Oportunidades a la vista

La vida está llena de oportunidades, sólo hay que estar preparados para verlas, para escucharlas, entenderlas y aprovecharlas. Quizá requiera mucho esfuerzo para entender esto, pero así es. Es mentira aquello de que “las oportunidades sólo se presentan una vez en la vida”. A diario circulan a nuestro rededor infinidad de oportunidades para todos; la vida nos las ofrece como regalos, sólo hay que entrenarnos para descubrirlas. La mayoría de ellas pasan frente a nosotros y no las vemos; muchas vienen disfrazadas de problemas, algunas otras vienen codificadas, y aunque otras tantas pudieran parecer pequeñas, llevan un enorme potencial y tenemos que hacerlas crecer para que funcionen a nuestro favor. Le invitamos, estimado detallista, a que esté alerta, porque las oportunidades se reconocen con la mente y también con el corazón, con nuestro sentido común y con nuestra intuición. Existen por lo menos cuatro líneas en las que podemos ser mejores y crecer: Tecnología y Sistemas, Clientes, Proveedores y Empleados. Los avances tecnológicos o cualquier sistema aplicable a nuestro negocio pueden beneficiarnos para que se faciliten nuestras tareas y tengamos más tiempo, entre otras cosas, para atender mejor a los clientes; esto provocará fidelidad y se correrá la voz de que en nuestro negocio se les trata bien, lo que atraerá clientes nuevos.

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Guerras ¡No, por dios!

Está comprobado que las guerras hacen más pobres a los pobres, y no sólo eso, sino que producen más pobres. En las guerras, muy pocos son los que ganan. En algunas áreas los ricos aumentan su riqueza, como es el caso de los fabricantes de armas o el de los fabricantes de las vacunas en las pandemias, quienes multiplican enormemente su patrimonio. Las guerras hacen una cadena, donde las decisiones de unos cuantos van generando eslabones de miseria, en los que muchos fallecen, pero el mayor problema les queda a los sobrevivientes, quienes tardan años o décadas en recuperarse. En las guerras, los clientes y consumidores de muchos negocios dejan de comprar o adquirir sus productos debido a la carencia de los recursos para continuar haciéndolo; por esto, muchas empresas tienen que cerrar, con ello se pierden las fuentes de ingresos para miles de empleados. Otro efecto directo de las guerras y de la pobreza es que muchas personas se tienen que desplazar, huyendo de los horrores bélicos y, por supuesto, pierden su patrimonio. No obstante todo esto, algunos ven el lado positivo en las guerras. La historia de la humanidad, dirigida principalmente por hombres, ha estado activada por las guerras, y la forma en que vivimos nuestro presente ha sido resultado de ellas. Algunos aseguran que la paz es una utopía y que, como tal, nunca tendremos una paz completa y permanente. Podemos hablar de varios tipos de guerras: mundiales; intestinas como la guerra de secesión en Estados Unidos en 1861, o las que han causado la delincuencia organizada en varios lugares; también tenemos guerras mediáticas, religiosas, etc., pero hay un tipo de guerra, donde posiblemente se generen todas las demás: las “guerras familiares”. A nivel familiar, cuando los conflictos se van al extremo, sucede algo muy parecido a las guerras mundiales, y me refiero precisamente a pleitos entre los padres y entre éstos con los hijos, o simplemente a esa especie de “guerra fría”, cuando pasa el tiempo y no se hablan unos a otros. O de plano, cuando se llega al divorcio, donde todas las partes pierden, y peor aun, esos conflictos se extienden a las siguientes generaciones debido a que los infantes heredan el comportamiento e imitan, inconscientemente, las actitudes y acciones que vieron de niños en sus propias familias. Este tema es para pensar mucho y para que cada uno actuemos humanamente en nuestro mundo personal y familiar. ¿Cómo? Practicando el respeto, la tolerancia, la comprensión y el perdón

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