellos ni mucho ni poco. Si nos molesta su forma de ser, acordémonos de que nosotros nunca seremos lo que ellos quisieran que fuésemos.

No hagamos responsables a los demás, ni siquiera a quien más amamos, de nuestro progreso y felicidad.

Nuestra propia conducta es nuestro negocio; no esperemos que otros hagan de nuestra vida un éxito; no culpemos a otros si fracasamos.

No nos quejemos si los demás no nos tratan como queremos, después de todo son un espejo de nuestra actuación ante ellos.

A principio de año, un detallista nos escribió, comentándonos que le había ido mal, que había cometido todos los errores que con nuestros escritos hemos recomendado evitar.

Su familia lo criticaba diciéndole que no debió haber abierto una tienda, que era muy malo para las cuentas y muy débil para los negocios, que debió haber sido artista porque es muy sensible con todo. 

Le comenté que, sensibilidad no significa debilidad, que se enfocara en el área de su negocio que más satisfacción le diera, aquella para la que es más sensible.

Le recomendé que, sin descuidar las áreas de rentabilidad, administración, clientes, proveedores, entre otros, donde podría apoyarse con alguna otra persona, dirigiera su sensibilidad a la presentación de su tienda. 

Para la fachada le hablé de colores atrayentes y llamativos, tonos que causaran emoción a los que la ven desde la calle.

Dentro de la tienda, le dije que utilizara colores que irradiaran alegría cuando la gente entrara a ella, que aprovechara los carteles publicitarios que le llevan los proveedores y que los distribuyera artísticamente para que los clientes se sintieran seducidos.

Que trabajara más en el “lay-out”, el acomodo de sus productos, todo aquello que formara parte de lo atrayente y seductor de los colores. A la mayoría de la gente le atrae más la forma que los contenidos.

Le propuse que lo probara por unos meses, que trabajando en el área que le proporciona mayor satisfacción personal, le permitiría estar a gusto consigo mismo, lo que a su vez mejoraría sus resultados. 

En diciembre pasado, ese lector nos volvió a escribir, diciéndonos que efectivamente ha llegado más gente a su negocio, está vendiendo más, pero lo que más le satisface ahora, es el reconocimiento que ha recibido de muchos de sus clientes.

Si quieres sentirte fuerte, protegido, seguro y confiado, para poder enfrentar valientemente todos los altibajos de la vida y tener mayores probabilidades de éxito, debes proteger tu autoestima y desarrollarla a un mayor nivel.

Tu propia valoración de lo que eres, se reflejará en el cuidado que tengas de ti mismo, en tu nivel de vida, en el manejo de tus problemas, de tus relaciones, etc.

De verdad, cuando logres alcanzar un buen nivel de autoestima, vivirás diferente de aquellos que no la tienen. Sabrás manejarte con liderazgo para ti mismo, primeramente, y para los demás en una fase posterior.

En el presente, tu nivel de vida, el monto de tus ahorros en el banco y la forma como te lleves con los demás, es un indicativo, a su vez, del nivel de autoestima que tienes actualmente. 

De la misma forma, tus palabras, tu autoconfianza, tus expectativas y las cosas que crees merecer, dicen mucho de cuánto te aprecias.

La autoestima se refleja en el respeto a uno mismo; las personas con buen nivel de autoestima se levantan rápido de sus caídas y ven las derrotas como aprendizaje, como parte de las experiencias necesarias para ser mejores.

Una buena autoestima, te hará menos vulnerable a la frustración, al miedo, a la depresión y hasta a las enfermedades:

• Céntrate en lo positivo que tienes. Acostúmbrate a observar las características buenas de tu persona; algo bueno de lo cual puedas sentirte orgulloso.

• Hazte consciente de tus logros en el pasado. Piensa, por ejemplo, en el mayor éxito que tuviste durante el año anterior. 

• Acéptate a ti mismo tal como eres, con tus cualidades y defectos; eres, ante todo, una persona importante y valiosa, aunque lo dudes.

Está claro que, donde haya interacción de dos o más personas, siempre llega a haber conflictos. 

Han existido desde Cain y Abel; ahora los podemos ver de muy cerca, con la pareja, con los hijos, con vecinos, entre patrones y empleados, entre países, partidos políticos, etc.

Se manifiestan porque una de las partes intenta imponerse a la otra. Cada una ve sus propios intereses, y nadie cede a las demandas, intereses o necesidades de los demás; ni siquiera ante sus derechos.

Se manifiestan principalmente por intolerancia, envidia, impotencia, ambición, egoísmo, frustración, falta de preparación, desconocimiento, incomprensión, etc. 

Los conflictos nos pueden producir estrés, frustración, incomodidad, tensión, amargura, infelicidad, deseos de venganza, agresividad, hostilidad, ansiedad, etc. 

Ten cuidado amigo, porque cuando surge un conflicto, se puede producir un enfrentamiento, una discusión o una pelea.

Los demás se molestan cuando no respondemos a sus intereses; nosotros muchas veces nos molestamos porque no se cumplen nuestras expectativas con algunas personas.

Por orgullo o por ira, muchas veces callamos, lo que nos crea resentimientos o querer dañar al otro.

Para manejar bien tus conflictos, amigo detallista, tienes que reconocerlos, aceptarlos y buscar resolverlos. Trata de hablarlo con la otra parte y platiquen las razones de cada uno.

Si manejas bien los conflictos, estos te harán crecer porque estarás desarrollando tu inteligencia social. 

Para resolver un conflicto, requerirás algo de valor y una comunicación clara y asertiva. Negociar, llegar a acuerdos, respetar los derechos y las diferencias de los demás, nos evita ver a los demás como enemigos.

Mucho del progreso de la humanidad ha sido gracias a los conflictos que se llegaron a superar.

Cuenta la historia, que un hombre, impactado por la violencia, la maldad y el abuso que había en la sociedad, decidió refugiarse en una cueva en las montañas, a vivir en soledad y dedicarse a orar para pedir por la humanidad.

Después de un tiempo decidió regresar a la ciudad; ahí, sus conocidos le preguntaron que dónde había estado, a lo que explicó que había ido a identificar la raíz de los problemas de los humanos.

“Son los animales que llevamos dentro”: 

• “Dos halcones que se lanzan sobre todo lo que se les presenta, sea bueno o malo. Tenemos que entrenarlos para que sólo se arrojen sobre presas buenas… Son mis ojos. 

• Dos águilas que, con sus garras hieren y destrozan. Tenemos que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir… Son mis manos. 

• Dos conejos que quieren ir a donde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos donde deben estar, aunque haya problemas o cualquier cosa que no les guste… Son mis pies. 

• Lo más difícil es vigilar a la serpiente que, aunque se encuentra encerrada, siempre está lista para morder y envenenar a los que la rodean. Si no la vigilamos de cerca, hace daño… Es mi lengua. 

• El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día… Es mi cuerpo. 

• Finalmente, necesitamos domar al león, pues quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero; es vanidoso y orgulloso… Ese es mi corazón. 

Este hombre había entendido que el problema de la maldad en el mundo no está en los demás, sino en uno mismo.

Sólo en la soledad, a través de la reflexión, podremos entender nuestro comportamiento en la sociedad. 

La ciencia asegura que somos animales racionales, que nuestros ancestros son los monos y que lo único que nos diferencia de ellos, es lo racional.

Sin embargo, por los noticieros y lo que vemos personalmente con los comportamientos de algunos amigos, vecinos y conciudadanos, pareciera que estamos viviendo en la jungla. 

Una jungla, donde lo racional no se expresa mucho, donde encontramos depredadores y presas, víctimas y victimarios, donde todos, en diferentes situaciones y en mayor o menor medida, actuamos como animales, como si tuviéramos que estar agrediendo, robando o defendiéndonos para poder sobrevivir.

Hace tiempo leí sobre unos economistas, premios nobel, que aseguraban que el problema de las crisis económicas, la inequidad, la violencia, etc., no es la economía en sí, sino que nos comportamos como animales a la hora de comprar, vender, intercambiar, consumir, etc., donde algunos quieren tener y ser más que los otros. 

Sobre esto, personalmente considero que nos ha faltado educación y entrenamiento para actuar racionalmente en nuestra interacción con los demás.

En lo personal, considero que está mal que algunos nos comparen con los animales, porque si bien éstos no se consideran racionales, muchas veces se comportan mejor que los humanos, y si bien en su ambiente natural algunos matan para comer, están cumpliendo una función de mantener algún equilibrio poblacional.

La mayoría de la gente amamos a los animales en general o, muy específicamente, a determinados animales. Los admiramos por como son; a nuestros perros, por ejemplo, quienes los tenemos, los queremos y los tratamos bien por lo que son para nosotros: amigos, compañeros, confidentes, etc. 

Inconscientemente, muchos nos identificamos con algún animal, ya sea doméstico o salvaje, porque así somos o así queremos ser, pero esto depende mucho de las necesidades psíquicas que cada uno llevamos dentro. 

Para determinar la identidad corporativa de una empresa y los colores de los productos, Sergio Luna Vargas, especialista en el tema, asegura que se toman en cuenta los siguientes aspectos:

“Los clientes que prefieren el rojo son por lo general extrovertidos y dinámicos. Este color tiene relación con aromas atractivos; un rojo escarlata denota preferencias sexuales de minorías y con fuerte grado de dignidad u orgullo.

“Los clientes que escogen el amarillo tienen tendencia a lo intelectual. También se reconoce que este color, irradia calor e inspiración. Se recomienda para anunciar novedades u ofertas.

“Los clientes que seleccionan el color verde-azulado, son analíticos y de carácter tranquilo.

“La gente que prefiere el azul en todas sus tonalidades, tiene buen control de sus emociones. Es, además, el color favorito de los niños y jóvenes. Refleja tranquilidad, no violencia y es muy recomendable para productos del hogar que tengan bastante duración. Conviene aplicarlo en pintura de paredes, ropa de cama, cortinas etc. 

“La gente que compra productos de color anaranjado, es por lo general jovial. Es el color de la acción, la efusividad y la generosidad.

“Las personas con tendencia al color morado-violeta tienen gustos artísticos y místico-religiosos. Este color tiene impacto en la industria de perfumería para mujeres. Se considera el color más sexual de todos.

“La mayoría de clientes que son ordenados y disciplinados, buscan el color marrón o café. Se relaciona además este color con una vida estable y saludable. Los clientes que prefieren el color negro son conservadores, les gusta la elegancia y la discreción”. 

En situaciones extremas, de los tres tipos de clientes descritos, unos nos seguirán rápidamente, nos aplaudirán, hasta querrán ser nuestros amigos. Otros nos criticarán, les caeremos mal o simplemente no les gustará nuestra tienda. Pero están aquellos sin ninguna preferencia por ninguna tienda en particular.

En la práctica cada grupo requiere de un tratamiento diferente para venderles o para darles atención.

Puede resultar frustrante tratar de venderle a quien está en contra de nosotros o de nuestro negocio, el segundo grupo; para lograrlo requeriremos de mucha paciencia.

Lo recomendable es cuidar al primer grupo, aquel que ya nos favorece con sus compras. Armar un plan para atraer parte del tercer grupo, aquél que no tiene preferencias; sólo habría que considerar, aquí, que su nivel de fidelidad es bajo; sin embargo, podemos hacer que actúe por conveniencia.

“Nadie en el mundo ha convencido a todos por igual, al menos no en la misma proporción, de la misma cuestión, ni durante todo el tiempo”. 

También podríamos desglosar los grupos por su rentabilidad: 

• Aquellos que son muy rentables para nosotros porque compran y compran, sin ningún desgaste mayor que el que lleva el proceso de llegar a la tienda, saludar, pedir o tomar los productos, pagar y despedirse dando las gracias.

• Aquellos otros menos rentables. Sin comprar mucho, hacen o quieren hacer amistad con nosotros; los aceptamos hasta cierto punto. 

• Los últimos, los poco rentables, que tampoco compran mucho, quieren hacer amistad y quitan demasiado el tiempo. 

Estar conscientes de todo esto nos hace aterrizar en el mundo real de los negocios. Reconocer y respetar sus derechos nos da seguridad y nos aumenta las posibilidades de éxito. 

Los colores que vemos en los puntos de venta o cuando vamos por las calles, tienen una repercusión notable en nuestra psicología y decisión de compra. 

Todos los productos y anuncios publicitarios, tienen un fuerte componente de estrategias de color diseñados por especialistas en esta materia, tomando en cuenta siempre la relación que tienen con productos generales y específicos.

Los mercadólogos y los psicólogos lo saben bien, y aseguran que los consumidores deciden los colores que les gustan y aquellos que rechazan por no ser de su agrado. 

Las ventas, en buena parte, dependen del color del empaque de los productos que existen en el mercado, los cuales están calculados para apelar en gran medida al subconsciente de las personas.

Todos, directa o indirectamente, nos sentimos atraídos por los colores, que pueden expresar en nosotros admiración o rechazo consciente hacia ellos y muchas veces nos llevan por caminos de aprobación o desaprobación de los mismos.

Los colores, además, están en relación directa con las costumbres para tomar decisiones por cuenta propia, ya que influyen con su presencia en el entorno del tomador de decisiones. 

Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias preferencias; más allá de los negocios cotidianos, los colores que rechazamos tienden a ser por patrones culturales. 

Por ejemplo, “el color negro puede relacionarse con lo fúnebre, y el gris con lo triste, y eso no es de ahora sino desde muchos siglos atrás en que la muerte provenía de las tinieblas y la oscuridad, y el gris era símbolo de tormenta y desastre”.

Todas las personas que destacan sobre los demás, en cualquier giro de negocios, siempre tienen seguidores y detractores; personas que están de acuerdo o en desacuerdo con lo que hacen y dicen.

¡Observe las noticias! Los buenos y malos cantantes tienen sus fans y a muchos otros a quienes no les gustan. 

Tal parece que hay de todo para todos, que la gente puede integrarse en grupos con características propias o gustos diferentes; no importa, si para otros sean buenas o malas o si sus líderes son peligrosos; a veces parece que entre peor sean algunos, más “pegue” tienen, ya vimos el caso del Sr. Trump.

En este sentido, amigo detallista, posiblemente te hayas dado cuenta de que no todos los integrantes de tu mercado pueden o quieren ser clientes tuyos, y están en su derecho de escoger en dónde comprar.

Para no preocuparnos, al ver que algunos nos rechazan, recordemos lo que Robert Kiyosaki en su libro “Escuela de Negocios”, comenta respecto a los tipos de clientes.

Afirma este autor que, el 100% de nuestro mercado, entendiendo por mercado a todas aquellas personas que requieren de los productos que vendemos y tienen además los recursos para adquirirlos, se puede dividir en tres grupos:

• Primer grupo:  Una parte estará con nosotros, nos favorecerá con sus compras.

• Segundo grupo: Otra parte estará en contra de nosotros, por cualquier razón, y si nos compra será porque no le queda de otra.

• Tercer grupo: El resto será indiferente hacia nosotros; lo mismo les dará comprar en nuestra tienda que en las de la competencia. Miembros de este último grupo podrían pasar a formar parte de los seguidores o de los opositores.